☽ 1ª Generación: Zeode ☾

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Capítulo 1: Zeode.

Mensaje por Saclae el Jue Sep 11, 2014 7:22 am

Ӂ Capítulo 1 Ӂ:


Capítulo 1: Zeode


Él nunca fue un niño normal, y no porque tuviera algún tipo de defecto, alguna limitación, algún problema. Simplemente, él era distinto. Desde su infancia, desde aquella vida que en muchas ocasiones no lograba comprender. Muchos habían dicho que él era especial, que jamás habían conocido a nadie con ese color y ese brillo en los ojos. Le hicieron sentir incómodo en tantas ocasiones como, a la vez, le halagaron. "Principito" le decían. "Rey" le llamaban. Las mujeres del pueblo estaban encantadas con él. ¡Qué niño tan adorable! ¡Qué muchachito tan guapo! Seguro que cuando fuera mayor, sería todo un caballero.



Zeode, que así se llamaba el muchacho, no tenía una vida como el resto de los niños de aquel pueblo escondido entre las montañas. Nunca conoció a su madre, jamás supo cómo era. Él vivía con una mujer mayor, de aspecto siniestro y voz desgastada que parecía hablar arrastrando susurros. Cuando él era aun muy pequeño, en alguna ocasión le había preguntado si ella era su madre, a lo que ella parecía ponerse nerviosa, histérica y lanzando pequeños gritos le decía que no y que jamás pensara eso. Con el tiempo, Zeode entendió por él mismo que aquella vieja decrépita no podía ser su madre, era imposible. Sin embargo, ella jamás le dio información de su verdadera madre. Se limitaba a decirle que lo encontró en un bosque, abandonado y a punto de ser devorado por los lobos.



De cualquier otro modo, esta acción de socorro hubiera sido motivo, sin duda, de un agradecimiento eterno pero, Zeode, no lo sentía así. Aquella mujer a la que con el tiempo acabó llamándole "vieja" por el profundo asco y rencor que le provocaba, parecía, en muchas ocasiones, querer aplastar todo atisbo de buenos sentimientos en el niño. Zeode era carismático, divertido, un gran orador. Convencía a otros niños con la facilidad de quien lleva toda una vida dirigiéndose a grandes multitudes. Hacía amigos muy deprisa y pronto se hizo popular en el pueblo. Sin embargo, cuando llegaba a su casa, la vieja le hacía dudar de sus amistades. Le hablaba de la falsedad, del interés, de la envidia... Le decía que sus amigos estaban a su lado porque era popular pero no porque lo quisieran realmente. Aquella mujer repugnante era tan desagradable como misteriosa. Se pasaba el tiempo en su mecedora, leyendo o cosiendo según le daba. Cocinaba poco y cocinaba mal. Zeode en realidad la odiaba. El niño tenía una gran imaginación, pero una imaginación perturbadora muchas veces. En las noches, muchas, muchas veces, más de las que él mismo pudiera contar, había creído ver a la vieja en la puerta de su habitación observándole mientras dormía. Quieta en el marco de la puerta, sus arrugas se acentuaban más, y en la oscuridad él sólo podía ver su sombra. Cuando la luna llena entraba por la ventana y la luz chocaba contra el cuerpo pequeño y escurrido de la anciana, le sobrevenía el terror. La vieja, solía llevar el pelo recogido en un moño, pero en aquellas ocasiones, el pelo lo llevaba suelto, lacio, fino... A penas tenía y la cabeza se le coronaba con una incipiente calvicie. Su cara ya no era rugosa, sino llena de pellejos que le caían a los lados y sus ojos... ¡No tenía ojos! Dos cuencas vacías eran las que miraban al niño que sufría de terror al ver esa macabra escena. Cada noche, la sombra o la figura calavérica aparecía en la puerta de la habitación y no dejaba de mirarle hasta que llegaba la luz del día.



Con el tiempo, el chico se convenció de que aquello eran pesadillas. La vieja había acabado con todas sus ilusiones, con todos sus sueños y con su imaginación. Lo extraño de todo aquello era, que cuando Zeode hacía demasiadas travesuras, a pesar de lo mal que lo trataba aquella mujer, nunca se atrevió a ponerle la mano encima. En ocasiones, el niño tuvo la impresión de que cuando él se enfadaba, la mujer temblaba e intentaba contentarlo para luego volver a tratarlo mal. A la temprana edad de los quince y dieciséis años, Zeode comenzó a conocer los entresijos del amor y la atracción. Había estado tonteando con algunas chicas del pueblo, pero nunca resultaba nada serio. En alguna ocasión, creía que en él había nacido un sentimiento de cariño y fuerte dependencia hacia alguna muchacha, pero cuando eso sucedía, la vieja volvía a aparecer con sus lecciones de vida y de una manera, o de otra, le demostraba que el amor era algo que no existía. Al principio y debido a su adolescencia y rebeldía, Zeode se burlaba de la vieja pero, la respuesta de la mujer era una carcajada más sonora y espeluznante que todos aquellos insultos que él le pudiera dedicar.
"Nadie te querrá realmente porque tu belleza será motivo de atracción, pero no de amor. Además, tienes el corazón negro y a todos los que intenten acercarse a tí, los alejarás. Los que se queden contigo, sufrirán la desgracia de estar con alguien como tú"
Esas eran las palabras que la vieja repetía una y otra vez. En realidad, Zeode se estaba convirtiendo en un joven muy apuesto. Una belleza misteriosa y perturbante que atraía a los demás como polillas a la luz. Él no se consideraba mala persona pero, misteriosamente, todo lo que él hacía por los demás, le regresaba en forma de odio, mentiras y desplantes. Así, con el tiempo, dejó de tomar en serio a ninguna mujer y a ningún amigo.



Pronto, las mentiras y el odio se cernieron sobre él como espadas que sesgaban su vida poco a poco. La gente que antes le quería, ahora le odiaba, y buscaban cualquier pretexto para juzgarlo. Para desgracia de Zeode, una noche de luna llena, cuando él ya tenía 21 años, encontró a la vieja muerta en el jardín de la casa. La mujer yacía boca abajo entre la hierba, con la cara desencajada. ¿Le habría dado un infarto? Y aunque así fuera... ¿Quién le creería? Aquello fue suficiente para que Zeode decidiera partir a otro lugar, un lugar donde hacer una nueva vida. Recogió sus cosas lo más deprisa que pudo y raudo, cruzó el umbral del jardín hacia un lugar sin dirección. Mientras se marchaba, no giró la cabeza ni una sola vez. No sentía pena de la vieja y en el fondo sentía que se alegraba de no tener que aguantarla más. Si se hubiese girado en aquel momento, tal vez podría haber visto como el rostro muerto de la anciana esbozó una sonrisa y, acto seguido, se deshacía en infinidad de escarabajos que se enterraban en la tierra con un sonido aterrador. La estructura de la casa se pudrió y los cristales se rompieron, dejando al polvo establecerse en lo que antes había sido un hermoso aunque inquietante hogar, para convertirse en una casa abandonada por siglos.





Zeode- Bueno, tampoco está tan mal para empezar. No entiendo a qué venían tantos recelos de la vieja por sus cosas si apenas tenía dinero.



Zeode- Al menos ha servido para conseguir una casa. Aunque no sea lo que a mí me gustaría pero, en fin, por una vez esa mujer ha sido útil en mi vida.


Después de viajar mucho, de convencer a comerciantes para que le llevaran en sus carros y de pasar noches en posadas de mala muerte a cambio de barrer y fregar los platos, Zeode llegó a un lugar muy pintoresco donde el culto a los dragones estaba generalizado. Desde pequeño y sin saber muy bien el por qué, siempre había tenido debilidad por aquellas criaturas aunque sabía perfectamente que sólo eran cuentos y leyendas. Puede que su apellido le ayudara a generar ese gusto por los dragones. Zeode nunca pudo averiguar por qué su apellido era "Hydra". Era tan potente como extraño. La vieja, lo único que le decía al respecto era que "te apellidas Hydra porque eres un Hydra". Hecho que no explicaba en nada la procedencia de dicho nombre.  

Aquel lugar le pareció perfecto a Zeode y buscando alguna casa donde pudiera instalarse, vio con bastante resignación que la mayoría superaban con creces sus ahorros (ahorros robados de la vieja aquella noche cuando la encontró muerta). Por suerte, en un gran descampado, al lado de un lago, se vendía una casa a un precio asequible para él. Aquel lugar era burla a la inteligencia. Costaba demasiado para lo que contenía pero, menos es nada. El nuevo hogar de Zeode tenía una habitación con una cama andrajosa y llena de muelles, una cocina vieja, una salita conectada a la entrada con una mesa y una silla y un cuarto de baño que carecía de lavabo, aunque contenía un viejo retrete y una estropeada ducha. Lo más irrisorio de aquel lugar, era la única luz que había. Una bombilla de cordón pequeña en medio de la sala, dejando el resto de la casa a oscuras. Viendo aquella situación, Zeode decidió que ya era hora de buscarse un oficio. Una de las características más apreciables y que mejores frutos le había dado en su vida era su voz potente y melodiosa. Siempre le había gustado cantar y cuando lo hacía parecía hechizar a la gente. Por otro lado, y en un lugar nuevo, era poco probable que consiguiera darse a conocer tan rápidamente como en su pueblo. Además, era un joven con inquietudes. Siempre había querido aprender y conocer nuevas cosas. La vieja jamás le había permitido ir al colegio, pero curiosamente, él sabía muchas más cosas que los niños de su edad. Tomando todos estos factores en cuenta y gracias a un anuncio que vio en uno de los carteles del pueblo sobre una universidad cercana, decidió que lo más provechoso sería ir y aprender, ganar dinero para arreglar su nueva casa y emprender su vocación de cantante.

El plan era perfecto, sin embargo, las cosas no suelen ser tan fáciles como uno las piensa y Zeode se dio cuenta de ello cuando hizo las pruebas de aptitud para la universidad.




Zeode- ¿Qué aspiraciones tengo? Mmm... Ser libre con mi voz como único instrumento de guerra.



Zeode- Haz el cálculo vectorial de... ¡¿Pero qué mierda...?!


El resultado de las pruebas de aptitud fueron, como era de esperarse, bastante negativas e ir a la universidad no resultaba precisamente gratuito. A Zeode, la carrera que más le llamaba la atención era Bellas Artes, pero necesitaba ahorrar porque ni siquiera sería becado. De esta manera, no le quedó más remedio que ser un desconocido cantautor que utilizaba su voz para ganarse algunas propinas.



La ropa que debía utilizar para no desentonar con el pueblo era realmente ridícula y Zeode se juraba a sí mismo que cuando tuviera la fama suficiente, adoptaría su propio estilo. Por otra parte, y a pesar del atuendo ridículo, su voz seguía sonando tan especial y cautivadora como siempre y eso pronto atrajo la atención de los habitantes de Dragon Valley.





Zeode- ♫ Sigue el camino de mi mirada, alcanzaremos la madrugada, puesto que sabes que con una palabra, tú mi alma tendraaaaaaaaas ♫



Habitantes- Canta muy muy bien este muchacho. Ten unas moneditas, ¡te lo has ganado!


Poco a poco, la presencia de Zeode en las calles comenzó a manifestarse en los periódicos. En ellos se referían a él como el "Artista de la voz melodiosa" y se preguntaban cuál sería su nombre y si realmente cantaba por devoción o porque necesitara dinero.



A Zeode no le gustaba aquella aparente sensación de compasión que tenían respecto a él. Quería que lo admiraran por su voz. Desde hacía mucho tiempo ya no le importaban los sentimientos de los demás y estaba decidido a triunfar por él mismo. Al fin y al cabo se lo merecía.



¿Quién no se reiría si le vieran cocinar a oscuras porque sólo tenía una luz en la casa? Él desde luego lo haría.



Estaba sólo, como siempre. Toda su vida había estado sólo. La vieja decrépita sólo fue un estorbo y una piedra en su camino. Ni siquiera le había resuelto las dudas sobre sus orígenes.



Todos los chicos del pueblo estaban rodeados por sus familias, sabían cuáles querían que fueran sus objetivos en la vida. Tenían el apoyo de los amigos y la gente que les rodeaba. Él no. Al principio creyó que lo tuvo, pero luego descubrió que todos eran unos falsos. Si la vida se trataba de comportarse interesadamente unos con otros, él haría lo mismo. Zeode debía enfrentarse a la vida con las dudas de quien nada sabe de sí mismo.



Y aunque todo se lo habían negado, había tomado la determinación de encontrar sus orígenes, de saber al menos quien era. No le importaba realmente que fuera un bastardo, el hijo de alguien a quien no le convenía que supieran de su existencia, incluso no le importaba que fuera fruto de alguna violación. Lo que quería era saber quien era y triunfar. Para ello, su camino comenzaba en la universidad y una vez que consiguió el dinero suficiente, se matriculó sin dudarlo.



Su nueva etapa comenzaba. Tendría la carrera de Bellas Artes, lo que le proporcionaría información y conocimiento sobre todos los temas que le interesaban. Aunque supiera que la mitología, los seres mágicos y demás eran cuentos y leyendas, no era menos cierto que formaban parte de la cultura de la humanidad y él quería conocerlo. Era inteligente, curioso y su objetivo pasaba por tener el conocimiento suficiente y el poder para estar por encima de los demás. ¿Quién sabe si con la fama que buscaba no regresaba a su pueblo de origen para aplastar a todos aquellos que le engañaron y martirizaron? Zeode Hydra era un triunfador y muy pronto el mundo lo sabría, empezando por Dragon Valley.







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Capítulo 2: El primer curso de la Universidad.

Mensaje por Saclae el Vie Sep 12, 2014 4:24 pm

Ӂ Capítulo 2 Ӂ:


Capítulo 2: El primer curso de la Universidad.

Al día de tomar el transporte que le llevaría a la Universidad, Zeode llegó a una ciudad universitaria donde la vida giraba en torno a la institución educativa. Por lo poco que pudo ver desde su asiento, apenas había niños y la mayor parte de la población allí eran jóvenes adultos que buscaban un futuro. Antes de llegar a su destino, le habían pedido que rellenara un formulario para elegir en qué tipo de residencia quería pasar el curso, si en una solo para chicos o una mixta. Zeode eligió la segunda opción. No tenía problemas en relacionarse con la gente y estar en un ambiente exclusivamente masculino le resultaba demasiado aburrido. La carrera de Bellas Artes era corta, pero intensa. Constaba de dos cursos, siendo el segundo el más difícil por la cantidad de créditos que exigía. Así, preparado para su nueva aventura, se instaló en la residencia mixta que le asignaron.



La residencia era enorme y daba alojamiento a ocho alumnos, incluyéndole a él. Tenía tres pisos los cuales, el primero tenía la sala de estudio, la cocina y el comedor, el segundo las duchas y algunas habitaciones y el tercero el resto de habitaciones. En cuanto a los compañeros de residencia de Zeode, cada uno tenía sus particularidades.



La primera en llegar fue Alegra, una muchacha de cabello rosa (teñido, seguramente) que vestía con vestidos victorianos y de mini princesa (como decía Zeode). Tenía un carácter difícil y se autodenominaba "lolita". Como Zeode, estaba matriculada en Bellas Artes.



Carlos, el pelirrojo, era un muchacho que se había matriculado en la carrera de ciencias. Se notaba a leguas que era un chico estudioso, aunque era algo extraño en cuanto a carácter. Podría decirse que algo bipolar en ocasiones.



Una de las compañeras más extrañas de Zeode era Siluya. Tenía un carácter muy tránquilo y una voz grave y dulce.A pesar de esta tranquilidad, era muy independiente y le gustaba hacer las cosas a su modo, sin prestar mucha atención a los demás. Al igual que Zeode y Alegra, ella también estaba matriculada en Bellas Artes.



Dala Masa, la chica negra del grupo de estudiantes y que al principio parecía querer matar a Zeode con la mirada, resultó la más activa de todo el grupo. Era divertida, enérgica y no tenía ningún tipo de vergüenza con nada. Era muy seguida por el grupo de los deportistas y estudiaba Comunicación.



Joules, el chico negro, era el graciosillo del grupo. No era un genio en los estudios y estaba en la carrera de Tecnología. Era simpático con todos y muy campechano. Fidel, el rubio, por su parte era algo creído y sólo se juntaba con los de su grupo de deportistas. Con su físico, no era de extrañar que estudiara la carrera de deportes.



Por último, se encontraba Beca, una chica rebelde que en seguida se fijó en Zeode. Sin embargo, decían de Beca que era algo demente y que era muy extraña. Desde luego y a pesar de que no era una chica fea, a Zeode no le gustó desde un principio. La chica estaba matriculada en comunicación como Dala, pero antes de empezar el curso, se cambió a Bellas Artes.

El comienzo del curso no fue mal para Zeode. Se informó de todo lo que había en la universidad e hizo los horarios de sus asignaturas.



En cuanto a sus compañeros, pronto hizo buenas migas con el alocado de Joules, quien consideraba que Zeode iba a ser uno de los más famosos de la universidad y es que, ni siquiera para los hombres, el buen aspecto y la belleza del joven no pasaban desapercibidos.





Joules- ¡Zeode! ¿Te vas a estar ahí metido mirando horarios todo el día o vas a salir?
Zeode- ¿Eh? Mm... Ya voy.



Joules- Tío, tengo que hablar contigo muy seriamente... Tú estás en Bella Artes, ¿verdad?
Zeode- Sí, ya lo sabías, no te hagas...
Joules- ¡Ya, ya! ¡Pero necesitaba confirmación! ¿Sabes qué dicen que es lo mejor de Bellas Artes?



Zeode- Mmm... ¿No?
Joules-Dibujar a las titis en bolas, ¡como Dios las trajo al mundo, vamos!
Zeode-¡Jajajajaja! ¿Tan bajo caes negrito?
Joules-Shh, shh, shh... Sólo digo que, si conoces a una que le guste ir muy "libre" pues ahí tu me das el chivatazo, ¿va?
Zeode-Con tu manera de ser, dudo mucho que le atraigas a alguna.



Joules- ¡Ey, ey! Este negro es un chocolate (y nunca mejor dicho) Las titis se derriten por mí, tío guaperas.
Zeode- Bien, pues... Para tí todas entonces...
Joules- Un momento... ¿Me estás diciendo que no te interesan las titis? Pues a cierta rubia le va a dar un parraque...
Zeode- Uno, no soy gay y dos, antes de estar con la rubia, me cuestionaría bastante serlo.
Joules- ¡Oh! ¡Oh my God!
Zeode- ¡Jajajaja!


Zeode resultaba todo un misterio para sus compañeros. Cada uno se dedicaba a lo suyo pero siempre sacaban tiempo para divertirse. Él se dedicaba a estudiar y a aprender. Tener un horario estudiantil era algo nuevo para él y si quería lograr sus objetivos, debía sacar la carrera con nota. Aunque era inteligente, no quería darse tantos lujos como otros de sus compañeros.



Aún así, Zeode comenzó a tener bastante relación con algunos de sus compañeros, sobre todo con las dos chicas que iban con él a Bellas Artes, aunque, por otro lado, Alegra le confundía. En ocasiones se mostraba simpática y en otras muy arisca, lo que hacía que Zeode, a veces, se cansara y mostrara su lado más impertinente. Hacía mucho tiempo que no se dejaba vacilar por nadie.




Alegra- ¿Y a qué decías que te dedicabas antes de venir a la uni?
Zeode- A cantar.
Alegra- ¿Cantar? ¡Pero sí tienes la voz horrible!
Zeode- Sí así lo piensas, vale.



Alegra- Si tan buen cantante eres, ¿cómo es que no has seguido cantando? No creo que te de para mucho ser cantante si estás estudiando en la uni.
Zeode- Bueno, te comprendo. Yo tampoco creo que tu cerebro pueda dar para mucho después de toda la cantidad de tinte que llevas en la cabeza. Se te ha tenido que meter a través de los poros de la cabeza pero, en fin... No te preocupes, no espero, pretendo, ni quiero que me entiendas.



Alegra- ¡Oye, no te pases, que no te he ofendido!
Zeode- ¡Jajajaja! En realidad, me ofende bastante tener que ver a una chica con una determinada edad ya, con coletitas y vistiendo vestiditos de muñecas como si se creyera que eso la va a hacer más guapa. Si tienes un problema de aceptación contigo misma, vete a molestar a la rubia zumbada y a mí déjame tranquilo. Si me disculpas, me voy a papear.
Alegra- ¡Ugh!

Zeode, en ocasiones era intratable, sobre todo si alguien le caía mal, como era el caso de Beca. Después de su pequeña intervención con Alegra, el joven decidió ir a la cocina para comer algo y cuál fue su sorpresa, que allí se encontraba la rubia cocinando, lo que disgusto y asqueo al joven que, sin disimular su desprecio, dijo que ya volvería más tarde.



Zeode- Lo que faltaba... Ésta, aquí...
Beca- ¡Hola Zeode! ¡Estoy cocinando!
Zeode- Argh... Muy bien, rarita, ya vendré más tarde a hacerme mi cena.
Beca- No te preocupes, ¡estoy cocinando para todos!
Zeode- A mi no me hagas nada, que no quiero envenenarme.

No había llegado a su habitación en el último piso, cuando la alarma anti incendios comenzó a sonar con fuerza. Pronto, la residencia se llenó de un humo negro y el caos se apoderó de los estudiantes.



Tal y como sospechaba Zeode, Beca había provocado un incendio en la cocina. Irritado comenzó a bajar las escaleras a saltos mientras escuchaba los gritos de la muchacha desde la cocina. ¿Cómo podía ser alguien tan estúpido? Zeode estaba indignado y muy enfadado.




Beca- ¡Se quema! ¡Se quema! ¡Se quema!

Cuando Zeode llegó a la cocina, todos sus compañeros estaban allí y, por suerte, Fidel ya estaba apagando el fuego con un extintor.



Alegra- ¡Beca! ¡Apártate de ahí que al final te va a alcanzar el fuego!
Zeode- Déjala, Alegra. A la gente hay que dejarla aprender con sus propios errores...
Siluya- ¡Zeode, no digas eso!
Zeode- Es verdad, Silu, esta tipa casi nos quema la residencia. ¡No es mi culpa que sea estúpida!
Dala- ¡Haya paz!
Carlos- ¿Pero cómo puedes estar tan tranquila, Dala!
Dala- Porque Fidel ya ha extinguido el fuego prácticamente, así que deja de gritar como niña, cerebrito. Aun no he cenado y con esto veo que voy a cenar tarde...

Dala tenía razón. El resultado de aquel incendio obligó a todos a comer lo primero que encontraran en la nevera porque la cocina y la cafetera habían quedado inutilizables.



Zeode- ¡Es que no me jodas! Para hacer unos putos macarrones, ¿¡se tiene que quemar una cocina!?
Beca- Saltó una chispita y...
Zeode- A tí si que te ha saltado una chispa, pero del cerebro... Cállate que estás más guapa.
Beca- ¡Vale!


Beca, realmente tenía un problema de personalidad. Muchos llaman a ese trastorno demencia y las aparentes locuras que cometen quienes lo padecen, para ellos son actos de lo más normales. A pesar de esta demencia, había algo que todos tenían muy claro y que la propia chica sentía y es que a ella le encantaba Zeode. Le parecía un chico muy guapo, le gustaban sus gestos, su manera de caminar, su sonrisa... Le seguía a todas partes sólo para verle e intentaba contentarle como podía pero Zeode, cuanta más era la insistencia de la rubia, peor la trataba. No quería verla ni en pintura y el joven comenzaba a sentirse acosado.



Beca- ¡Hola Zeode!
Zeode- Joder... ...
Beca- ¿Por qué comes yogur? Hice macarrones y me salieron buenos. ¿Quieres?



Zeode- Quiero que dejes de cocinar que algún día nos vas a matar y también quiero que te lavaras de vez en cuando. Cantas y no es con tu voz.
Beca- Pero si me lavo y, además, estoy aprendiendo a cocinar.



Zeode- Lo que deberías aprender es a dejarme tranquilo y dejar de perseguirme, pestilente.
Beca- ¿Qué significa pestilente?
Zeode- Grgrgrrr... ¡Qué hueles mal! ¡Qué no te duchas! ¡Qué das asco! ¡Arg!



Beca- Pues muchos chicos han querido salir conmigo. A lo mejor el que estás equivocado eres tú. A ellos no les parece que huela mal y es más, según una encuesta, soy la más guapa de la universidad.
Zeode- Y la más tonta y la más cerda. Mira, la estupidez y la suciedad no está reñido con la belleza, por desgracia. Me da igual que tengas cientos de admiradores que estén buscando meterla en una mujer florero. Cuido de mi inteligencia y estoy seguro de que relacionarse contigo conllevará a volverse igual o más imbécil que tú. Así que... Olvídate y evítate discusiones.

A pesar de las fuertes discusiones con Zeode, Beca siguió insistiendo, hasta el punto en el que el joven deseó que se perdiera o que algo le pasara para que le dejara vivir tranquilo.



Curiosamente, al poco, la suerte pareció sonreirle a Zeode y Beca comenzó a sufrir unas fiebres muy altas que la dejaron en cama durante varios meses. Los médicos no podían determinar qué le ocurría con exactitud pero, finalmente, llegaron a la conclusión de que aquellas fiebres podían estar provocadas por la picadura de algún insecto. La única solución era darle antibióticos por la posible infección que pudiera tener la muchacha.

El malestar de la chica no pasó desapercibido a sus compañeros que se preocupaban por su estado de salud y no entendían como Zeode podía estar tan tranquilo.




Carlos- ¿Sigue igual Beca?
Fidel- Eso parece. A saber con quien se habrá metido en la cama para pillar tal cosa.
Alegra- ¡Ey, no te pases! ¿También vas a ser como Zeode o qué?
Fidel- No estoy diciendo que se lo merezca ni nada por el estilo, sólo estoy diciendo que es muy raro lo que la pasa y que no creo que sea precisamente por nada.



Dala- Chicos, me voy a clase. La rubia sigue igual.
Joules- Madre mía... ¿Llamamos al médico otra vez?
Dala- ¿Para qué? Ya han dicho que lo que tiene viene de la picadura de algún insecto y que la demos los antibióticos que le han recetado. Más no podemos hacer.
Alegra- Y Zeode tan tranquilo...
Dala- Es normal, nunca le importó la rubia y le estuvo acosando demasiado. Es ahora cuando está respirando.



Alegra- Ya, pero no mostrar ni siquiera un poco de preocupación por su compañera... ¡Y dormirá tan tranquilo! ¡Me hierve la sangre!
Joules- Pues que te deje de hervir porque no tiene pinta de que vaya a cambiar.
Alegra- ¡Uf!

Y así era. Zeode no iba a cambiar. En aquellos momentos se sentía tranquilo y de mejor humor. Para él, no tener que cruzarse con una chica que sólo sabía perseguirle, era un alivio. Hacía mucho tiempo que había dejado de tomar en serio a las mujeres y si encima, eran como Beca, su desinterés aumentaba.



No obstante, con Dala y con Siluya se comportaba bien. Dala le caía muy bien por su sinceridad y su alegría y, Siluya, le agradaba por su dulzura y su dedicación a los estudios.



Como él, Siluya se dedicaba a estudiar y a aprender todo lo que podía sobre Bellas Artes. Si Zeode se caracterizaba por no ser hábil en ninguna de las destrezas que se impartían en esa carrera como el dibujo y la escultura, Siluya pintaba y dibujaba muy bien. Así, poco a poco Zeode se fue relajando y pudo conseguir un ambiente más propicio para su estudio.



Esperaba que su interés y su esfuerzo al final merecieran la pena, aunque aquel sólo era el primer curso.



Finalmente y gracias a la intervención de Siluya, Zeode comenzó a relacionarse más con Alegra hasta que formaron un grupo de estudio bastante compacto. Los tres se ayudaban en lo que podían y cuando llegaron los exámenes, era un hecho de que se habían vuelto buenos amigos.




Alegra- Zeode, pasado mañana empiezan los exámenes. He comprado una cafetera nueva, así que, ¿qué os parece si nos chutamos unos cargaditos y estudiamos a tope toda la noche?
Zeode- Por mí, genial. ¿Tú te animas, Silu?
Siluya- Estudiar por la noche no es mi fuerte pero... haré un esfuerzo, sí.



Zeode- ¡Oh, venga! ¿Qué problema tienes con estudiar por la noche? Vamos a estar los tres y nos vamos a ayudar. Eso nos ayudará a sacar buenas notas.
Siluya- Pues aunque no lo creas... no me siento cómoda con la noche. Prefiero el día.
Alegra- ¿Ya estás con tus tonterías, Silu?



Zeode- ¿Qué tonterías?
Alegra- Pues que le da miedo la oscuridad. En nuestra habitación dormimos con una lamparita encendida porque si no, aquí la casi albina tiene pesadillas.
Zeode- ¡Jajajaja! ¿De verdad, Silu?
Siluya- Sí... pero bueno, no importa, estudiaré con vosotros esta noche.



Alegra- Bueno, me meto a clase, que tengo una optativa. Nos vemos en la resi y, Zeode, no te olvides de devolver el libro a la biblioteca que al final veo que me multan...
Zeode- ¡Ah, el libro! ¡Vale, vale!

Cuando Alegra entró a clase, Zeode se juntó con Siluya para regresar a la residencia. Una de las mayores virtudes del muchacho, además de su voz, era poder interpretar lo que los demás pensaban y sentían. Por eso, cuando vio que Siluya se encontraba inquieta por la conversación anterior, decidió hablar con ella puesto que, la muchacha en verdad se había ganado su amistad gracias a lo estudiosa y dulce que era.



Zeode- ¿Sigues pensando en el tema de estudiar por la noche?
Siluya- ¿Eh? No, no...
Zeode- A ver, cuéntame qué te pasa. ¿Es por el tema de las pesadillas?
Siluya- Es que... bueno, no me gusta que Alegra me trate como una niña pequeña. Ya se que ya tengo una edad para dormir con la luz apagada, pero siempre se burla de eso.



Zeode- Tú puedes hacer lo que quieras, Silu. No es ninguna vergüenza. ¿Sabes una cosa? Cuando era un niño sufría de unas pesadillas terribles y no fue hasta que se murió la mujer que me cuidaba hasta que empecé a dormir bien.
Siluya- ¿En serio? ¿Y por qué? Bueno, ¿sabes por qué te pasaba eso?
Zeode- Pues realmente no lo sé, pero pienso que era porque la vieja que me cuidaba era fea de cojones. Y, además de fea, amargada e irritante. Creo que algún trauma me tuvo que dejar...
Siluya- ¡Jajajaja! Ups...
Zeode- Tranquila, no te aguantes la risa... Si hasta a mí me da, cuando lo pienso... Lo que quiero decir es que, no hagas nada de la cabeza multitintes y duerme como te de la gana. Ya somos mayorcitos para hacer lo que queramos, ¿no?



Siluya- Sí, gracias Zeode.

Gracias a aquella conversación, Siluya se convirtió en la mejor amiga de Zeode. Compartían tiempo y estudios y se había convertido en la única que podía controlar sus malos comentarios sobre otras personas. Beca, comenzó a recuperarse de sus fiebres y gracias a las intervenciones de Siluya, Zeode dejó de tratarla mal y optó or ignorarla. El carácter de Zeode se acostumbró a sus nuevos compañeros, a su nueva vida y empezó a sentir lo que significaba la felicidad.



Zeode- ¡Los perritos calientes son la mejor comida del mundo! ¡Mmm!
Siluya- No sé... No tiene mucho misterio hacerlos... Sólo es una salchicha metida en un bollo...



Zeode- ¿Eh? ¡Cof, cof!
Siluya- ¡Ay, no seas mal pensado, Zeode!
Zeode- ¡Jajajaja! ¡Perdón, perdón!

En cuanto a los exámenes, aquellas dos semanas fueron bastante estresantes pero, cuando consiguieron acabarlos, los boletines de notas no se hicieron esperar.





Zeode vio el fruto de sus esfuerzos reflejado en las notas con un sobresaliente.




Dala- ¡Eres el puto máquina, tío!
Zeode- ¡Jaja! ¿Lo dudabas?
Dala- ¡Daaaaa! ¡Egocéntrico!


El verano estaba a punto de comenzar y antes de que todos regresaran a casa de vacaciones, decidieron pasar el día juntos. Aquello serviría para afianzar lazos con sus nuevos amigos. Gente, que a diferencia de los habitantes de su anterior pueblo, no parecían tener ningún tipo de interés con él.



Dala- ¡Já! ¡Aprender de una deportista, pringaos!
Joules- Ba... Aprende tú de mí, chocolatita dos.
Dala- ¡No soy tu chocolatita, zumbado!
Zeode- ¿Queréis seguir jugando?



Joules- Focaliza la energía en la bola...
Zeode- Otro flipado... A ver si vas a ganar a la rubia...
Joules-Shhhh...



Joules- ¡Woohoo!
Zeode- La suerte del tonto, ¡trae, me toca a mí!



Zeode- Yo no necesito mierdas de focalizaciones...
Joules- Tú mismo...



Zeode- ¡Oh! ¡Mierda!
Joules- ¡Ajá! Focalización para caer al lado y no tocar ni un bolo.
Zeode- ¡Cállate!



Dala- ¿Vas a regresar a tu pueblo estas vacaciones, Zeode?
Zeode- Volveré a Dragon Valley, que es donde estoy instalado, actualmente.
Dala- ¿Dragon Valley? Nunca había oído hablar de ese sitio. Pero, bueno, si quieres puedes venirte de vacaciones conmigo. Yo me voy a Isla Paradiso, a la playita, a ponerme morena.
Zeode- ¿Más? ¡Jajajaja!
Siluya- ¿De verdad que nunca has oído hablar de Dragon Valley, Dala?
Dala- ¡Jamás! Ni sabía que existía.



Zeode- ¿Tú sí, Silu?
Siluya- Sí, claro. Es una comarca donde se honra a los dragones. Lo sé porque me gustan mucho esas criaturas.
Zeode- ¡Ey! ¿Y por qué nunca me lo dijiste? ¡A mi también!
Dala- Creo que todos nos hemos dado cuenta de que te gustan los dragones, Zeode. Ese tatuaje enorme que llevas no deja mucho a la imaginación.
Siluya- ¡Jajajaja! Sí... aunque me gustan los dragones blancos sobretodo. ¡Son tan místicos!
Dala- ¡Dragones! ¡Qué tontería!
Zeode- Pues cuando quieras te invito a pasar una temporada allí, Silu. Solamente dejame ahorrar algo porque ahora mismo estoy pelado. A ver si me voy haciendo un hueco como cantante por allí, así, si vienes de visita, podré ofrecerte al menos una habitación para invitados.
Dala- ¡Jajajaja! Vas a echar de menos la uni cuando duermas en tu cama andrajosa... Tan creído y durmiendo sobre caquita.
Zeode- Sí... ¡Oye!



Siluya- Pero volveremos a vernos a finales de verano, así que hasta entonces. ¡Mantente positivo!
Zeode- ¡Jum!

Aquel curso finalizó con nuevos amigos para Zeode, los cuales se reunieron para despedirse de él. Incluso Beca, aunque no con mucho gusto porque Zeode nunca quiso nada con ella y porque ya no le volvería a ver. El rector de la universidad la expulsó por no haber aprobado ninguna asignatura, aunque fuera debido a su enfermedad y tenía que matricularse en otra universidad si quería seguir estudiando. Zeode, al contrario, se iba feliz, con un sobresaliente a sus espaldas y con un poco más de su camino completado. No se marchaba triste, porque el era incapaz de sentir tristeza, pero si ansioso, por comenzar pronto el nuevo curso.







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Capítulo 3: Volviéndose rebelde.

Mensaje por Saclae el Miér Sep 17, 2014 8:55 am

Ӂ Capítulo 3 Ӂ:


Capítulo 3: Volviéndose rebelde.


Después de un corto pero intenso verano como cantante local al que contrataban para dedicar e interpretar canciones para otros, Zeode pudo reunir a tiempo el dinero para ejercer el pago de su matrícula del segundo y último curso en Bellas Artes. En teoría, el verano era el momento de descansar y reponer fuerzas, pero para Zeode era distinto. Si quería continuar con sus estudios, debía esforzarse, aunque tuviera que sacrificarse todo un verano. El joven salía temprano de su casa y llegaba a altas horas de la noche. A veces, sin ninguna gana de cocinar, optaba por comer lo primero que encontraba en la nevera, se duchaba, dormía y vuelta a empezar. De este modo, y gracias a que nunca perdió el contacto con sus compañeros universitarios, eligió la residencia en la que ellos también estarían y de nuevo, se embarcó hacia la universidad.



Siluya- ¡Hola, Zeode! ¿Qué tal te fue por Dragon Valley?
Zeode- Acosado, cantarinamente hablando. Pero bien, gracias a los ahorros que saqué en la uni y lo que pude reunir, tuve para la matrícula y aun me queda un poco. Pero eso ya lo invertiré en casa a mi regreso.
Siluya- Me parece muy bien. ¡Hay que acabar la carrera con un sobresaliente! ¡No te olvides!
Zeode- ¡Eso está hecho!

Otro de los recuentros que se sucedieron en la universidad fue con Alegra, la chica del pelo rosa. No sería algo importante de destacar, si no fuera por la índole que tomó el verse de nuevo. Alegra, a pesar de que a la mitad de curso comenzó a llevarse bien con Zeode y de que formaron grupo de estudio, nunca llegó a llevarse del todo bien con él. Ambos sentían que chocaban pero, cuando volvieron a verse, la chica le desveló los verdaderos motivos de su desconfianza. Probablemente, con ello, quería comenzar una nueva relación de amistad.



Alegra- Mira, Zeode, si antes no te hablaba mucho, era porque estaba molesta por lo que le estabas haciendo a Beca.
Zeode- Entendería ese punto... Si hubiera visto que erais amigas, pero nunca vi nada parecido a la amistad entre vosotras. Así que, no me vengas con cuentos anda, Ale...
Alegra- Amigas como tal, no. Pero pertenecíamos ambas al grupo de los rebeldes y lo llevábamos bien. ¿Sabes que son los grupos de la uni, no?
Zeode- Algo de eso oí el año pasado, pero no es que me interese mucho, tampoco.
Alegra- Pues ahora te va a interesar. Verás, Beca y yo eramos las que organizábamos todas las actividades de los rebeldes, actividades que sirven para conseguir cosas. Luchábamos contra las injusticias, ¿sabes? ¡Movilizábamos a la uni! Pero con tus desplantes, ella empezó a dejarme a mí todo el trabajo y luego ya, con su enfermedad, a mi me quedó todo. Nuestro grupo dejó de tener tanta influencia en la uni y la gente ya no se une a él... ¡Es increíble que prefieran a los empollones que a nosotros!
Zeode- Bien... ¿Y toda esta charla a qué viene?...



Alegra- Ya que indirectamente fuiste el factor de la desgracia del grupo de los rebeldes y directamente el factor que atontó a Beca, ahora que no está y como ha dejado su puesto libre... ¿Qué mejor manera de empezar de nuevo nuestra relación siendo socios en el grupo de los rebeldes?
Zeode- ¿Qué? ¿Me estás pidiendo que me una al grupo de los rebeldes y que te ayude? ¿Estás loca?
Alegra- ¡Claro que no estoy loca! Mira, piénsalo. Todo el mundo que pasa por la universidad ha estado dentro de uno de los grupos universitarios. Si han llegado a ser los mejores o más renombrados de su grupo, eso luego se les reconoce durante toda la vida. ¿De qué te sirve ser reconocido como el chico más guapo que pisó la universidad por estar en el grupo de los deportistas? Tal vez para ganarte popularidad entre las chicas y que te inviten a fiestas pero... Conociéndote... No creo que eso te interese mucho. ¿Del grupo de los empollones? Bueno, sí... Conocido como el más estudioso y el As en los videojuegos... Para trabajos de electrónica y ciencia te ayudaría pero tú mismo lo has dicho, quieres ser famoso y triunfar como cantante, así que eso para nada va contigo. ¿Qué te queda? ¡Los rebeldes! ¡Mover a la masa! ¡Defender tus ideales y que otros lo apoyen! ¡Hacer presión a los que gobiernan y mover a la sociedad! ¡Ser un líder! ¿Crees que eso no quedaría bien con tu carrera de cantante? ¡Yo creo que sí! ¡Un cantante rebelde! ¿No suena bien?
Zeode- Argh... Hablas demasiado...
Alegra- Lo tomaré como que te has convencido de lo que digo y aceptas. A partir de ahora nos vamos a juntar mucho para preparar todo lo que tenemos que hacer. ¡Ya verás, será genial!

No podía negarlo, a Zeode le gustaba el carácter determinante y decidido de Alegra. La chica hacía lo que quería y tenía muy claras sus ideas. Aquello era algo que le gustaba ver en las personas a Zeode, ya que toda su vida estuvo rodeado de gente que de algún modo u otro, le habían traicionado o dejado de lado sin ni siquiera darle una explicación. La idea y el planteamiento que le propuso Alegra sobre pertenecer al grupo de los rebeldes, no le disgustó. Aquella podía ser una vía extra para darse más fama, aunque pronto vio que no solamente Alegra quería que estuviera en su grupo social.



Joules- Tío, Zeode, no hagas caso a lady vestiditos de muñecas y únete al grupo de los deportistas. ¡Pronto te convertirías en el más popular! Y yo, por supuesto, en el mejor amigo del más popular...
Alegra- Sigue llorando, Joules, pero Zeode ya es todo un rebelde. Está reconocido como tal...
Joules- Cállate y come perritos.
Alegra- En serio,no sé como podéis comer tantos perritos... ¿Cuántos lleváis?
Zeode- Ocho cada uno, nos quedan dos más.
Alegra- Deagh...



Zeode- Es la mejor comida del mundo, Ale. Fácil de preparar y le puedes echar lo que quieras. ¡Ñam!
Joules- ¿Lo ves? Esta no sabe de la buena vida... Únete a los deportistas.
Zeode- ¡Jajajaja! Ya estoy registrado oficialmente como rebelde, Joules. Ya nada se puede hacer.
Joules- ¡Vaya mierda!
Alegra- Haberte movido antes, pringaillo...
Joules- Alegra, bonita... Cállate y come perritos.
Alegra- ¡Ay!

Poco a poco, Zeode fue familiarizándose con lo que significaba ser un rebelde. Empezó a aprender cuáles temas eran los que interesaban a los estudiantes, dónde se encontraban los mejores lugares para promover y organizar manifestaciones, así como cuáles debían ser los medios para darse a conocer ante el mundo.



Todo ello, con ayuda de Alegra que le ilustraba y le enseñaba todo lo que debía saber. Poco a poco, y bastante pronto, todo aquello dio sus frutos. Zeode se estaba convirtiendo en una de las personalidades con más renombre en la universidad y eso hacía que Alegra tuviera que defenderle, aunque en realidad era algo que hacía con gusto y con orgullo.




Fidel- Estáis muy subiditos con la incorporación de Zeode a vuestro grupo de rebeldipanolis, ¿no?
Alegra- Y yo percibo un ligero pero penetrante pestazo a envidia de tu parte, ¿te has lavado?
Fidel- ¡Jajajaja! ¿Envidia? Los deportistas seguimos siendo el grupo más influyente de la uni. Sólo conseguís captar a los tontitos que no tienen nada que hacer para entrar a nuestro grupo.



Alegra- Pues déjame que te diga, señor selecto, que hay deportistas que se han cambiado al grupo de los rebeldes, así que no sé hasta que punto será tan exclusivo el tuyo si se cambian tan fácilmente... De todas maneras, no te preocupes, vas a seguir siendo el líder de tu grupo, porque para tu suerte, Zeode decidió no entrar en él.
Fidel- ...

En cuanto a los estudios, las antiguas costumbres regresaron. El grupo formado por Zeode, Siluya y Alegra seguía reuniéndose para estudiar juntos.



Y aunque Zeode no saliera de muy buen humor con varias clases porque exigían mucho esfuerzo, seguía al pendiente de todo por muy cansado e irritado que terminara en ocasiones.



Al fin y al cabo, él no era el único que se esforzaba en estudiar y sacar buenas notas.



Siluya también lo hacía, aunque le costara igualmente.



Ambos tenían una promesa: acabar la carrera de Bellas Artes con sobresaliente. El esfuerzo era mucho, pero el resultado sería gratificante para ambos. En verdad, Zeode y Siluya tenían muchas cosas en común y no era extraña la cercanía que se había forjado entre ambos. Sobre otros compañeros,  era indudable la influencia que Zeode había adquirido en la universidad. La gran muestra de ello, fue el favor que le hizo Dala, la más influyente entre los deportistas, incluso por encima del engreído Fidel.




Zeode-¡Ey, Dala! ¿Podría hablar contigo? Necesito que me eches un cable...
Dala- Claro, tesoro, ¿de qué se trata?



Zeode- Verás, el chiflado de "Detalles en las formas" ha pedido que dibujemos a un amigo respetando sus "formas". He pensado que como eres deportista, será fácil detallar esos músculos.
Dala- Te gusta esta musculatura, ¿eh? Sí es que te tendrías que haber unido a los deportistas, tesoro. En fin, ¿qué tengo que hacer?



Zeode- Sólo ponte ahí. Y te pones así en postura como si estuvieras observando algo... Así como si hicieras un monólogo de Shakespeare.
Dala- ¿Así y ya está? ¿Seguro que vas a captar así mis músculos?
Zeode- Sí, definiré los de los brazos y las piernas...

Sin dejar que Zeode terminara de hablar, Dala se desnudó completamente. Dejando callado al joven. No iba a asustarse con lo que veía, puesto que el cuerpo de las mujeres era algo que ya había visto con frecuencia, (aunque nunca tan desarrollado como el de Dala), pero la actitud de la deportista le dejó sorprendido ya que muchos habían llorado incluso por recibir los favores de la que llamaban "Diosa de chocolate".



Zeode- Esto... ¿Estás segura de que te dibuje así?
Dala- ¡Por supuesto! ¿No quieres acabar la carrera con un sobresaliente? Inmortalizar mi escultural cuerpo al natural te dará la matrícula, tesoro. ¡La matrícula!
Zeode- ¡Jajajaja! Bien, bien, pues ponte como te dije.



Dala- ¿Así?
Zeode- Sí, perfecto.
Dala- Voy a poner cara de sorprendida, como si hubiera hecho un gran descubrimiento. Mi cuerpo, por ejemplo.



Zeode- ¡Jajajaja! ¿Sabes que cuando se enteren de que te dibujé desnuda, algunos me querrán matar, no?
Dala- Bueno tesoro, la diferencia está en que tú no me miras como ellos, ni quieres nada como ellos. Ser la más influyente de los deportistas hace que todos quieran revolcarse conmigo para presumir de que me han visto desnuda. Que se jodan, el único que me vas a ver eres tú. Y bueno, mis pichulines VIP.
Zeode- ¿Pichulines VIP?
Dala- Sí, aquellos que si tienen permiso de revolcarse conmigo porque se lo han ganado y jamás dicen nada.
Zeode- Ah... ¡Jajajaja! Bueno, me guardo el dibujo de las formas y te hago un autorretrato rápido. ¿Te parece?
Dale- Venga, capta mi esencia deportista.



Zeode- ¡Tachán! Aquí está. ¿Qué te parece?



Dala- Mmm... es... es...



Dala- ¡Es perfecto! ¡Sólo fíjate! ¡Tiene mis mismos labios carnosos! Deja que me visto y te doy un abrazo.



Dala- ¡Gracias por el retrato, tesoro! ¡Gánate esa matrícula!
Zeode- ¡Jé! Eso haré.

Tal y como pensaba Zeode, una vez expuesto su dibujo en clase, las reacciones de que dibujara a la famosa deportista Dala Masa, desnuda, no se hicieron esperar. Aquello, ayudó a que el grupo de los rebeldes subiera de influencia como la espuma e hizo que Zeode pasara ratos muy divertidos con sus incrédulos compañeros.



Joules- ¡No me puedo creer que hayas visto a la "Diosa de chocolate" en bolas y no me hayas dicho nada! ¡Maldito traidooooooooor!
Carlos- Joules, deja de exaltarte...
Joules- ¿Tú que dices empollón? ¿Qué vas a saber? Estás todo el día con tus libros y no sabes nada de la buena vida. Si se te acercara la "Diosa de chocolate" ya veríamos donde acaban tus libros.
Carlos- Ya he hablado con ella y no me ha pasado nada. No soy tan influenciable como tú.
Zeode- Carlos ha tomado el buen camino, seamos serios... Al único que Dala tomaría en serio para algo sería a mí.
Joules- ¡Cállate, mentiroso!
Zeode- ¡Jajajaja!



Una vez que la importancia de Zeode se consolidó, comenzó a dejar su firma en las calles como símbolo de identificación propia.



Zeode dibujaba en suelos y paredes, una y otra vez, sin que nadie le detuviera. Todos le aplaudían e incluso las autoridades no hacían nada porque se había convertido en una persona muy poderosa dentro de los grupos sociales. Además, el hecho de que fuera un estudiante brillante y motivara al resto a sacar buenas notas, hacía que los altos cargos hicieran la vista gorda con sus pintadas.



El joven se estaba consolidando como el "rey" de la universidad. Alegra se encargaba de hablar con el resto de rebeldes para organizar los eventos y Zeode los comunicaba a través de los mensajes que dejaba en la piedra. Habían formado un gran equipo. Zeode, comenzó a desprestigiar a Fidel en cuanto se enteró de sus discusiones con Alegra. El rubio no se atrevía a enfrentarse con Zeode y por ello, intentaba desprestigiar a la segunda más influyente, Alegra o Ale, como así le decían sus amigos. Lo que no sabía Fidel eran las consecuencias de tener de enemigo a Zeode, pero pronto pudo comprobarlo. El joven de Dragon Valley instaló un atril en medio de su residencia y desde allí comenzó la campaña en contra de los "falsos deportistas".




Zeode- ¿Qué significa ser deportista, hoy en día? ¿Ir de fiesta y olvidarse de entrenar? ¿No era que los deportistas promovían una vida sana unida a los beneficios del deporte? ¿Qué vida puede considerarse sana si está llena de desfases de alcohol y otras sustancias?



Zeode- ¡Fidel! ¡Falso deportista! ¡Deja tu puesto a alguien que si se lo merezca! ¡Nadie puede igualar a la increíble Dala Masa! ¡Ella es el modelo a seguir,no tú! ¡Fidel, deja de meterte con las mujeres! ¡No tienes los cojones de venir a quejarte en mi cara! ¡Cuando quieras nos vemos, que se que me estarás escuchando! ¡Pero antes de que vengas a decirme algo! ¡Dúchate, que ese olor a animal rancio no te va a hacer más atractivo para las mujeres! ¡En la uni ya no hay cabezas huecas, hay mujeres inteligentes y con ellas nada tienes que hacer!

Revueltas, revueltas y más revueltas. Las manifestaciones comenzaron a sucederse porque las notas estaban siendo demasiado bajas.



La gente, por ello, se sentía bastante desmotivada y habían comenzado a plantearse de qué servía estudiar tanto si no verían resultados satisfactorios a sus esfuerzos.



Pero no hay que olvidar, que el mejor motivador que existía en ese momento en el campus era Zeode y muy pronto, gracias a las manifestaciones que organizó, los altos cargos universitarios aceptaron que había profesores demasiado estrictos o que no les gustaba ver que sus estudiantes en muchas ocasiones les superaban.



Finalmente, los alumnos obtuvieron su ansiado beneficio y mejoría en sus notas y con ello, la felicidad en el campus se hizo patente. Ale y Zeode se consolidaron como los dos alumnos más importantes del campus. Debido a esto, muchos sacaron teorías de que tenían una relación sentimental y es que, realmente, ambos se compenetraban a la perfección.




Zeode- Mira el nuevo cacharro que he conseguido. ¡Vas a flipar!
Alegra- Dudo mucho que me sorprenda, pero a ver...



Zeode- ¿Has visto está gramola? ¡Es una antigüedad! Me la vendieron original de Moonlight Falls. No sé donde demonios está eso, pero ¡da igual! ¡Es genial!
Alegra- ¿De Moonlight Falls? ¡El pueblo sobrenatural! ¡Dicen que allí se ven cosas super raras! ¡Lo mismo está encantada!
Zeode- ¿Eh? ¡Qué gilipollez!



Alegra- ¡Ey, novedades frescas! ¿Adivinas a quien le echaron del pub de deportistas?
Zeode- ¿A la Nancy rubia musculada?
Alegra- ¡Siiiii! ¡Jajajajaja!



Zeode- Eso le pasa por meterse con los rebeldes. ¡El muy cacas ya tiene lo que se merece!
Alegra- Pues sí. Menudo cobarde...
Zeode- Tranqui... ¡Nadie se mete con mi Ale!
Alegra- Jiji ¿De verdad?



Zeode- Pues claro... Nos tenemos que apoyar, ¿o no?
Alegra- ¡Por supuesto!
Zeode- Pues ya está.
Alegra- Oye... ¿Quieres que vayamos esta noche a las hogueras?
Zeode- ¿Qué? No, no... Hoy tengo que estudiar, ya lo sabes, Ale... Y hablando de estudiar, me piro. Nos vemos mañana.
Alegra- ¡Ba! Está bieeen... Tú y tus estudios...



Alegra- Zeode...

El acercamiento que había entre Zeode y Alegra, provocó que finalmente ésta última se sintiera atraída por el joven. Al principio nació como un sentimiento que rechazaba y que justificaba diciendo que eran ilusiones. Sin embargo, poco a poco tuvo que empezar a admitir, que se estaba enamorando de Zeode. Alegra sabía cómo era el carácter del joven y por ello no se atrevía a expresarle directamente sus sentimientos. Además, existía otro factor importante que ella desconocía, pero que le dificultaría mucho la tarea para que Zeode se fijara en ella: Siluya.



Siluya era la única chica que despertaba sentimientos de protección en Zeode. Hablaban de muchos temas que les interesaban a ambos y, aunque ella no estuviera en el grupo de los rebeldes, animaba y apoyaba a Zeode en lo que podía. Era misteriosa, dulce y solitaria pero, con Zeode, se sentía a gusto. No llamaba la atención por sí misma como otras muchachas, ni tampoco lo pretendía, pero lo cierto era que el joven tenía debilidad por aquella frágil muchacha.

Si Siluya necesitaba ayuda, allí estaba él. Si le proponía estudiar, él aceptaba sin dudarlo.



Incluso, si veía que alguno se acercaba más de lo normal, como el nuevo compañero de residencia, Josh, Zeode no podía evitar inmiscuirse para saber qué era lo que pretendía. En el fondo, quería defender y proteger a su amiga de los posibles aprovechados que pudieran acercarse a ella y se negaba, tener sentimientos más importantes por la joven.




Zeode- Ey, Josh. Creo que Silu está bastante cansada por las clases de hoy como para que tu le vengas contando tus problemas. Deberías entender que los que estudiamos necesitamos descanso, ¿no crees?



Josh- Zeode, no te metas en lo que no son tus asuntos. Silu y yo estamos hablando tan tranquilamente de nuestras cosas. Si haces el favor de dejarnos solos...
Siluya- Zeode tiene razón, Josh... Hoy estoy muy cansada. Ya hablaremos otro día, ¿vale?
Josh- Pe- pero...
Zeode- Ya la has oído. Circula, Josh. Vete a hacer el tonto con tus amigos deportistas.



Siluya- Uf, gracias Zeode. Josh se pone muy pesado a veces.
Zeode- Deberías mandarlo a la mierda.
Siluya- Sabes que no soy así, Zeode...
Zeode- Entonces, ¿qué? ¿Vas a estar toda la vida permitiendo a las moscas que se te peguen?



Siluya- Jejeje... Tranquilo... Tengo mis propios medios para librarme de las moscas. En fin, me subo con mis cosas a mi habitación que quiero dormir. Ponte las pilas que ya llegan los exámenes.
Zeode- Ba, lo tengo todo controlado. Buenas noches.

Como bien informaba Siluya, los exámenes estaban próximos y eso significaba que el esfuerzo en el estudio debía ser el doble.



Zeode y ella dieron todo lo necesario para sacar buenas notas. Habían cambiado sus horarios de estudio a por la tarde por el temor de Siluya a la oscuridad, a pesar de que Alegra se había quejado porque decía estudiar mejor de noche. Sin embargo, ante Alegra, por muy bien que se llevara con ella, siempre estaría Siluya. La relación era diferente. No pasaban tanto tiempo juntos, pero aun así era una amistad especial y bonita que Zeode deseaba cuidar. Siluya le aportaba paz y eso era lo que necesitaba cuando era el más famoso de la universidad. Sus pintadas cada vez eran mejores y tenían más seguidores, lo que a veces le estresaba un poco.



Cuando por fin llegaron las dos semanas de exámenes, se comprobó que los discursos de Zeode habían hecho efecto entre los estudiantes y todos se animaban a estudiar juntos.



Zeode, al menos, gracias al estudio salía con buenas sensaciones de los examenes.



Pero no sería hasta el día en el que les diesen los boletines de notas cuando comprobarían si el resultado de tanto esfuerzo había merecido la pena. El día de la entrega de los boletines, todos estaban nerviosos. Los sobres con las notas en su interior llegaron por la mañana y Siluya y Zeode tomaron los suyos para abrirlos juntos. Alegra quiso participar en la apertura de notas, pero Zeode no se lo permitió. La apuesta y promesa había sido entre él y Siluya y solo ellos dos podían comprobar a solas cuáles eran sus notas. En lo alto de las escaleras de la residencia se reunieron y abrieron los sobres. Mirando los boletines quedaron en silencio y de pronto, ambos desvelaron sus notas al unísono.




Zeode y Siluya- ¡Sobresaliente!

Sin duda, aquellos dos, ahora graduados en Bellas Artes, habían cumplido con creces sus objetivos y Zeode había cumplido con la primera de las promesas que se hizo. Ya tenía un título universitario. ¡Impensable para alguien que no había ido nunca a la escuela! Siluya sabía su historia y por eso se encontraba verdaderamente feliz porque Zeode lo hubiera logrado.



Los dos amigos festejaron con los demás sus notas. En la celebración hablaron de todo un poco y Siluya le expresó su deséo de mudarse a Dragon Valley con el tiempo. Sin embargo, antes debía terminar unos asuntos pendientes en su pueblo de origen y no sabía cuando acabaría, pero prometió estar en contacto con él. Alegra, por su lado, dijo que no le interesaba Dragon Valley y que buscaría hogar en Midnight Hollow, que era más de su estilo. Le propuso a Zeode mudarse allí, porque la gente de aquel lugar tenía mucho en común con ellos pero, Zeode, no renunció a la tierra de dragones. Por otro lado, Zeode sentía y veía como su vida universitaria se alejaba, pero no quiso graduarse sin cumplir una apuesta que hizo con Joules: lograr que alguna chica besara al cerebrito de Carlos y comprobar si era gay o no.¿Y qué mejor chica para ello que Dala?



Cuando se lo comentó a la deportista, ella no podía aguantarse la risa. Lo haría sólo porque, aunque fuera un cerebrito, Carlos tenía su punto de atractivo. Así que cuando él se acercó al ver a Zeode y Dala cuchichear, la deportista cumplió con la apuesta.



La reacción del joven, lejos de lo que muchos hubieran pensado, fue exageradamente histérica. Pataleó, gritó y se enfadó por aquella encerrona, jurando no volver a hablar a Zeode y Dala en la vida.



Sin embargo, y con el tiempo, Zeode se enteró de que Dala y Carlos formaron una pareja muy estable y unida. ¿Quién diría que por una tontería universitaria se formaría una relación tan verdadera y duradera?

En cuanto a Zeode, debía marcharse después de la graduación, ya que el último transporte salía a las diez de la noche.



Despidiéndose de los compañeros que le habían acompañado en su vida universitaria, deseo buena suerte en sus proyectos a todos. Todos habían logrado hacer que se olvidara de su anterior vida, lo cual agradecía mucho. No obstante, las palabras más especiales fueron dedicadas a Siluya, a quien recordó que si necesitaba algún sitio donde quedarse hasta encontrar casa en Dragon Valley, las puertas de la suya estarían abiertas para ella. Todo esto ante el fino y atento oído de Alegra, que finalmente viajaría con Siluya como compañeras de piso, ya que también se habían vuelto muy buenas amigas.



De este modo, Zeode regresó a Dragon Valley, sintiendo que, por primera vez, sentiría que iba a extrañar a una persona.







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Capítulo 4: Forcus

Mensaje por Saclae el Vie Sep 19, 2014 6:45 am

Ӂ Capítulo 4 Ӂ:


Capítulo 4: Forcus.


El sólo hecho de regresar a casa con su vida universitaria terminada le provocaba pereza a Zeode. Sin embargo, desde aquel momento y, habiendo cumplido su primer sueño, tocaba continuar con los propósitos que se había impuesto. Probablemente, muchos tendrían sueños más ambiciosos. Tal vez conseguir una mansión, casarse, ser líderes de una gran empresa... Pero para Zeode, sus metas eran las más importantes. Creciendo bajo el influjo de una mujer desagradable y decepcionándose una y otra vez de los que le rodeaban, los que en algún momento le alabaron por su aspecto para después criticarlo, desear conseguir ser respetado era algo que entraba perfectamente dentro de la lógica.



Para ello, lo primero que debía hacer y que había dejado para cuando acabara con su período en la universidad, era arreglar un poco su casa. Gracias a la universidad, a la influencia que consiguió como el más importante de los rebeldes, las becas de sus estudios y a su trabajo de cantante en el verano entre un curso y otro, consiguió reunir dinero suficiente para, por lo menos, invertir en las partes de la casa que a su criterio más lo necesitaban.



Compró un sofá y un televisor, que aunque no fuera muy grande, le serviría para estar al tanto de las noticias del mundo y no dependería tanto del chico de los periódicos.



Cambió la cocina por una más decente y segura, un lavavajillas (del cual fue conocedor de su gran utilidad después de haber vivido en la residencia), un triturador de comida que le ahorraría tiempo (muy importante cuando eres un cantante), una nueva mesa, más bonita y resistente y nuevas sillas por si venían invitados en alguna ocasión.



También invirtió en un retrete mejor con el que no tendría que preocuparse de estar arreglándolo cada dos por tres, una bañera con ducha que ya no le daría únicamente agua fría y que por ello, le hizo hasta emocionarse y un lavabo, ¡al fin!



Por último, invirtió la mayor parte del dinero en rediseñar su habitación. Cambió la cama, pintó las paredes a su gusto, compró cortinas, alumbrado para toda la casa, un escritorio, una estantería para sus libros y, ¿cómo no? un ordenador. Aquello ya podía empezarse a llamar hogar.

De hecho, y gracias a esos cambios, la vida se le facilitó mucho a Zeode. Estaba de mejor humor e iba al trabajo cada día más animado. Lo que había aprendido en la universidad, como cocinar con el triturador de comida, lo ponía en práctica.



Y no existía día en el que tuviera una mala comida o se viera obligado a comer cualquier cosa que hubiera en el refrigerador. Las ensaladas, las tostadas con mermeladas y el yogur todos los días, habían pasado a la historia.



Sin embargo, y a pesar de que había realizado todos estos cambios, Zeode sentía que le faltaba algo. Se había acostumbrado a vivir con gente. No podía negar que su esencia carismática le hacía ser sociable y sentir que tenía la necesidad de hablar o dirigirse a alguien. Deseaba contar con alguien a su lado a quien contarle lo que le ocurría en el trabajo, los cotilleos de los que se enteraba y en definitiva, alguien con quien poder compartir su tiempo. Así que pensando muy seriamente en ello y, como los animales siempre le habían gustado en mayor o menor medida (teniendo sus preferencias, claro), decidió mirar a través de la web de adopciones locales la posibilidad de adoptar un perro. Entre todas las opciones, hubo una que le llamó especialmente la atención. Se trataba de un cachorro de tres meses de una raza llamada Redbone Coonhound. Tenía el pelaje marrón rojizo y una expresión muy simpática. Además, por el tamaño de las orejas y la forma del hocico, parecía que se trataba de un sabueso. Miró la información detallada de aquel pequeño y vio que se trataba de una raza grande, tal y como le gustaba, era macho y según el centro de adopción, había mostrado gusto por nadar y muchos signos de fidelidad. Sin pensarlo mucho más, llamó al número del centro y mostró su interés por adoptar al pequeño cachorro. Después de un buen rato dando datos, haciendo comprobaciones y demás, le dijeron que cuando terminaran de revisarlo, se lo llevarían a casa. Como le avisaron de que seguramente lo harían por la tarde noche, Zeode aprovechó el poco tiempo que tenía entre canciones dedicadas y espectáculos para ir comprando lo que consideraba apropiado para un cachorro.



Así, cuando por fin llegó a casa, lo dispuso todo para la llegada del nuevo Hydra. Compro kilos y kilos de pienso, un comedero, un bebedero, una caja llena de juguetes, champú para perro y una cama enorme que colocó en el salón para que el perrito pudiera dormir a gusto. Tal y como le indicaron en el centro, un encargado llegó para dejar al cachorro en su nuevo hogar en la tarde noche.



El perrito, en seguida, mostró su simpatía y su gusto por el agua. Por ello, Zeode decidió llamarle Forcus. Al haber estudiado Bellas Artes y con ellas, mitología de diversos países, Zeode decidió llamar así a su nuevo amigo porque en la mitología griega existía un anciano muy sabio que representaba la parte calmada y beneficiosa del mar llamado, Forcus o Forcis (según la declinación o terminación que se deseara usar). Como el perrito era simpático y juguetón, además de por la raza de sabueso que tenía, Zeode no consideró oportuno ponerle el nombre de algún dios marino que fuera maligno.



Como con todas las novedades, Zeode se pasó toda la noche jugando y atendiendo a Forcus. Sabía que cuando fuera a trabajar al día siguiente, el cansancio le pasaría factura, pero no le importaba. Su nuevo amigo le hacía reír con sus pasos torpes y sus caídas cuando corría demasiado. De nuevo no volvía a sentirse sólo y eso le hacía muy feliz.

Por otro lado, al ser muy reconocido en ese momento en Dragon Valley, el cansancio no se le notó demasiado y si se notó, sus fans hicieron la vista gorda.



Los espectáculos de Zeode seguían calando en la sociedad y muy pronto, tal y como él prometió, comenzó a cambiar su atuendo para sus actuaciones para que empezaran a identificarlo como Hydra. Su cabello negro con reflejos azulado era inconfundible y pronto el negro y el azul celeste se hicieron insignia del apellido Hydra.



Zeode gustaba y mucho. Su voz era reconocida en los periódicos y en las noticias locales. La describían como dulce, provocativa y a veces rasgada. El tipo de música que cantaba, no sabían si definirlo como metal, power metal o rock, era considerada como música oscura y atrayente.



¿Quién hubiera dicho que aquel muchacho que llegó sólo, fregando platos y suelos para pagarse las noches de albergue, llegaría a donde se encontraba en aquel momento?



Sin olvidar que se trataba de uno de los rostros más armoniosamente oscuros. Sus facciones no eran para nada comunes en Dragon Valley. Su tono de piel tostado y sus ojos claros, su sonrisa que siempre parecía esconder algo y su porte, lo ensalzaron al puesto más alto e influyente entre los jóvenes.



Y como las noticias vuelan, pronto los paparazzis se encargaron de investigar su vida y, no pudiendo encontrar nada de su pasado misteriosamente, porque nada aparecía de él hasta su vida universitaria, se enfocaron en su faceta de rebelde y en los ideales que había proclamado en la universidad. Con ello lograron que Hydra, él, se hiciera más atractivo ante los ojos de incluso las personalidades más importantes del pueblo.



La gente, en definitiva, no podía evitar agruparse a su alrededor cuando él decidía cantar en la calle. Seguía cantando a cambio de la voluntad en ocasiones, aunque ya cobraba bastante por las actuaciones que hacía, pero las propinas callejeras a veces resultaban tan abundantes como un sueldo.



La vida de Zeode transcurría de manera muy diferente a la que había tenido hasta entonces. Ya no vivía sólo y por otro lado, sus amigos universitarios tampoco se olvidaban de él. Alegra le llamaba casi todos los días para saber cómo estaba.




Zeode- ¡Ey, Ale! Pues mira, me acabas de pillar que vengo de una actuación. ¿Qué tal? ... Yo bien, como siempre... Sí... ¿Forcus? Glotón, como siempre. Pero tiene demasiada energía este perro, es imposible que engorde... Pronto le acostumbraré a comer perritos... ¡Jajajaja! ¿Qué estás planeando venir a visitarme? ¡Genial! ¿Para cuándo más o menos? ... Oh, ya veo. Bueno, avísame con tiempo que te conozco... Oye, ¿y qué tal está Silu? Dile que me llame alguna vez que anda perdida... ¡Jajajaja! ¿En serio? ¡Pues ya quiero ver una de esas pinturas!

Alegra y Siluya vivían juntas en Midnight Hollow. La joven del pelo rosa le había expresado en más de una ocasión su intención de visitarle, pero parecía que ambas estaban ocupadas con algunos de sus proyectos. Siluya se había convertido en una pintora cotizada a pesar de su juventud y antes de poder visitar a Zeode, debía atender a varios encargos por semana. Siluya y él hablaban bastante menos que con Alegra, pero siempre que lo hacían, Zeode se sentía igual de tranquilo y en paz como en su etapa universitaria. Tenía ganas de ver a Siluya, y no se olvidaba de que ella le había dicho que quería mudarse a Dragon Valley. No obstante, cuando él se lo recordaba y le preguntaba si se había decidido o no, ella cambiaba de tema. Zeode tenía la sensación de que finalmente no iría a Dragon Valley. Eso, le entristecía, no podía mentir, pero había alguien que le hacía olvidar su tristeza. El incansable Forcus.



Bueno, tal vez no tan incansable. El cachorro era tan activo que cuando Zeode llegaba de sus actuaciones, pasaba horas y horas con él jugando. Al final, el cachorro acababa derrotado y dormía en su enorme cama sin rechistar.



Y posiblemente, pudiera parecer algo absurdo, pero Zeode sentía que había encontrado un amigo de verdad. Alguien que no le juzgaba, que no discutía con él, que le esperaba siempre... No le guardaba rencor si llegaba tarde, se alegraba de verle siempre, aunque no hubieran pasado ni cinco minutos desde que había salido. Zeode había aprendido a querer al cachorro, aun cuando se ponía como histérico a morder su juguete rechinante favorito y hacía estallar la cabeza del joven.



Ambos, humano y perro, se habían acostumbrado el uno al otro y Forcus pronto adquirió los mismos hábitos de Zeode, como por ejemplo, comer a las mismas horas.



Como todo cachorro, necesitaba en ocasiones sus límites pero, Zeode, no podía hacer mucho cuando por naturaleza, Forcus mostraba su activa y juguetona manera de ser.




Zeode- ¿Vas a estar todo el día metido en el charco, Forcus? Ya está lloviendo mucho, vamos para casa.



Zeode- Este perro... No sé que será de él si algún día consigo tener una piscina... ¡Jajaja!


Por fin Zeode podía presumir de una vida normal, de la vida que siempre quiso. Nadie podría cambiar su destino ni su modo de vida, él era, al fin, el dueño de su propio camino y eso le hacía poder dormir todas las noches a pierna suelta.



Sin embargo, lo que el joven no sabía, era que no toda la tranquilidad aparente guarda en esa misma apariencia la normalidad que el tanto ansiaba. Él no se daba cuenta, ni tampoco podía sentirlo, pero algo le cercaba, algo que atraía las miradas de otras criaturas, sobre todo nocturnas, que veían cumplirse sus peores presagios. Y es que, en realidad, la verdadera realidad, la presencia de Zeode en cualquier lugar no presagiaba nada bueno.









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Capítulo 5: Hasta en la amistad hay que elegir.

Mensaje por Saclae el Dom Sep 21, 2014 1:53 pm

Ӂ Capítulo 5 Ӂ:


Capítulo 5: Hasta en la amistad hay que elegir.


Después de un tiempo sin muchas noticias de Alegra y Siluya, sin entender Zeode por qué no podían contactarle como antes, una tarde lluviosa, la chica del pelo rosa se presentó en su casa. Sorprendido, pero contento a la vez, Zeode le confesó que no se esperaba su visita y después de hablar con ella, mucho menos lo que le contaría a continuación.



Alegra- ¡¿A que te he dado una sorpresa genial?!
Zeode- Bueno, y tan sorpresa... Si ni siquiera me cuestionaba de que vinieras a verme.



Alegra- ¡Jajajaja! Y de eso, precisamente, también tenemos que hablar... Oye, te queda bien ese peinado. ¡Es mucho más rebelde que el que llevabas!
Zeode- Parece mentira que no sepas que ante todo está la presencia, Ale, ¡jajajaja! Y hablando de presencia, luego hablamos, tengo que irme corriendo que tengo una actuación. Acompáñame si quieres y luego ya nos damos nuestros buenos tragos en casa y me cuentas todo.
Alegra- ¡Oh! ¡Vale, vale! ¡Genial! Vamos a comprobar cómo es esa faceta de cantante tuya que tanto presumías.

De este modo, Zeode y Alegra se fueron de la casa de éste para llegar a la actuación que tenía pendiente en uno de los parques del pueblo. Dejar sólo a Forcus no era mayor problema, porque el perrito era tan sociable que ya se había encontrado algún que otro amigo por el jardín.



En cuanto a la actuación de Zeode, no sólo salió muy bien, como era de esperarse porque últimamente, el joven era la sensación de Dragon Valley. Alegra quedó sorprendida y maravillada de la prodigiosa voz de Zeode.



Acudir a aquella actuación consiguió reforzar los sentimientos de la chica del pelo rosa y es que, en todo aquel tiempo, siempre había estado pensando en Zeode. Nada más salir de la Universidad, la contrataron como tasadora de arte y como Siluya se dedicaba a la pintura, ambas se habían unido para sacar unos ahorros y poder viajar finalmente a Dragon Valley, fortaleciendo sus lazos de amistad de gran manera. Alegra tuvo un objetivo claro desde que comenzó siendo tasadora de arte, ahorrar lo suficiente para viajar a Dragon Valley e intentar una relación con Zeode. El tiempo y las largas charlas con Siluya le habían dado el valor para hacer lo que realmente quería. Por ello, cuando tuvieron los ahorros necesarios, Alegra viajó a Dragon Valley a la espera de Siluya.



La joven le contó toda esta historia a Zeode, eludiendo todavía sus sentimientos y sus verdaderos motivos. Quería conquistarle poco a poco sin tener que declararse todavía. Así que pensó que la mejor opción era decirle que los ahorros los tenía ella y que había ido a investigar el terreno para saber qué casa comprarse. Así podría llamar a Siluya cuando viera una casa que la convenciera.



Su intención era pasar una temporada en la casa de Zeode. Tal vez, de ese modo, consiguiera vislumbrar si el chico querría algo con ella como en ocasiones pensó en la residencia universitaria. A Zeode, no le importaba que Alegra se quedara una temporada. Ella le comentó que se conformaba con el sillón para dormir mientras él trabajaba y ella buscaba casa, que no le molestaría. De este modo, el joven aceptó su propuesta.



Alegra le acompañaba a muchas actuaciones y los rumores comenzaron de nuevo. Aquello era algo que no disgustaba a la chica, porque así, Zeode sentiría la presión social y acabaría sacando el tema. Además, se sentía importante y envidiada por muchas seguidoras de Zeode. Alegra daba su opinión con las nuevas canciones que creaba Zeode y también con sus atuendos. Volvía a ser su mano derecha. Sin embargo, para gusto de Zeode, Alegra ya estaba pasando demasiado tiempo en su casa. No era posible que aun no hubiera encontrado casa en aquel tiempo. Le había ofrecido una ayuda económica si la necesitaba,pero Alegra le decía una y otra vez que no la necesitaba, que lo único que ocurría es que no encontraba una casa que cubriera sus necesidades.




Zeode- Ale, no me molesta que estés en mi casa, lo sabes. Pero no podemos seguir así. No puedes estar durmiendo en el sillón toda la vida. Ya llevas varios meses aquí y nada te convence. ¿Pasa algo que no hayas querido decirme?
Alegra- No, no pasa nada. Es sólo que no encuentro la casa ideal.
Zeode- ¿Lo has comentado con Silu? Si vais a vivir juntas, creo que ella también debería opinar.
Alegra- Silu está muy ocupada, no la he querido molestar, Zeode.



Zeode- Mira, yo sólo digo que la gente empieza a rumorear cosas extrañas y no me conviene nada en mi carrera que vayan diciendo que tengo novia cuando no es verdad, ¿entiendes?
Alegra- ¡Ni que fuera una vergüenza que fuera tu novia, oye!
Zeode- No estoy diciendo que sea una vergüenza, estoy diciendo que no quiero que se digan cosas que no son verdad, es todo. Mira, yo te ayudo a buscar casa, pero tienes que moverte. Si no, nunca encontrarás nada que te convenza. No me hagas pensar que la chica trabajadora e independiente que conocí en la universidad ya no existe.
Alegra- Está bien, está bien... ¡Verás que en una semana encuentro casa!

Alegra estaba entre la espada y la pared. Quería quedarse con Zeode, pero sabía que a él no le gustaba la gente incompetente y ella ni siquiera trabajaba de tasadora en aquel lugar. En la actualidad, Alegra se parecía más a un parásito que a una compañera de piso y, aunque no quería separarse de Zeode, debía buscar una casa, así que se esforzó en encontrarla lo más cerca que pudo de él y lo logró. Lo que Alegra no intuyó ni pensó, era que Siluya había logrado terminar sus quehaceres en Midnight Hollow, quehaceres misteriosos que solamente ella y Alegra sabían y que nada tenían que ver con la pintura. A la semana siguiente, justamente el día en el que Alegra se mudaba, Siluya se presentó en la casa de Zeode.



Zeode- ¡Silu! ¿Eres tú realmente?
Siluya- ¡Jajaja! Hola, Zeode. ¿Quién voy a ser si no? Te dije que algún día me mudaría a Dragon Valley.
Zeode- Sí, pero desde que lo dijiste, anda que no ha llovido...
Siluya- ¡Ya! Ay, es que he estado muy ocupada...



Alegra- ¡Silu! ¿Qué, qué haces aquí?
Siluya- Pues ya terminé con mis asuntos familiares, Ale. Como te dije, cuando terminara, vendría.
Alegra- Pero dijiste que te llevaría bastante tiempo...
Zeode- Ale, quítate del medio, que no me dejas ver bien a Silu. A ti ya te he visto mucho, desde que te quedaste a vivir en mi casa hasta que encontraras la tuya.
Siluya- ¿Habéis estado viviendo juntos? ¿Por qué no me lo dijiste, Ale? ¿No tienes casa?
Alegra- Sí, sí que encontré, de hecho, mañana me iba a mudar. Así que vienes a tiempo.



Siluya- Ale... ¿De cuánto dinero estamos hablando?
Alegra- No importa, ya me irás pagando a plazos.
Siluya- Ese no era el trato. Yo no tengo nada ahora mismo, lo sabes. No puedo pagar la mitad de una casa si es muy cara. ¿Por qué no la buscaste barata como acordamos?
Alegra- ¡Ay, Silu! ¡Te preocupas demasiado!
Zeode- Yo he visto la casa y es ese caserón de la siguiente calle. Me extrañó que fuerais tan ambiciosas, pero pensé que podríais mantenerla. Los gastos de esa casa superan con creces los de la mía y eso que soy cantante...
Siluya- ¡Ale! ¡No puedo pagar la mitad de algo tan ostentoso! Te dije que mis ahorros los iba a necesitar para el derribo de la casa de mi familia.
Alegra- Tus cuadros son caros, Silu... Seguro que en poco tiempo consigues pagar tu parte de la casa.
Siluya- Estamos en un lugar nuevo, nadie me conoce. No es tan fácil comenzar desde cero... ¡Ay!
Zeode- ¡Ey, tranquila, Silu! Mira, si Ale ha estado viviendo en mi casa hasta que encontró casa, tu puedes quedarte en la mía. Yo no tengo gastos tan caros y podrás ahorrar para pagar esa casa o buscarte otra.
Alegra- ¿Qué dices, Zeode? ¡No te metas! Silu puede hacer frente al pago sin problemas...
Zeode- Ya que veo que no la tomaste en cuenta para la decisión, no sé por qué si sois amigas, pero bueno... Yo no tengo que tomar en cuenta lo que me digas. Silu necesita ayuda, que se quede en mi casa. Es mi última palabra.
Siluya- Gracias, Zeode. ¡Te pagaré todas las semanas! En cuanto me instale comenzaré a pintar cuadros y a intentar venderlos. ¡Gracias.
Zeode- ¡Tranquila! ¡Tranquila!



Alegra- Entonces, ¿de verdad te vas a quedar en casa de Zeode?
Siluya- Pues no tengo cómo pagar la casona que compraste Ale. Sé que la mitad de esa casa es mía porque utilizaste también mi dinero, pero los gastos posteriores no puedo hacerles frente.
Zeode- Una vez aclarado esto, continuaré ayudándote con la mudanza Ale. Después podemos ir a ver el pueblo, Silu. Así ves más o menos los sitios donde podrías vender tus cuadros.
Siluya- ¡Perfecto! También veo dónde se encuentran las peluquerías. Con el cambio de vida, quiero hacerme un cambio de aspecto también. ¡Jejeje!
Zeode- Me parece genial. A ver si otras aprenden, que siguen pareciendo mujeres embutidas en vestiditos de niñas desde que las conozco.
Siluya- ¡Jijiji!
Alegra- Qué graciosos...

Mientras que Zeode ayudaba a Alegra con la mudanza, Siluya comenzó a hacer buenas migas con Forcus.



Al perrito, Siluya pareció caerle muy bien desde un comienzo. Y estuvieron jugando hasta que Zeode regresó y sentándose en el suelo se quedó observándoles.




Zeode- Menudo perro guardián que tengo, ¿eh?
Siluya- ¿Para qué necesitas un perro guardián? Con tu carácter no hay más perro guardián que tú mismo.
Zeode- ¡Jajaja! ¡Qué ataque más bajo! Pues ahora soy un cantante reconocido, así que no es tan descabellada la idea de tener un perro guardián.
Siluya- Insisto en lo del carácter...
Zeode- Oye, Silu, ¿no te habrá afectado lo de Ale, verdad?
Siluya- No estuvo bien que tomara decisiones tan importantes para las dos ella sola... Pero, supongo que sus motivos tendrá para haber escogido esa casa. Si te digo la verdad, la mayor parte del dinero era de ella y no me apetece estar en una deuda eterna por un capricho. Sin embargo, si piensas que estoy enfadada o algo así pues... no. No, realmente.
Zeode- Bueno, tranquila. Verás que mi casa no es nada del otro mundo, así que los gastos son mínimos realmente. Da vergüenza que un cantante reconocido esté así, pero creo que soy más egoísta que cantante y no me gusta soltar mi dinero tan fácilmente... ¡Jajajaja!

A pesar de que a Zeode no le faltaba razón en cuanto a su carácter avaricioso, en el sentido de no querer gastarse mucho el dinero siempre que tuviera lo necesario para vivir, lo cierto era que Siluya iba a ayudar con los gastos del hogar y por ello, decidió invertir en una nueva habitación para ella. Allí podría pintar tranquilamente y ambos podrían hacer sus vidas por separado aunque vivieran juntos.



La habitación de Siluya era un lugar tranquilo donde a Forcus le encantaba pasar el rato. De hecho, el cachorro siempre estaba cerca de la joven. Ambos se daban paz mutuamente.



A Forcus le encantaba observar cómo Siluya movía la brocha en el lienzo e iba diseñando y dibujando formas y, a Siluya, adoraba la presencia del pequeño redbon.



Pronto Siluya comenzó a conseguir contactos, aunque era solitaria, gracias a que vivía con un cantante famoso como Zeode. Sus cuadros comenzaron a venderse bastante bien. La mayoría representaba la naturaleza y a la gente de Dragon Valley le encantaba la temática.

Zeode, por su parte, seguía dando espectáculos tanto en las calles, como en los parques y en los centros de actuaciones.



El joven era reclamado en muchos sitios y ganaba bastante dinero, pero pronto se dio cuenta de que las ganancias de Siluya no tenían nada que envidiarle. Alegra llamaba casi todos los días preguntando por Siluya y por si se había decidido a mudarse ya con ella o no lo haría.



Y es que, al cantante y a la pintora les iba tan bien que no les interesaba cambiar la situación en aquel momento.




Siluya- Ale ha llamado de nuevo esta mañana.
Zeode- Qué pesadita se está volviendo, joder... ¿Para el mismo tema de siempre?
Siluya- Sí...
Zeode- ¿Y qué le has respondido?
Siluya- Pues la verdad. Estoy muy bien ahora y estoy ahorrando para una casa para mí. No me importa que utilizara parte de mis ahorros, simplemente quiero vivir tranquila.
Zeode- ¿Sabes que puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites, verdad? Este terreno es muy grande, así que como si quieres que hagamos otra casa aquí. Por mí no hay problema. La verdad es que hacemos muy buen equipo económicamente hablando.
Siluya- Sí, la verdad es que sí... Y oye, como no te pude dar bien las gracias por tu ayuda en su momento, ahora cuando puedas ve al jardín. Te compré un regalo.
Zeode-¿Un regalo?
Siluya- ¡Sí!
Zeode- Pues a ver...


El regalo que Siluya tenía preparado para Zeode no era nada más ni nada menos que una motocicleta a la que la llamaban "La Bestia". La joven pensó que ese vehículo era el ideal para Zeode e, invirtiendo algo del dinero que había conseguido con sus cuadros, se lo compró con gusto. Cuando el joven la vio, se puso más contento que un niño pequeño y es que, a Zeode, nadie le había regalado nada sin esperar nada a cambio. A partir de aquel día, Zeode y "su bestia" se volvieron la sensación de las calles y las ventas de este tipo de motocicletas se disparó en Dragon Valley.



No importaba que hiciera sol, que lloviera o hiciera niebla. Zeode no iba a ningún lado sin su "bestia. Siendo honestos, todos estos detalles, además de las características que ya habían hecho que Siluya se volviera muy especial para Zeode en sus tiempos universitarios, contribuyeron a que el joven empezara a cuestionarse una posible relación con la chica adicta al amarillo. Y es que, Zeode quería mucho a Siluya, muchísimo. De todas las personas que existían, con la única con la que era incapaz de portarse mal era con ella. Se sentía a gusto con su presencia y junto a Forcus parecían haber formado una pequeña familia.



Los rumores sobre su relación con Alegra se disiparon para dar lugar a los que decían que entre él y Siluya podía existir algo. La diferencia se encontraba en que a Zeode, estos últimos rumores no le molestaban. Ambos se compenetraban a la perfección y se lo pasaban muy bien juntos. Poco a poco, Zeode, fue convirtiendo a Siluya en su ideal y poco más podía pasarle por la cabeza que no fuera ella.



Por otro lado, su otra alegría y compañero, Forcus, había crecido mucho y cuando fue su cumpleaños, ni Zeode ni Siluya dejaron de jugar ni estar con él. Zeode incluso, había dejado bien claro que ese día no quería ningún acto ni nada que se relacionara con el trabajo.



La celebración del cumpleaños de su perro era mucho más importante que cualquier otro evento. Su fiel amigo, se convirtió en un hermoso y musculoso perro al que Zeode no quiso ponerle collar porque quería respetar su "libertad".



Forcus seguía siendo jugueton y muy activo, pero también demostró una particular afición a la aventura y a la búsqueda de objetos. ¿Lo que más le gustaba? Que alguien le pidiera buscar algo.



Así, con la vida siento tan provechosa para Zeode y Siluya y, habiendo ignorando las preguntas y reclamos de Alegra, pronto recibieron noticias suyas en persona.




Zeode- ¡Ale! ¿Tú por aquí?
Alegra- Hola a tí también, Zeode. ¡Pues sí, vengo de visita! Silu me abrió la puerta.



Zeode- Vaya... Te ves... "distinta".
Alegra- ¿Eso es bueno o malo?
Zeode- ¡Jajajaja! Es bueno, es bueno... En fin, me voy corriendo que como me quede un poco más no llego a la actuación de esta noche.
Alegra- Ah, ¿pero ya te vas?
Zeode- ¡Pues claro! La próxima vez llama y avisa de que vas a venir y así te digo cuando estoy libre. ¡Hasta luego!



Alegra- De verdad que este Zeode no cambia...
Siluya- Ya sabes cómo es, jejeje.



Alegra- Menudo nidito de pajarito pintor te has creado aquí, Silu. Aunque demasiado claro, para mi gusto. Un poco de negro...
Siluya- Ya sabes que no me gusta el negro, Ale.
Alegra- Pues es el color favorito de Zeode.
Siluya- Bueno, pero es el suyo, no el mío, jejeje.



Alegra- Cierto, en eso llevas toda la razón. En fin, ¿qué tal te va brujita?
Siluya- Shhhh...
Alegra- Tranqui, Zeode ya se fue. ¿Estás mejor de tus poderes?
Siluya- Sí, después del derribo de la casa de mi familia volví a recuperarlos. Mi madre los había dejado encerrados allí porque creía que jamás volvería.
Alegra- Típico, madres que castigan a sus hijos por no ser como ellos querían. ¡Si a ti no te pega nada la vida de las brujas!
Siluya- ¡Jejeje! Al menos ahora puedo canalizar mi energía para crear un ambiente positivo y agradable. Por cierto, ¡estás genial! ¡Qué bien te sienta ese corte y ese vestido!



Alegra- ¿De verdad? Pues gracias, ¡menos mal que alguien me lo dice, porque Zeode ni caso me ha hecho!
Siluya- Bueno pero es que Zeode... ¿Cuándo le has escuchado decir algún cumplido? jejejeje.



Alegra- Ya, ya... Pero es que a este paso no se va a fijar nunca en mí.
Siluya- Tampoco tú le has dicho nada... Y adivino no es.
Alegra- Pues ya podría ser un brujo como tú y dedicarse a la adivinación.
Siluya- ¡Jajajaja! Pero no lo es... Así que si quieres algo, tendrás que decírselo.



Alegra- ¡Ay, Silu! ¡Ayúdame a decírselo! ¡Anda, por fi, por fi!
Siluya- Bueno, pero es que se lo tienes que decir tú, no yo...
Alegra- Pero no quiero que me pase como a Beca... ¡Anda, di que si! ¡Andaaaa!
Siluya- Ay, Ale... ¿Pero qué puedo hacer yo?



Alegra- A tí te escucha siempre. Seguro que si se lo dices, no lo toma mal, me entiende y pues habla conmigo y ahí vemos.
Siluya- Mmm... No sé, Ale... No estoy segura...
Alegra- ¡Venga! Sí consigues que Zeode me haga caso, ¡haremos una gran fiesta! ¿No es genial? Mira, me tengo que ir, ya vamos hablando y me vas contando. ¡Te quiero mucho, mucho!
Siluya- Sí, yo también te quiero...





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Capítulo 6: Oscuros desengaños.

Mensaje por Saclae el Lun Sep 22, 2014 1:01 pm

Ӂ Capítulo 6 Ӂ:


Capítulo 6: Oscuros desengaños.


Zeode, ajeno a las conversaciones que habían tenido Alegra y Siluya, había tomado una decisión determinante. El joven quería arriesgarse de nuevo a tener una relación con una mujer. Se jugaría todo a una carta, puesto que no estaba seguro de que Siluya lo aceptara. Sabía que le quería, que era amable y cariñosa con él, pero no podía adivinar si realmente mostraba interés o no en él como algo más que un amigo. Zeode, que siempre había estado seguro de sí mismo por su capacidad de poder apreciar lo que los demás pensaban, se encontraba confundido con Siluya, pero si no se arriesgaba, jamás podría saber si iba a ganar o no.



Zeode- Hoy es el día, Forcus.
Forcus- ???
Zeode- Cuando venga a comer a casa, hablaré con Silu. Deséame suerte, amigo.
Forcu- ¡Wow!

Tal y como se lo había expresado a su perro, Zeode tenía la intención de hablar con Siluya en la hora de la comida. Le expresaría sus sentimientos, siendo sincero, como siempre lo fue y vería la respuesta de la joven. Zeode sabía por otra parte, que si la respuesta de Siluya era negativa, quizás pudiera sentirse incómoda después y con ello, decidiera marcharse de su casa, perdiéndola, de ese modo,  para siempre. Pero tenía que arriesgar. No todo podía salirle mal. Su época más desgraciada había pasado y ahora él era positivo. ¡Tenía que arriesgar!





Zeode- Silu, ¿podemos hablar ahora? Es importante.
Siluya- ¡Sí, claro! ¿Qué pasa?
Zeode- Tranquila, come tranquila primero. Ahora hablamos con más calma.

La conversación no era sencilla. A Zeode no le costaba entablar conversación con otras personas o hablar directamente en público pero, con Siluya era distinto. No quería ser brusco, ni atosigante. Debía cuidar sus palabras para evitar ofenderla en ningún aspecto, pues sabía que a veces era un poco brusco y hacía mucho que no tenía una conversación de aquel tipo con ninguna chica. Ya no era aquel adolescente alocado que pensaba que estar enamorado era lo más normal del mundo y podía dedicar las mismas palabras bonitas a unas y a otras. Zeode era otro y tomaba muy en serio a Siluya, por lo que no quería estropearlo por nada del mundo.



Zeode- Verás... ¿Te acuerdas de que una vez te conté que no tomaba muy en serio a las mujeres?
Siluya- Sí, me acuerdo. Lo contaste en la residencia.
Zeode- ¿Y te acuerdas lo que dije sobre el por qué de esa visión?
Siluya- Porque nunca fueron sinceras contigo o algo así, ¿no?
Zeode- Así es... La cuestión ahora es qué pasaría si hubiera encontrado a una chica distinta y que siempre fuera sincera conmigo.
Siluya- Mmm... Supongo que deberías entonces valorar el tomarnos más en serio, ¿no crees?



Zeode- Así es. Por eso quiero decirte algo muy importante. Nos conocemos desde hace cuatro años ya y creo estar en total disposición de decir que creo conocerte bastante bien.
Siluya- Ajá.
Zeode- Silu, tú sabes que siempre has sido importante para mí, pero con la convivencia, me he dado cuenta de que somos más compatibles de lo que parecía en un principio. Y sí, lo sé, tal vez suene precipitado, pero creo que tú eres esa chica especial con la que creo que realmente valdría la pena intentar una relación.

Siluya se quedó de piedra ante las palabras de Zeode y, más aún, cuando éste sacó un ramo de lirios blancos. El joven le puso el ramo en las manos y sonriéndole dulcemente le dijo:



Zeode- Te has convertido en alguien muy importante para mí, Silu. Contigo me siento por fin comprendido, sin juicios de por medio. Me gusta verte pasear por la casa, tu concentración cuando pintas uno de tus cuadros, tu manera tranquila de hablar. No quiero que te sientas obligada a nada, ni quiero que pienses que esto es algo que me haya dado de repente. Sinceramente, estos sentimientos se han ido forjando durante todo este tiempo.
Siluya- Zeode... No sé que decir...

Siluya no sabía bien qué decirle al joven pero, antes de que pudiera seguir hablando, ya tenía la cara de Zeode muy cerca de la suya, prácticamente rozándole. En aquel momento, un sentimiento indefinible se activó en ella. Era una mezcla de atracción y de advertencia. Algo ocurría con aquel muchacho, pero lo cierto es que a Siluya siempre le había gustado Zeode. Sin embargo, ella no tenía claro que él sintiera lo mismo y por otro lado estaba Alegra. Aunque, cuando Zeode posó sus labios sobre los de ella, la imagen de la chica del pelo rosa desapareció.



No era justo que Siluya no fuera feliz con el chico que quería. Zeode la había elegido sin ni siquiera ella pretenderlo, sin buscarlo. Ambos se habían encontrado en el el largo lazo del destino y la mirada del joven siempre había logrado hacerle sentir como un pajaro encerrado en una jaula. Siempre con la sensación de libertad cuando realmente no lo era, porque esos ojos siempre estaban presentes.



Antes de morir, la madre de Siluya había lanzado una advertencia que, más que aviso parecía una maldición. Su hija, bruja radiante de luz estaba condenada a sucumbir a manos de un ser oscuro que todo lo podía y nada lo negaba. Su hija no tendría la suerte de otras brujas de luz protegidas por hechiceros, su hija sería un mero utensilio a los planes de la tenebrosidad. Su madre quiso cambiarla para salvarla, pero no pudo.



Siluya no olvidaba aquellas palabras, creyendo que el hombre que se acercara a ella sería maligno pero, Zeode no era así. Además, él era un humano normal y no tenía ningún tipo de poder que pudiera dañarla, por lo que, dejándose llevar por sus sentimientos, se dejó guiar por la presencia de Zeode y como hipnotizada, escuchó atentamente cada una de las palabras que él tenía que decirle.




Zeode- Silu... ¿Querrías que empezáramos una relación? Es decir, ser pareja o... Cumplir los rumores de que el cantante Hydra tiene novia, lo que tú prefieras ¡jejeje!



Siluya- Claro que sí, no hay otra cosa que quiera más. Te quiero, Zeode. Siempre lo he hecho.
Zeode- Yo también te quiero mi chica de amarillo...


Con la consolidación de su relación, Zeode no podía ser más feliz.



Esa felicidad, parecía extenderse a toda la casa. Forcus podía notarla y Zeode se mostraba radiante. No pasó mucho tiempo hasta que Siluya y él se dejaron llevar por sus sentimientos.



Ya que en realidad, ambos sentían que se amaban y se deseaban. Una atracción que apaciguaba al feroz Zeode y que devoraba a la tranquila Siluya.



Y entre tantos mimos y caricias, la bruja comenzó a sentirse cada vez más esclava del joven cantante. No se atrevía a contarle su faceta mágica y tampoco consideraba que fuera necesario. Zeode era un humano y ambos podían vivir felices sin tener que preocuparse por las cuestiones mágicas que a todo ser con poderes le surgen. Lo único importante es que eran uno para el otro.



A partir del momento en el que decidieron formalizar su relación, el cuidado de la casa era completamente de ambos. Mientras Siluya se dedicaba a sus pinturas, Zeode se encargaba de Forcus.



Compenetrándose tan bien, no prestarban mayor atención a las situaciones de fuera de su hogar. Siluya debía comunicarle a Alegra que era novia de Zeode, pero no sabía cómo hacerlo. Sabía del carácter de su amiga y que se sentiría decepcionada con ella pero, esperaba que la comprendiera. Sin embargo, esa falta de atención a su alrededor, hizo que su amiga se enterara antes de que ella pudiera decírselo en persona.




Siluya- Vaya cara, que traes, ¿fue un mal día?
Zeode- Un día cansado, nena. Pero nada del otro mundo... Tranquila que seguiré teniendo fuerzas para ti. ¡Jajajaja!



Alegra- ¿Esos no son Zeode y Silu? Pero... ¿Qué hacen acariciándose así?



Alegra- Nada, estarán bromeando, como siempre. ¡No pienses cosas tontas, Ale! Voy a acercarme y...



Siluya- ¡Jajajaja! Pues hoy vas a dormir que lo necesitas. Luego van a echar la culpa a tu novia de que no rindas en las actuaciones.



Zeode- ¡Ba! Soy tan perfecto que nadie me puede echar nada en cara... Anda, ven aquí.



Alegra-... ¿Por esto era por lo que te negabas a ayudarme, Siluya?



Alegra- ¿Y tú te hacías llamar amiga? ... ...


La reacción de Alegra no se hizo esperar. La chica esperó a que Zeode se marchara a trabajar e hizo una visita a Siluya al día siguiente.



Siluya- Forcus, bonito, bonito... ¡Uh! ¡Qué susto! ¡Qué manera de llamar a la puerta! Uhmm ¿Quién es?
Alegra- Alegra.
Siluya- ¡Ah! ¡Pasa, pasa Ale! Ábrete



Alegra- Buenos días para tí, Siluya.
Siluya- Bu- Buenos días, Ale. Se te ve muy seria, ¿te ha pasado algo?



Alegra- ...
Siluya- Espera, preparo unos cafés y hablamos, ponte cómoda.



Alegra- Tranquila, si voy a acabar rápido.
Siluya- ¿Cómo?

Siluya apenas reaccionó cuando Alegra le lanzó un escupitajo a la cara. La chica del pelo rosa la miraba con odio y entonces la bruja adivinó los motivos de la visita de Alegra. Se había enterado de lo suyo con Zeode.



Siluya- A- Ale... ¿Qué? Yo...
Alegra- Claro, como Ale viste con vestidos y ha llevado muchos años dos coletas ya tiene que ser tontita, ¿no? ¡No, espera! ¡Ya sé! Pensaste que me ibas a poder engañar siempre... ¿Hasta cuándo pensabas ocultar que tienes algo con Zeode?



Siluya- Te lo iba a decir, Ale... Sólo que no encontré el momento.
Alegra- ¿No encontraste el momento, maldita zorra mentirosa? Por eso te metiste en casa de Zeode, ¿no? Por eso no querías venirte a vivir conmigo como habíamos acordado. ¡De ahí tu insistencia en querer independizarte!
Siluya- ¡No es así, Ale! Zeode se me declaró y yo le quería desde hace mucho tiempo... Pero como se llevaba tan bien contigo, pensé que se había fijado en tí. No tenía ni idea de lo que sentía por mí hasta que me lo dijo y...



Alegra- ¡Ahorrate las excusas! Zeode no es capaz de declarársele a nadie porque él mismo lo dijo. No estaba interesado en ninguna relación. Así que no me engañes... Lo que eres es una maldita guarra y embustera. Una entregada... Te metiste en su casa para cazarlo porque no eras capaz de decirme a la cara que también te interesaba...
Siluya- Eso no es así, pero no quieres escucharme y...
Alegra- ¡Qué te jodan, Siluya! ¡Qué te jodan! ¡No me vuelvas a hablar en tu vida! ¡Maldita zorra de mierda, te creí mi amiga!



Siluya- ¡Ya está bien! ¡No voy a permitirte tratarme así! ¡Vete de aquí! No quieres creerme, de acuerdo... ¡Pero deja de insultarme! No voy a renunciar a mi felicidad sólo porque a tí te gustara el mismo chico que a mí. Él ha elegido, respeta eso.
Alegra- ¡Ojalá te vaya de pena en esta maldita vida, Siluya! No te pienso respetar ni cuando te mueras.


Alegra se marchó de la casa de Zeode dando un portazo, dejándo a Siluya destrozada. Llorando, la joven entró en su casa y se derrumbó completamente.



Había perdido a su mejor amiga y al chico que le gustaba tanto. Se sentía sola, traicionada y humillada. Los sentimientos que lideran la carroza del odio se agolpaban en su corazón sangrante y cuando el corazón clama de dolor, cualquier criatura es capaz de escucharlo, sobre todo cuando se trata de criaturas que se alimentan de esa tristeza.



Alegra pasó muchas horas llorando, tantas que no se dio cuenta de que comenzaba a anochecer, en una noche de luna llena. Una luna fría, fantasmagórica y llena de dolor. La chica se sentía tan mal que no se percató de que junto a ella, en su misma habitación, la forma de una sombra comenzaba a materializarse.



Unos pies huesudos, unos brazos esqueléticos y una túnica negra como la noche.



Una cara vieja, llena de arrugas y unos ojos negros y vacíos la observaban desde la oscuridad.



Una sonrisa maligna que helaría la sangre del más valiente. Un susurro en la noche, una desgarradora voz que habló a Alegra desde uno de los rincones de la sala en la que se encontraba.




Cuánto dolor injusto y cuánto odio hirviendo en ese corazón tan pobre.

Alegra, al escuchar la temible voz, levantó la cabeza.



Cuando vio la figura calavérica en aquel rincón se levantó con un sonoro grito y las luces de su casa se apagaron por completo, dejando sólo la luz de la luna como único medio para ver que allí todavía seguía aquella mujer espeluznante.




Alegra- ¡¿Quién eres?! ¡Aléjate de mí!
Soy una pesadilla hecha realidad. Pero una pesadilla que ha acudido a tus llantos y tus lágrimas. Temerme no te servirá de nada en estos momentos. Créeme.



Eres una criatura débil, pero yo puedo ayudarte a dejar de serlo. Puedo ayudarte a vengarte o a conseguir lo que quieres. Lo que más desees.



Alegra- ¿Qué- qué quieres?



Mostrarte un camino para conseguir lo que quieres. ¿No quieres al chico? Deberás arrancarlo de los brazos de la falsa bruja blanca. He venido porque tu alma me ha llamado.
Alegra- Siluya dice que Zeode la quiera. No quiero tener tratos con nada raro, por favor, vete.



No te estoy ofreciendo ningún trato. Aquello que deseas deberás conseguirlo tú. Yo sólo te muestro uno de los tantos caminos posibles para ayudarte a cumplir tu objetivo. Ese joven te ha despreciado por tu aspecto, diciendo que pareces una niña en muchas ocasiones. ¿Ves ese frasco? Te convertirá en todo lo contrario. Una mujer imponente, nadie podrá resistirse a ti. Si trabajas bien, ni siquiera el difícil Zeode.



Alegra- ¿Qué hay en ese frasco?
Belleza, inmortalidad y oscuridad. Tú decides si tomarlo o no. Con él podrás intentar acceder a Zeode.
Alegra- No estoy segura... No confío en tí, vete.



Es normal... Pero recuerda, si decides utilizarlo, solo tú serás la culpable de conseguir al muchacho y destruir a la bruja. Yo sólo te muestro mi ayuda como buena alma maltratada por la luz.
Alegra- Eso sigue sin explicar por qué me ayudas...
Zeode...

Cuando la diabólica mujer desapareció, Alegra siguió aturdida y desconcertada. El frasco que había aparecido de pronto sobre la mesa aun seguía allí y no quería ni verlo. Sin embargo, con el paso de las horas, la madrugada se hizo cada vez más pesada. ¿Y si con el contenido de aquel frasco se convertía en algo que Zeode deseara? Estaría en disposición de herirle y de herir a Siluya tanto como ellos lo habían  hecho con ella. Pero, ¿y si era peligroso? ¿Y si era un veneno? El tiempo pasaba entre dudas, hasta que Alegra tomó una decisión crucial para su vida.



Si el frasco era un veneno, ¿qué importaba morir? Estaba sóla, sin amigos, rechazada por Zeode, en una casa cara en la que viviría sola y triste. Nada tenía que perder.



Cuando el frasco se rompió y el líquido tocó su piel, se sintió desfallecer, pero pronto notó una vitalidad increíble. Una fuerza que jamás había sentido. Se miró su piel, luciente con la luna y se levantó despacio para mirarse en el espejo. Allí, en la oscuridad, sus ojos brillaron intensamente, y su lengua sangró al contacto con los colmillos que ahora adornaban su boca. Su belleza se había vuelto infernal.









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Capítulo 7: El arma más poderosa es La Verdad.

Mensaje por Saclae el Mar Sep 23, 2014 1:22 pm

Ӂ Capítulo 7 Ӂ:


Capítulo 7: El arma más poderosa es La Verdad.

Cuando Zeode regresó a casa, se encontró con Siluya sentada en el sillón y en silencio. Se había cambiado de vestido y había recogido su largo cabello en una apretada trenza. El joven pensó que quería darle una sorpresa, pero cuando vio su gesto serio, entendió que algo le pasaba a su novia, por lo que despacio, se acercó a ella.



Zeode- Buenas noches, nena. ¿A qué se debe esa carita tan triste? ¿Me extrañaste?



Siluya- Hola, Zeode. Sí, sabes que siempre que no estás te extraño pero no es por eso...
Zeode- ¿Qué ha pasado?
Siluya- Ale...

Zeode se disponía a sentarse al lado de Siluya pero, cuando escuchó el nombre de su amiga, se levantó de golpe. ¿Qué habría pasado? ¿Habrían discutido Silu y ella? ¿Le habría pasado algo a Ale?



Zeode- ¿Qué pasa? ¿Le ha ocurrido algo?
Siluya- Hemos discutido... dijo en un suspiro la joven.
Zeode- ¿Por qué?
Siluya- Por ti...
Zeode- ¡¿Qué?!

Siluya le contó a Zeode lo ocurrido. Le explicó cuáles eran los sentimientos de Alegra, los motivos por los que ella quiso venir a Dragon Valley y también lo que pretendía. La joven adicta al amarillo iba entristeciéndose más conforme lo contaba, puesto que sentía un gran sentimiento de culpa. Cuando acabó, una lágrima resbaló por su mejilla y Zeode intentó consolarla.



Zeode- Silu, no llores... Ven, dame un abrazo.
Siluya- No, no... No estoy de ánimos...



Zeode- Silu, voy a hablar con Alegra, ¿de acuerdo? No te preocupes. Además, yo te quiero a ti, y de hecho eras la única en la que me fijaba. Jamás pensé en Ale como algo más que una amiga. Tranquilízate, ¿vale?
Siluya- Pero no quiero que te enfades ni seas brusco con ella. Ella temía decírtelo porque no quería que la trataras como a Beca y...
Zeode- Lo de la rubia loca fue distinto y lo sabéis. ¡Por favor, si se me ponía en tanga delante para que la hiciera caso! Silu, no estoy enfadado, no voy a tratar mal a Ale, solamente voy a hablar con ella para que vea que está equivocada y que ni tú me buscaste, ni te me confesaste, ni nada... Fui yo el que quiso empezar nuestra relación. No puede culparnos por querernos.



Siluya- Gracias, Zeode... Te amo.


A pesar de las palabras de Zeode, la realidad era que el joven estaba muy enfadado con Alegra. ¿Quién se creía para tratar así a Siluya? Se comportó como una cobarde y lo pagaba con su mejor amiga. Juzgaba a Siluya por la decisión de Zeode y por sus sentimientos cuando ella había planeado todo para estar con él sin ser sincera. Zeode sentía mucha ira en su interior e iría a buscar a Alegra para que le diera explicaciones y dejarle las cosas claras. Aquello no se iba a quedar de esa manera.

Zeode visitó a alegra al día siguiente por la noche después de una de sus actuaciones. Llamó a su casa, pero parecía que no estaba, sin embargo, cuando iba a marcharse (irritado porque no había podido lograr su objetivo), una sombra apareció por detrás de él.




Alegra- Pero, ¿quién tenemos aquí? Si es Zeode Hydra...
Zeode- A tí quería yo verte. Tenemos que hablar muy seriamente de...

Cuando los ojos de Zeode se posaron en Alegra, el joven se quedó paralizado. ¿Realmente era ella? Alegra se veía distinta, se movía distinto, incluso estaba vestida y arreglada de una manera diferente a la que estaba acostumbrado a verla. No sabía el por qué, pero la sola visión de la chica le dejó mudo.

Alegra- ¿Has venido para quedarte ahí parado o quieres entrar?

Zeode siguió a Alegra sin decir nada, sin entender nada.



La piel de su amiga estaba más blanca que de costumbre, diría que incluso pálida. Las pecas tan características se habían aclarado mucho y casi eran imperceptibles. Los ojos brillaban de manera fulminante y su boca era roja y muy sensual. Zeode no podía negar el gran atractivo actual de alegra pero, aunque ahora se encontrara ante una mujer imponente, no se olvidaba de los motivos por los cuales le había visitado y es que, la sonrisa de Alegra desapareció cuando él comenzó a hablar.




Zeode- No eres tonta, de hecho, nunca lo fuiste. Así que estoy seguro de que sabes que vengo para hablarte de Silu.
Alegra- Ya me lo olía. Seguro que debió llorarte tu ayuda... Como siempre.
Zeode- De hecho te equivocas. Como siempre. Dijo Zeode remarcando aquella última frase.
Alegra- Y si no te pidió ayuda, ¿a qué vienes entonces? ¿de que me quieres hablar?



Zeode- No eres nadie para tratar mal a Siluya. Si querías algo conmigo, ¿por qué no me lo dijiste nunca?
Alegra- Porque temía que me trataras del mismo modo que a Beca. Soy demasiado directa y Siluya es demasiado... buenecita. Ella era la única que podía hablarte de mis sentimientos, pero prefirió aprovecharse.



Zeode- Silu no se aprovechó de nada. De hecho, yo fui el que le pidió que comenzáramos una relación. Ni siquiera estaba seguro de que ella me aceptara.
Alegra- ... ¿Y por qué ella y no yo, Zeode? ¿Qué tiene ella que no tenga yo? ¿Dulzura? Ba...



Zeode- Ale, tú y yo hemos sido grandes amigos, pero hasta ahí. No podría convivir con una persona parecida a mí en carácter. No congeniaríamos a futuro. Además, sabes que nunca te diste la importancia suficiente para parecer más que una niña... ¿Cómo esperabas que me fijara en tí?



Alegra- Bueno, pero ahora eso a cambiado... ¿O no lo crees?

Con aquellas últimas palabras, Alegra comenzó a acercarse más. Una energía maligna pero muy atractiva comenzó a rodear a Zeode que nervioso, intentó evitar el contacto con la joven.



Zeode- Mmm... No, no lo creo... Y si te apartas estaremos mejor.
Alegra- ¡Ay! ¡Ahora me vas a decir que te doy miedo! ¡Jajajajaja!



Zeode- Hace mucho tiempo que derroté al miedo, señorita. No intentes nada conmigo porque no tienes nada que hacer. No sé que te ha pasado, ni logro comprender por qué estás tan distinta, pero eso no te servirá. Desde el momento en el que nunca me contaste la verdad te condenaste.

Alegra, enfurecida por las palabras de Zeode y viendo que su nueva forma no conseguía cautivarle tal y como le había dicho aquella aparición, decidió jugárselo todo en un último intento y abalanzándose contra Zeode, casi logró besarle. Sin embargo, algo ocurrió en aquel momento, el joven petrificado en un primer momento por el ataque de aquella, ahora, voluptuosa mujer, reaccionó y abriendo los ojos, miró con ira a Alegra. La chica sintió un terrible dolor en la cabeza, como si una terrible punzada la atravesara de lado a lado. Aturdida y sin saber realmente lo que había pasado, al ver que su intento no salió bien, estalló de rabia.



Alegra- ¡Eres un estúpido, Zeode! ¿De verdad crees que tu queridita Siluya es sincera contigo? ¿Por qué no le preguntas realmente lo que es?
Zeode- ¡Deja de decir gilipolleces! No voy a hacer caso de una ardida como tú.



Alegra- Escúchame atentamente, imbécil. Lo que aquí ves es producto de la magia y de la oscuridad. Eres tan ignorante, tan, tan ignorante... Tal vez Siluya haya sido la que ha provocado esto, ella que puede, claro...
Zeode- ¿Qué se supone que ha provocado Siluya? Qué seas una perra te viene de nacimiento.



Alegra- Te vuelvo a repetir, tú que la crees tan sincera... Dile que te diga la verdad. Que te explique lo que es realmente. Te ha engañado como un tonto y ya te darás cuenta... Aunque será demasiado tarde si no me haces caso. Tú pequeña cabeza no es capaz de entender lo que tienes realmente a tu lado. ¿Por qué crees que Siluya tardó tanto en venir? ¿Por qué crees que derribó la casa de su familia? ¿Por gusto? ¿Por trabajo? ¡Já! ¡Adelante, Zeode! Si tanto la quieres, corre y pregúntale.



Zeode- Me largo de aquí porque realmente te mereces que te den dos hostias bien dadas. Sólo te digo una cosa, deja tranquila a Siluya y déjame tranquilo a mí.



Alegra- Tranquilo, que se me quitaron todas las ganas de tener nada contigo. Eres tan estúpido... Pero ya te arrastrarás, ya... Cuando te des cuenta de que tu novia querida es toda una bruja.

La realidad era que Zeode salió de la casa de Alegra mucho más irritado que cuando fue a verla. La joven había cambiado, había cambiado demasiado. Había perdido su inocencia rebelde y su gracia. Ahora era una mujer agresiva. Hermosa, sí, pero agresiva, dominante y oscura. Aun así, y aunque él no quería, sus palabras le hicieron dudar.



Y es que, Zeode, no podía dejar de pensar en que Alegra y Siluya habían vivido bastante tiempo juntas y que Alegra, obligatoriamente debería saber facetas de la vida de Siluya. ¿Y si era verdad que Siluya le ocultaba algo?



Siluya ya estaba dormida y Zeode se preguntaba qué podía ocultar aquella muchacha tan dulce. ¿Qué podía ser aquello que le hiciera dudar de ella? Siluya siempre le había apoyado sin pedir nada a cambio, ¿por qué ahora él dudaba por las palabras de una mujer despechada?



No debería desconfiar de Siluya, no debía hacerlo. Pero en el fondo sentía que las palabras de Alegra, aunque llenas de ira y odio, también estaban impregnadas de verdad. Zeode debía hablar con Siluya, debía saber si de verdad su novia le ocultaba algo que pudiera afectar a su relación.



Y a pesar de que aquella noche durmió a su lado como tantas otras, Zeode tomó la determinación de preguntarle al día siguiente. No estaba dispuesto a quedarse con ese incipiente dolor de confusión creciéndole en el alma. A la mañana siguiente, se levantó temprano para ir a dar unas actuaciones en una cafetería y Siluya se quedó en casa sin saber nada de lo que había hablado con Alegra, pero no le importaba. Confiaba en Zeode y se sentía feliz de que estuviera a su lado.



Sin embargo, cuando Zeode regresó, le notó muy serio y cuando fue a preguntarle, el joven la silenció levantando una mano y sacando el tema que tanto le preocupaba y que dejó contra las cuerdas a la buena de Siluya.




Zeode- ¿Me escondes algo, Siluya?
Siluya- ¿Cómo?
Zeode- Ya lo has oído. ¿Me escondes algo?
Siluya- Qué... ¿Qué te dijo Alegra?
Zeode- ¿Tanto te preocupa? Dime tú lo que me debería de haber dicho.
Siluya- Pero que podría decir yo si...
Zeode- Siluya, no me canses, esto es serio. Odio la mentira, lo sabes. ¿Me escondes algo o no? Habla ya.



Siluya- Tal vez no te he contado todo de mí... Pero no es malo... Bueno, no es tan malo... Eso creo... Es que, es que... ¿Quieres café?



Zeode- ¡Déjate de cafés y de gilipolleces! ¡¿Qué demonios me estás ocultando?! Mira que no voy a dudar en sacarte de mi casa como sigas así. ¿Qué es lo que pasa contigo? ¿Qué es eso que no me has contado de tí?



Siluya- Tranquilízate, Zeode, por favor... No era mi intención ocultártelo para siempre, pero no es fácil para mí hablar de ello y tampoco me hubieras creído...



Zeode- Pues si no era tu intención ya va siendo hora de que lo sueltes. Porque mi paciencia se acaba.



Siluya- Por favor, no quiero que pienses mal de mí cuando te diga...
Zeode- Siluya...



Siluya- De acuerdo, de acuerdo... Si te lo cuento no te lo creerás, así que mejor te lo enseño...
Zeode- Mmmm...

Con un suspiro nervioso, Siluya se colocó frente a Zeode y sacó de su pijama lo que parecía una varita mágica con sus colores favoritos, el amarillo y el azul oscuro.



Consciente de que Zeode la miraba con mucha curiosidad pero también desconfianza, comenzó a moverla suavemente y a susurrar una melodiosa canción. La varita comenzó a brillar y cuando Zeode se fue a acercar para detenerla porque se pensaba que le estaba tomando el pelo, Siluya lanzó un colorido hechizo que la iluminó a ella.




Siluya- Colorida Vida



Zeode- ¿Qué es esto? ¿Por qué brillas? ¿Qué significa esto?



Siluya- Zeode... Soy una bruja...


La reacción furiosa de Zeode no se hizo esperar. Sin decir nada, se marchó cerrando la puerta de un golpe. No quería creerse nada de aquello. ¿Con quién diablos estaba? Se pagó una habitación en una de las posadas más selectas y privadas del pueblo y allí pasó la noche, dejando a Siluya sóla.



Sin embargo, Zeode pasó toda la noche sin dormir pensando en ella. No quería creer en la magia, no quería creer en las brujas. Acostumbrado desde niño a que sus sueños y sus creencias mágicas fueran aplastadas, no podían ahora intentar hacer que creyese en algo que no existía. No obstante, él había visto con sus propios ojos como la luz inundaba a su novia mientras cantaba de aquella manera. Sabía que Siluya era nefasta para la tecnología y en casa no tenían ningún aparato que hiciera aquel tipo de efectos. La varita que sacó era de madera, y de metal precioso, sin ningún tipo de interrputor. Además... ¡Ella brillaba! ¡Es que ella brillaba! Su luz le había llegado y se había sentido como nunca antes, maravillado, aunque enfurecido. ¿Sería verdad que Siluya fuera una bruja? Si así lo era, entonces se explicaba muchas cosas. La reacción de Alegra por un lado, el misterioso aura que siempre cubría a Siluya y su aspecto dulce y mágico. Por otro lado, Siluya jamás había dicho nada, y su supuesta magia nunca les había afectado. Al contrario, eran felices. ¿No sería una carga realmente para Siluya ser una bruja y no poder contarlo? ¿No había sido él demasiado duro con ella? Él era un humano, uno que tuvo muchas dificultades, sí, pero ¿qué tipo de dificultades podía haber tenido Siluya para tener que haber derribado su casa familiar?

Debatiendo estas cuestiones, Zeode tomó la decisión más importante de todas. Lo primero que debía hacer era regresar a casa y que Siluya le contara todo acerca de ella. Al llegar, la abrazó y le pidió que le contara todo de ella, a lo que la joven asintió.



Siluya- En teoría, existen dos tipos de brujas y luego existen los hechiceros. Los hechiceros son mucho más poderosos que las brujas y usan su magia para combatir entre ellos o para menesteres más ambiciosos que los demás seres no logramos entender. Las brujas son o malvadas o servidoras de la magia negra, porque odian a los hombres y crían a sus hijas para ello o buenas o servidoras de la magia blanca, que nos dedicamos al cuidado de la naturaleza, de nuestra familia y al bien de los que nos rodean. Sin embargo, las brujas blancas, no siempre estamos tranquilas, porque los seres malvados o las brujas negras, desean nuestro poder para alimentarse o directamente eliminarnos porque no entramos dentro de sus propósitos... Por eso no me gusta la oscuridad y siempre la he temido... Siempre, cuando he estado sola he tenido que estar alerta. Mi madre, me lanzó una maldición, me dijo que acabaría consumida por un ser de oscuridad.
Zeode- Mm



Siluya- Por eso, cuando te conocí y después, cuando continuamos juntos, confié y sentí que mi destino no era el que me había dicho mi madre. Eres humano, un humano que se esforzó por lograr sus objetivos sin necesidad de ningún tipo de magia. Eso fue en parte lo que me enamoró de ti... Y no quería que supieras que era bruja para no romper esa normalidad, porque sabiendo como eres... No tenía claro si aceptarías vivir cerca de la magia.
Zeode- Digamos que... No digo ahora, ni nada. Pero, imagínate que por h o por b te hubieras quedado embarazada. ¿Tus hijos heredarían esa magia? ¿Serían brujos?



Siluya- Es probable... Aunque puede que no lo heredaran. La descendencia de una bruja puede ser diversa. Puede que tenga hijos sin magia alguna, sin gen mágico... Puede que tenga hijos brujos o, en casos excepcionales, hechiceros.
Zeode- Ya escuché eso de que los hechiceros son más poderosos que los brujos, pero en ¿qué afecta eso a su vida?
Siluya- Cuando nace un hechicero, es porque tiene un destino claramente marcado. Un destino del que no puede escapar por mucho que lo quiera. Ellos llegan con un propósito al mundo... Ayudar a la humanidad a sobrevivir o a sucumbir...
Zeode- ¡Oh, no! Imagínate que hubiera tenido un hijo hechicero... ¿Me ves a mí encargándome de un crío que puede pulverizarme con la mirada?



Siluya- Bu- Bueno, tampoco dije que quiero tener un hijo contigo. No soy como esas brujas que sólo están con hombres para tener descendencia. No, Zeode, yo no soy así...
Zeode- ¡Jajajaja! Tranquila, nena. Era una broma. Si me hubiera caído un hijo brujo o hechicero, mejor dicho, si me cae... Lo criaría igual que a un niño normal. Aunque sí que me gustaría que potenciara eso de los poderes.
Siluya- ¿De verdad? ¿Lo dices de verdad?



Zeode- Pues claro. Es más... Bueno, bien sabes que yo soy un inepto en todo esto, pero desde pequeño, siempre he sentido que no era normal. Veía cosas terribles, sobre todo relacionadas con la mujer que me cuidaba. En el fondo, creía que yo era alguien especial, que tenía poderes, ¿sabes? ¡Jajajajaja! Qué idiota... Pero bueno, parece que yo no era el que tenía poderes pero mi novia a futuro si los tendría, así que para el caso es lo mismo. Dicho esto, ¿podrías acompañarme? He pedido el día libre y hoy hace un gran día, así que podemos pasear por Dragon Valley.



Siluya- ¡Claro, Zeode! ¡Será estupendo!

Zeode y Siluya pasearon por los bosques y lagos de Dragon Valley. El joven ya se conocía aquel lugar de memoria porque se había dedicado a explorarlo en profundidad cuando llegó. De hecho, sabiendo que Siluya amaba a los animales, la llevó a un lugar al que siempre se acercaban caballos salvajes y otro tipo de animales. Ese lugar, no era nada más ni menos que el lago frente a su casa, el fin del trayecto. Cuando llegaron, Zeode abrazó a Siluya y la miró con su característica sonrisa.



Zeode- Nena, espero que me perdones por lo de ayer.
Siluya- ¿Por lo de ayer?



Zeode- Sí, por mi mala reacción.
Siluya- Ah... No pasa nada, es normal... No todo el mundo conoce a una bruja...



Zeode- Una de las cosas que intentó hacerme creer Alegra era que tu no habías sido sincera conmigo. Algo totalmente incierto. No tomemos en cuenta lo de tu faceta... mágica. Creo que hasta yo lo hubiera contado. No es algo que pueda creerse todo el mundo. Por el resto, siempre has estado a mi lado y siempre con la verdad por delante.
Siluya- Y siempre será así. Yo jamás buscaré hacerte daño y procuraré no hacerlo nunca.



Zeode- Lo sé. Y, ¿sabes qué? Ser novio de una bruja no suena tampoco nada mal.
Siluya- ¡Jajajaja!
Zeode- Y sobre lo que dijo tu madre... Pues quiero demostrarle que está equivocada y que nunca te va a pasar nada malo. Yo voy a protegerte siempre y sé de una manera con la que lo lograré seguro.
Siluya- ¿Cuál?



Zeode- Mira que eres impaciente... Ni darme un tiempo me dejas...
Siluya- ¿Uhm?



Zeode- Siluya, la más bella de las brujas blancas, ¿te casarías ahora mismo con este humano normalucho y sin poderes?
Siluya- ¡Zeode!
Zeode- Te agradecería que me dijeras porque estas rodillas están machacadas de tanto baile en mis actuaciones... ¡Jajajaja!



Siluya- ¡Ay, sí, sí! ¡Claro que sí!
Zeode- Eso era lo que quería oír.



Zeode- Nadie me va a separar de tí, Silu. Ni siquiera una loca que cambio de niña a mujer en dos días.
Siluya- ¡Oh, que malo eres!
Zeode- ¡Jajajaja! Y más malo voy a ser...



Zeode- Porque por mucho que escueza a muchas... Nuestra vida oficial comienza ahora.






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Capítulo 8: Una nueva vida.

Mensaje por Saclae el Miér Sep 24, 2014 12:18 pm

Ӂ Capítulo 8 Ӂ:


Capítulo 8: Una nueva vida.


Aunque la boda entre Zeode y Siluya fue íntima, las noticias no tardaron en extenderse por todo Dragon Valley. Muchos querían ver a la mujer del famoso cantante y en cualquier momento aprovechaban para poder inmortalizarla en sus fotos.



Zeode recibía muchos regalos y Siluya también pues, al consolidarse como la mujer del famoso Hydra, también se empezó a hablar de sus cuadros y pronto se hizo muy famosa en Dragon Valley. Lo que más le molestaba de esta situación a Zeode, era que no podía utilizar su "bestia" y que debía ir respaldado en una limusina a sus actuaciones.



Muchos podrían pensar que con la nueva situación oficial de Zeode, tal vez el número de fans podría haber decaído, pero al contrario. La faceta de Hydra como marido gustaba y mucho.



Incluso en sus actuaciones a pie de calle y actuaciones benéficas, no faltaban los paparazzis. Y así, mientras él continuaba con su ajetreada agenda musical, Siluya paseaba tranquilamente por el pueblo, se dedicaba a sus cuadros y al cuidado de Forcus.



A pesar de ello, Zeode siempre encontraba y reservaba los momentos más especiales para su bruja.



Y fruto de uno de esos momentos especiales, Siluya comenzó a sentir cambios en su cuerpo. Primero se presentaron como náuseas.



Y después se manifestaron con aumento de peso y ausencia del período. Siluya no lo podía creer pero, indudablemente, estaba embarazada.



Contárselo a Zeode, supuso uno de los momentos más bonitos en la vida de Siluya y aunque al principio le costó un poco decir lo que le ocurría,



finalmente la dulce bruja le explicó a Zeode que en unos meses sería padre. Sus teorías sobre brujos y hechiceros pronto verían la luz y serían descubiertas.



La reacción del joven fue de sorpresa absoluta. Al principio no podía creer que sin haberlo planeado oficialmente ya fuera a ser padre.



Sin embargo, el tiempo es señor de la reflexión y Zeode fue haciéndose a la idea de que pronto tendría un hijo.



Realmente aquello le hacía ilusión y se esforzó en cuidar de Siluya todo lo que pudo aquellos meses. A Zeode se le veía radiante, todos lo notaban.



Los primeros meses, Siluya estuvo muy tranquila. No obstante, a los siete meses, comenzó a sentirse distinta. Más cansada de lo habitual y sin muchas ganas de pintar. El embarazo se le estaba haciendo muy pesado y se entristecía con facilidad. Zeode procuró en todo momento animarla y estar a su lado, pero Siluya continuaba cansada.



De este cansancio y tristeza, surgieron reflexiones y antiguos pensamientos. Por ello, arriesgándose a ser maltratada, Siluya decidió visitar a su ex amiga Alegra. Quería retomar de algún modo u otro su amistad con ella, aunque sabía que era muy difícil. Alegra y ella habían sido grandes amigas y era muy triste que ambas no se hablaran. Una mañana, la bruja se acercó a su casa y tal y como había supuesto, no fue bien recibida por Alegra. Su amiga estaba tan cambiada como le había explicado a Zeode. Siluya incluso sentía temor ante su presencia.




Alegra- ¿Qué estás haciendo aquí, Siluya?
Siluya- Quería visitarte, Ale. Quería ver si podíamos hablar... Como antes.



Alegra- ¡A restregarme tu boda y tu embarazo es a lo que vienes! ¿Te piensas que me creo todavía tu aspecto de mosquita muerta?
Siluya- ¡De verdad, sólo quería hablar contigo, Alegra!



Alegra- Hablar conmigo, dices... Mentirosa, como siempre mientes. ¡Eres una maldita!
Siluya- Ale...

Siluya extendió su brazo y logró tocar el de Alegra que con repulsión lo apartó. ¡Aquello era un insulto! El sol estaba irritándola y dañándola por su nueva condición, de la cual no pudo deshacerse porque, después de no conseguir conquistar a Zeode, pidió a aquel ser que se presentara de nuevo pero no jamás lo hizo. Airada y llena de rabia, Alegra golpeó a Siluya en un hombro desestabilizándola. No le importaba que estuviera embarazada, su odio la cegaba tanto que un instinto asesino y de sangre la inundó. Sin que Siluya pudiera reaccionar, Alegra se abalanzó contra ella.



Siluya intentó empujarla y de pronto, sintió un profundo dolor que le recorrió todo el cuerpo y notó como su conciencia se desvanecía. Alegra, al darse cuenta de su intento, se apartó deprisa asustada, aunque intentó disimular que sabía perfectamente lo que había hecho.



Pero, Siluya estaba encogida en el suelo, se encontraba a gatas y jadeaba muy fuerte. Una vibración mágica comenzó a recorrerle el cuerpo y poco a poco, y tambaleándose, Siluya se incorporó. Alegra se preocupó, su acción podía haber dañado al bebé que su ex amiga llevaba dentro e intentó acercarse pero Siluya sacó su varita.



Los movimientos que hizo Siluya eran bruscos y agresivos. Alegra jamás había visto a la bruja así. Siempre que había invocado sus poderes delante de ella lo había hecho con dulzura, pero en ese momento parecía que otro ser controlaba a la bruja.



Alegra intentó huir pero antes de que pudiera hacerlo, los ojos de Siluya centellearon y el ataque se produjo.



Una llama azul y ardiente llegó hasta la joven del pelo rosa y Siluya regresó a su casa. Después de aquel episodio, Siluya cayó desplomada en el sillón y cuando despertó no recordó nada. Le dolía el cuerpo y lo único que sentía en su cabeza era un dolor semejante al latir de otro corazón. Asustada llamó a Zeode, que se encontraba en medio de una actuación.




El joven acudió de inmediato y encontró a su mujer atemorizada, diciendo que lo último que recordaba era su encuentro con Alegra. Zeode quiso buscar a la joven de pelo rosa pero Siluya se lo impidió.



Su bebé parecía querer salir. Zeode en un principio se puso muy feliz, pero luego recordó que Siluya apenas estaba en el sépitmo mes de embarazo. Corriendo llamó al chofer de su limusina y llevó a su mujer al hospital.



Y mientras llegaban al hospital, Zeode juraba enfrentarse de nuevo a Alegra. Siluya le pidió que lo olvidara, pues sentía que Alegra no le había provocado aquello. En su casa, Alegra fue encontrada por unos amigos, totalmente quemada y debilitada. Sin embargo, con los cuidados y su condición vampírica, era muy probable que siguiera adelante, pero Alegra sentía miedo. Entre las llamas, unos ojos grises y destructores la habían sentenciado. Aquellas llamas no habían venido de Siluya, algo se había apoderado de ella y se le había manifestado. De esa manera, tomó la decisión de no inmiscuirse jamás en la vida de Zeode y Siluya, temiéndo que la maldición de la madre de la bruja se cumpliera.

Y con grandes dolores, en una noche de luna nueva, cuando ni un ápice de luz brillaba en el cielo, el descendiente de Zeode y Siluya nació.



Una niña a la que llamarían Rhiela.







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Capítulo 9: Rhiela, obsesión de dos padres.

Mensaje por Saclae el Vie Sep 26, 2014 5:39 am

Ӂ Capítulo 9 Ӂ:


Capítulo 9: Rhiela, obsesión de dos padres.


Con el nacimiento de Rhiela, Zeode y Siluya sintieron una profunda y radiante alegría. Ambos habían conseguido concebir a una preciosa niña con una mirada muy especial.



Al ser tan pequeña, su color de ojos no podía identificarse con claridad, pero su escaso cabello blanco indicaba que había heredado el hermoso color de su madre.



Siluya estaba tan feliz que se entregó por completo al cuidado de su pequeña hija. Atendiéndola siempre que podía sin descuidar sus deberes como pintora. Zeode, por otro lado, se había vuelto muy celoso de la privacidad de su hija. Él era muy famoso y los paparazzis no dejaban de visitar su casa intentando tomar fotos de todo. Por ello, e invirtiendo una gran cantidad de dinero, diseñó una doble valla que rodeara toda la parcela de su hogar y conseguir, de ese modo, que nadie salvo quien ellos quisieran, pudiese entrar.



Desde que Rhiela llegó al mundo, Zeode sintió una sensación muy especial en su interior, como si una parte de él hubiera salido a la luz de la vida. Esto no era extraño, ya que Rhiela era sangre de su sangre y carne de su carne.



La pequeña despertó sentimientos en Zeode que jamás pensó que tendría. A Siluya la quería, pero a Rhiela la adoraba y sentía que debía protegerla a toda costa. Todo este entresijo de sentimientos y nuevas sensaciones se unieron a la llegada de su cumpleaños.



Zeode hacía un tiempo que había dejado de ser el joven iracundo e impulsivo y se había convertido en un hombre responsable que tenía las ideas muy claras.



Había formado una familia sólida con Siluya, reformado una casa cómoda y agradable y conseguido ser un cantante de gran éxito. Zeode, al fin, era un hombre hecho y derecho.



Su aspecto más maduro, no impidió en ningún momento seguir siendo la sensación del momento con sus canciones y sus espectáculos. De hecho, cada vez le llegaban más contratos y con ellos, ganaba mucho más dinero.



Los grandes locales de espectáculos se peleaban por sus servicios y Zeode tenía que invertir bien su tiempo. Perseguido, admirado y aclamado por la multitud, sacaba tiempo para ser simpático con sus fans y es que, la felicidad de Zeode era tan grande, que consideraba justo compartirla con todos aquellos que le admiraban y le querían.



El gran cantante Hydra disfrutaba de la plenitud de una vida por la que el mismo luchó y la cual, se vio recompensada con el nacimiento de su pequeña Rhiela.



Al ganar tanto dinero y tener una posición tan cómoda, Zeode y Siluya pensaron que no era mala idea darle otro hermano o hermana a Rhiela, para que jamás estuviera sola. Zeode así lo deseaba, puesto que no quería que su hija sintiera jamás las punzadas de la soledad como él si lo había hecho en su infancia.



Y así, ambos intentaron concebir otro hijo. Lo intentaron bastante, pero Siluya no se quedaba embarazada. La bruja temía que después del parto de Rhiela no pudiera tener más hijos. Entre las brujas circulaba una leyenda que decía, que cuando se daba a luz a un ser poderoso, la madre quedaba inhabilitada para tener más hijos. Pero aquello eran sólo leyendas. Había otras leyendas más oscuras que decían que existían seres que al nacer eran tan inteligentes y poderosos que ellos mismos condicionaban a la madre a no tener más hijos. Si se trataba de creer leyendas, existían muchas y si se creyera en todas ellas, al final uno acabaría volviéndose loco. Sea como fuere, la realidad fue que Siluya no conseguía concebir hijos y esto la entristeció mucho. Sin embargo, Zeode la apoyó en todo lo que podía.



Si no podían tener más hijos, no debían preocuparse pues, al fin y al cabo, el destino les había bendecido con una hija hermosa que apenas daba guerra. Zeode no iba a dejar de querer a Siluya por no poder tener más hijos, así que decidiendo entre los dos que ya no volverían a intentarlo sin dejar de renunciar a su vida íntima, la vida continuó para ambos como lo hacía siempre.




Zeode- ¿Qué? ¿Tengo que llevar un cheque a la escuela de qué? ¡Tío, estas cosas se avisan antes! ... ¡Pues sí, sí estaba ocupado!



Zeode- Compañero, cuida de las chicas, tengo que salir corriendo. Mi agente es un inútil pero tenemos que seguir trayendo dinero a casa, ¿verdad amigo?
Forcus- ¡Wow!

Entre los conciertos de Zeode y los descubrimientos de Forcus, la situación económica de los Hydra era inmejorable.



El sabueso había demostrado su gran capacidad y habilidad en el rastreo desde joven. Era tan eficaz que lograba encontrar metales valiosos y gemas preciosas, dejando a Siluya y Zeode realmente sorprendidos por esta habilidad. Y con la venta de algunos de estos descubrimientos, los Hydra comenzaron a acumular una riqueza considerable. Sin embargo, cuentan que cuando alguien es afortunado en un aspecto de su vida, otro comienza a decaer si no se pone remedio y tal vez, esto fuera lo que comenzase a ocurrir con Siluya.



Siluya vivía tranquila y en paz con su pequeña Rhiela, que pronto se convirtió en una obsesión para ella. No obstante, la bruja seguía irradiando su luz hermosa, una luz que le gustaba a Rhiela y la mantenía en silencio observando a su madre durante horas. Incluso, la bruja que no era dada a utilizar su magia, se sintió con ánimos de hacerlo y así ayudar en la casa.



Mientras Zeode, daba sus espectáculos.



Desde el nacimiento de Rhiela, Zeode tuvo la duda de si su hija había heredado el gen mágico de su madre. Siluya le había dicho que esperara a que ella pudiera comprobarlo y cuando lo hiciera, se lo diría sin demora.





Siluya- Es una brujita, Zeode...
Zeode- ¿Qué? ¿De verdad?
Siluya- Sí, estoy totalmente segura.



Zeode- ¡Eso es genial! ¡Otra bruja blanca como tú! ¡Jajaja!



Zeode- Me gustaría que nuestra hija hiciera grandes cosas. Me he informado de vuestro mundo y parece ser que bajo la aparente normalidad en las calles, existe como un mundo paralelo en el que hay diversas criaturas que hacen negocio... Parece ser que no sois las únicas con poderes.
Siluya- Claro que no... Hay brujas en muchas partes, pero por razones evidentes no pueden decir que lo son. Siempre existirá el negocio y ese mundo paralelo del que hablas... Bajo el disfraz de la normalidad,  la gente siempre conocerá a algún ser con poderes o acudirá a alguien que los tenga para intentar quitar sus males...
Zeode- ¿No sería bueno que Rhiela fuera tan conocida como su padre? ¡Pero ella por hacer sus hechizos raros! ¡Jajajaja! Así querida por toda la gente.
Siluya- Es difícil que una bruja sea querida por la sociedad pero... Siendo hija tuya, Rhiela tiene la oportunidad de ser la primera.
Zeode- Además, tendrá a la mejor maestra, ¿verdad que sí?



Siluya- ¡Pues claro!

Aquellos deseos de futuro eran bonitos y ambiciosos. Una bruja blanca como la personalidad más querida de Dragon Valley. Era utópico, pero si se cumplía, Rhiela podría hacer grandes cosas. Siluya se propuso enseñarla cuando creciera. Sin embargo y poco a poco, sin que apenas se diera cuenta, un cambio se estaba produciendo en la bruja blanca. Las primeras expresiones de aquel cambio podían verse en sus cuadros.



Ya no eran cuadros de animales, de bosques, de luz... Comenzaron a ser cuadros misteriosos, con colores oscuros y vibrantes. Siluya no le dio mucha importancia a ese cambio en la temática, puesto que ahora, como madre, podía tener nuevas ideas y cuántos más años cumplía, su mundo de imágenes se ampliaba. No obstante, sí que comenzó a notar un cansancio general, similar al que tenía cuando estaba embarazada. Rhiela no daba muchos problemas, pero era cierto que el cuidado de un bebé demandaba atención en todo momento, sobre todo cuando la criatura ya tiene más edad.



El cumpleaños de Rhiela llegó y con él, las dudas sobre su aspecto se disiparon. Contaba con el cabello de su madre, aunque las mechas violáceas características de Siluya, en el caso de Rhiela eran negras. Seguramente, la genética de Zeode había tenido algo que ver.



La piel de la pequeña tenía el tono tostado de Zeode y sus enormes ojos, en forma como los de Siluya, tenían el mismo color y la intensidad que los de su padre.



Rhiela era silenciosa. Lo observaba todo, parecía estudiar minuciosamente cada movimiento de sus padres, cuando entraba y salía Forcus, cómo se movían las nubes en el cielo. Rhiela era la personificación de la atención. Con el tiempo, a parte de esa atención tan característica que le otorgaba a las cosas, también mostró su fuerte carácter. En eso, recordaba mucho a Zeode.



Siluya pasaba mucho tiempo con su hija, a pesar de que se sentía cansada. La bruja no decía nada, y siempre se mostraba con una sonrisa.



Pero la evidencia de su cansancio comenzó a manifestarse en su rostro. Junto con aquel cansancio, desarrolló a un más su relación con Rhiela y así su dependencia con su hija. Siempre debía estar con su hija, siempre debía acompañarla.



Siluya no se quería separar ni un momento de Rhiela y aunque en algunas cuestiones debía estar a su lado, como era en la enseñanza de ciertas destrezas, lo cierto era que en otras, la presencia de Siluya no era tan obligatoria y aun así, allí estaba.



Sin previo aviso y sin realmente saber por qué, Siluya dejó de pintar y comenzó a dedicarse a la escritura.



La bruja no dejaba a nadie leer sus escritos, ni siquiera a su marido, diciendo que aun no los había terminado. A Zeode aquello no le molestaba, pues entendía que su mujer no quisiera mostrarle algo inacabado. Los cambios de Siluya aun pasaban desapercibidos para todos y nadie se preocupaba realmente de que pudiera necesitar ayuda. De hecho, algunos seguían inmersos en una tranquilidad que asustaba.



Con la sucesión de escritos de Siluya y sus suspiros cansados en la noche, la contraposición se encontraba en las risas de Rhiela. Fuertes, claras y sonoras. La niña era muy activa, muy inteligente y muy independiente.



Aun así, no se separaba de sus padres, sobre todo de Siluya. Si bien, para cualquiera que hubiera mirado con atención podría haber notado que cuando estaba con su madre, Rhiela se limitaba a abrazarse y mirarla atentamente, con su padre su mirada cambiaba por completo.



Zeode- Vamos, preciosa, primero un pie... y luego el otro... Así es...


Rhiela miraba a su padre con devoción y admiración. Obedeciendo todo lo que él decía, Zeode sentía que cuando los ojos grises de ambos se cruzaban se establecía una conexión especial, imposible de definir.



Con el tiempo, Zeode se percató del cambio en su mujer, de su cansancio y de las distintas actitudes que había tomado, puesto que ella, sin ser consciente había comenzado a hablar más suave y bajo de lo normal. Por ello, y aunque su trabajo de cantante demandaba mucho esfuerzo y dedicación, Zeode también comenzó a ocuparse de los quehaceres de la casa.




Siluya- Zeode... Déjalo, ahora llamo al técnico en reparaciones. Ve a trabajar, no te preocupes.



Zeode- ¡Na! ¡Déjalo, cariño! Si ya casi termino. Ya que siempre estás con Rhiela, pues yo ayudo en las tareas de la casa... Es lo justo... ¡Este agente hijo de puta! ¡Voy a silenciar el móvil al final!

Así quedó establecido finalmente, Zeode haría las tareas de la casa y Siluya solo tendría que atender a Rhiela cuando él no estuviese y dedicarse a sus escritos. Un pacto en apariencia justo para ambos, pero que no arreglaba ni mejoraba la situación de Siluya, agravándose en su cumpleaños.



La bruja continuó manteniendo su hermosura, pero su rostro comenzó a marcarse cada vez más.



Siluya, además de estar cansada, comenzó a sentirse triste y a pesar de que comía, su cuerpo entró en una espiral de adelgazamiento que pronto la dejó en los huesos. Sumado a esto, Zeode terminó por preocuparse del todo cuando vio que su mujer comenzó a vestir de gris.



Lo extraño de todo aquello era que, cuando él le pedía explicaciones, ella sólo respondía en un susurro que los gustos cambian. Siluya parecía estar convirtiendose en otra persona.



En contra de la situación de su madre, la que parecía más enérgica era Rhiela, que había aprendido a caminar y se dedicaba a pasearse por toda la casa sin mostrar ningún tipo de miedo a cualquier rincón. Incluso, la pequeña podía recorrer los largos y oscuros pasillos sin pronunciar ningún llanto. Solamente su risa teñía la casa, una risa clara y estridente.



Otra de las habilidades de la pequeña era la capacidad de hablar, de la cual, solo tenía constancia Forcus, puesto que con sus padres solo pronunciaba pocas palabras. Puede que por vergüenza, o tal vez porque no sintiera la necesidad, la realidad era que solo con Forcus se expresaba cuando ambos se encontraban solos.




Rhiela- Focus, tu tenes que defendeme ¿vale?



Rhiela- Así... ¡Ñam, ñam!



Rhiela- ¡Pelea po Liela! ¡Jasss! ¡Ñam! ¡Ñam!

Poco después del cumpleaños de Siluya, la bruja, que quería que su hija empezara a hablar y con su edad veía que aun no decía nada, comenzó a preocuparse y a insistir a Rhiela en la enseñanza de la palabra. Al principio no lograba nada y por ello, dejaba sola a su hija y se alejaba para que su padre la intentara enseñar. Pero, curiosamente, al comenzar a alejarse, la pequeña comenzó a hablar cuando estaba cerca de su madre, lo que provocó que de nuevo, Siluya se quedara todo el tiempo pendiente de Rhiela, esperando alguna palabra.



Siluya- ¡Venga, di algo, Rhiela! ¡Di mamá!
Rhiela- ¡Mamá!
Siluya- ¡Ay, eso es!



Siluya- Mi chiquitina, cuánto te quiere mamá...
Rhiela- Liela tamben quere a mamá. Muto quere a mamá, muto, muto.

A partir de aquel momento, Siluya no quiso separarse más de su hija y la llevaba consigo a todas partes. Aun cuando no podía apenas caminar. Zeode estaba muy preocupado por su mujer, la propuso ir al médico pero ella no quiso, ya que le dijo que aquello era debido a la atención que demandaba Rhiela. Cuando Rhiela creciera, ella mejoraría. Zeode no creía mucho esas palabras. Rhiela no daba guerra, no demandaba tanta atención. Sin embargo y debido al trabajo, el tenía que atender también sus actuaciones.



Rhiela, por su parte, comenzó a pedir cosas y su madre las cumplía. Si Rhiela quería salir al jardín, Siluya la sacaba, si quería visitar el parque, Siluya la llevaba.




Zeode- ¿Estás segura que es buena idea traer a la pequeña siendo el día del terror? Mira que si pilla un trauma...
Siluya- Que sí estoy segura. Trae, la quiero llevar yo.



Siluya- Ya hemos llegado.
Rhiela- Paese catillo.
Siluya- Sí... ¿No te da miedo?



Rhiela- No... ¡Jajaja! ¿A ti shi?
Siluya- A mamá no le gusta la oscuridad.
Rhiela- ¡Jijiji! A mi tampoco.

Para cuando llegó el cumpleaños de Rhiela, la situación de Siluya estaba muy mal. Delgadísima, llena de ojeras, incluso las venas se le marcaban en el rostro. Apenas podía moverse con soltura y caminaba arrastrando los pies. Zeode, harto de todo aquello, porque su mujer incluso había dejado de prestarle atención, decidió que al día siguiente del cumpleaños de Rhiela, llevaría a Siluya a que le hicieran pruebas. Le daban ya igual las excusas de que era una bruja y no la entenderían. Algo tenía su mujer y lo iba a averiguar. El día del cumpleaños de Rhiela, fue tormentoso, y esto, además de por el estado de Siluya, ayudó a que Zeode decidiera no invitar a nadie. Mientras él terminaba unos asuntos, Siluya preparaba a su hija para su cumpleaños.



Siluya- Vas a ser una linda señorita...
Rhiela- Sí...



Siluya- Y cuando lo seas, mamá te va a enseñar a utilizar tus poderes.
Rhiela- Mamá sempe seña a Liela.



Siluya- CLaro que sí y siempre voy a estar contigo, ¿lo sabes?
Rhiela- Sí, mamá sempe estala en Liela. ¡Jajaja!



Zeode- ¡Ya esta aquí papá! ¡Y mira lo que le persiguió! ¡Un dragón!
Rhiela- Dagoooooooooooooooon...
Zeode- ¡Ha venido a intentar impedir tu cumple!



Rhiela- ¡No lo hadá!
Zeode- ¡Jajajaja! ¡Claro que sí! ¡Rawr!
Rhiela- ¡Jajajajaja! No ¡yo odeno que no!
Zeode- ¿Pero qué vas a ordenar tú, mocosilla?

Después de jugar un rato con Rhiela, Zeode se cambió para estar a gusto en casa y entonces sacó la tarta acompañado de Siluya.



Acompañada de su familia, Rhiela iba a soplar las velas, y cumpliría 7 años. Entre los aplausos y las felicitaciones, Rhiela sopló y justo en el momento en el que se apagaron las velas, Siluya, de pronto, perdió el conocimiento y se desmayó. Zeode, asustado, corrió a recoger a su mujer y cuando vio que no respondía, llamó inmediatamente a una ambulancia bajo la atenta mirada de Rhiela.




Zeode- ¡Una ambulancia! ¡Rápido! ¡Mi mujer necesita ayuda! ¡Precisamos una ambulancia ahora! ¡Me han oído! ¡Soy Zeode Hydra, ya saben donde demonios vivo!



Rhiela- Papá, ¿se pondrá bien mamá?





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Re: ☽ 1ª Generación: Zeode ☾

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