☽ 1ª Generación: Zeode ☾

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Capítulo 10: Una niña muy responsable.

Mensaje por Saclae el Sáb Sep 27, 2014 9:17 am

Ӂ Capítulo 10 Ӂ:



Capítulo 10: Una niña muy responsable.


El repentino desmayo de Siluya propició que Zeode, junto a Rhiela, la llevaran al hospital. Después de infinidad de pruebas, ningún médico se atrevía a asegurar lo que tenía aquella mujer. Algunos se decantaban por una infección, otro por algún tipo de malabsorción y algunos pensaban en enfermedades mucho más graves. Zeode, preocupado, llamó a su agente para que llevara a su hija a su casa, pero ésta se negó. Misteriosamente, Siluya pareció recuperar las fuerzas y fue dada de alta al no saber qué era lo que tenía. Sin embargo, la situación en casa no mejoró. Siluya seguía muy débil, aunque sacaba fuerzas suficientes para continuar escribiendo. Aquella situación repercutía directamente en el trabajo de Zeode, que había dejado a un lado hasta saber qué le ocurría a su mujer. Sin embargo, su agente le insistía que, de seguir así, perdería fuelle y pasarí de moda. A Zeode esto no le importaba, pero era cierto que debía mantener a su familia. Siluya parecía mantenerse estable y al final, él optó por retomar su trabajo. Rhiela, de ese modo, muchas veces se encontraba sóla ya que su padre tenía que retomar todo lo perdido y su madre se pasaba el día en su habitación escribiendo.



Sin embargo, esta situación no parecía afectar mucho a Rhiela. La niña parecía comprender que eran tiempos difíciles para sus padres y se limitaba a atender sus obligaciones de estudiante. En muchas ocasiones, se quedaba detenida mirando el cuadro de su padre y pasaba allí un largo tiempo observando.



Su padre, aquel hombre que se preocupaba tanto por su mujer y por ella, era el mundo de Rhiela. La pequeña no lograba comprender por qué, pero lo que sí sabía era distinguir ese sentimiento de admiración e incluso de servidumbre que la inundaba cuando su padre estaba cerca de ella. Rhiela tenía un carácter muy fuerte pero nunca, jamás, se le ocurriría desobedecer a su padre. Con la degradación gradual de la salud de Siluya, Zeode comenzó a descuidar a su hija. No podía pasar el tiempo que quisiera con ella y para suplir el poco tiempo que tenía, le dejó a cargo de algunas obras de la casa. Rhiela tenía muy buenas ideas y cuando escuchó a su padre una vez decir que la casa necesitaba una reforma, la niña se ofreció a ayudarle. Ningún padre habría dejado que su hijo organizara y diera instrucciones sobre la remodelación de su hogar, pero Zeode sentía que no le daba todo lo que merecía a su hija y por ello, las ideas de la pequeña eran aceptadas y puestas en práctica. Rhiela quería que su casa pareciera una mansión o un castillo y lo primero que ordenó fue que construyeran una torre para ella donde estuviera la habitación. ¿Los motivos de un lugar tan apartado? Poder estudiar sin tener que ver a su madre y sentirse preocupada. Así, al igual que con la torre, Rhiela rediseñó la casa entera.




Zeode- ¿Cómo está tu madre hoy, preciosa?
Rhiela- Igual que siempre, papá.
Zeode-...
Rhiela- Tranquilo, papá. Mamá se pondrá bien, yo cuido de ella cuando tú no estás.



Zeode- Gracias, hija... Me gustaría poder pasar más tiempo contigo pero...
Rhiela- No te preocupes. Yo entiendo que mamá necesita que la cuidemos. ¡Yo estoy bien!
Zeode- Contigo he tenido mucha suerte, preciosa. Aunque no pueda pasar el tiempo que quisiera en casa, ya sabes que puedes pedirme lo que quieras, ¿vale?



Rhiela- Sí, lo sé. ¿A qué está quedando muy bonita la casa?
Zeode- Sí... Aunque, ¿no te parece que tanta piedra es muy fría?
Rhiela- Es que sin piedra no se pueden hacer castillos... ¿Quieres que diga al jefe de obras que lo cambie todo?
Zeode- Oh, no, no te preocupes pequeña. Todo está bien.
Rhiela- Vale...


Aunque Zeode trabajaba mucho y se esforzaba todo lo que podía, la economía de los Hydra se había resentido bastante, puesto que el cantante había invertido gran parte de su dinero en médicos privados. No obstante, ni siquiera médicos amigos suyos podían identificar lo que le ocurría a Siluya y poco a poco Zeode se iba quedando sin dinero.



Zeode- Está en la habitación. No sale de ahí.
Médico Zeode, te soy sincero... Nunca había visto nada parecido a lo de tu mujer. Hay días en los que está muy frágil y otros en los que parece haber recuperado las fuerzas, me tiene desconcertado... Pero, hay una cosa que si tengo clara...



Zeode- ¿El qué?
Médico- No es una noticia buena...
Zeode- Dígalo ya, no quiero más máscaras. ¿Qué pasa?
Médico- No sé que tiene tu mujer, Zeode, pero lo que si está claro es que poco a poco está perdiendo la visión...
Zeode- ¿Me estás diciendo que mi mujer se está quedando ciega?
Médico- Si no encontramos lo que le está afectando... sí, pronto perderá completamente la visión.
Zeode- ...



Seamus- Señorita Rhiela, tengo que hacerle una consulta.
Rhiela- ¿Qué consulta?
Seamus- ¿Está segura de que su padre quiere utilizar este tipo de piedra? Es muy cara porque es difícil conseguirla...



Rhiela- ¿Sabes qué tiene mi padre?
Seamus- Dígame, señorita.
Rhiela- Dinero. Mucho dinero. Eso significa que puede pagar la piedra. Quiero esa piedra y no otra, ¿entendido?
Seamus- Pero yo sólo lo preguntaba por si quería consultarlo con su padre...
Rhiela- Mi padre y yo ya lo hemos hablado. Queremos esa piedra. Él está muy ocupado con los cuidados de mi madre para que le estés molestando con tonterías. ¿Te ha quedado claro?



Seamus- S-Sí... disculpe. Mmm, por último ¿continuamos con la construcción de la sala que nos pidió?
Rhiela- Sí, debe de estar debajo de la torre.



Seamus- Muy bien, mañana vendremos para acabar con ella.
Rhiela- Bien. Y recordar, venir a las horas que os dije, mi padre estará trabajando y cuando llega lo que quiere es descansar. Tenéis que terminar antes de que él llegue a casa.
Seamus- Entendido.



Médico- Buenas tardes, señora Hydra. ¿Cómo se encuentra hoy?
Siluya- Bien...



Médico- Señora, debe tomar reposo, no puede estar todo el día sentada frente al ordenador.
Siluya- Tengo que escribir.
Médico- ¿Por qué?
Siluya- Es necesario.



Médico-Señora, si sigue así, no va a mejorar... ¿No quiere mejorar por su familia?



Siluya- Estoy bien, ellos saben que lo estoy...


Zeode se sentía agotado por aquella situación. Siluya no obedecía a los médicos, no le hacía caso a él. Obligado a seguir trabajando porque apenas tenían dinero, su preocupación no se centraba sólo en Siluya, sino también en Rhiela, que pasaba mucho tiempo sóla.



Rhiela- ¿Y esto da miedo a la gente?



Rhiela- Menuda idiotez...


Con el tiempo, Zeode dejó de contactar con los médicos, puesto que nada hacían y lo único que se llevaban era su dinero. Rhiela le dio una idea que no pudo pasar por alto. La niña ya sabía que tenía poderes mágicos. Mirando en páginas web había aprendido cosas sobre su condición de bruja, pero no todo lo que viene en internet es cierto y mucho de ello es inventado. Por ello, Rhiela, sabiendo que su padre conocía gente del mundo sobrenatural que se desarrollaba bajo la fachada de normalidad en Dragon Valley, porque él mismo lo había dicho en más de una ocasión, le pidió que buscara y comprara diversos libros de hechicería, esoterísmo, mitología y demás temas sobrenaturales. Tal vez de ese modo pudieran encontrar la cura para su madre. Rhiela le había dicho a su padre que la enfermedad de su madre podría ser sobrenatural.



Y como a Zeode no le parecía nada descabellado, pronto comenzó a comprar libros y libros esotéricos que colocó en diversas estanterías.



Rhiela, todas las noches solía tomar algunos y subía a su torre en silencio.



La niña colocaba los libros sobre la cama y después se asomaba por la ventana, quedándose un rato observando el pueblo, el cielo y el ambiente.



Después, regresaba a su cama y tomando sus libros, los leía con gran interés. Podía pasar horas y horas leyendo y, cuando el sueño le atacaba, dejaba los libros sin terminar debajo de la cama y se dormía.



Los libros que más le gustaban o le parecían más útiles, los dejaba en una estantería que tenía en su habitación. Además, no sólo se dedicaba a la lectura de este tipo de libros, también era una estudiante modelo. Hacía sus deberes sin quejarse y siempre solía obtener buenas notas, lo que la convertía en un gran orgullo para Zeode.



Él, había comenzado a cuestionar a Siluya. La obligaba a comer, la obligaba a pasear y a caminar. En definitiva la despegaba del ordenador. Zeode se sentía triste y abatido. Solitario y meditabundo, parecía que a su mujer no le importaba su estado. Era cierto que ella estaba enferma, ¿pero qué pasaba con él? ¿por qué no decía que se sentía mal cuando su rostro mostraba que se estaba consumiendo? ¿por qué seguía empeñada en encerrarse en escribir y decir que estaba bien?




Zeode- ¿Hasta cuando, Silu?
Siluya- Hasta cuando...



Zeode- ¿Por qué no me dices lo que te pasa? ¿No ves que estoy preocupado? ¿Ya dejaste de confiar en mí?
Siluya- Necesito escribir... Llévame, tengo qué escribir...
Zeode- ¿Pero qué tanto escribes? ¡Dímelo!
Siluya- Caminos...



Zeode- ... No olvides que yo siempre te quise... A pesar de todo esto...



Rhiela- Hola, papá. Hola, mamá.

No importaba cuánto dijera Zeode, no importaba cuánto expresara. Siluya no cambiaba. Al poco tiempo de intentar averiguar qué era aquello que tanto escribía y de lo cual, misteriosamente no había encontrado nada Zeode, Siluya volvió a desmejorar, lo que la dejó en cama permanentemente. De ese modo, Rhiela pasó a encargarse también de Forcus, ya que su padre lo único que hacía era trabajar y regresar para estar con Siluya. A pesar de la carga de trabajo extra, a Rhiela no le importaba, ya que le gusaba pasar el tiempo con Forcus.



Rhiela- Vamos de paseo al parque Forcus, hoy tenemos mucho que hacer.



Rhiela- ¡Oh, venga! ¿Se tiene que poner a granizar? ¡Argh!



Rhiela- Bueno, Forcus, vámonos a casa. Mañana ya iremos al parque para que sigas aprendiendo cómo ser un buen guardián.



Forcus- ¡Wow! ¡Grgrgrgr!

Así, lloviera, tronara o granizara, Zeode debía seguir con su trabajo.



Zeode- Me voy a trabajar, Silu.
Siluya- ...



Zeode- ...

Lo que no sabía Zeode era que Siluya, muchas veces seguía escribiendo cuando él no estaba y que aquello lo sabía bien Rhiela.



Rhiela- Ya se fue papá...

Cuando Zeode se marchaba, Rhiela cerraba sus libros y se dirigía a la habitación de su madre, siempre con la misma pregunta.



Rhiela- Mamá... ¿Has escrito otro libro?



Siluya- Sí... Está en el armario...



Rhiela- Vale, gracias mamá.

En silencio, Rhiela tomaba los libros que escribía su madre y se marchaba caminando por los oscuros rincones de su casa hacia un lugar muy especial para ella.



Una sala desconocida para Zeode que se encontraba bajo la torre de su hija. La niña cerraba la puerta camuflada a modo de estantería detrás de ella y caminaba por los pasillos entre las paredes. Allí, entre cuadros y diversos artilugios de hechicería que en nombre de su padre había encargado, se encontraba la mecedora en la que su madre la mecía cuando era un bebé. Tapizada de manera distinta y a gusto de Rhiela, la mecedora era su pequeño trono. Desde él, la niña leía y descubría de manos de su madre, los misterios de la magia.







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Capítulo 11: La maldición de Siluya.

Mensaje por Saclae el Dom Sep 28, 2014 10:03 am

Ӂ Capítulo 11 Ӂ:



Capítulo 11: La maldición de Siluya.




Rhiela- 20 gramos de azucar, cien de harina y sesenta mililítros de agua... Con esto debería tener para hacer una magdalena. ¡Ah, sí! ¡Y los arándanos, qué se me olvidaba! Mezclamos todo bien... ponemos el horno a doscientos grados y a esperar los resultados...

El interés de Rhiela por la magia era absoluto. Le encantaban los hechizos pero sobre todo las mezclas. Aunque era capaz de cazar algunos insectos, la utilización del puesto de alquimia que mantenía oculto en una sala bajo su torre y también, la utilización del caldero, necesitaban de movimientos precisos y mucha práctica. Rhiela aun era una niña y si algo salía mal, no tenía todavía el suficiente poder como para detenerlo. Por ello, decidió practicar su precisión e intuición con ingredientes más comunes, preparando distintos tipos de repostería para sus padres. A Rhiela le gustaba cocinar para Zeode. Era de las pocas veces que le veía feliz, cuando probaba alguno de sus postres.



Rhiela- ¡Yuju! ¡Me quedó perfecta!



Rhiela- Mira, papá. Te preparé una magdalena de arándanos. ¡Espero qué te guste!
Zeode- Pues tiene una pinta impresionante, la verdad... Muchas gracias, hija.



Zeode- Hay que joderse, ¡qué bien cocina esta niña!

Con la enfermedad de Siluya, Rhiela había tomado un papel muy importante en la casa. Limpiaba, ayudaba a su padre a cocinar, cuidaba de Forcus y hacía sus tareas, sin olvidar su estudio incansable de la magia. Zeode le había conseguido tantos libros esotéricos debido al deseo de encontrar una cura para Siluya, que Rhiela,  a su corta edad, ya poseía grandes conocimientos de la magia y otras criaturas sobrenaturales. A pesar de ello, no había obtenido resultados encontrando una posible cura y es que Rhiela prefería estudiar todo lo que pudiera sobre la magia sin atender realmente al estado de su madre. Solía leer tranquilamente cualquier tipo de libro que pudiera aportarle conocimientos en el sofá situado debajo del cuadro de su padre. La mirada del cuadro la instaba a continuar con su estudio y la llama azul, que así había salido desde que instalaron la chimenea, la relajaba.



Aquel salón se había convertido en la nueva habitación de Zeode. Un día, sin previo aviso, el cantante no pudo entrar a su habitación. Siluya no le dejaba y una especie de hechizo mágico le impedía abrir la puerta. Parecía que la bruja no quería verle, por lo que cada vez quedaba más claro que lo que le ocurría era un tema de embrujos. Zeode, con el tiempo, se resignó ante aquella situación. Tenía en su casa a una mujer que le ignoraba, que había cambiado drásticamente y que en definitiva le había abandonado. Su decepción era profunda, pero pronto se acostumbró, porque a su lado siempre se encontraba Rhiela. Velando por él y cuidándolo aun cuando él no se daba cuenta.



Pero Rhiela, no sólo atendía a su padre, sino también a su madre. Cuando Zeode se marchaba para hacer sus actuaciones, Siluya salía de la habitación y se quedaba con su hija mucho tiempo. El cambio físico de la bruja era atroz.



Sus ojos estaban completamente ciegos, ya no era capaz de ver, aunque misteriosamente sí de escribir. Las venas de la cara se le habían marcado profundamente y unas terribles arrugas le surcaban cada rincón de lo que fue su hermoso rostro. Sus labios agrietados apenas pronunciaban susurros y el cabello se le había comenzado a caer, quebrándose y debilitándose. Siluya estaba esquelética y puede que ese fuera el motivo por el cual no quería que Zeode la viera. Aunque, la realidad era, que Siluya no parecía ella. Su personalidad pura y radiante se había perdido y solo parecía responder a impulsos como si de una muñeca rota se tratara. Sólo hablaba con su hija y sólo se relacionaba con ella.




Rhiela- Hice magdalenas de arándanos, mamá. Están en la cocina. Hice una de prueba y a papá le gustó mucho. ¿Por qué no las pruebas? ¡Están muy ricas!
Siluya- Sí... Ahora pruebo...
Rhiela- Oye, este libro que has escrito es muy interesante. No sabía que una planta pudiera utilizarse como calmante y vendaje a la vez. ¡Es genial! ¿No crees?
Siluya- Sí...

Así pasaban los días, cuando Zeode se marchaba, Siluya salía y cuando él regresaba, ella volvía  a la habitación y se dormía. Últimamente, ya casi no escribía, y a lo único a lo que se dedicaba era a dormir.




Un día de primavera, Zeode regresó a casa muy ilusionado. Había hablado con un hombre brujo que podía explicarle lo que le ocurría a Siluya. Rhiela al enterarse se puso muy contenta y animó a su padre a que trajeran al hombre a su casa. Sin embargo, aquella misma noche, Zeode encontró un libro debajo de la mesa. Debía ser uno de los libros que leía Rhiela, por lo que decidió colocarlo en una de las estanterías de la sala que daba a las escaleras de la torre pero, cuando iba a colocarlo, se fijó en el título del libro "De Brujas". A Zeode le entró tanta curiosidad que no pudo evitar leer un poco y lo que allí leyó no le gustó nada. A la mañana siguiente llamó al hombre para decirle que no hacía falta que fuese, que ya sabía lo que tenía su mujer. Aquel día, el cantante fue al parque acompañado de Forcus, al que le quedaba poco para ser un anciano y como siempre había hecho, una vez más, le convirtió en confidente de sus preocupaciones.




Zeode- ¿Sabías que las brujas no quieren a los hombres, Forcus?
Forcus- ...
Zeode- Los utilizan únicamente para conseguir sus propósitos. Siluya ya me comentó algo así, pero ahora que lo he leído, lo veo todo claro.



Zeode- Se presentan como amables, como mujeres entrañables para engañarnos y después comienzan a tomar su apariencia verdadera. Ahora lo entiendo todo. Pero te juro, Forcus, que esta bruja no se va a salir con la suya. Ha logrado engañarme todos estos años. Ya no lo va a hacer más.



Zeode había encontrado la respuesta. Siluya no era una bruja de luz, sino una bruja maligna que lo estaba engañando. Tenía que separar a Rhiela de esa cosa antes de que la malinfluenciara. La supuesta enfermedad y el debilitamiento no era más que un disfraz para mantenerlo distraído. Ilusa y pobre Siluya. Si pensaba que engañaría a Zeode, es que nunca llegó a conocerlo del todo.



A partir de ese momento, Zeode comenzó a planear cómo mover los papeles de su divorcio y qué tipo de personas tenía que contratar para sacarla de su casa. La luz parecía brillar de nuevo para Zeode y opacarse completamente para la mentirosa Siluya.



La intención era mover los documentos y hacer los trámites rápido, pero con la llegada de Forcus a la vejez, Zeode tuvo que detenerse un poco.



El perro quería mucho a Siluya y con esa edad, si la separación era tan abrupta, podía resultarle traumático. O al menos, así pensaba Zeode, pero la realidad es que Forcus estaba siendo bien cuidado por Rhiela, lo que hacía que el perro no mostrara ningún tipo de tristeza en ningún momento.



Así que, decidido a llevar a cabo su plan, Zeode habló primero con su hija, puesto que la consideraba muy inteligente y estaba seguro de que le comprendería.




Zeode- ¿Tu madre sigue hablando contigo, Rhiela?
Rhiela- Sí, papá.
Zeode- ¿Y qué te cuenta?
Rhiela- Mmm... Sólo cosas de brujas, ya sabes...
Zeode- Ya veo. Bien, a partir de ahora, no quiero que te hables más con ella. ¿Entendido?
Rhiela- ¿Pero por qué?
Zeode- ¡Por qué lo he dicho yo! Tu madre es una bruja malvada, la he descubierto. No quiero que te acerques porque no quiero que te haga daño. Es una orden Rhiela y no quiero que me desobedezcas.



Rhiela- Vale, papá... No te desobedeceré.

Con la advertencia puesta sobre Rhiela, Zeode quedó más tranquilo. Lo próximo sería comenzar a contactar con buenos abogados para que formalizaran la separación con Siluya. Ajena a esto, Siluya casi no se levantaba de la cama. Él único que parecía sentir en la casa su malestar era Forcus, que últimamente pasaba mucho tiempo con ella escuchando sus susurros entre sueños.



Siluya- Zeode...

A pesar de ello, la dinámica en su comportamiento se mantuvo, aunque apenas caminaba y solamente se arrastraba ayudándose de las paredes, de vez en cuando Siluya salía de la habitación, siempre y cuando no estuviera Zeode. Cuando eso ocurría, Rhiela no perdía la oportunidad de hablar con ella sobre sus dudas pareciendo hacer caso omiso a su malestar y desobedeciendo las órdenes de su padre. Rhiela quería aprender.



Rhiela- Mamá, tengo una duda... Si yo quisiera invocar mis poderes de bruja, ¿hay algún momento en el que deba hacerlo para que todo salga bien?
Siluya- Cuando esté en el cielo la luna de tu nacimiento...



Rhiela- Ah... ¿Y cuál es la luna de mi nacimiento, mamá?
Siluya- La luna negra...



Rhiela- ¿La luna negra? ... ¡Ah! ¡En luna nueva te refieres! ¡Vale, entendido!

Cercano al cumpleaños de Rhiela, se iba a celebrar un gran Simfest y Zeode era uno de los candidatos a ser el cantante con más fans. De ganar aquel premio, Zeode ganaría mucho dinero, lo que le hacía falta en realidad para costearse los abogados y para seguir cuidando de Rhiela. Si Zeode seguía con su trabajo era por su hija y por ello, aceptó ir al Simfest, a pesar de que aquello le mantendría unos días separado de su hija.



Zeode- ¿Entiendes por qué no puedo estar aquí el día de tu cumpleaños, Rhiela?
Rhiela- Sí, lo entiendo, no te preocupes.
Zeode- ¡Pero te prometo que cuando vuelva te haré una fiesta genial! ¿Vale?
Rhiela- Papá, deja de preocuparte. ¡Voy a estar bien!


El Simfest duraba una semana y aunque a Zeode no le gustaba la idea de dejar a su hija con Siluya, lo cierto era que la niña se había negado a ir con nadie más. Rhiela no sabía todavía que su padre quería separarse de su madre y Zeode no quería que fuera traumático, así que se hizo el que no sabía nada y manteniendo el contacto siempre por teléfono, cuidó de que Rhiela no necesitara ayuda. Una noche, lejos de él, en Dragon Valley, Siluya se puso en pie.



Tambaleándose salió a la calle y comenzó a caminar. Similar a una sombra deshecha, la bruja se movía entre las sombras de  aquella negra noche, únicamente vestida con su ropa de dormir, como si algo la arrastrara hacia las oscuras calles.



Aquel movimiento lastimero y lleno de sufrimiento no pudo pasar desapercibido para unos ojos brillantes y conocidos que se encontraban regresando a casa en aquel preciso instante. Alegra, que aunque no había tenido mucha suerte en el amor, había logrado tener dos hijos, volvía a su casa después de un largo día de trabajo. Hacía mucho que no sabía de Zeode y Siluya, en parte por decisión propia. Lo último que supo es que el bebé que esperaba Siluya estaba bien y que fue una niña. Por ello, cuando vio a la bruja caminar como si fuera una débil hoja azotada por el aire, tardó en reconocerla.




Alegra- Esa no es... ¿Siluya?

Alegra no podía creerse que la que fue su mejor amiga estuviera en aquellas condiciones. Petrificada ante tal dantesca escena, vio cómo la bruja se desplomaba en el suelo e intentaba levantarse de nuevo con movimientos torpes.



Su respiración podía escucharse en el silencio de la noche. Una respiración ronca, llena de sufrimiento y entrecortada. A Siluya le costaba moverse, parecía que le costaba incluso vivir. Débil y sóla no podía mantenerse en pie.



Alegra sintió dolor en su corazón al ver a la que fue su amiga así. Hacía tiempo que había olvidado a Zeode y al contrario de lo que pensó en un principio, no le guardaba rencor a Siluya, puesto que con el tiempo había comprendido que Zeode fue quien la eligió. Sin pensarlo mucho más, Alegra corrió veloz con su habilidad vampírica hasta Siluya para ayudarla.



Cuando llegó a su lado intentó levantarla y notó que estaba en los huesos. La acarició la cabeza y sintió que apenas le quedaba cabello y cuando vio su demacrada cara se asustó. Siluya se estaba muriendo.




Alegra- ¡Silu!... ¿Qué te ha pasado? ¿Cómo has llegado a este estado? Ven, sujétate...



Alegra tenía que pedir ayuda, tenía que llamar a Zeode. Intentó llamar a su número de móvil pero nadie contestaba. También llamó a su casa pero, tampoco obtuvo respuesta. Ella había adquirido mucha fuerza con aquella condición vampírica que en algún momento por locura había tomado, pero Alegra sentía que lo que le pasaba a Siluya no era una enfermedad normal y no podía llevarla al hospital. Pensando en qué hacer, Alegra escuchó las pisadas de alguien que había estado siguiendo a Siluya desde que salió de casa.



Allí, frente a ellas se encontraba una joven con una mirada fulminante. Unos ojos que recordaron a Alegra la peor de sus pesadillas. El recuerdo de las llamas aun seguía muy vivo en ella.



Alegra examinó con detenimiento a la muchacha que no debía superar los catorce años. Su cabello blanco, muy similar al de Siluya, aunque con diferencias claras y los ojos grises característicos de Zeode. No podía ser otra persona,




Alegra- Ey, muchacha, ¿eres la hija de Siluya?



Rhiela- Soy la hija de Siluya y la hija de Zeode.
Alegra- ¡Oh, perfecto! Entonces tú sabrás dónde está tu padre. Tenemos que llamarle, tu madre está muy mal.



Rhiela- Mi padre está en un festival. No puede venir.
Alegra- Entonces, ayúdame, tenemos que ayudar a tu madre.
Rhiela- ¿Por qué debería ayudarte, si tú una vez casi me matas?
Alegra- ¿Qué?



Rhiela- ¿Ya no te acuerdas? Bueno, mala suerte entonces. Yo nunca me olvido de una presencia que haya sentido antes.
Alegra- ¡Niña, déjate de bromas! ¡Tú madre está muy enferma!
Rhiela- No está enferma.Simplemente está cumpliendo con su deber, nada más...



Alegra- ¿Qué demonios significa esto? ¿Es que acaso no quieres a tu madre? ¡Te estoy diciendo que necesita ayuda! ¿No la ves?
Rhiela- Llevo viéndola así muchos años. Te aseguro que a todo se acostumbra uno. Como te dije, está cumpliendo con su deber como madre y todo hubiera ido mucho más rápido si no hubieras intervenido. En teoría debería haberse sacrificado sola....
Alegra- ¿Qué estás diciendo, maldita mocosa?
Rhiela- Que nadie debería haber sido testigo de su desaparición... Es simple...



Alegra- ¿¡Qué estás insinuando!? ¡Aléjate de ella!
Rhiela- No puedo... Estamos estrechamente conectadas. Siempre lo hemos estado.
Alegra- Silu... Despierta... Tú lo hiciste todo para ser feliz...



Rhiela- A ver, te contaré algo, pesada, que ya me estás cansando... No te entrometas en lo que no te llaman y no sabes. ¿Eras la amiguita de mi madre que la dejó de lado porque mi padre decidió estar con ella verdad? ¿Ahora a qué vienes de tan preocupada?
Alegra- Yo no...
Rhiela- No mientas... No te esfuerces en mentir. A través de mi madre he podido ver todo. Todos sus recuerdos, toda su vida. Compartió contigo muchos secretos, sabías que era una bruja blanca. Pues bien, también sabes entonces que las brujas blancas nacen para alimentar a las brujas poderosas, o en este caso a las hechiceras. Mi madre ha cumplido con el trabajo que le vino dado por su condición, alimentó a su hija con su magia y ahora es el momento de que me otorgue el resto de su poder para poder comenzar con mi preparación mágica. Es lo justo.
Alegra- ¡No! ¡No le hagas daño! ¿Es qué no piensas en tu padre? ¡Él ama a tu madre! ¡Le dejarás destrozado!



Rhiela- Mi padre hace mucho que dejó de querer a mi madre. Por una parte mejor, no se puede ser feliz con una bruja blanca. Aunque he de decir que eso de que se quería separar pudo haberme estropeado los planes... Menos mal que mi padre siempre fue curioso y encontró de casualidad ese librillo... ¡jajajaja!
Alegra- ¡Eres un demonio! ¡No entiendo cómo de alguien tan bueno como Siluya ha podido salir un monstruo como tú!



Rhiela- ¿Será porque no sólo soy hija suya? De todos modos, no espero que lo comprenda nadie que no se vea en mi situación... Y menos tú que estuviste a punto de matarnos a las dos cuando yo aun estaba en su vientre, sólo por despecho. Así que eres la que menos tienes que hablar.



Alegra- Tranquila, Silu... Te voy a sacar de aquí.

Al ver las claras y crueles intenciones de Rhiela, Alegra levantó a Siluya en brazos e intentó correr con ella. Sabía lo que pretendía la hija de su amiga porque muchas veces Siluya le había contado historias de hechiceras oscuras. Sin embargo, Rhiela no iba a dejarlas escapar tan fácilmente.



Arremangándose el vestido, Rhiela sacó a la oscuridad de la noche su varita mágica, en realidad, la varita de Siluya convertida a la oscuridad y con un rápido movimiento creó una fuerte corriente de aire que desestabilizó a Alegra y la hizo caer. Después, hizo levitar una piedra cercana y golpeó con fuerza la cabeza de la vampiresa.



Alegra quedó semi inconsciente, su mundo se sumía en las tinieblas pero, aun era capaz de sentir algunos estímulos. Así, notó y supo cómo una fuerza mágica la hizo elevarse del suelo y la colocó sobre Siluya que ciega, miraba al infinito.




La vampiresa movió el brazo débilmente para tocar el rostro de Siluya que la miraba sin apenas vida, solamente respirando fuertemente. Alegra, horrorizada, inmovilizada y triste sabía cuál sería el destino de ambas.




Alegra- Silu... Lo siento...



Siluya- ...





Rhiela- Aquí terminan tus enseñanzas mamá. Gracias por todo lo que me has dado... ¡Jajajaja!



Los fuertes movimientos de varita que una vez realizó Siluya, recreados por Rhiela y su voz recreando un oscuro hechizo. Rhiela no cantaba como Siluya. Rhiela susurraba y cuando acabaron sus susurros, un movimiento fuerte hacia arriba creo la llamarada.



De aquella manera tan dolorosa, Siluya le entregó a su hija el último atisbo de su poder, cumpliendo así con la que siempre creyó una maldición, cuando realmente siempre fue una advertencia.



Las llamas consumieron pronto a las que fueron dos buenas amigas y con el sacrificio hecho, a Rhiela sólo le quedaba regresar a casa y esperar a su padre.




Rhiela- ¡Qué bonito final! La despechada que mató a la amiga que le robó el amor de su vida y después, sin poder soportar ser una asquerosa vampiresa, decide poner fin a su vida quemándose ambas para no dejar rastro... ¡Jajajaja! ¡Oh, sí! ¡Así ocurrió!



Ha salido todo mejor de lo que esperábamos...



El tablero de piedra se ha activado. Señor... En el infierno le echamos de menos.





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Capítulo 12: La hija ejemplar.

Mensaje por Saclae el Vie Oct 03, 2014 1:05 pm

Ӂ Capítulo 12 Ӂ:



Capítulo 12: La hija ejemplar.


¡Papá, ha pasado algo horrible! ¡Por favor, ven, estoy muy nerviosa!  ¡Una mujer llamada Alegra ha asesinado a mamá!



A pesar de todo lo ocurrido con Siluya en los últimos años, Zeode no pudo evitar sentir un intenso dolor ante los acontecimientos que le sucedieron a su mujer. Siluya había sido la mujer a la que más había querido en su vida aunque posteriormente le hubiera engañado y fuera una bruja malvada. Cuando recibió la llamada de Rhiela, abandonó el Simfest y volvió a su hogar. Allí su hija le esperaba llorosa y le contó lo sucedido. Al parecer, su madre había salido a dar un paseo y como Rhiela no se fiaba del lugar al que su madre se dirigía, decidió seguirla. La muchacha contó a Zeode como una vampiresa de pelo rosa se abalanzó sobre su madre y tras un forcejeo acabó tirándola al suelo. Rhiela intentó ayudar a su madre, pero antes de que pudiera, la vampiresa dijo que su vida era un infierno y que ambas arderían en el fuego que la había consumido por tantos años. Acto seguido, diciendo el nombre de ambas, se prendió fuego y así ardieron. Rhiela contó que se desmayó al ver aquello y que cuando despertó ya no quedaba nada de ellas. Aquella historia era tan terrible como rocambolesca, pero Zeode, que sabía que los asuntos mágicos no eran atendidos por los humanos, entendió que nadie pudiera hacer nada en una batalla entre seres sobrenaturales. A partir de aquel momento, prometió a su hija que él la protegería aunque tuviera que esconder su condición de bruja.

Rhiela aceptó no contarle a nadie que era una bruja (o hechicera como ella bien sabía), pero se negó a dejar de utilizar su magia y así se lo comunicó a su padre. Sin embargo, los hechizos más oscuros y poderosos no eran prácticados bajo la atenta mirada del padre, sino cuando él no estaba, en una sala adecuadamente aclimatada a aquellas necesidades.



Sus hechizos pasaban de experimentales a invocaciones de elementos, acrecentándose cada día más, puesto que con la muerte de Siluya y la absorción de todo su poder, Rhiela había despertado la totalidad del suyo.



La muchacha se desenvolvía bien en el arte del ocultismo y de su propia ocultación. A pesar de que nadie podía saber que era una hechicera, ella no renunciaba a utilizar lo que por su condición tenía asignado. Mientras que los jóvenes de su edad aprendían a conducir, ella había logrado dominar el vuelo en escoba y había adquirido una muy veloz con la que apenas resultaba ser una ráfaga de viento para los paseantes.



La hija de Zeode era admirada y mirada desde lejos. Hermosa e imponente, de fuerte y extraño carácter. Su fama como hija de Zeode hacía que la gente supiera quien era con tan sólo verla de lejos. Sin embargo, su carácter y la expresión de su rostro dejaba bien claro cuando quería que alguien se acercara o no.



Rhiela, tenía un carácter cortante con la mayoría. Un carácter que no permitía a nadie pasarse en cuestiones de confianza con ella. La excepción a esta manera de ser tan fría con la sociedad se encontraba en su padre Zeode, que últimamente se encontraba muy deprimido porque sentía que había fracasado como marido y como padre. Su vida era un caos y ni siquiera podía estar con su hija lo que quisiera. La prensa había intentado indagar en la muerte de Siluya, pero no pudiendo demostrar que la versión de Rhiela era falsa, quedó certificado como motivo de la muerte el homicidio.




Rhiela- Papá... ¿Otra vez estás triste? Tienes que levantar el ánimo...
Zeode- Déjame, Rhiela. Tú no entiendes por lo que estoy pasando. Yo tenía que ser el cantante más grande y querido de todos los tiempos y lo único que he conseguido es haberme casado con una bruja maligna y haber fracasado como padre dejándote siempre sóla.
Rhiela- Papá, eres el mejor cantante de todos los tiempos, eso lo has conseguido. Aunque últimamente por faltar a tus actuaciones nos encontramos un poco ahogados con las facturas...



Zeode- ¿Crees que no lo sé? ¡Claro que lo sé! ¿Pero piensas que me quedan ganas de cantar sabiendo que siempre estás sola?
Rhiela- Está bien, tranquilo, papá. No quería alterarte... No era mi intención. Sólo te expresaba la situación que tenemos ahora.



Zeode- P-perdoname, hija mía... No queria gritarte... Estoy superado...
Rhiela- Papá... No te preocupes. Rhiela abrazó a su padre y eso calmó a Zeode. Cuando su hija lo abrazaba o estaba a su lado, siempre le inundaba una sensación de confortación, como si una una parte de él regresara a sí mismo y se quedara a su lado. Al fin y al cabo, ella era su hija.



Rhiela- Papá, tú tienes que seguir cantando y hacer feliz a la gente. Así,cuando te jubiles no tendrás que preocuparte del dinero que recibirás y podremos estar más tiempo juntos. Yo entiendo lo ocupado que estás con tu trabajo y no creo que me tengas abandonada. ¡Al contrario! ¡Te admiro muchísimo! Ahora necesitamos el dinero por lo que tenemos, pero no te preocupes que cuando te jubiles yo encontraré un trabajo que nos dará mucho más. No has fracasado como marido ni como padre porque me tienes a mí, ¿no crees? Mamá podría ser lo que fuera, pero ella ya no está... Ya no hay oscuridad en esta casa... Podemos salir adelante los dos. Yo voy a ser una bruja totalmente distinta a ella, lo puedo jurar.
Zeode- Rhiela... Qué orgulloso estoy de ti, mi querida hija.

Aquellas palabras de Rhiela cambiaron la actitud de Zeode. El cantante retomó con fuerza sus deberes como artista  y pronto volvió a estar en lo más alto a pesar de su avanzada edad. Rhiela se ocupaba de la casa y de Forcus, el cual, estaba cada vez mayor pero seguía con la misma energía.



Aquel perro era la segunda adoración de Zeode y si algo le ocurría en aquel momento, el cantante se sumiría en una depresión de la que no podría salir. Por ello, Rhiela, siendo consciente de que su mascota no duraría eternamente, decidió probar algunos conocimientos mágicos para poder ralentizar un poco el reloj biológico de Forcus. Si el perro debía morir, al menos que lo hiciera cuando su padre fuera un anciano.




Forcus- Grgrgrgrrrr...



Rhiela- Me da igual que no te gusten estas hierbas, Forcus. Te las vas a comer sí o sí. Mira, para mí sería más fácil dejarte morir por viejo, pero mi padre se deprimiría... Vas a aguantar hasta que yo quiera.

La muchacha contaba con muchos conocimientos mágicos y la práctica de su magia cada vez daba mejores resultados. Podía invocar los ingredientes vegetales y minerales que necesitara sin necesidad de moverse de casa y sabía utilizarlos correctamente para todos sus objetivos.



Rhiela había estudiado desde hechizos para hacer que dos sims pudieran enamorarse, hasta hechizos devastadores, creadores de enfermedad. Su objetivo, ser la más poderosa y encontrar la inmortalidad.



Pero antes de dar rienda suelta a todo lo que tenía planeado, necesitaba la aprobación de su padre. Rhiela tenía muchas ideas en mente respecto con su magia, pero la relación de Siluya con Zeode había creado miedo en éste por los efectos de esta disciplina oculta. El objetivo en aquel momento era claro: hacer que Zeode se olvidara totalmente de Siluya y abriera la mente a la magia que podía producir su hija sin miedo.




Rhiela- Oye, papá, he pensado que tu habitación necesita un cambio.
Zeode- ¿Un cambio?



Rhiela- Sí. He pensado que, cuando te jubiles, te voy a regalar una reforma de habitación. Como ambos sabemos lo mal que lo has pasado... No quiero que tengas malos recuerdos. ¡Así que te la voy a dejar genial y totalmente renovada!
Zeode- A mí me gusta como está, la verdad. Pero viendo lo que has hecho con la casa... Creo que puedo confiar en tu criterio.



Rhiela- ¡Claro que sí! ¡Tú deja a tu hija y verás que no te decepcionas!
Zeode- Nunca me podría decepcionar de tí, Rhiela.
Rhiela- Jejeje... ¡Oye! Van a ser las ocho... ¿No tenías concierto?
Zeode- ¡Ah, sí! ¡Me tengo que ir!



Rhiela- ¡Papá, espera!
Zeode- ¿Qué es esto?
Rhiela- Es un hechizo de buena suerte. ¡Qué tengas mucho éxito esta noche!
Zeode- Gracias, hija.

Zeode se vistió rápidamente y dándole un beso en la frente a su hija, se marchó rápidamente a su actuación, dejando a Rhiela en su habitación.



Rhiela- Mamá, mamá, mamá... ¿Por qué elegiste ser una bruja de luz? Ahora podríamos estar juntas y hubieras entrado en mis planes de conquista... Pero preferiste ser una reserva de energía para tu hija.



Rhiela- En verdad, qué tonta fuiste. No eras una cualquiera para haber podido parir a una hechicera, pero demostraste tu inutilidad con tu decisión. En fin, cualquier lugar en el que estés será mejor que este. Aquí tenías menos utilidad que una roca. Me comprenderás si dejo tu foto en el rincón de mi sala de magia. Papá ya no tiene por qué verte más.

Brujería, hechizos... Palabras que circulaban por la mente de Rhiela todos los días gracias a su incansable estudio.



Todos los días pasaba horas y horas encerrada en su sala de magia. Allí utilizaba toda su energía para aprender nuevos encantamientos y nuevos elixires. Rhiela quería crear un negocio de pócimas y hechicería que bajo la tapadera de una sociedad para la medicina natural, se extendiera por Dragon Valley y después al resto de pueblos. La hechicera tenía la aspiración de convertir Dragon Valley en su particular reino. Cuando llegara al poder sometería a los humanos y haría emerger a las criaturas sobrenaturales, creando la sociedad Hydra. Una sociedad que controlaría todo lo que estuviera a su paso. Su apellido sería el símbolo del reino oscuro de la magia y para ello debía trabajar mucho. Aunque tuviera que aprender los procedimientos más oscuros y rastreros.




Rhiela- Juventud para las almas oscuras... Las lágrimas y la piel dura de la inocencia... Mmmm... ¿Qué significará esto?

Si algún incauto descubría el lado mágico de Rhiela, como podían ser lor paparazzis que siempre seguían a su padre, la muchacha no tenía problema dando buena cuenta de ellos. Su hechizo favorito para ellos era la ráfaga helada, la cual, convertía en estatuas de hielo a sus víctimas. Después Rhiela sólo tenía que destrozar el cuerpo helado y lo guardaba en cajas refrigeradoras. La muchacha, visitaba después los locales de Dragon Valley vendiendo el hielo y gracias a ello, conseguía dinero que podía inventir en ciertos utensilios e ingredientes que no convenía que supiera su padre.



Su padre, por otro lado, había retomado su antigua gracia y su antigua fuerza.



Reivindicándose como el cantante más admirado y querido de toda la comarca.



Por ello y cuando Rhiela consideró que era el momento, le comentó a su padre sus planes a futuro y le habló de su condición de hechicera, pues le interesaba que su padre supiera la diferencia entre ello y una bruja.




Rhiela- Así que esa es la diferencia entre una bruja y una hechicera.
Zeode- Entonces... ¿Eres una hechicera?
Rhiela- Así es. Cuando sea adulta quiero montar un negocio de elixires bajo la tapadera de medicina curativa. Las criaturas sobrenaturales sabrán que son obra de una hechicera, pero la gente normal no... Aun así les ayudará en sus vidas. Si alguien que no fuera una criatura sobrenatural se enterara, pero le interesara contratar mis servicios, como trabajaría bien, no tendría problema de represalias. Así podré cumplir el sueño que tenías de que fuera la bruja, hechicera en este caso, más querida.



Zeode- Pero eso es peligroso, Rhiela... Cuando la gente se entere de que eres una hechicera, habrá represalias.
Rhiela- Papá, no te preocupes. Sólo desvelaré lo que soy si el negocio va bien y me dan premios por ayudar a la sociedad. Les demostraré que las hechiceras buenas existimos y el nombre de Hydra será famoso, por ti, el gran cantante y su hija hechicera que a tantas vidas ayudó.



Zeode- Hija, me enorgulloce escucharte, pero he de reconocer que es peligroso y no quiero que te hagan nada...



Rhiela- No te preocupes. A parte de que se defenderme bastante bien... Mi meta es ayudar a la sociedad tanto como se me ha ayudado a mí en todos estos años con el cariño que te han brindado. Sabes que no soy ni tonta ni temeraria. Lo haré bien y si no es factible, jamás diré lo que soy.
Zeode- Esta bien, hija.

A Zeode no le gustaba mucho la idea de Rhiela y por ello no dejaba de darle vueltas.



Pero Rhiela estaba decidida y no perdía ocasión para poner en claro y organizar sus ideas.



Esto y contando con que el cumpleaños de Zeode llegó sin apenas darse cuenta, hizo que el cantante tuviera que aceptar lo que su hija había propuesto.



Y es que no había que olvidar, que los grandes proyectos comenzaron en muchas ocasiones de ideas que en un principio parecían locuras. La idea de Rhiela lo parecía, pero no era menos cierto que, si salía bien, su hija sería una de las personas más influyentes de toda la comarca y puede que del mundo.



Los tiempos de mocedad de Zeode habían pasado y el gran cantante había llegado a la vejez. Aunque se sentía fuerte, y en realidad lo era, no le apetecía alargar su carrera hasta que no le quedaran fuerzas, puesto que quería disfrutar de su hija y de Forcus.



Aun con su pelo canoso y la poca barba que se había dejado, Zeode resultó ser un hombre particularmente atractivo a pesar de los años y esperaba que, gracias a su vitalidad, pudiera pasar el resto de sus días tranquilo. Observándo únicamente cómo Rhiela triunfaba en su vida.









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Capítulo 13: Traspasando responsabilidades.

Mensaje por Saclae el Sáb Oct 04, 2014 12:41 pm

Ӂ Capítulo 13 Ӂ:



Capítulo 13: Traspasando responsabilidades.



Con la nueva etapa de Zeode, también llegaron los cambios. Tal y como le había recomendado Rhiela, Zeode no tardó en llamar a su agente para avisarle de su jubilación, aunque éste último no se lo tomara del todo bien.



Zeode- Se que he sido tu gallina de los huevos de oro durante todo el tiempo que hemos estado juntos, pero ya tengo una edad y necesito descansar. Soy lo suficientemente famoso como para que mi fama baje por mi jubilación. Implanté una nueva manera de pensar y fui pionero en mi estilo musical. Gracias a todo ello y a todo mi trabajo, me ha quedado una jubilación bastante jugosa y como quiero pasar tiempo con mi familia, ya llegó mi hora de descansar. ¡Naaada de dedicar canciones por privado! He dicho que me jubilo, ¡y punto!

Por otro lado, y tal y como le prometió Rhiela, la muchacha se esforzó en rediseñar la habitación de su padre, dejándola con los colores de su cabello tan llamativo de joven. El negro y el turquesa eran insignia de los Hydra por el cabello de Zeode y eso no se le olvidaba a la hechicera. Aunque el color preferido de ésta fuera la espuma de mar.



Zeode se sentía muy a gusto en su nueva habitación, la cual compartía con Forcus. Ambos eran inseparables ya que ambos se sentían ancianos. La diferencia era que Zeode se sentía con vitalidad y Forcus cada vez estaba más cansado.



Por lo demás, Zeode tenía más tiempo para pasarlo con su hija, con Forcus y para hacer lo que quería. Por fin podía leer el periódico sin prisa y disfrutar de la mañana. Todos aquellos años de sufrimiento y trabajo habían quedado atrás y la tranquilidad volvía a reinar en el hogar de los Hydra. En ocasiones, Zeode pensaba en Siluya y sentía la punzada de la melancolía, pero después, haciendo acopio de su positividad y su fuerza característica, pensaba en lo bueno que le había dado su relación con la bruja, su hija Rhiela.




Zeode- No me puedo creer lo que han subido los precios de las medicinas... ¡Esto es abusivo!



Rhiela- Tú no tienes problema con eso, papá. Mientras me tengas a mí, tendrás la mejor medicina posible. Cuando tenga edad suficiente de montar mi negocio, la gente no será tan estafada, ya lo verás.
Zeode- Me alegra escuchar eso, hija. Aunque... a ver si me vas a envenenar sin darte cuenta, ¿eh?
Rhiela- ¡¿Cómo crees, papá?! ¡Jamás haría nada que te hiciera daño!
Zeode- ¡Jajajaja! Lo sé, lo sé... Era broma, hija.

A Rhiela no le gustaban aquellas bromas. Se esforzaba mucho por encontrar la fórmula de la juventud y la inmortalidad. Además de otorgársela a ella misma, deseaba también dársela a su padre. Sobre todo a él, que el tiempo corría más en su contra. A pesar de ello, Zeode se sentía como cuando era joven y no tenía preocupaciones. Salía de casa con Forcus y ambos se lo pasaban bien. Lo más importante para Zeode era estar a gusto él y su perro. Lo demás le daba todo un poco igual.



Vendedor- ¡Pero si es Hydra! ¡A esta invita la casa, señor!
Zeode- Tranquilo, muchacho. No tengo ningún problema en pagarme el café. ¿Cuánto es?
Vendedor- Insisto, a esta invita la casa.
Zeode- Aish...



Zeode- ¡Ey, Forcus! ¿Ya has terminado de escarbar por ahí? Cuando lleguemos a casa te voy a mirar las patas, que luego me dejas toda la cama llena de tierra.



Zeode- A ver, levanta las patas... ¡Y no te me hagas de rogar que hay que limpiártelas! ¡Ah, eso es! ¡Buen chico!

Mientras que su padre se veía libre de trabajo, Rhiela continuaba con su preparación mágica probando diferentes hechizos y sus efectos. No tenía problema en utilizar maldiciones como encantamientos y lo demostraba día a día con cada incauto que se cruzaba con ella.



Rhiela tenía pocos amigos, muy pocos. No dejaba acercarse a ella a cualquiera porque no lo necesitaba. Consideraba que no podía fiarse de nadie. ¿Y cómo no pensarlo si ella se había alimentado de su propia madre? La muchacha era cautelosa, pero aun así y gracias a su estudio mágico, conocía el tipo de criaturas que existían y aprendió a identificarlas. Gracias a ello, desde niña comenzó a entablar una relación de amistad con un hado que siempre se había portado bien con ella. Las hadas tenían poder mágico y eran capaces de conseguir ingredientes que a Rhiela le resultarían muy difíciles de lograr. Además, su magia era distinta y con la ayuda de una de esas criaturas podría garantizar el éxito de sus múltiples objetivos.
Por todas estas razones, Rhiela se hizo amiga poco a poco de Pan, el hado de las alas rosadas. Con el tiempo, Pan se convirtió en el confidente y mejor amigo de la hechicera y conocedor de sus secretos, aunque no todos. Rhiela le había contado su idea de la sociedad Hydra y le había propuesto ser su socio. Pan aceptó y desde aquel momento, ambos eran inseparables.





Rhiela- No entiendo por qué cuando me vas a ayudar con las tareas tengo que venir a tu casa...
Pan- Porque ya que voy a hablar de los temas de la sociedad a la tuya, ya te puedes mover tú para venir a la mía.



Rhiela- En fin, ¿te has enterado de la gente que tiene problemas en el colegio?
Pan- Mmm sí, no resultó difícil. Aunque vuélveme a explicar el por qué quieres saber si hay niños a los que les molestan y esas cosas... ¿Has cambiado tu visión de negocio por querer ser una profesora? ¡Jajajaja!



Rhiela- Mi visión no ha cambiado en nada. Esos que ahora sufren, son clientes potenciales de mi negocio. ¡No es tan difícil de ver!
Pan- Qué mala eres con los pobres niños...
Rhiela-...



Pan- Está bien. Te contaré la gente de la escuela y del instituto. Existen varios que no caen bien a la mayoría de los niños y adolescentes. Ya sabes, por las típicas tonterías del físico, de ser distinto... En fin, gente ignorante que se dedica a odiar a los que no son como ellos. El caso es que, tal y como tú pensabas, los profesores no hacen nada y hay casos en particular que son bastante... ¡Vamos, que hasta a mí me han dado ganas de intervenir! Por ejemplo, uno de ellos es el de una niña que se llama... Evangelina, creo.
Rhiela- ¿La hermana de Loreem?
Pan- ¡Esa misma! No es una niña muy guapa que se diga y eso contado a que parece que tiene una mancha debajo del labio que hace que parezca que tenga barbita como un hombre, es blanco perfecto para los demás. La niña es muy tímida y no dice nunca nada... Y yo no sé por qué me haces investigar estas cosas cuando me repugnan.
Rhiela- Es por el bien de nuestro futuro. Vamos a mi casa y me sigues contando sobre más que tengan esos problemas. Ya pensaré en una manera de ayudarlos. Ya sabes, yo lo puedo todo.
Pan- Seguramente...



Rhiela- ¡Qué cansinos esos reporteros!
Pan- ¡Con tu hechizo del sapo no creo que vuelva a molestar ese! ¡Jajajaja!
Rhiela- Que diera gracias a que estás tu presente...
Pan- ¿Qué?
Rhiela- Nada, nada... Ya puedes mostrar tus alas. No hay nadie por aquí.
Pan- ¡Por fin! Mira que me molesta guardarlas en el instituto y si encima tengo que guardarlas fuera...
Rhiela- Es lo malo de ser una criatura sobrenatural. Todavía hoy en día nos tenemos que ocultar.



Rhiela- Mi padre y Forcus no están, así que cuídate de dejar por ahí esparcida tu purpurina mágica que luego me pregunta que qué es eso y le tengo que decir que he estado pintando o cosas así.
Pan- ¿Pero aun no le has dicho a tu padre lo que soy? Pensé que él conocía la existencia de las hadas y otros seres.



Rhiela- Y la conoce, pero no es lo mismo que te lo cuenten a que veas a un chico con alitas rosas, ¿no crees? Venga,  vamos a hacer la lista de los ingredientes que me tienes que traer.
Pan- ¡Espera, espera! Tengo hambre, dame de comer antes. ¿Tu crees que trabajo gratis?
Rhiela- ¡Aish! ¿Y qué quieres para comer?
Pan- ¿Tienes tortitas de tu padre? ¡Las cocina de muerte!



Pan- Mmmm ¡Qué rico! Oye, Rhie, ese fuego de la chimenea... ¿Siempre ha sido azul?
Rhiela- Sí, lo invoqué yo.
Pan- ¡Vaya! ¡Ñam, ñam!
Rhiela- Mis poderes se representan en colores azules y negros... Así como era el pelo de mi padre. Son los colores de los Hydra.
Pan- Interesante. Yo nunca me he fijado en el color de mi propia magia.
Rhiela- Pues deberías. ¡El color es una insignia que hace que te reconozcan!
Pan- Mm... No sé, si tu lo dices... A mi es que no me importa que me reconozcan o no. No estoy acostumbrado a la fama como otras.




Pan- A ver, recuento... Polen de campanillas del diablo, lágrima de Orubea... Esta flor me va a costar conseguirla, pero bueno... Mmmm, qué más... ¡Oh! ¿Otra vez polvo de hada adulto? Rhie... no puedo estar cogiendo polvo de mis padres cada dos por tres... ¡Es un bien muy preciado!



Rhiela- Cuando seamos mayores te lo pediré a ti y tu verás si quieres darmelo, ¿vale? Pero ahora lo necesito, por favor...



Pan- Estaaaa bieeeen... Aish... Mira que no te puedo negar nada, ¿eh?
Rhiela- ¡Jejeje! ¡Gracias!


Zeode estaba muy contento con la responsabilidad de Rhiela. Su hija estudiaba y sacaba muy buenas notas, se aplicaba en todo lo que hacía y tenía cada uno de sus proyectos claros. No estudiaría en la universidad, pero con lo inteligente que era, seguro que se desempeñaría muy bien en la vida. Por ello, Zeode fue traspasándole responsabilidades, aunque en realidad siempre las había tenido. Rhiela tenía voz y voto en todas las decisiones que se hicieran en la casa.
Los papeles se habían invertido un poco, puesto que Zeode se dedicaba principalmente a cuidar y estar con Forcus, mantener los objetos de la casa y cocinar (una de sus pasiones ocultas).




Zeode- Bueno, hoy no hay correo... ¡Hombre, amigo! ¡Buenos días! ¿cómo estás?



Zeode- Ay, Forcus... Estamos igual de canosos, ¿eh? ¡Jajajaja!



Zeode- Esto tengo que arreglaro yo por mis pelotas... ¡Vamos cocina! ¡Reacciona, funciona!

A veces el ceder tanta confianza a alguien puede en un futuro decepcionarnos. Seguramente si Zeode hubiera sabido a lo que se dedicaba realmente su hija, hubiera tomado una decisión determinante, aunque dolorosa. Rhiela no era solamente una muchacha que estudiaba y se organizaba de manera muy responsable. Un monstruo bajo disfraz de bella muchacha, ahora con diecisiete años, se movía por las calles de Dragon Valley. La hidra había salido de su cueva en busca de presas. Había entendido el significado del conjuro más maligno de juventud e inmortalidad.



Evangelina- ¡E- es Rhiela Hydra! Ho-hola...
Rhiela- Bien, no hay nadie al rededor. ¡Hola! ¿Eres Evangelina verdad?



Evangelina- S- Sí... ¿Cómo lo sabes?
Rhiela- ¡Ah! ¡Por que yo lo sé todo! ¡Jajajaja! ¿Sabes por qué estoy aquí?
Evangelina- No...
Rhiela- Porque quiero ayudarte. Me ha contado un duendecillo que hay niños que te molestan y he venido a ayudarte.
Evangelina- ¿De verdad?
Rhiela- ¡Claro!



Evangelina- Pero, ¿cómo?
Rhiela- Mira, en mi casa tengo unos objetos que te van a ayudar. Además, serás la envidia de todos porque vas a estar en casa de los Hydra y ellos jamás podrán. Te voy a regalar unas cosas para que presumas y les amenaces con que me vas a llamar a mí cuando te molesten. Verás cómo te dejan en paz.



Evangelina- ¡Eso sería genial!
Rhiela- ¿A que sí? ¡Pues acompáñame que el tiempo apremia! ¡Verás que caras cuando vayas al colegio! ¡Jijiji!
Evangelina- ¡Jijiji!


A Zeode su amor de padre le cegaba. Jamás sabría, si no comenzaba a abrir los ojos, que no era el padre de una muchacha corriente. A pesar de su condición de hechicera, el corazón de Rhiela estaba muy alejado al de la humanidad. Pero esto, Zeode no lo sabía. El padre admiraba a la hija por todo lo que hacía, por la fuerza y el poder que acumulaba en su interior. Por la furia y la decisión que tenía en sus palabras que en muchas ocasiones parecían justas. Una justicia que servía de disfraz al constante entrenamiento mágico de la hechicera.



Zeode- Qué raro que hoy te hayas decidido a venir conmigo al parque, hija. Con todas las cosas que tienes que hacer...
Rhiela- Siempre podré sacar un tiempo para tí, papá. Aunque me iré un poco antes, ¿vale?
Zeode- Perfecto, yo me quedaré con unos amigos y Forcus.



Ladrona- ¡Oh, si es Zeode Hydra!
Zeode- ¿Qué quieres? ¿Un autógrafo?
Ladrona- ¿Un autógrafo? ¿Está bromeando? ¡Jajajaja! Deme lo que lleve encima.



Zeode- No llevo nada.
Ladrona- ¡No, venga! ¡Jajajaja! ¡Está podrido de dinero! ¡Deme lo que tenga de valor y no sufrirá ningún daño!
Zeode- ... ¿Cómo se puede ser tan tonta?
Rhiela- ¿Pasa algo, papá?
Ladrona- ¡Y encima la hija! ¡Hoy es mi día de suerte!
Zeode- Rhiela, vete y llama a la policía.
Rhiela- ¡Jé! Ni hablar. Yo me encargo de ella. Apártate, papá.
Zeode- ¡Rhiela!
Rhiela- ¡Apártate, ya!



Zeode- ¿Será posible que la niña esta me trate así?
Ladrona- A ver, niñata. ¿Qué te pasa? ¿Te crees muy valiente?



Rhiela- La valentía es algo que vas a necesitar cuando te mires la próxima vez en el espejo. ¡Muestra al sapo arrastrado y baboso que llevas dentro! ¡Ahora!



Ladrona- ¿Qué? ¡Croac! ¡Croac!
Zeode- ¿¡Pero qué has hecho, Rhiela!?
Rhiela- Vámonos de aquí a sentarnos a un banco mientras ésta sale corriendo, papá.



Zeode- P- pero... ¿Qué has hecho? ¡La convertiste en una rana ambulante!
Rhiela- ¡Jajajajajaja! Sí... Pero no te preocupes, papá... Ese hechizo también provoca amnesia. Así que la tonta no se acordará de quien le hizo eso cuando vea que es una rana. Lo único que percebirá serán los motivos por los que está así, en este caso: intentar robar. Pero el hechizo le durará unos dos o tres días... ¡Deja de preocuparte! ¡Jajajaja!



Zeode- Pero es que... Estoy sorprendido... A tu madre nunca la vi hacer esas cosas...
Rhiela- Yo hago muchas más cosas que mamá... Pero buenas, claro.
Zeode- ¿Y en esto dices que se basará tu negocio?



Rhiela- ¡Sí! ... Jejejejeje Puedo generar hasta hechizos de amor...
Zeode- ¡¿Qué me dices?!
Rhiela- Lo que oyes... Puedo hacer que dos personas se enamoren con un hechizo... Pero claro, ese tipo de servicio lo voy a vender mucho más caro ¡Jajajajaja!
Zeode- Hija, me sorprendes y me das miedo a la vez...



Rhiela- No por nada te dije que iba a ser la hechicera más poderosa de la comarca. El apellido Hydra será admirado en todo el mundo. ¡Ya lo verás, ya! ¡Jajajaja!
Zeode- Oh... Y oye, ¿no tendrás algo para el dolor de huesos?
Rhiela- ¡Por supuesto! Pero si necesitas que te ayude con ese dolor, lo hare cuando llegues a casa. Ahora me tengo que ir corriendo, que debo comprobar si se endurece... Si la masa que usé para hacer una estatuilla para la clase de artes en el instituto se ha endurecido, me refiero. Y así puedo pintarla para mañana.
Zeode- ¡Ah, perfecto! Ve, hija. Yo me quedo por aquí charlando.
Rhiela- ¡Genial! ¡Te quiero!

Rhiela tenía tan controlado todo lo que hacía que era extremadamente difícil descubrir todos sus secretos. Cuando llegó a su casa y percibió el olor nauseabundo y penetrante de la putrefacción comprobó que algo no estaba haciendo bien. Se dirigía a la sala de hechicería cuando de pronto vio por el rabillo del ojo una mancha roja y brillante que salía de la pared del gimnasio de su padre.



Rhiela- ¡Maldición! El cubo debe haberse rebosado... Esa niña sangra más de lo que pensaba.



Rhiela- Debo recoger todo esto antes de que venga mi padre y lo vea. Haré algún hechizo de reconstrucciñon para las paredes, porque si la sangre ha traspasado la pared, ha debido de estropear la piedra.



Rhiela- Pero este olor... Algo debo estar haciendo mal... Se está descomponiendo y eso no es lo que quiero. Tengo que averiguar que es lo que falla. ¡No puedo dejar que se estropeen mis planes!

Rhiela había descubierto el significado de aquel hechizo maligno que no comprendía. El conjuro llamaba a la piel endurecida, las lágrimas y la sangre de la inocencia y, después de haber estado pensando mucho en el significado, Rhiela había llegado a la conclusión que los ingredientes del conjuro debían ser la piel, las lágrimas y la sangre de los niños. La hechicera sabía bien que no todos los niños eran inocentes, el mejor ejemplo estaba en ella pero, también sabía que los únicos que podían tener inocencia eran ellos y los animales. Sin embargo, los animales no servían para su propósito porque un hechizo de semejantes características realizados con animales no podía dar resultados tan duraderos para humanos. Así pues utilizó a Pan para averiguar que niños sufrían del acoso y derribo de los demás y no respondían con maldad. Ellos poseían la inocencia que necesitaba y eligiendo al azar a uno de ellos, en este caso, la pequeña Evangelina, la raptó y la encerró en una sala de torturas para conseguir el material que necesitaba. La sala estaba debidamente insonorizada para evitar que nadie la descubriera, pero como necesitaba endurecer la piel de la niña, optó por matarla y colgarla, para que al desangrarse su piel se secara. Sin embargo, el plan no estaba saliendo como esperaba y el olor de la putrefacción podía delatarla. Incluso Zeode se percató del olor, aunque él creía que procedía por motivos distintos.



Zeode- Voy a cocinar una tarta de calabaza, a ver si el olor enmascara el otro olor asqueroso... Se ha debido de joder alguna tubería. Voy a tener que llamar al fontanero para que eche un vistazo al sistema de cañerías.



Zeode- ¡Jo, me quedó de vicio!

Pero antes de que Zeode pudiera llamar al fontanero, Rhiela ya había descubierto su error. Debía limpiar bien el cuerpo para que sólo estuviera la piel en contacto con el aire y acondicionar aquella sala para que no hiciera ni demasiado frío ni demasiado calor y así se diera la curación de la piel. Así, retirando las partes que estaban más afectadas y gracias a unas flores de muy agradable olor que Pan (sin saber para qué las utilizaría) le había dado, consiguió camuflar el olor. Cuando pudo extraer la piel dura, realizó el conjuro y resultó un éxito.



Rhiela, en uno de sus entrenamientos se había hecho una quemadura, y el líquido resultante de aquel conjuro logró regenerarle la piel por completo. Sin embargo, ella misma sabía que el efecto no era duradero para conseguir la inmortalidad y juventud tan deseada para su padre, por lo que supo que la cacería había comenzado. No importaba cuantos niños tuviera que capturar, su padre volvería a ser joven e inmortal costara lo que costara y ella, sería la hechicera eterna que sometería a todos bajo su control.

Zeode ajeno a todo lo que sucedía en su casa, se iba percatando de que Forcus estaba cada vez mayor y se entristecía de ver a su amigo con menos vitalidad. Le cuidaba y dedicaba su tiempo, pero se notaba su melancolía en todo lo que hacía.



Por ello, Rhiela dio un paso más y decidió traer una nueva mascota al hogar. A ella no le disgustaban los perros, pero le gustaban más los gatos y pensando en que ya había vivido con Forcus lo que era tener un perro, optó por buscar en el centro de adopción un gatito.



Cuando vio un cachorro que le gustó suficiente, realizó todo el papeleo para que lo trajeran a casa. El cachorro haría que Forcus se moviera algo más y ello causaría un efecto calmante para el corazón de su padre. Por otra parte, si el final de Forcus llegaba, la nueva mascota ayudaría a mitigar el dolor, porque sería ella la que necesitaría cuidados y atención, no dejando momentos para pensar en la muerte del querido amigo de Zeode.




Rhiela- Papá, ya me voy al instituto. Estate atento a la puerta porque va a llegar una sorpresita...
Zeode- ¿Una sorpresita? ¿Qué es?
Rhiela- Ahhhhh... ¡Ya lo verás! ¡Jajajaja! ¡Me voy!

Cuando trajeron al pequeño gato, Zeode no lo podía creer. ¿Qué iba a hacer con un gato? El viejo cantante no estaba seguro de querer un gato, pero el cachorro era tan pequeño y tan adorable que pronto se convenció. Además, si lo había adoptado su hija, seguramente sería porque ella también lo querría.



Zeode- ¡Hola, pequeñín! ¡Bienvenido!

El gatito era un abisinio de color blanco y grisáceo, muy de los colores de Rhiela, por lo que no quedaba duda de quien lo había escogido. La hechicera decidió llamarlo Ocaso, porque su llegada marcaba el ocaso de Forcus y el nuevo amanecer para los que continuarían adelante.



Forcus, por su parte, no tardó en hacer buenas migas con el nuevo miembro de la familia. Estaba viejo, pero agradecía la llegada de un pequeño compañero de juegos.



Ocaso en seguida mostró su inteligencia y sus dotes de cazador, lo cual encantó a Rhiela, ya que iba a necesitarlo y le serviría de mucha ayuda.



Así, la muchacha no tardó en hacerse amiga del pequeño gato. Podría decirse que, además de para suplir la partida de Forcus cuando llegara, Ocaso también había sido un regalo de cumpleaños para ella, ya que su cumpleaños estaba muy cerca.



Cuando éste llegó, Rhiela decidió no celebrarlo con nadie. No quería que nadie que ella no quisiera entrara en la mansión Hydra. Ese lugar estaría prohibido para todo el mundo en un futuro, aunque por el momento no podía hacer nada puesto que en la casa, a pesar de ella tener mucha responsabilidad, aun mandaba y ordenaba su padre. Así que con la excusa de querer tener un cumpleaños tranquilo, Rhiela celebró su cumpleaños con su padre.





Y a partir de aquel día, Dragon Valley conocería el poder de la hidra. Rhiela ya era toda una mujer.











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Re: ☽ 1ª Generación: Zeode ☾

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