☽ 2ª Generación: Rhiela ☾

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Capítulo 1: Los planes de Rhiela

Mensaje por Saclae el Jue Oct 23, 2014 6:52 am

Capítulo 1:



Capítulo 1: Los planes de Rhiela.


Rhiela Hydra, la hija del famoso cantante. Conocida en Dragon Valley bajo el nombre del "Águila blanca" por su peculiar aspecto, no pasó mucho tiempo para que Rhiela se ganara un puesto muy importante como personalidad de Dragon Valley. Los habitantes del lugar se sentían orgullosos de que en su pueblo viviera una mujer tan hermosa y especial como aquella. Era tan misteriosa, mística e imponente que todos enmudecían a su paso, considerándola en muchas ocasiones como una bendición. Lo que no podían ni imaginar, es que aquella amable visión que poseían de la joven distaba mucho de la realidad.



Tal y como había expresado desde que era una adolescente, Rhiela se dedicó al completo al estudio y preparación de la alquimia. Sus elixires tenían propiedades muy poderosas pero, aquel poder no podía compararse al que abergaba en su interior. Rhiela no sólo controlaba y manejaba la alquimia a su antojo, también era capaz de generar los más terribles y oscuros hechizos.



Tenía todo bajo control para que nada de lo que hacía pudiera salir mal. Sin demora, cuando Ocaso creció, fue entrenado en la habilidad de caza para que buscara las pequeñas criaturas necesarias para los elixires de la hechicera.



El felino actuaba con diligencia y eficacia, y muy pronto se convirtió en una de las mejores armas de búsqueda de la terrible Rhiela que no dudaba en utilizar cualquier ingrediente necesario en sus preparaciones. Por muy difícil que fuera encontrarlo, por muy cruel que resultara su obtención, Rhiela siempre conseguía sus propósitos.



El objetivo de la hechicera era la inmortalidad para ella y para su padre. Para ello utilizaba la piel, las lágrimas y la sangre de niños que capturaba sin que nadie sospechara, sin que nadie la viera. ¿Qué podía hacer una pequeña criatura ante el poder hipnótico y absorvente de la maligna hechicera? Ella no tenía que buscarlos, simplemente, algunas noches emitía una pequeña luz mágica que como si de una campana de cristal se tratara, atraía con una hermosa y tenue llamada a las almas de los niños. Ellos tomaban el camino inmersos en un sueño del que no podían escapar y terminaban en las garras de Rhiela que sin ningún tipo de escrúpulos los utilizaba como un ingrediente más. Estas desapariciones de niños lograron que la gente de Dragon Valley se preocupara y que empezaran a buscar culpables. Los malos sentimientos se apoderaron del pueblo y la búsqueda de medicinas alternativas se extendió como la pólvora. Aquel era el momento para que Rhiela procediera a la segunda parte de su plan. La compra de un local de alquimia para vender sus elixires y comenzar a sacar a la luz a las criaturas sobrenaturales sobre los humanos.



La hechicera tenía muy claras sus metas y estaba dispuesta a llegar hasta el final. Con el tiempo, su poder se haría necesario para la existencia de los habitantes de Dragon Valley y gracias a eso, gobernaría sobre todos ellos para luego extender su poder por el resto de comarcas y continentes.




Michael- Buenas noches, Rhiela. ¿Qué te trae por aquí? Aún no nos ha llegado lo que pediste.
Rhiela- Buenas noches, Michael. No he venido a ver si estaban mis ingredientes sino a informarte de algo.



Michael- Tu dirás, pues...
Rhiela- Este lugar necesita una nueva imágen, ¿no crees? Una reforma, digo.
Michael- Mi negocio lleva así varios siglos. Al ser un negocio familiar he querido respetar la decisión de mis antepasados de dejarlo así.
Rhiela- ¡Jajaja! Bueno, eso se va a acabar.



Michael- Perdona, debe ser que hoy no ando muy despierto pero... ¿Cómo que se va a acabar? ¿A qué te refieres?
Rhiela- Toma. Lee.

Rhiela lanzó unos documentos sobre el mostrador del local y conforme la cara del vendedor iba cambiando mientras los leía, la hechicera sentía una maligna satisfacción.

Michael- ¿Có- cómo que este local es ahora de tu propiedad? ¡Pero si yo no lo he puesto en venta!
Rhiela- ¿Y qué importa eso? ¿Cuántos beneficios tienes? Muy pocos, ¿verdad? No son suficientes para mantenerlo. Sin embargo, yo he alegado que como nueva dueña podría darle el impulso económico necesario y conseguir beneficios. Al ayuntamiento lo que le interesa es ganar dinero y si hay locales a los que no pueden aumentar los impuestos y, por lo tanto, no aportan nada, pierden beneficios y no consiguen sus objetivos. Así que no me ha hecho falta la firma de un dueño al que consideran un incompetente. Por lo tanto, ahora este local de alquimia es mío.
Michael- ¡Pero Rhiela! ¡Es un negocio familiar! ¡No puedes hacerme esto!



Rhiela- Te equivocas, no es un negocio familiar... Lo fue y lo será, pero de los Hydra. Y por cierto, ya lo he hecho. Sin embargo, no todas las noticias van a ser malas para tí, Michael. Tienes experiencia en ventas de este tipo y conoces a muchos productores y vendedores por lo que mantendrás tu puesto de trabajo. No te preocupes, te pagaré muy bien y cuanto mejor trabajes, mejor serás pagado. Dejarás de vivir en esa choza cerca del río, te lo aseguro. Ya sabes de qué calidad son mis elixires. Con el tiempo, un elixir catalogado como "Hydra" se venderá muy caro y los beneficios serán muy altos. Si en el fondo te viene hasta bien que haya comprado tu localucho.
Michael- ...
Rhiela- No te voy a pedir que pienses mi oferta porque ya está decidida. De todos modos, si no quieres, no tengo ningun problema en buscarme a otro que pueda ejercer tu oficio. En el fondo tu sabrás si quieres vivir bien o arruinado... ¡Oh! Un momento, me llaman...



Rhiela- Ah... ¿Ya estás aquí? Perfecto, ya le he dicho a Michael que ahora este se llamará "Elixires Hydra". Ya salgo. Bueno, Michael, he de retirarme. Nos iremos viendo para la remodelación del sitio. Y no te olvides de avisarme cuando llegue mi pedido.
Michael- Sí, Rhiela, yo te avisaré...

La hechicera lograba hacer lo que deseara sin que nadie pudiera imponerse a sus decisiones. Similar a un diablo, la hechicera lograba realizar pactos que beneficiaban a los demás pero que, dichos beneficios no podían compararse a los que obtenía ella. A Rhiela no le importaba que otros tuvieran su ayuda siempre y cuando ella pudiera aprovecharse al máximo de ellos. Así ocurrió con Michael, el vendedor de la tienda de elixires. Trabajaría para Rhiela y viviría muy bien a cambio de que la hechicera fuera la dueña absoluta y por tanto, lograra sus objetivos.

No obstante, Rhiela no estaba sola en sus proyectos. Siempre contaba con la inestimable ayuda de su mejor amigo.




Rhiela- ... No entiendo por qué me dice que esta aquí cuando no hay ni un alma...



Pan- Tres, dos, uno...
Rhiela- Sé que estás detrás. Así que evítate los intentos de susto.
Pan- Ouuuu... Bueno, ¿cómo estás Rhie?



Rhiela- Con setenta mil simoleones menos.
Pan- ¡Guau, eso es una pasta!
Rhiela- Necesaria si quiero tener mi propio local de elixires. ¿Encontraste lo que te pedí?
Pan- Pues sí... Los "yoglocos" son criaturas escurridizas, pero pude atrapar a unos cuantos. No me extraña que te gusten, ¡son adorables!
Rhiela Ya.
Pan- ¿Para qué los quieres?
Rhiela- Su saliva tiene propiedades calmantes. Estoy trabajando en elixires que ayudan a combatir los dolores.



Pan- Pues bueno, los tengo en la camioneta. Te los dejo a buen precio y espero que no les hagas nada.
Rhiela- ¿Cómo que buen precio? ¿Acaso me vas a cobrar a mí?
Pan- Me conformo con una cita, ¿te parece?



Rhiela- ¡Já! A veces me pregunto si eres así de ignorante o es que realmente te lo haces.
Pan- ¿Pues qué pasa? ¡Llevamos mucho tiempo sin salir! ¡Ya casi me he olvidado de lo que es divertirme con mi amiga!
Rhiela- Está bien... En casa hablamos sobre el día y la hora. Pero sabes que soy una persona muy ocupada. Avisado quedas.
Pan- Ya, ya, ya.



Pan- Mmm... ¿Por qué están todas las luces tu casa encendidas?
Rhiela- Algo ha tenido que pasar. Detén el coche.
Pan- ¡A sus órdenes!

Cuando Rhiela llegó a su casa y entró, descubrió que Zeode no se encontraba en el interior.



Rhiela-  ¿Papá?

Un trágico hecho se había desencadenado en el hogar de Zeode. El anciano cantante lloraba lastimosamente en el jardín mientras veía cómo su fiel amigo Forcus debía partir.



Zeode- Forcus...





Su padre no era capaz de verlo, pero Rhiela sí. Un ser oscuro se encontraba en el lugar donde Forcus había fallecido. Zeode se retiró llorando amargamente pero Rhiela se quedó un rato allí, observando a aquel ser detenidamente. Después, sin un atisbo de miedo se acercó a él. El espíritu de la muerte la miró desde las profundidades de su negra caperuza y ambos se sostuvieron la mirada.



Rhiela- Tu tiempo aquí ha concluido. Márchate para no regresar.
Muerte- Nadie puede poner límites a la muerte. Ni siquiera tú, Rhiela Hydra.

Con aquellas palabras, la muerte desapareció pero, Rhiela no pudo más que esbozar una tétrica sonrisa.



Rhiela- Eso ya lo veremos.

Con la muerte de Forcus, Zeode quedó destrozado.



Cada vez que encontraba un juguete de su viejo amigo y lo recogía, sentía una punzada en el corazón. Rhiela podía notar la tristeza de su padre y por ello cada vez trabajaba más arduamente para lograr encontrar el elixir que otorgara la inmortalidad y la juventud.



Pasaba largas horas en su sala de hechizos oculta. Leyendo, sin dejar de leer. Sabía que la respuesta se encontraba en los niños y pronto comenzó a descubrir los motivos.



Ya no era la piel, ni la sangre. Las almas de los niños tenían la clave. Si Rhiela era capaz de sintetizar el espíritu y convertirlo en materia, el elixir de la inmortalidad sería creado por fin.



No era una tarea fácil, puesto que lograr que un alma se convirtiera en materia sólo se podía lograr mediante un hechizo terriblemente oscuro: La reanimación de cuerpos. Rhiela podía  hacerlo, pero necesitaba estudiar más los efectos de los "no muertos" y cómo lograr que las criaturas puras (los niños) pudieran adquirir ese estado. Mientras estudiaba aquellos métodos, no podía dejar de lado su negocio y se dedicaba a la creación de sus poderosos elixires.

Una noche, en la que visitaba en cementerio para intentar comprender los misterios de la vida y de la muerte se encontró con una criatura muy especial.




Rhiela- ¿Qué es eso?

Entre algunas tumbas descansaba lo que parecía ser un lagarto de pequeño tamaño de color verdoso. Gracias a su color era difícil distinguirlo entre las hojas caídas y la hierba pero, la aguda vista de Rhiela no lo dejó pasar por alto y acercándose más, observó que no se trataba de un lagarto común, sino de un pequeño dragón que dormitaba tranquilamente en aquel lugar.



Los dragones eran criaturas maravillosas. Extremadamente difíciles de encontrar, las leyendas y los archivos antiguos decían que solo aquellos que tuvieran la sangre de un dragón podían hacerlo. También existían casos en los que, sin estar relacionado con la sangre de un dragón, se habían encontrado dragones. La realidad era que resultaba muy difícil domarlos aun cuando eran recien nacidos y prácticamente imposible cuando eran jóvenes o adultos. Aquellas criaturas eran tan inteligentes como los humanos y había tanta diversidad entre su especie que el encuentro con un dragón nunca tenía un final predeterminado.



No obstante, y gracias a todo lo que Rhiela había leído sobre ellos, pudo distinguir el tipo de dragón que era aquel y se convenció de que aquel encuentro no debía ser una casualidad sino azares del destino. Se trataba de un dragón Peridoto, un tipo de dragón de pequeño tamaño caracterizado por su color verde y por la capacidad de invocar tesoros como metales o piedras preciosas. Los dragones pequeños, a diferencia de los grandes o los gigantes, podían vivir cerca de los humanos, camuflándose como lagartos comunes. Rhiela agradeció su suerte y utilizando su magia, comenzó a separar las tumbas.



Una de ellas, en vez de separarse, desapareció y del suelo comenzó a emerger un "no muerto". Sin querer, Rhiela había realizado un hechizo de reanimación. No obstante, aquello poco le importó, puesto que su objetivo era alcanzar al pequeño dragón.



El poder oscuro de Rhiela provocó que el no muerto se alzara y comenzara a caminar, deteniéndose frente a la maligna hechicera. Después dio media vuelta en dirección a la puerta del cementerio y con pasos torpes se marchó. Rhiela no podía imaginar que aquel no muerto, emergido de su tenebroso poder era una criatura maligna que necesitaba alimentarse de la carne de otros humanos para regenerar la suya que se pudría constantemente. Ajena a ello, Rhiela logró su objetivo: alcanzar al dragón Peridoto.



El dragón despertó en sus manos y lejos de mostrar resistencia, en seguida aceptó la presencia de la oscura hechicera. Rhiela siempre había sospechado que su familia tenía que estar relacionada con dragones. El apellido de "Hydra" no podía ser por nada y la aceptación tan rápida del dragón le indicaba que sus suposiciones no iban desencaminadas. Rhiela tenía relación con los dragones, aunque no sabía con qué tipo de ellos exactamente.

Lejos del cementerio, en una casa acondicionada a modo de oficina, dos amigos detectives a los que el ayuntamiento de Dragon Valley había llamado por los casos de desapariciones de niños, trabajaban sin descanso para encontrar al culpable o culpables de tal desgracia. Los habitantes estaban asustados por sus niños y aunque no les dejaban salir de casa, los niños seguían desapareciendo. Roberto y Shelby, que así se llamaban los investigadores, tenían una tarea muy difícil por delante aunque, ni siquiera ellos sabían el peligro que entrañaba encontrar al culpable de aquella situación.




Roberto- No puedo explicarme cómo se puede raptar a un niño que no sale de casa.



Shelby  Los niños tienen que ir al colegio, Rober. Seguro que por ahí podemos sacar información. El captor debe aprovechar los momentos clave.



Roberto- Según veo, hay niños desaparecidos que dejaron de ir al colegio por decisión de sus padres. Este asunto no es tan sencillo Shelby. Estamos ante un profesional y lo peor de todo es que ninguno de los desaparecidos ha regresado a casa...



Shelby- Yo también pienso que nos encontramos ante un psicópata, Rober. Por eso debemos esforzarnos por encontrarlo.



Roberto- ¿Sabes? Yo no sé mucho de estos temas como podrías saber tú, que eres una bruja, pero... ¿No crees que podría tener algo que ver con algún tipo de ritual satánico o cosas así? Cuando aparecen casos de desapariciones de niños suelen existir motivos muy perversos detrás y este es un sitio bastante extraño.



Shelby- Quizás tengas razón, pero tenemos que analizar todo lo ocurrido los días de las desapariciones y son casi una treintena de niños...



Roberto- Deberíamos tomarnos un descanso, Shelby.



Shelby- Nos trajeron aquí para investigar las desapariciones de los niños de este lugar. ¿Cómo puedes pensar en descansar cuando hay familias preocupadas por sus hijos, Rober?
Roberto- Shelby, no pienso en descansar. Directamente te digo que necesitamos un descanso. Si queremos ayudar a esas familias, debemos dar el cien por cien de nosotros y, sin dormir al menos un poco, no creo que lo hagamos.



Shelby  Está bien, tienes razón. Vayámonos a descansar un poco... De todas formas no vamos a dejar que ese canalla se salga con la suya y siga haciendo fechorías.






Última edición por Saclae el Vie Nov 28, 2014 2:26 pm, editado 1 vez


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Capítulo 2: Renuncia a la inmortalidad.

Mensaje por Saclae el Jue Oct 23, 2014 12:16 pm

Capítulo 2:


Capítulo 2: Renuncia a la inmortalidad.


La tristeza por la muerte de Forcus había consumido mucho a Zeode. Se sentía débil y cansado con la ausencia de su amigo. Esto hacía que Rhiela supiera que el reloj de Zeode se precipitaba de manera irremediable y rauda hacia sus segundos finales. Por ello, había desplegado todo un plan de acción que consistía en buscar los ingredientes necesarios para el elixir de la inmortalidad.



Con la ayuda de Ocaso, Pan y las largas horas que pasaba en su sala y en el local de elixires, Rhiela fue cercando el medio para lograr que las almas de los niños se pudieran materializar y conseguir con ello el temible y poderoso elixir. La clave estaba en el dragón Peridoto.



Aquel dragón podía hacer emerger un metla o una piedra preciosa al mismo tiempo que la reanimación de un no muerto daba comienzo. Así, hechizo de dragón y de hechicera se unían y el alma quedaba encerrada en el objeto, pudiéndose usar en la preparación. Las largas horas que pasó Rhiela estudiando aquellos métodos comenzaban a dar resultado.

Por otro lado, los "Elixires Hydra" estaban teniendo mucho éxito. Madres y padres desesperados por el dolor de perder a sus hijos buscaban consuelo en la magia. Humanos que antes no creían en ella se adentraban en el mundo de los elixires y aquellas extrañas esencias que podían curar, enamorar, castigar, se hicieron famosas en Dragon Valley.




Michael- Es increíble la cantidad de elixires de sueño y de alegría hemos vendido en estos días. Egoístamente hablando, el autor de las desapariciones de los niños nos está haciendo de oro.
Rhiela- Suena cruel decirlo pero, es cierto. Sin embargo ya me he puesto a disposición del ayuntamiento para poder ayudar a encontrar al culpable. Me han comprado tres cajas de elixires de la verdad.
Michael- Te creo. Sólo hay que ver las mejoras que le has hecho al lugar, Rhiela.

Los "Elixires Hydra" eran la tienda más beneficiosa de todo Dragon Valley. Ganaba mucho dinero y tenía un gran prestigio. Bajo medicina natural y alternativa, los elixires se vendían en cadena y la gente cada vez admiraba más a Rhiela Hydra.



Incluso el aspecto de la tienda había cambiado. De ser un lugar cálido y misterioso, pasó a ser un lugar oscuro al que pocos se atrevían a entrar a preguntar y cuando lo hacían, no volvían a salir jamás. Así, poco a poco, los habitantes comenzaron a conocer la existencia de las criaturas sobrenaturales. Aquellos que jamás se habían atrevido a desvelar su condición, comenzaron a confesar quiénes eran a sus familiares. La magia estaba inundando el pueblo de los dragones, mientras que la culpable se sentía preparada para proponerle el regalo definitivo a su padre: la inmortalidad.





Rhiela- Creía que estarías en la cama, papá. ¿Qué haces levantado?
Zeode- Hola, hija. El fuego azul me relaja... Me siento bien cuando lo veo.



Rhiela- Entiendo pero, algo me dice que no solo estás aquí por el fuego. ¿En qué andas pensando?
Zeode- Jé... Me conoces bien, Rhiela. Pienso en lo que ha sido mi vida y todo lo que hice en ella. Estoy tan desgastado y últimamente lo he pasado tan mal que a veces creo que nací para sufrir.
Rhiela- No digas eso.
Zeode- Es lo que siento. Primero fue mi infancia, después todo lo ocurrido con tu madre y ahora esta soledad que me oprime el pecho...
Rhiela- Sabes que no estás solo, papá. ¿Lo dices por que trabajo mucho?
Zeode- Algo así... Nunca quise decirte nada porque no soy quien para decidir en la vida de los demás, por mucho que seas mi hija, pero siento que con tu poca disposición para tener hijos, nunca conoceré a un nieto o una nieta y eso es algo que me duele...
Rhiela- Ya conoces cual es mi opinión sobre los hijos, papá. Además, no hay nadie en mi vida para que puedas cuestionarte algo así.
Zeode- ¿Ni siquiera ese hado amigo tuyo? Si yo me casé con una bruja, no veo nada raro en que lo hagas con  un hado...
Rhiela- Pan es solo un amigo. Un socio. Pero no he venido a hablarte de mi vida sentimental. He venido a ofrecerte un regalo que disipará todos esos sentimientos malos.
Zeode- ¿Qué regalo?



Rhiela- La inmortalidad.
Zeode- ¿La inmortalidad?



Rhiela- Pero no una inmortalidad cualquiera. Una inmortalidad que te traerá tu juventud. Volverás a tener esos veinte o veinticinco años eternamente. Joven, fuerte e inmortal. Podrás cantar lo que quieras, ser la voz que acompañe al mundo mientras que yo seré la hechicera que lo gobernará.



Zeode-  ¿Gobernar el mundo, Rhiela? ¿Te estás escuchando?
Rhiela-  Claro que sí. Es siempre lo que he querido. Devolverte la juventud y ser eternos. Los Hydra... Únicos seres inmortales conocidos sobre la tierra.
Zeode-  No creo que exista un regalo tan grande como el que me propones sin tener que pagar un precio muy alto por él... Yo no entiendo de magia pero, querida hija, me temo que debo rechazar tu oferta.



Rhiela-  Creo que no me has entendido o tal vez no me he explicado bien... La inmortalidad que te ofrezco no conlleva vejez  ni dolor. Conlleva juventud. ¡Es el eterno sueño perseguido por la humanidad!
Zeode-  ¿Y cómo lo has conseguido Rhiela? Porque esa inmortalidad me suena a algo celestial o algo propio del mismísimo demonio.
Rhiela-  No importa como lo haya logrado. Mis años de estudio y dedicación han logrado que descubriera la fórmula y el hecho aquí es que puedo crear el elixir. Deja que te lo prepare y comprueba los efectos.



Zeode-  Hija, llevo un tiempo preocupado por el tipo de magia que realizas. Aunque tu madre fuera una bruja malvada, antes de que ella estuviera mal, nuestra casa irradiaba luz y paz. Ahora siento la casa como un lugar frío y muy oscuro. Tengo a veces miedo de los pasillos, de las paredes... Lo que desde hacía mucho tiempo me ocurría.
Rhiela-  Lo de mamá era una ilusión y sobre lo que te pasa... Estás preocupado y te sientes solo por la muerte de Forcus, es normal.



Zeode-  No, Rhiela... Yo sé que no es eso lo que me ocurre. En ocasiones, te he visto llegar a casa por la noche y aunque te he mirado desde el sofá he sentido miedo.
Rhiela-  ...
Zeode-  Sé que no es lógico ni normal temer a tus hijos, pero bajo la luz de la luna he percibido en tu mirada un brillo extraño. Tus ojos, que son los míos, querida, a veces parecen vacíos o llenos de ira. Temo porque tus poderes te consuman y te conviertes en una hechicera oscura como tu madre...
Rhiela-  Eso no ocurrirá, papá... De todos modos, para ello tendrás la inmortalidad, para podrás cuidar de que jamás caiga al lado oscuro.



Zeode-  Tesoro, no voy a aceptar la inmortalidad que tanto me ofreces. Una persona debe saber cuando su camino termina y afrontarlo con valor. Aunque mi vida haya estado marcada un poco por la desgracia, logré tener a una maravillosa hija y cumplí mi labor haciendo feliz a mucha gente con mis canciones. No necesito vivir más, Rhiela. Este viejo ha vivido todo lo que debía.



Rhiela-  No te insistiré más por hoy, papá. Pero pronto verás que lo que te ofrezco no es un juego y es algo maravilloso. Lograré convencerte, ya lo verás.

Rhiela había dado el paso y estaba segura que su padre acabaría aceptando su propuesta. Sin embargo, si existía un ser inmune a sus promesas y a su poder de convicción era su padre. Zeode tenía mucha determinación y sabía que de algún modo u otro su vida se estaba terminando. Aun así, no tenía miedo, porque creía firmemente en que podría reencontrarse con Forcus y sus viejos amigos.



No obstante, las pesadillas lo acosaban. Pesadillas como cuando era niño. No entendía su significado y no sabía si aquello era bueno o malo. Todas las noches las mismas imágenes acudían a su cabeza y le hacían meditar sin encontrar respuesta.
Rhiela, irritada porque su padre no le hiciera caso, tenía que lidiar con la organización de su tiempo. Desde hacía un tiempo hasta ese momento, habían aparecido casos muy extraños de no muertos en Dragon Valley que atacaban a los habitantes por la noche, dejándolos medio devorados.La hechicera sabía que aquello tenía que ver con el no muerto que dejó salir del cementerio. ¿Cómo habían aparecido más? Ya lo averiguaría. Por lo pronto, también tenía que atender a su amigo Pan, que se sentía abandonado por ella.




Rhiela- De noche y con la amenaza de unos no muertos por Dragon Valley. Este Pan debe confíar plenamente en mis poderes para haberme citado a estas horas.



Rhiela- Como siempre... ¿Dónde se ha metido?
Pan-  ¡Qué bien! ¡Has venido! Pensé que ya no lo harías.



Rhiela-  Me retrasé un poco, pero ya te dije que tengo una vida muy ajetreada.
Pan-  ¡Ba! ¡Siempre quejándote! ¿Quieres tomar algo?



Rhiela-  Está bien, traeme una copa. Por cierto, ¿y ese peinado raro?
Pan-  Ey, tenía que ponerme decente para  hoy.
Rhiela- Ba...



Pan-  Entonces, ¿ya le dijiste a tu padre lo de la inmortalidad?
Rhiela- Sí y el muy necio no quiere aceptar.
Pan-  Tal vez tiene sus motivos...
Rhiela-  ¿De verdad crees que voy a dejar morir a mi padre?
Pan-  Sé que no, que es la persona más importante para ti. Pero las personas tienen el derecho a elegir en sus vidas y él sabrá por qué no quiere la inmortalidad.
Rhiela-  Tonterías.



Pan-  Deberías ayudar a las familias que sufren porque sus hijos estén desapareciendo, Rhiela. Eso enorgullecería a tu padre.
Rhiela-  Un momento... ¿Piensas que realmente me importa lo que haya pasado con esos niños? No son nada mío. Lo único que ha provocado sus desapariciones es que venda más elixires y gane más dinero. Fin.



Pan-  Me niego a creer que estés de acuerdo con la masacre que se está produciendo desde hace unos años, Rhie. No puedo creer que seas tan egoísta.
Rhiela-  No estoy de acuerdo con las desapariciones, simplemente digo que yo ya he cumplido con mi deber vendiendo elixires de la verdad para encontrar al culpable.



Pan-  Deberías tener a veces un poquito más de empatía con los demás. A veces no sé si es porque realmente no te das cuenta de lo que sienten los demás o porque realmente te da igual.
Rhiela-  Más de lo segundo que de lo primero.



Pan-  Entonces puedo entender un poco los motivos de tu padre para rechazar la inmortalidad. Con lo inteligente que es, seguro quiere que aprendas a tratar mejor a los demás y a ayudarlos de verdad y no porque te beneficie. Tal vez si te ves sola aprendas que no siempre podrás hacer las cosas tú sola y que todos alguna vez necesitamos la ayuda de los otros.



Rhiela-  Hablaste demasiado, luciérnaga rosa. La quedada termina aquí.
Pan- Rhie, espera... No te lo tomes así.



Rhiela-  Yo seré eterna porque lo lograré sola. Mi padre podrá negarse lo que quiera, pero esta misma noche le pondré el elixir en el vaso de agua que toma todas las noches. Yo misma le abriré los ojos y en cuanto a tí. Más te vale no llamarme.
Pan-  ¡No seas exagerada!
Rhiela-  Te vas a aprender a meter en tus propios asuntos a la fuerza. Un amigo no cuestiona, accede y ayuda. Buenas noches.



Pan- Ni siquiera como amigo...


Rhiela se retiró del lugar y dio unas vueltas por el pueblo. Cuando despuntó el alba regresó a su casa, pero lejos de lo que podría esperar, la llamada de la muerte acudió antes que ella.



Rhiela sintió como si le arrancaran de golpe una parte de ella y la separaran a la fuerza y, comprendió entonces, que si no se daba prisa, no podría dar la inmortalidad a su padre.



Zeode, sabía que era el final de sus días, pero lejos de sentir tranquilidad como esperaba, sintió una fuerza muy poderosa dentro de él y las pesadillas que tenía cada noche se presentaron con gran impetú para su agitado y maltrecho corazón. Cada imagen en su mente era como un golpe para su espíritu.





Y con cada desvanecimiento, una imagen más fuerte arremetía contra él. Imágenes de oscuridad, de alguien que él conocía muy bien.



La piedra que custodia al poderoso se abre. La piedra del tablero comienza a girar. Lucen las almas que deberán formar el camino por el que algún día volverá a pasar. Las tinieblas regresan a su hogar.



Gobernador de los abismos de la discordia, aquel que es el lado oscuro de la eternidad, respira fuerte porque la vida te regresa.



A las lágrimas de la maldad castigadora reacciona con tu mirada fantasmal. El condenado cumple la condena y su esencia recorre la tierra.



La vida se abre paso en el fracaso de Rhiela.



El pasado comienza a tornar y a mudar su piel de dragón, mientras la criatura sigue durmiendo. Las alas del dragón se mueven para desperezarse de su eterno letargo.



No existe el temor a los confines de la muerte, porque el óbito es la puerta del nuevo comienzo.




Rhiela intentó atacar furiosa al espíritu de la muerte, pero fue en vano. Una risa resignada en un susurro fue lo único que obtuvo al ver desaparecer a su padre, porque lo extraño de todo aquello era que la muerte no sólo se había llevado el alma, sino el cuerpo de su progenitor.



Y aunque aquel espíritu del mal augurio había desaparecido, Rhiela no se daba por vencida. Llamó al dragón Peridoto y se dispuso a ejecutar su plan. Ella era la única que podía ganar a la muerte y lo haría en aquel momento.



Impulsada por una terrible ira hizo que el dragón invocara un tesoro mientras realizaba un ritual de reanimación con uno de los cuerpos de niño que tenía escondido y con ello hizo el terrible elixir.



Lo siguiente era llegar al cementerio. Allí, el lugar donde se reúne la muerte, era el sitio idóneo para invocar el espíritu de su padre y ante una piedra vacía se detuvo, sin pensar que las cosas no salen siempre como uno las planea.




Rhiela- Voy a traerte de nuevo, papá.



Rhiela-  Primero utilizaré el elixir contigo y después conmigo. Los Hydra seremos inmortales.
???-  No utilizarás nada, poderosa hechicera oscura.



Rhiela-  ¿Mmm?
???-  Debes renunciar a la inmortalidad.



Rhiela- ¿Quién te has creído que eres, repugnante vieja? ¿Piensas que un monstruo como tú va a detenerme?
???-  No pretendo detenerte. Tú misma te detendrás cuando veas lo que tengo que enseñarte.



Rhiela-  No tengo que ver nada de nadie que aparece sin que la hayan llamado. Apestas a espíritu de los submundos, ¿no es así?
???-  Así es. Yo he acompañado a tu familia desde siempre. Eso de que haya aparecido sin que me llamen no es del todo cierto.



Rhiela- Lo que me faltaba por escuchar... ¿Ahora vas a venirme con el cuento de que mi familia está marcada por la tragedia o alguna tontería así? Lárgate si no quieres que te pulverice. Tengo el poder suficiente para deshacerme de espíritus como tú.
???-  Precisamente tu familia no está marcada por la desgracia, sino por la gloria. Pero para que comprendas tienes que seguirme.



Rhiela-  Adéntrate conmigo en las catacumbas y te mostraré los secretos de tu sangre, Rhiela. Entenderás por qué tu padre debía morir y por qué tu debes hacerlo también. Desde niña te preguntaste qué significaba ser un Hydra. Si me sigues, lo sabrás.

Ante aquellas palabras, Rhiela guardó silencio. Hizo un gesto con la mano para que le mostrara lo que tuviera que mostrarle aquel espíritu y se dijo a sí misma que si aquello era una idiotez acabaría con él.



Despacio siguió a la anciana y se adentró en la oscuridad de las catacumbas para ver lo que en palabras de aquel ser era su destino.



Cuando Rhiela salió al amanecer de aquel lugar, su mirada había cambiado. En silencio y pensativa se acercó a un banco de piedra cercano y se sentó a meditar.



Rhiela había cambiado sus planes. Renunciaría a la inmortalidad pero, no obstante, Dragon Valley sufriría su poder. Ella algún día moriría, pero su huella sería necesariamente eterna en aquel lugar. La carne de un Hydra podía sucumbir pero la Hydra era eterna.







Última edición por Saclae el Vie Nov 28, 2014 2:26 pm, editado 1 vez


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Capítulo 3. La novia de Pan.

Mensaje por Saclae el Vie Nov 07, 2014 2:23 pm

Capítulo 3:


Capítulo 3: La novia de Pan.

La muerte de Zeode dejó a Dragon Valley consumido en la tristeza. El cantante más famoso que habían tenido había partido y esto hizo que los demás pueblos y ciudades les perdieran el respeto que tenían. Sobre todo, porque últimamente una misteriosa enfermedad estaba mermando la población de DV de manera imparable. Las grandes ciudades y continentes decidieron cercar y cerrar las fronteras de DV para que aquella enfermedad no saliera de allí. Los habitantes, lejos de creer que era una enfermedad, lo que consideraban era que una maldición había caído nuevamente sobre ellos. Después de la desaparición de sus hijos, ahora sus seres queridos fallecidos hacía algunos años regresaban a la vida bajo la forma de no muertos agresivos y peligrosos. Mataban y los asesinados regresaban a la vida repitiéndose el ciclo una y otra vez. Por esos motivos, los habitantes pedían ayuda a la única persona que sabían que podría hacer frente a tal maldición: La hechicera Hydra.

Sin embargo, Rhiela, la más afectada por la muerte de su padre no había aparecido mucho por DV. La gente estaba preocupada y pedían a gritos una salvación o una respuesta que nunca llegaba de la mansión Hydra. En ese aspecto, ni el propio Pan, gran amigo de Rhiela había podido contactar con ella. La última conversación que tuvieron se cerró con una discusión en la que él había expresado entender a Zeode en su renuncia de la inmortalidad. Pan, al conocer la noticia de la muerte del cantante se sintió mal e intentó contactar con Rhiela, pero no obtuvo respuesta tampoco. Así pasaron los meses y la gente ya no salía de casa. Los pocos que se atrevían eran hadas o seres con una agilidad portentosa que les permitía escapar de las fauces de algún no muerto si se lo encontraban. Así, un día en el que Pan leía a solas en la biblioteca, apareció una muchacha algo nerviosa con signos de haber estado corriendo.




Shelby- Uff, ¡por fin he llegado!
Pan- ¿Eh?



Shelby- A ver, tengo que encontrar el dichoso libro. Tal vez ahí ponga algo...



Pan- Ey, ¡Hola! Pareces cansada, ¿necesitas ayuda?



Shelby- Pues realmente no... ¡Ups! ¿E- eres un hado?
Pan- Mmm... ¿Sí?
Shelby- ¡Qué genial! Sabía que Dragon Valley había reconocido la existencia de las criaturas sobrenaturales y las había incluido en su censo de población pero, si te digo la verdad, nunca pensé que conocería a un hada, ¡jajaja!
Pan- ¡Ejem! Hado o Silfo... Hada es más para mujeres...



Shelby- Uy, sí, sí... ¡Perdón!
Pan- ¡Jajaja! No pasa nada. Mi nombre es Pan. Así es más fácil.
Shelby- ¡Jeje! La verdad es que sí. Yo soy Shelby. Soy una bruja pero, mejor dime Shelby ¡jeje!
Pan- ¡Ah! ¿Eres una bruja?
Shelby- Sí... ¡Pero de las buenas! ¡No de esas que comen niños! ¿eh?... ¡Ups! Ahora que me acuerdo... Tengo que encontrar ese libro.
Pan- ¿Qué libro buscas? Yo paso muchos días en la biblioteca y me conozco casi todos los libros que hay aquí.



Shelby- ¿Ah sí? ¡Pues mira que bien! ¡Me puedes ayudar entonces! Estoy buscando un libro de rituales malignos. Me llamaron para ayudar con las desapariciones de niños que ocurrieron hace algunos años aquí... Ahora con lo de los muertos pues se me acumula el trabajo.
Pan- ¡Vaya! ¿Así que estás investigando el asunto de las desapariciones? Me parece muy bien. Yo también he querido hacerlo por mi cuenta porque conozco a amigos que perdieron a sus hijos, pero nunca pensé que podría estar relacionado con algún ritual maligno.
Shelby- Pues es lo más habitual... Por desgracia, existen brujas malas que devoran niños o hacen rituales con ellos. También existen mujeres y hombres que quieren adquirir poderes de brujo y contactan con espíritus malignos para lograrlo. Normalmente el precio son sacrificios infantiles.
Pan- ¡Qué barbaridad!
Shelby- Pues sí... Pero bueno, para eso estoy. ¡Para ayudar a encontrar al culpable! ¿Sabes dónde puede haber un libro de esos?

Conocer a Shelby fue una de las mejores cosas que le habían ocurrido a Pan. Después del enfado con Rhiela se sentía abandonado. El hado estaba enamorado de la hechicera desde su adolescencia pero ella jamás le había dado paso nada más que para una simple amistad. Una amistad muy fuerte que se había desquebrajado por la última discusión y es que, Rhiela era orgullosa y más en todo lo relacionado con su padre. La aparición de Shelby en la vida de Pan supuso un soplo de aire fresco. La muchacha tenía en común muchas cosas con él y al igual que Pan, quería ayudar a los habitantes de Dragon Valley. Además, era una chica muy hermosa y muy dulce, lo que hizo que poco a poco Pan la fuera mirando con otros ojos.
Estuvieron un tiempo siendo amigos y pronto los dos se decidieron a intentar algo más, convirtiéndose en pareja. Shelby estaba encantada con las criaturas sobrenaturales y no podía creerse que un hado tan guapo y bueno pudiera haberse fijado en ella. De este modo, la detective se enamoró perdidamente del hado de mirada celeste, lo que no pasó desapercibido a los ojos de su ex novio y compañero de trabajo, Rober, que no veía con buenos ojos la relación pero la aceptaba con resignación.





Rober- Hoy tenemos papeleo y papeleo que rellenar... Estoy cuestionándome denunciar a los jefes por sobreexplotación laboral... ¡Uf!
Shelby- ¿Hay mucho que hacer?
Rober- Depende de cuánto consideres dos columnas de papeles más altas que el monitor...
Shelby- ¡Ups! Rober... ¿Te importaría hacerme aunque sea la mitad? ¡Te prometo que mañana me como yo todo el trabajo y te puedes tomar el día libre!



Rober- ¿Otra vez Pan?
Shelby- ...
Rober- ¡Shelby! ¡Estás descuidando el trabajo por estar quedando con el hado!
Shelby- No, no estoy descuidando el trabajo... Pan también me está ayudando en las investigaciones.



Rober- No hay día que no quedes con él o que no salgas antes del trabajo para ir a verte. Nunca hiciste algo semejante cuando estuvimos juntos.
Shelby- ¿Ahora vas a armarme una escena de celos? Lo nuestro terminó hace mucho, Rober.
Rober- No te voy a armar una escena de nada. Solo estoy diciendo la verdad. Nunca te vi conmigo de la manera que te veo ahora, es todo.
Shelby- Será porque ahora vuelvo a estar ilusionada...



Rober-  Claro... Se me olvido que Pan es una criatura sobrenatural.
Shelby- ¿Y eso qué tiene que ver?
Rober- Pues todo tiene que ver...  Nunca me tomaste en serio porque yo soy un simple humano. Eso lo he sabido desde siempre.
Shelby- ¡Ay, no digas tonterías! Mira, Rober... Tengo prisa para estar escuchando tus ataques de celos. De verdad deseo que encuentres a una chica con la que estés bien y pueda darte lo que yo no en su momento. Déjame vivir tranquila mi historia con Pan. El destino ha querido ponerlo en mi vida y no puedo desaprovechar esta oportunidad. Si de verdad me quisiste lo entenderías... Mañana descansa, yo haré todo el trabajo, ¿vale? ¡Y no te enfades conmigo! ¡Sabes que sigues siendo la persona más importante para mí, independientemente de que ya no estemos juntos ni te vea como mi pareja ahora!



Rober- ¿Quién te cree Shelby? ¿Quién te cree? -susurró Rober con un sonoro suspiro.


La noticia del regreso de Rhiela sacudió y despertó a Dragon Valley con fuerza. La hechicera había aparecido y había expresado su deseo de ayudar al pueblo con todo lo que estaba ocurriendo. Rhiela había prometido encontrar al culpable de las desgracias del pueblo y la gente celebraba el regreso de la poderosa hechicera que había ayudado a muchos con sus poderosos elixires. Para celebrar su regreso y hablar sobre el procedimiento que debían tomar para actuar, el alcalde organizó una fiesta con Rhiela como protagonista. Shelby, que admiraba los elixires de la poderosa hechicera o Dama Hydra como así se le conocía, quería ir a la fiesta para hablar con ella y expresarle su disposición para ayudar. El problema era que Shelby no era conocida y no podría acercarse a la hechicera. Sin embargo, Pan le contó que Rhiela y él habían sido buenos amigos y que conocía al alcalde. El hado prometió conseguirle una audiencia con Rhiela y cuando llegó el día, arreglándose como pudo, Shelby se dispuso a conocer a su admirada hechicera.




Shelby- ¡Ay, Pan! ¡Estoy tan nerviosa!
Pan- Tranquila... Rhiela impone pero no mata a  nadie, ¡jajajajaja!



Shelby- ¿Crees que voy bien? ¿Debería haberme comprado algún vestido más caro?
Pan- Déjate de cosas... ¡Tú siempre estás preciosa! Podrías haber venido con pijama y zapatillas que seguirías siendo el centro de atención.
Shelby- ¡Jajajaja! ¡Qué exagerado! No creo que pueda ganarle a la Dama Hydra... Nunca la he visto, pero dicen que tiene una hermosura que impacta.
Pan- Una hermosura muy fría... ¿Mmm? Me parece que estoy escuchando su voz. Ven, sígueme.




Alcalde- ¡Estamos encantados de que haya aceptado la celebración de esta fiesta en su honor, Dama Hydra!
Rhiela- La que tengo que agradecer tales honores soy yo, alcalde. ¡Menudo recibimiento!



Alcalde- Es lo menos que podemos hacer por usted. Siempre ha velado por nosotros con sus elixires y ha ayudado a muchas familias de criaturas sobrenaturales. La muerte de su padre realmente nos dejó consternados, pero nos alegramos de que usted vuelva a estar con nosotros de nuevo.
Rhiela- Mi padre está en un lugar mejor, de eso no hay duda. Gracias por su preocupación. Haré todo lo posible para que este pueblo quede libre de la maldición que trae sobre sus espaldas. Si me permite...
Alcalde- Sí, por supuesto.



Pan- ¿Alcalde?
Alcalde- ¡Pan! ¡Cuánto tiempo! ¡Qué bien te veo! Y qué bien acompañado también... jejeje
Pan- ¡Jajajaja! ¡Gracias alcalde! No podía dejar de asistir al regreso de Rhiela... Por cierto, ¿la ha visto?
Alcalde- Sí, sí. Acabo de hablar con ella ahora mismo. Está en la sala contigua.
Pan- ¡Gracias, amigo!



Pan- ¿Rhiela?


No cabía duda. Allí, de nuevo, frente a él se encontraba Rhiela, su vieja amiga. Imponente como siempre, caminaba majestuosamente de un lado a otro como si no le hubiera escuchado, hasta que de pronto, la profunda e irónica voz de la hechicera, inconfundible para alguien que se había criado junto a ella como Pan, se dirigió directamente al hado.




Rhiela- Cuánto tiempo, alas rosas... ¿Qué haces por aquí?
Pan-... Primero quería ver que estuvieras bien. Con eso de que no volviste a contestar a mis llamadas...
Rhiela- Cómo exageras...
Pan- Y quería presentarte a alguien que quiere conocerte... Una bruja blanca que está trabajando en el caso de las despariciones y los no muertos.

Al escuchar aquellas palabras, Rhiela se giró despacio y clavó sus terribles ojos en los de Pan. El hado siempre se ponía nervioso cuando la hechicera hacía aquello porque aquella mirada significaba una pregunta que debía ser respondida en el momento. Al momento de mirarle, la figura de Shelby apareció por detrás del hado y Rhiela concentró toda su atención en ella.



Pan- Rhiela, te presento a Shelby...
Rhiela- ¿Tu novia?
Pan- Eh... Sí... ¿Cómo lo has sabido?
Rhiela- Por cómo os miráis. ¿Te has olvidado de que a mí nada se me escapa?
Pan- No, no se me ha olvidado.
Shelby- Ho- Hooola... Soy Shelby Turella... Encantada...



Rhiela- Hola, señorita Turella.
Pan- Está un poco nerviosa. Shelby tenía ganas de conocerte.



Rhiela- No has perdido el tiempo en todos estos meses, alas rosas.
Pan- No iba a estar toda la vida solo. Tú no respondías mis llamadas, no sabía nada de tí...
Rhiela- No te he preguntado ni pedido excusas. Puedes hacer lo que quieras con tu vida. Simplemente me ha sorprendido que te hayas unido a otra persona para buscar los culpables de la maldición.
Pan- ...



Rhiela- Anda, dile que se acerque mientras me quito el velo, para acomodarme. Venga, llama a tu novia que está por ahí escondida.
Pan-  Sí... Shelby, ven. Rhiela hablará ahora con nosotros.



Rhiela- Así que... una bruja blanca... ¿verdad?
Shelby- Sí, sí...



Rhiela- Yo no soy una hechicera blanca. Aunque esté del lado del bien. Se me hace interesante conocer a una bruja blanca. Su magia pura puede ser de utilidad para acabar con la maldición de Dragon Valley.
Shelby- ¡Por supuesto! ¡Yo ayudaría en lo que hiciera falta! ¡De verdad, señora!
Rhiela- Ah... No me llames señora, que no soy tan vieja... Apenas debo sacarte un par de años.
Shelby- ¡Pe- perdón!
Pan- Rhiela...



Rhiela- Era broma... Deberías relajarte, querida. No muerdo a nadie.
Shelby- E- es que nunca he estado al lado de una hechicera tan poderosa.



Rhiela- El poder es tan relativo... Dime, ¿a qué te dedicas exactamente? ¿cómo puedes aportar tu ayuda al plan de acción para acabar con la maldición?



Shelby- Pues soy detective, señorita Hydra. Me dedico a investigar crímenes y me derivaron a DV para investigar el caso de las desapariciones de niños en un principio. Luego, con la llegada de los muertos también me pidieron que estudiara ese caso porque podrían estar relacionados.
Rhiela- Ya veo...
Shelby- De verdad que es un placer conocerla. ¡La admiro muchísimo! ¡Nunca creí poder conocer a una hechicera tan hábil con los elixires!



Rhiela- Eso es que no conoces a muchas hechiceras... Lo que nos diferencia de las brujas es que podemos usar tanto la magia como nuestros conocimientos para crear elixires... Bueno, realmente no soy una hechicera, pero entre nosotros lo dejaremos así.
Shelby- ¿Ah no? ¿Y qué es en realidad?
Rhiela- No está bien meterse en lo que no se desea contar...



Shelby- Lo, lo siento... No era mi intención...
Pan- Tranquila, Shelby. No hace falta que te disculpes. Rhiela no se lo ha tomado a mal.
Rhiela- ...
Shelby- ¡Ay, qué tarde! Le dije a Rober que le supliría hoy en la guardia... Siento tener que irme así... ¡De verdad que lo siento!



Rhiela- No hay de qué preocuparse. El trabajo es muy importante. Hay que trabajar duro para conseguir nuestras metas. Señorita Turella, le agradezco su interés por ayudar pero la veo demasiado nerviosa para poder enfrentarse a una maldición de estas características. Deje que nos encarguemos los que sí estamos capacitados. No creo que haga falta decir que si alguien que no lo está participa, puede dar al traste con todo. Estoy segura de que me entiende.
Shelby- ¡Pero yo no soy  ninguna inútil, señorita Hydra!
Rhiela- No le estoy diciendo que lo sea. Simplemente le digo que se dedique a cosas de brujas blancas. Por su bien... No quiero tener que cargar con una víctima tan buena. Yo hablaré con sus superiores, no se preocupe. Disfrute de la compañía del hado y déjeme hacer mi trabajo. Aun así, me alegra ver que hay gente como usted en el mundo. Si me disculpa... paso a retirarme...
Joven- ¡Dama Hydra! ¡Espere! ¡Un autógrafo, por favor!



Shelby- Bueno, Pan, debo retirarme... No fue tan bien como esperaba...
Pan- Shelby... No te pongas triste. Tu eres una detective genial. No entiendo por qué Rhiela se ha puesto así. No te preocupes, yo me quedo aquí y voy a hablar con ella. Entre todos vamos a solucionar esta maldición, ya lo verás pequeña.
Shelby- Gracias, Pan... Te quiero.
Pan-  Yo también.



Rhiela- Aquí tienes.
Joven- ¡Oh! ¡Qué bien! ¡Oh, no me lo puedo creeeeeeeer! ¡El autógrafo de la Dama Hydra!

Cuando Rhiela terminó de firmar autógrafos se retiró en silencio, caminando por los bosquecillos de Dragon Valley. Aunque el silencio lo inundaba todo, la hechicera pudo sentir rápidamente que alguien le seguía.



Rhiela- ¿Por qué me sigues, Pan?
Pan- ¿No crees que tenemos una conversación pendiente?



Rhiela- ¿Qué conversación podríamos tener pendiente tú y yo?
Pan- No entiendo por qué de la noche a la mañana toda nuestra amistad se rompió por un comentario que hice.



Rhiela- Yo no rompí mi amistad contigo, alas rosas. Otra cosa distinta es que tú no hayas sido paciente ni me hayas querido entender en mi dolor.
Pan- ¿A qué te refieres?



Rhiela- Si tanto valorabas nuestra amistad, deberías saber lo que supone haber perdido a mi padre.
Pan- Rhie... Yo lo sé, yo lo entiendo... Llevo arrepintiéndome de lo que te dije desde que lo hice. Pero, también te digo, que siempre pensé que tu padre aceptaría finalmente lo que le ofrecías.
Rhiela- Pues no lo aceptó. Y yo comprendí que la inmortalidad no es mi verdadero objetivo.
Pan- ¿Renunciaste a ella?
Rhiela- Sí.
Pan- Pero...
Rhiela- Tú ya no estás solo, como antes decías. Ya no hace falta que yo sea inmortal para que podamos ser socios durante siglos.
Pan- ... Rhie... ¿Por qué te portaste así con Shelby?



Rhiela- De todas las mujeres del mundo, tuviste que elegir quedarte con una bruja blanca...
Pan- Pero, no entiendo, ¿qué problema hay en ello? Ella me hace feliz, es lo importante.
Rhiela- Pretendes que confíe en ti después de este tiempo cuando te has juntado con uno de los seres a los que más desprecio les tengo... Sabes muy bien lo que opino de ese tipo de brujas. No creo que haga falta que lo repita.



Pan- Shelby es distinta. Es trabajadora, dulce, amable... Se preocupa de los demás... Es muy distinta a las que hayas podido conocer.
Rhiela- Es como todas. Mosquitas muertas que alzan la bandera de la bodad y el amor cuando buscan hombres por lo mismo que las demás. Tener descendencia y seguir con su legado de brujas. Inútiles incapaces de luchar o pelear, víctimas y cebo para los depredadores mágicos más poderosos... Tu novia es igual que todas.
Pan- Rhie, ella solo quiere ayudar. Sabe muchas cosas y está muy capacitada para hacerlo. Dale una oportunidad.



Rhiela- Ninguna bruja blanca se va a entrometer en mis asuntos. Es tu novia y entiendo que te posiciones de su lado. Pero con tu decisión y con tu relación me has traicionado a mí. No puedo dejar que te relaciones más conmigo, estando con esa cosa.
Pan- ¡Rhiela! ¡Parece mentira lo que estás diciendo! ¿Te volviste loca o qué? ¿Tan poco valoras mis años de amistad? ¿O es que acaso ves atacado tu territorio de otra manera por lo que no supiste apreciar?
Rhiela- ¡Jajajajajaja!
Pan- ¿De qué te ríes?



Rhiela- La conversación ha terminado. Pero antes de irme, solo te diré una cosa... No te hagas ideas extrañas respecto a mí cuando el que no eres sincero contigo mismo eres tú. Si quieres hacerle creer a la bruja que la quieres, adelante, son tus asuntos. Pero la realidad es que estás con la lagartija porque el dragón no se interesó en tí. Buenas noches.








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Capítulo 4: No existen barreras para la Dama Hydra

Mensaje por Saclae el Vie Nov 07, 2014 8:05 pm

Capítulo 4:


Capítulo 4: No existen barreras para la Dama Hydra.



Muchas veces, las noches representan tristezas para quienes tienen que vivirlas en soledad o se encuentran estancados sin saber cómo salir de su propia y apagada vida. Pero, la realidad es que nunca se está solo. La tristeza en la oscuridad es un foco para los que en ella viven buscando nuevas presas o tal vez aliados.



Rober-...
???- ¿Qué hace un muchacho tan apuesto sólo en la madrugada? ¿No sabes que Dragon Valley está infestada de no muertos?
Rober- ¿Eh?



???- Pareces entristecido. No merece la pena exponerse tanto por un sentimiento de pena.
Rober- ¿Quién eres tú?
???- Quien te acompañará a tu casa. Si quieres...


Para otros, la oscuridad no supone ningún terror. Rhiela pasaba el tiempo sumida en sus pensamientos. Quien pensara que realmente quería ayudar a Dragon Valley vivía en una mentira feroz.



Los planes de la hechicera eran demasiado profundos, ocultos y complejos como para que nadie pudiera descifrarlos. Después de renunciar a la inmortalidad, sus objetivos estaban más claro puesto que ella consideraba que así debían ser. Dragon Valley debía sufrir para poder obtener lo que quería de aquel lugar.




Rhiela- Ese es el orden fijado... Lógico por otra parte. Si quiero continuar con mi deber tengo que traer al mundo un ser más poderoso que yo. Bien... es un trámite que debe hacerse.




Rhiela- Decadencia de un sueño perdido, yo soy la señora de las necesidades cumplidas. Poder del trueno draconiano de esta sangre que hierve para otorgar un don y un regalo.



Rhiela- Naciste para ser un mortal más a la sombra de los que con elementos y magia te rodean. Despreciado anida en tu corazón la ira roja de la sangre y el fuego, pero tu tiempo como carne sin elemento termina. Rhiela te otorga el poder del viento en las espaldas creando hojas rojas de tu sangre airada.



Rhiela- Obtén el deseo del alma y conviértete en una estrella fugaz ardiente. A la Dama Hydra entregas tu vida para que la convierta en osadía. Osadía de ser lo que siempre deseaste sin que nadie creyera en ti. ¡Levanta! ¡Que tu mirada castigue a quienes intenten atacar al dragón! ¡Caballero de la Hydra! ¡Que al fuego azul acompañe el rojo de tu ira!

Los no muertos habían consumido la vida de las gentes de Dragon Valley. Nadie salía por la noche. Vivían encerrados y no visitaban los cementerios para no tener que ver las tumbas de sus familiares abiertas. El dolor atacaba aquel pueblo sin tregua y solo unos pocos sabían la razón. Entre ellos, Michael, el vendedor de la tienda de elixires, que gracias a Rhiela había mejorado su vida considerablemente. Esto hizo que se convirtiera en un fiel servidor y seguidor de la hechicera, lo que consiguió llevarle a ser su gran confidente.



Michael- ¿Cuánto tiempo estarán atacando los no muertos, Rhiela?
Rhiela- Aun no es suficiente. Dragon Valley debe sufrir más.



Michael- ¿Sufrir más?
Rhiela-  Cuando la desgracia comience a estrangular a los habitantes. Cuando sientan que no pueden respirar más, cuando vean a sus familiares caer. La salvación de la Hydra llegará.



Michael- Pero... ¿No crees que ya la gente está suficientemente asustada? Ya ni salen, ni compran nada...
Rhiela- Todavía no. Hazme caso. Cuando la salvación llegue, venderás mucho más de lo que puedas imaginar. Los Hydras seremos dioses.



Michael- La gente podría sospechar de que tu ayuda llega justo cuando aparecen los no muertos... Podrían descubrirte.



Rhiela- No lo harán. Su desesperación no les dejará ver. Además, cuando los elixires comiencen a funcionar y a hacer que los no muertos regresen a sus tumbas y a ser seres sin vida, levantaré una horda de no muertos que ataque a las ciudades vecinas. Esas que nos han sitiado. Tendrán que humillarse ante Dragon Valley y la gente, dolida y traicionada... Abandonada por esas ciudades sentirá el placer de la venganza y de la superioridad. Dos sentimientos que alzaran a los Hydra a ser quienes gobiernen este lugar. Ahora, comienza la segunda parte del plan. Los no muertos causarán el pánico esta noche.



Rhiela- Levanta, tú que yaces bajo tierra. El olor de la carne humana te llama.



Rhiela- Te otorgo los dientes de un depredador, la velocidad de un felino, la visión de un ave nocturna...



Rhiela- La fuerza del mal en tus podridos huesos se asienta. Persigue hasta conseguir el alimento para mantenerte en pie.



Rhiela- Ya no existen barreras, ya no hay puertas...



Rhiela- Cuando el olor de la sangre te invita a entrar en cualquier lugar.


Rhiela sentía que ya no podía perder el tiempo. No tener la inmortalidad le consumía tiempo para lograr sus planes. El tiempo pasaba para ella como para cualquier hechicero sin longevidad especial. Por ello, y entendiendo que debía traer al mundo a un ser mucho más poderoso que ella, optó por la solución más fácil. ¿Para qué buscar si podía obtener lo que deseaba de una manera muy sencilla?



Rhiela- Eres tan estúpido que vendrás...

Para lo que se proponía, Rhiela necesitaba cerciorarse de que conseguiría lo que deseaba. Por ello, diseñó un elixir poderoso que le ayudaría a aumentar sus posibilidades de éxito. No podía permitirse fallar porque para lograr el camino fácil, solo tendría una oportunidad.



El plan era sencillo, tenía que seducir a un hado incauto y para ello, ¿cuál mejor que aquel que siempre había tenido debilidad por ella? Nunca le había visto como nada más, pero sabía interpretar perfectamente cómo la miraba. De este modo avisó a su amigo Pan con la excusa de que quería cenar con él para que hablaran de todo lo ocurrido.



Pan estaría con la bruja blanca, pero Rhiela sabía perfectamente que el deseo que había anidado durante tanto tiempo en el hado no se había apagado del todo. Al fin y al cabo, para completar su plan, no necesitaba amor.



Por otra parte, Rhiela detestaba a las brujas blancas y aquella nueva se estaba intentando entrometer donde no la llamaban. La mosquita muerta venía con aires de salvación y quería encontrar las respuestas a la maldición de Dragon Valley. Es decir, era enemiga directa de Rhiela. Sí conseguía seducir a Pan, no solo habría logrado su plan, sino que le habría propinado un golpe a la inocente e idiota señorita Turella. Si aquella bruja rubia con cara de ignorante se creía lista, Rhiela le demostraría quien de las dos era el felino y quien el ratón.




Rhiela- Con esto aumentarán las probabilidades de concepción. Si logro quedarme embarazada, necesito que al menos uno de mis hijos sea  un hada.



Rhiela- Bien, ya suena la puerta. Alas rosas ya está aquí. Espero que cumpla con lo que tiene que cumplir.



Rhiela- Bienvenido de nuevo a mi casa, alas rosas. Déjame que cuelgue tu abrigo.
Pan- Buenas noches, Rhie. Gracias...



Pan- No sé si voy a poder comer más postre, la verdad... ¡jajajaja!
Rhiela- ¿A quién intentas engañar? Siempre has sido un glotón.
Pan- ¡Oye!



Rhiela- Me alegra que hayas venido. Tenía miedo de que tu novia no te dejara venir después de lo último.
Pan- Tranquila, Shelby no es rencorosa. Además hoy tenía mucho trabajo que hacer. No le he dicho que he venido a verte porque quería ver si te habías decidido a aceptar su ayuda. Quiero darle una sorpresa.



Rhiela- Esa no me va a ayudar de ninguna de las maneras. Lo dije y lo mantengo.



Pan- ¡Pero Rhie! ¡Shelby puede ser de gran ayuda! ¿Por qué no le das una oportunidad?
Rhiela- No le doy oportunidades a mis enemigos.



Pan- ¿Cómo que enemigos? ¿Ves a Shelby una enemiga? ¡Pero si no te hizo nada!
Rhiela-  Claro que sí. Me quitó a mi hado. ¿Te parece poco?
Pan- *cof, cof* ¿Cómo?

Al oír aquello, Pan se levantó de golpe. No podía creer lo que Rhiela estaba diciendo y comenzó a ponerse nervioso. ¿Para qué le había invitado? ¿Para jugar con él? Si ella siempre había despreciado su cariño como algo más que amigos.



Rhiela, por su parte, disfrutaba de ver la reacción del hado. Observaba sus movimientos y sus resoplidos furiosos. Despacio, se levantó poniendo cara entristecida y dándole la espalda, habló muy despacio, controlando con mucho cuidado sus palabras.




Rhiela- No te preocupes alas rosas. Sé que perdí mi oportunidad por mi obsesión con la inmortalidad. Me duele haberte perdido pero tu mereces ser feliz. Has estado a mi lado durante mucho tiempo para que pueda ahora pedirte nada...
Pan- Rhiela... Yo te quise mucho, muchísimo.
Rhiela- Ahí está... ¡Jajajajaja!



Rhiela- Lo sé. Por eso no me puedes juzgar porque te haya querido ver hoy. Tengo la sensación de que pronto voy a perderte.
Pan- ¿Por qué dices eso?



Rhiela- Tú tienes a tu novia esperándote. Mi decisión de no dejarla ayudarme es firme y eso nos acabará separando.
Pan- No tiene por qué ser así... Podemos seguir siendo amigos, Rhie. Como siempre.
Rhiela- Ya, lo sé... Pero el problema está, en que yo jamás te podré volver a ver como un amigo.



Pan- ...



Rhiela- Lo siento, pero tenía que hacerlo.
Pan- No... Esto no está bien... Yo quiero a Shelby, Rhie...
Rhiela- No importa lo que esté bien o mal cuando se trata de sentimientos. Y no, no la quieres. Al menos no tanto como quisiste o sigues queriendo a la Dama Hydra.

Rhiela consiguió pronto su propósito. Con sus besos envenenados logró doblegar al que fue a su amigo bajo su voluntad. El hado siempre la había querido y deseado y, la tentación de la poderosa hechicera era demasiado grande, tan grande que lo cegó por completo. Él siempre le había servido y los recuerdos de su vida juntos aplastaron aquella noche a los de la dulce Shelby.






Y mientras Pan pasaba la noche con Rhiela, Shelby descubrió una información muy importante que le acercaba al origen de la maldición de Dragon Valley. Un fuego que asesinó sin piedad a dos amigas haría diez años. Siempre se contó que había sido una venganza pero aquello no cuadraba y Shelby sintió que aquellos datos le ponían sobre la pista de un asunto más controvertido y oscuro.




Shelby- Esto... suena terrible... ¿Quién podría hacer semejante locura por amor? Hay mucho loco desde luego pero... ¿Por qué? Esta mujer tenía hijos y familia... Tengo que entrevistarles. Pero bueno, primero voy a llamar a Pan para contarle todo. ¡Ya estoy muerta de sueño!



Shelby- Mmm pues nada... Ya debe de estar durmiendo. ¡En fin, mañana le contaré la noticia! ¡Seguro que con lo que he descubierto, Rhiela me verá con mejores ojos y podré demostrarle que quiero ayudar a este pueblo! ¡Claro que sí! Debería también avisar a Rober... Pero con eso de que no me contesta el teléfono... Espero que no esté muy molesto conmigo. Ya lleva una semana y media sin aparecer. ¡Maldito Rober! ¿Dónde te has metido tú también?



Ajena a todo, Shelby no podía imaginar que Rhiela tenía sus propios motivos para no aceptarla. Lo más fácil para la Dama Hydra habría sido eliminarla por su condición de bruja blanca. Pero Rhiela era orgullosa, cruel y sádica. Su orgullo era fuerte y prefería matar lentamente, al igual que un terrible veneno.



Habiéndose acostado con Pan, el dardo estaba lanzado contra Shelby. Ya solo era cuestión que la bruja se enterara y que con ello, desapareciera de la vista de Rhiela. Por su propio bien.




Rhiela-  Ten lo que mereces, bruja blanca. Vas a aprender por las malas a que no existen barreras para la Dama Hydra.





Última edición por Saclae el Vie Nov 28, 2014 2:27 pm, editado 1 vez


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Capítulo 5: La culpable de la maldición de Dragon Valley.

Mensaje por Saclae el Dom Nov 09, 2014 8:26 am

Capítulo 5:



Capítulo 5: La culpable de la maldición de Dragon Valley.


El plan de Rhiela se cumplió tal y como ella había pensado. A los tres meses de su encuentro con Pan, comprobó satisfecha que se había quedado embarazada del hado.



Rhiela- Aun no puedo creerme que me resultara tan fácil.

Aquella noche con Pan supuso un antes y un después en la vida de Rhiela. La hechicera, por una parte, se sentía traicionada, puesto que cuando despertó a la mañana siguiente, el hado ya se había marchado sin decir nada. Seguramente, el sentimiento de culpa le acosaba y claramente había elegido a la bruja blanca antes que ella. Rhiela no quería a Pan, ni mucho menos, pero su orgullo se sentía dañado. ¿Cómo se podía preferir a una bruja tan inferior a una hechicera poderosa como ella?
De todos modos, Pan había intentado contactar con Rhiela para explicarle que no podía traicionar a Shelby de aquella manera, pero la hechicera se negó a contestarle. Sus planes se verían afectados si lo hacía y prefería esperar en silencio, como si de una araña que hubiera tejido su tela y esperaba oculta se tratara.



La hechicera pasaba las horas y los días encerrada en su casa. Solo salía cuando sabía que nadie podría verla y es que, alguien se había encargado de hacer circular un rumor sobre que Rhiela estaba teniendo una dura batalla contra la magia del más allá. Por el pueblo se decía que la hechicera había enfermado por enfrentarse contra los poderes de la muerte, pero que quedaba muy poco para que lograra el ansiado elixir o hechizo que librara a Dragon Valley de la maldición.

Por supuesto, esto no tenía nada que ver con la realidad. Rhiela se había encerrado para que nadie pudiera ver su embarazo. Nadie podía enterarse, ni siquiera el padre podía ser conocedor de tales noticias. Excepto sus más cercanos seguidores.




Rhiela- Odio estar así.
???- ¿Necesitas ayuda?
Rhiela- En absoluto. No soy ninguna inútil. ¿Cómo vas con el entrenamiento? ¿Va dando sus frutos?
???- Va muy bien. Ya he conseguido mucho poder, si es lo que te interesa saber.
Rhiela- Perfecto.

El tiempo pasaba y los gritos a la mansión de Rhiela se hacían cada vez más comunes. "¡Ánimo Dama Hydra!" "¡Solo tú puedes salvar a Dragon Valley!" "¡Estamos todos contigo!" "¡Todos somos Hydra!". Gritos de ánimo y de buenos deseos para Rhiela eran los que más se escuchaban. Ella, con su embarazo cada vez más avanzado, no podía hacer más que reir.



Rhiela- Ahí están, en las rejas de mi casa... ¿Te lo puedes creer, Michael? ¡Hasta un megáfono han traido! ¡Qyé pesadilla de gritos! Entre las nauseas, el barrigón este que no me deja moverme apenas, y los gritos de los fanáticos estos, estoy deseando que nazcan ya mis hijos... Sí, van a ser dos, lo presiento. Ya queda menos para que lleguen, si la luna nueva  fue quien señaló mi nacimiento, ellos nacerán con luna llena.



Rhiela- Queda muy poco para que te envíe la caja de elixires que comenzarán a dormir a los no muertos. Estate preparado para mi aviso. Por ahora voy a lanzar otro rayo al cielo, a ver si ya me dejan tranquila si ven que estoy bien. Nos veremos muy pronto Michael. Encárgate de decirles a todos que estoy manteniendo una dura batalla... ¿¡Pan!? ¿Ese idiota? Le dices lo mismo que a los demás. Tengo informaciones que no me están gustando nada de él, pero ya hablaremos en su momento. Te dejo... Sí, te dejo. Cuando tengas a dos criaturas en la barriga apretándote la vejiga ya me cuentas las veces que has tenido que ir a mear, ¿de acuerdo? ¡Adios!

Rhiela preveía que sus hijos nacerían en la siguiente noche de luna llena y así fue. La hechicera se encerró en la sala oculta que una vez usó para obtener de los niños lo que necesitaba sin que nadie pudiera escuchar sus llantos y gritos y allí, leyendo su poderoso libro de conjuros, escrito por ella misma y colocado en atril donde se aprendió tanto con los libros que le compraba su padre y había escrito su madre, comenzó a leer un poderoso hechizo que evitaría que nadie viera ningún tipo de luz o poder salir de su casa.



Cuando llegó el momento, a Rhiela solo le quedaba hacer lo que todas las madres con gran dolor realizan. Traer al mundo a sus hijos. Podría haber utilizado cualquier elixir de los que tanto le pedían a su tienda de alquimia las asustadas madres primerizas y no tan primerizas para no sufrir dolores durante el parto, pero decidió no hacerlo. Quería conocer la fuerza de los seres que traería al mundo y para ello debía sufrir el dolor.



Después de horas, sus hijos nacieron a la media noche, lo que le reafirmaba a Rhiela su esencia oscura y mágica. La hechicera acabó tan agotada, que sin importarle mucho el qué pudieran pensar, lanzó un poderoso rayo hacia las nubes. Rhiela hacía esto cuando quería que la gente creyera que estaba bien y que sobrevivía a la gran batalla. Después, de lanzar el rayo, se escuchó en toda la zona grandes aplausos, tan fuertes que el sonido era capaz de llegar hasta donde ella se encontraba, un lugar muy bien insonorizado. El estruendo pudo atravesar las paredes. Todo Dragon Valley aplaudía, puesto que hacía poco, el vendedor de la tienda había advertido que el Elixir estaba a punto de llegar.


Rhiela- Acabáis de venir al mundo y ya lo hacéis entre aplausos... No os podréis quejar.

En la casa de Shelby, los aplausos también se escucharon, lo que despertó a la muchacha.



Shelby- El elixir de la salvación está cerca...
Pan- ...
Shelby- Puede que pronto podamos ver a Rhiela, Pan. He hecho grandes descubrimientos que se que la interesarán...



Pan- Shelby... Deja de pensar en Rhiela. Ella no va aceptar tu ayuda.
Shelby- ¡Pero no entiendo por qué! ¡Tengo información valiosa!
Pan- ... Le gusta trabajar sola y cree firmemente que las brujas blancas no saben defenderse de la magia negra como es debido. Además, dejemos de hablar de ella. ¿Quieres?
Shelby- Llevas mucho tiempo intentando evitar hablar de ella... ¿Estás preocupado por el resultado de su batalla?

Pan, que no le había contado nada a Shelby sobre su desliz con Rhiela, se incorporó despacio. El hado no quería contarle lo que sucedió porque sabía lo sensible que era la muchacha. Haberse acostado con Rhiela fue el gran error de su vida. Siempre le había tratado como un trapo y en aquella ocasión no fue menos. El hado amaba realmente a Shelby y no quería que por un error, la relación tan bonita que tenía con la bruja se rompiera en añicos. El hado había hablado con sus padres sobre la posibilidad de algún ritual mágico para convertirla en hada y que de es modo pudieran estar juntos durante siglos. Aquel, era el momento de decirle su idea.



Pan- Shelby, hace mucho que no me interesa lo que haga Rhiela. No se ha portado bien conmigo nunca. He cometido muchos errores con ella y he llegado a pensar que realmente me apreciaba cuando, lo más seguro, es que no sea así...
Shelby- ¿Crees que Rhiela no es buena? Se le ve tan implicada en todo lo que sea ayudar a los demás...



Pan- No digo que sea mala persona... No lo creo... la conozco. Lo que digo es que siempre se ha educado bajo las ideas del esfuerzo y la superación. Ella quería mucho a Zeode y supongo que cuando murió, como no pudo conseguir la inmortalidad para él, pues se volvió así de fría para todo el mundo.
Shelby- Un momento... ¿Buscaba la inmortalidad?
Pan- Sí, ¿no te lo había dicho?
Shelby- ¡Pero eso es muy peligroso! Solo los seres más poderosos se vuelven inmortales... Las otras maneras de conseguirla son muy cuestionables. Es algo que nos enseñan a todas las brujas.
Pan- Pues no se, Shelby. Solo te puedo decir eso... Y hablando de contar cosas, te tengo que proponer algo.



Shelby- ¿De qué se trata?
Pan- Pues... Creo que ambos nos queremos lo suficiente para saber lo que deseamos el uno para el otro. Tú sabes tan bien como yo, que tu condición de bruja hace que tu tiempo biológico sea igual de longevo que el de un humano, mientras que el mío... Bueno, las hadas vivimos siglos. He hablado con mi familia y hemos llegado a la conclusión de que si tu quieres, podríamos hacer un ritual mágico-feérico para otorgarte identidad como hada. Tu poder de bruja mutaría en el poder feérico de un hada y podrás disfrutar de los mismos privilegios que nosotros.
Shelby- ¿Lo estás diciendo en serio?
Pan- Totalmente en serio.



Shelby- ¡Me encantaría estar a tu lado, Pan! Pero... primero quiero resolver el misterio de la maldición de DV. Creo que estoy muy cerca de hacerlo. Se utilizar mis poderes de bruja, pero si me convirtiera en hada ahora no sabría cómo actuar... Necesito un poco de tiempo para acabar por lo que vine aquí... Además, debo hacerlo por Rober también...
Pan- ¿Rober?
Shelby- Lleva tanto tiempo desaparecido, sin contestar llamadas... Su número ya no existe, se lo retiraron por falta de uso y no he vuelto a saber nada de él... Creo que ha sufrido el ataque de algún no muerto. Le gustaba mucho salir por la noche para pensar y reflexionar... Si lo viera bajo la forma de un no muerto no me lo perdonaría... Ni podría con ello...



Pan- No te preocupes, Shelby. Te ayudaré a resolver el misterio. No te entristezcas.
Shelby- Gracias por estar a mi lado, Pan...

Halire y Albor. Esos eran los nombres de los dos hijos de Rhiela. Una niña muy blanca y un niño de tez algo más oscura pero que al igual que su hermana, parecía iluminarse con la luz lunar.



Rhiela- ¿Qué te parece? ¡Dos hadas! ¡Le di al pleno!
???- Me sorprende hasta dónde puedes llegar con tus planes.



Rhiela- Mis hijos son mi futuro. Nuestro destino debe cumplirse sea como sea.
???- Entiendo...



Rhiela- Bueno, me retiro a descansar. Esto de tener hijos cansa demasiado. Mucho más que el aprendizaje de alquimia y ya es decir... Vrionak, encárgate de ellos mientras yo duermo.
Vrionak- Sí, está bien. Ve a dormir, anda.



Vrionak- Parece mentira que Rhiela se preocupe tanto de sus hijos. Debeis representar mucho para ella... Supongo que vuestra existencia supondrá algún beneficio para vuestra "adorable" madre.



Vrionak- Pero en fin, ella ya lo ha dicho. Uno de vosotros será mucho más poderoso que ella.


Con los niños creciendo poco a poco, Rhiela dio el paso siguiente en su plan y para ello, buscó la ayuda de su amigo y seguidor Michael. Una noche, sin que nadie pudiera verla, quedó con él para hablar de lo siguiente que debían hacer.



Michael- ¡Dos hadas! ¡Jajajaja! Mejor y no te sale, Rhiela...
Rhiela- ¡Jajajajaja! Siempre puedo hacer las cosas mejores. Ya te los mostraré. Emanan poder féerico de cada poro de su piel.



Michael- Será un placer seguir sirviendo a seres tan poderosos. Y hablando de poder... ¿Has traído las cajas?
Rhiela- Sí, ahí las tienes. Recuerda, tienes que salir como un loco, enfrentarte a un no muerto, le lanzas un elixir y el desgraciado caerá a tus pies. Entrega los elixires gratis a la gente. Son muchos y necesarios. Ya llegarán los donativos como agradecimiento.



Michael- Así que salir allá fuera como un loco...
Rhiela- Sí, gritando que los elixires ya están aquí... Bueno, ¿de qué te quejas? A ti no te va a costar nada. Ya estás lo suficientemente loco para que andes preocupándote...
Michael- Eso es cierto.
Rhiela y Michael- ¡Jajajajajaja!

El plan de Rhiela fue un éxito rotundo. Michael obedeció a la hechicera y la gente entró como loca a la tienda de alquimia para conseguir sus elixires. El pueblo se enfrentó a los no muertos y el griterío era general. Una guerra campal se desarrollaba en las calles mientras que otros, sin dejarse poder ver todavía, no podían divertirse tanto.



Rhiela- Aquí todos peleando contra los no muertos y una encargándose de dos bebés... Esta musiquita me va a taladrar los oídos... Lo que tiene que hacer una por el verdadero fin Hydra...



Rhiela- Ala, eso... Ahora que os he apagado el aparatito os dormís... ¿Quién entiende a los críos? En fin, me pondré a leer. Ten hijos para esto... para que te ignoren deliberadamente.


La tranquilidad llegó poco a poco a DV. La vida continuaba para todos, aunque nadie había podido ver a Rhiela todavía. Los rumores decían, que después de la batalla necesitaba descansar y la gente se acercaba a su mansión para dejarle flores, cartas de agradecimiento, de buenos deseos...



Rhiela por su parte, seguía su vida como si nada. Cuidaba de sus hijos y mandaba a su gato Ocaso a pescar y traer ingredientes para sus elixires.




Rhiela- Me preguntó que si te lanzo... ¿Saldrías volando?  Aun no tienes las alas desarrolladas mucho, pero podríamos intentarlo.
Vrionak- ¿Quieres matar a tus hijos antes de que cumplan con la misión de sus vidas? Mira que si los matas te vas a tener que buscar a otro hado idiota a quien hacerle la cama...



Rhiela- ¡Silencio! Solo estaba haciéndome preguntas.
Vrionak- Si no te conociera, diría que sientes debilidad por estos niños.



Rhiela- ¿Cómo no sentirla? Si nacieron de, por y par mí. Ellos son el futuro Hydra. Uno de ellos llevará nuestro veneno más allá de Dragon Valley. Más allá de estos bosques que nos rodean...
Vrionak- Deja a la niña, la vas a atosigar y aun es muy pequeña.
Rhiela- Idiota... Pues me voy con el gato.



Rhiela- Atosigar dice... ¿Quién se resistiría a que yo le atosigara? ¡Muchos darían sus vidas! ¿A qué sí, viejo compañero?

Rhiela parecía despreocupada, pero en realidad, estaba bien informada de los pasos que daban Pan y su novia detective Shelby. La hechicera sabía que la bruja blanca quería encontrar al culpable de todo lo ocurrido en DV a toda costa y vigilaba constantemente cualquier movimiento de la que consideraba un ser inferior.



Vrionak- Correo de tu estúpido ex amigo.
Rhiela- ¿Correo de Panfilo? Hacía mucho tiempo que no me mandaba nada.
Vrionak- Seguramente quiera saber cómo estás.
Rhiela- Voy a ver qué quiere ese traidor. Quédate con los niños.



Vrionak- Hoy no puedo estar tanto de niñera. Tengo información muy interesante para ti y tengo que irme a contrastarla.



Rhiela- ¿Información de quién? ¿De la moscarda?
Vrionak- Sí, de Shelby.
Rhiela- Ahora regreso. Ve al gimnasio. Necesito ponerme en forma después del embarazo.



Rhiela- La carta del hado y facturas... Mucho "salve a Rhiela", "estamos en deuda" pero bien que no se olvidan de mandarme las facturitas.



Rhiela- Así que... La moscarda está a punto de averiguar que yo he sido quien ha causado todo.
Vrionak- Así es.
Rhiela- Qué interesante. No era tan inútil como pensaba.
Vrionak- Voy a seguir vigilando. A este paso, ya sabrá que eres tú la señora de la maldición.



Rhiela- Adelante, entonces. Gracias a tus informaciones sobre esa estúpida nos podemos adelantar a todos sus movimientos. ¡Sigue vigilando y siendo mis ojos como siempre Vrionak!


Cuando Shelby descubrió y tuvo la certeza de que la culpable de todo aquello había sido Rhiela se le heló la sangre. La poderosa hechicera era quien había controlado todo y a todos. Indignada, llamó a Pan y se reunió con él de urgencia. Tenía que contarle todo lo que sabía.



Pan- ¿Qué pasa, Shelby? ¿Por qué tanta urgencia?
Shelby- Rhiela.
Pan- ¿Cómo?



Shelby- Rhiela es la culpable de la maldición de Dragon Valley.



Pan- Shelby... Entiendo que estés disgustada porque Rhiela no te dejó participar en su plan de acción contra los no muertos, pero eso no significa que tengas que acusarla de algo tan grave.



Shelby- No, Pan... No lo entiendes. Todas las pistas y caminos llevan a ella. Todo comenzó con la muerte de su madre Siluya, la esposa del cantante Zeode. Durante mucho tiempo se dijo que había sido asesinada por Alegra Finela, una mujer despechada. Todos los testimonios apuntan a la aparición de una hoguera enorme que decían que fue provocada por Alegra después de asesinar a Siluya para suicidarse. Aunque eso no tenía mucho sentido.



Shelby- Hablé con los hijos de Alegra y me contaron que aunque su madre sufrió por Zeode, logró olvidarle y que vivía muy feliz. Ellos no se creían en nada las informaciones que dio la policía y así, indagando e indagando encontré a un viejo sintecho que le habían desahuciado de su hogar hacía muchísimos años por injurias y calumnias a la hija del famoso cantante. Según decían estaba loco y aseguraba haberla visto en el lugar del crimen de su madre. Zeode, irritado mandó que cayera todo el peso de la ley por tales difamaciones y el hombre quedó en la calle. Hablé con él y aunque ya no está en plenas facultades, supo decirme que jamás negaría ni se echaría atrás en su testimonio. ¡La hija del cantante estuvo frente a la hoguera mientras su madre ardía!



Pan- ¡No puede ser!



Shelby- Después se sucedieron las desapariciones de los niños. Cuando me dijiste lo de que Rhiela había estado buscando la inmortalidad, me pusiste tras la pista. Comencé a mirar los libros de rituales malignos de nuevo y encontré lo que buscaba. Muchas brujas han utilizado sacrificios de niños para intentar buscar la inmortalidad. ¡Qué curioso que cuando Zeode murió, las desapariciones de niños también se detuvieron! A partir de aquello, los no muertos regresaron y ahora, su tienda de alquimia es la que siempre se ha lucrado de los beneficios de la venta de los elixires que han resuelto los problemas que ha sufrido Dragon Valley.



Pan- No puede ser que me haya engañado en todo... ¡En todo! Entonces... ¿Qué fui para ella? ¿¡Un mísero juguete!?



Shelby-  Lo siento, Pan, pero... Aun hay más... Me han dado un soplo. Parece que Rhiela ha vuelto a las andadas con los niños y que pretende llevarlos a un lugar nuevo que ella misma mandó construir a escondidas de las autoridades del pueblo. El sitio se llama, el Templo Hydra. Pero me han informado de donde está.
Pan-  Vas a ir, ¿verdad?



Shelby- ¡Claro que sí! Voy a atrapar a Rhiela con las manos en la masa. ¡No voy a dejar que siga haciendo daño impunemente!


Shelby y Pan decidieron ir al Templo Hydra el día en el que el informador de Shelby les había dicho que la Dama Hydra iría..



Tal y como Michael, el vendedor de la tienda de elixires, había informado a Shelby, el Templo Hydra se encontraba bien oculto a las a fueras del pueblo. La detective, acompañada por Pan, llegaron justo en el momento en el que la poderosa hechicera entraba en él.




Shelby- Ahí está Rhiela... ¡Vamos Pan! ¡No podemos dejar que haga daño a esos niños!
Pan- Shelby, espera... No te precipites... ¡Shelby, espera!



Shelby- ¡Rhiela Hydra! ¡Está detenida por homicidio en primer grado y atentado a la población!



Shelby- ¡Señora Hydra! ¡Deje en paz a esos niños!



Pan- ¡Shelby!
Shelby- ¡Petricus!

El hechizo de Shelby se dirigió veloz hacia Rhiela pero, una luz roja cegadora se interpuso entre él y la hechicera que miraba en silencio la escena.



Un hado con alas rojas como la sangre se encontraba frente a Rhiela. Su mirada rojiza era agresiva y poderosa.



Shelby se detuvo un momento y miró fijamente al hado. No le hizo falta mucho tiempo para darse cuenta de que conocía bien a aquel hombre.




Vrionak- Cuánto tiempo, Shelby.



Shelby- ¡Rober!






Última edición por Saclae el Vie Nov 28, 2014 2:28 pm, editado 1 vez


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Capítulo 6: Fuego Azul.

Mensaje por Saclae el Jue Nov 13, 2014 8:25 am

Capítulo 6:


Capítulo 6: Fuego Azul.

Que Rober, el mejor amigo y antigua pareja de Shelby fuera ahora un hado con cara de pocos amigos fue un hecho que dejó a la bruja de piedra. Físicamente, aun se notaban rasgos propios de él, pero estaba tan cambiado que, si no se le hubiera conocido durante tanto tiempo como ella, lo más seguro es que no se supiera que ese hado y Rober eran la misma persona. Sus ojos oscuros y cálidos ahora eran rojizos y furiosos, sus alas y su ropa brillaban con un fulgor de sangre y su expresión era agresiva.



Rhiela- No entiendo tanta sorpresa. Oh... debe ser que tu ignorancia mágica no te permitió nunca saber que un humano puede adquirir condición sobrenatural con la ayuda adecuada... Claro, muy bruja y fanática de las criaturas sobrenaturales cuando en verdad no sabes nada. ¡Y querías acabar con la maldición de Dragon Valley! ¡Já!
Shelby- Rober... ¡Ba! ¡Luego hablamos! ¡Esos niños necesitan ayuda! ¡Entrégamelos y evitémonos problemas, Rhiela!
Rhiela- ¿Entregártelos? ¿Por qué debería entregarte a mis hijos? ¿Piensas que estoy loca o qué?



Shelby- ¿Qué?
Vrionak- No tengo nada que hablar contigo, Shelby. Ahora sirvo y ayudo a la familia Hydra a la que pertenecen, por si aun no lo has notado, estos niños.
Pan- ¿Qué significa esto Rhiela? ¿¡A qué estas jugando!?
Vrionak- Rhiela no está jugando a nada. Yo soy el encargado y el tutor de estos dos pequeños a falta de validez e interés de su verdadero padre.



Rhiela- Venga Pan... No me dirás ahora que no los reconoces. Si tú mejor que nadie deberías hacerlo. Esas alas deberían decirte con claridad quién es el padre.
Shelby- ¿Pan?
Rhiela- Sí, bruja estúpida. Mucho perder el tiempo investigando mis hechizos y no eres capaz ni de darte cuenta con quién se acuesta tu novio. Saluda a tus hijos, Pan. Albor y Halire.



Pan- ¿¡Qué estás diciendo Rhiela!?
Rhiela- Simple, viejo amigo. El fruto de la noche que pasamos juntos lo tienes aquí. ¿Por qué te crees que no he aparecido en todo este tiempo? ¿Realmente por qué estuviera ayudando a Dragon Valley?
Pan- ¿¡Me ocultaste la existencia de mis hijos!?
Rhiela- Bueno, te ha venido bien. De un modo u otro te he ayudado a guardar el secreto sobre tu pequeño desliz conmigo... Que por otra parte veo que no se lo has contado a la tonta esta.



Shelby- ¿Eso que está diciendo es verdad?
Pan- Shelby... Fue un error y fue hace mucho tiempo.
Rhiela- Que no te engañe, tonta. No ha pasado tanto tiempo desde que ocurrió. Mis hijos apenas han cumplido el primer año y algun que otro mes más. Así que sí, ya estaba contigo cuando pasó.
Pan- ¡Rhiela!



Rhiela- ¿Qué ocurre? Te estoy ayudando a explicárselo...



Shelby- ¡No puedo creer que me hayas engañado! ¡Precisamente tú, Pan! ¡En quién más confiaba!
Pan- Ya te he dicho que fue un error Shelby. ¿Qué tendría que habértelo dicho? ¡Pues claro! Pero tenía miedo de perderte... Eres con la mejor persona con la que he estado y quería que siempre estuvieramos juntos cuando fueras un hada. ¡Todos los días me arrepiento de aquella noche, creéme!
Shelby- ¡Eso no quita el hecho de que me hayas engañado!
Pan- ¡Ya lo sé!



Shelby- Y encima, mira... ¡Tienes dos hijos con la psicópata más grande que ha conocido esta ciudad! ¿En qué lugar quedo yo?
Pan- En el más alto. Porque siempre vas a ser la única para mí y la más importante en mi vida. Pienso luchar por ti, a tu lado... Y pienso luchar por mis hijos. No voy a dejar que se queden al lado de una loca.



Rhiela- ¡Oh! ¡Qué bonito! ¡Cuánto amor y lealtad falsa! ¡Ba! Ahora yo soy la loca... Lo que hay que oír...



Pan- ¡Rhiela! ¡Entregame a mis hijos! ¡Tus juegos se han terminado! Tu adorado linaje se acaba aquí. Mis hijos no llevarán tu apellido y tu acabarás entre rejas. ¡Esta es la manera que tienes de agradecer a tu padre todo lo que hizo por ti! ¡Asesinaste a tu madre y engañaste a tu padre! ¡Nos engañaste a todos! Si Zeode levantara cabeza, se arrepentiría de haberte engendrado.

Al escuchar aquellas palabras, Rhiela se levantó en silencio de su asiento. No dijo ninguna palabra. Sus movimientos eran lentos y aparentemente tranquilos, pero la ira se dibujaba en su mirada. Una mezcla entre desprecio y odio teñía el gris de aquellos ojos que clavados en Pan y Shelby ni siquiera pestañeaban.



Rhiela- Vrionak, es hora de que te lleves a mis hijos.
Vrionak- Muy bien.
Shelby- ¡Rober, espera!

Shelby llamó a Rober pero él no la escuchó. Tomó de la mano a Albor y lo cargó junto con Halire. Después se marchó volando a gran velocidad por la puerta que se encontraba detrás del trono de Rhiela. La hechicera mirando con altanería a la bruja dibujó una mueca de desprecio y sonrisa con su boca.



Rhiela- Su nombre ya no es Roberto. Se llama Vrionak y ha dejado de ser un humano. Ese tipo de seres de los cuales no te fijas. Nunca te sentiste a gusto con él por su condición mundana, tan diferente a la tuya... Te expresas como si fueras buena y amable, pero tienes los mismos defectos que los demás. Juzgas, seleccionas y desprecias. ¿Ahora que es un hado, quieres hablar con él?



Shelby- ¡Eso no es así! ¡Tú que sabes de lo que nos pasó a ambos!



Rhiela- Soy una archihechicera. Yo puedo ver donde otros no pueden ni imaginar. Sé que es un termino que te queda muy grande, pero no  importa. Pronto vas a aprender lo que significa de primera mano... Sobre Vrionak... Tiene muchas cualidades que tú nunca has sabido apreciar. Aprende deprisa, es trabajador y muy inteligente. Además de muy atractivo claro. Pero que eso no lo hayas sabido ver hasta ahora que le ves en su máximo potencial dice mucho de ti. Él va a ser el encargado de tutorizar a mis hijos.



Pan- ¿Cómo que tutorizar? ¡El no es un hado de verdad! ¡Deja de decir estupideces, Rhiela!
Rhiela- Él es un hado tan legítimo como tú e incluso, diría que mucho mejor. Sus poderes féericos nacieron gracias a mí, pero aumentaron conforme fue absorbiéndolos de otras hadas. Ha aprendido todo lo que debe saber un hado y ya es completamente uno de vosotros. Él se encargará de instruir a mis hijos en el mundo féerico. Magia que yo no puedo controlar y a la que no estoy destinada a conquistar.



Shelby- ¡Le estás usando como a una marioneta!
Rhiela- Una marioneta no recibe recompensas ni tiene un papel tan fundamental en las órdenes de su señor. Tú eres la que menos tiene que hablar, puesto que te enteras más bien de poco. Has logrado descubrir que yo soy la responsable de las desapariciones de niños y de la aparición de los no muertos pero, eso no te hace ser inteligente. De hecho, es demasiado torpe por tu parte que, siendo una bruja, hayas tardado tanto en descubrirme.



Pan- ¡Estás loca! ¿Qué te hicieron esos niños, Rhiela? ¿Cómo te transformaste en este monstruo? Yo siempre confíe en ti. Eras demasiado inteligente y tenías un gran potencial como para haberte estropeado de esta manera.
Rhiela- Lo cierto es que no me he estropeado en nada. Siempre fui lo que ve, desde mis comienzos hasta ahora. Busqué la inmortalidad con el afán de hacer que mi padre viviera para siempre y yo igual, impulsada por un deseo que jamás podríais entender. Las lágrimas, la piel y la sangre de los inocentes eran el camino para su obtención. No importa cuáles fueran los métodos, cuando alguien desea algo, hace todo lo posible por lograrlo. Sin embargo, mi papel en este mundo es mucho más importante y va más allá de la inmortalidad. Esta tierra de dragones debe ser de los Hydra para cuando llegue el gran día y nadie podrá impedir que eso suceda.



Shelby- ¡Pan! ¡Ya hablaremos de nuestros asuntos cuando acabemos con esto! ¡Ahora tenemos que detenerla! ¡Está loca! Mientras seguimos hablando, a saber lo que estará haciendo Rober.
Pan- Tienes razón, Shelby. ¡Estoy de tu lado! ¡Detendremos a esta maniática juntos!



Shelby- Rhiela Hydra, no te lo diré dos veces. ¡Entrégate y haremos las cosas por las buenas! ¡De lo contrario no me dejarás otra opción que la de atacar!
Rhiela- ¿Atacar? Así que buscas un enfrentamiento mágico...



Pan- Rhiela, piénsalo. Deja de hacer las cosas tan difíciles. Ya te hemos descubierto, ya no quieres la inmortalidad. Deja que nuestros hijos sean felices y que no cometan los mismos errores que tú.
Rhiela- Eso que tú llamas errores son nuestro medio de vida. Los Hydra hemos nacido para gobernar... ¡Para traer al mundo la desolación!

Rhiela levantó los brazos y sus manos comenzaron a brillar, luego los extendió y una poderosa energía mágica comenzó a cubrirla por completo.



El vestido que llevó cambió, su gesto se volvió más agresivo y el color blanco que siempre le había caracterizado pasó al negro y al turquesa de Zeode. La corona que se formó en su frente indicaba que Rhiela iba a enfrentarse a aquellos dos insectos que le molestaban y en su mente no contemplaba la idea de piedad.



Despreciaba a las brujas blancas. Le repugnaban y aquella ya había llegado demasiado lejos. ¿Quién se creía para intentar detenerla cuando no era más que una mísera bruja? ¿En serio pensaba que su poder podía compararse con el de ella? Con el odio quemándole cada vez más las entrañas, los ojos de Rhiela se tornaron fríos y peligrosos, similares a los de una serpiente.



La Dama Hydra no iba a dejar que nadie se interpusiera en su camino y mucho menos aquellos dos inútiles con complejos de super héroes. Cuando dejó de emanar poder, su aspecto oscuro y su predisposición a la batalla disipó cualquier duda sobre alguna posibilidad de evitar el conflicto.




Rhiela- Veremos cuáles son esas habilidades de las que tanto presumes, bruja blanca. Te voy a demostrar que tu destino, al igual que el de todas las que son como tú es ser aplastadas por los que son más poderosos.
Pan- ¡Shelby no está sola en este enfrentamiento!

La hechicera lanzó una mirada de odio a Pan y con un rápido gesto de su mano, le lanzó una poderosa bola de energía, haciendo que se golpeara contra una pared. La energía de aquella poderosa magia mantuvo al hado pegado contra la pared dejándolo semiconsciente.



Rhiela- ¡Silencio! ¡Esta batalla no va contigo maldito mosquito! -la voz de Rhiela sonaba fría y gélida. Retumbaba con estruendo por todo el lugar, pero era similar al eco del siseo de una serpiente a punto de atacar.

Aprovechando el ataque contra Pan, Rhiela no quiso esperar y centró todas sus intenciones de ataque en Shelby, que al ver que la hechicera levantaba los brazos, sabía que el próximo ataque iría dirigido a ella.




Rhiela- ¡Desaparece!

El hechizo se dirigió raudo hacia Shelby, pero ella no era cualquier bruja. Haciendo muestra de unos grandes reflejos, la bruja blanca consiguió esquivar el poderoso ataque de la Dama Hydra.



Este hecho enfureció aun más a Rhiela, que corriendo hacia la bruja a gran velocidad y con gran agilidad, de manera que sus movimientos se asemejaban a los de una veloz serpiente que se arrastra en busca de su presa, no se percató de que Shelby también sabía contraatacar. La bruja blanca, sin dejarse intimidad por los movimientos y la velocidad de Rhiela, apuntó segura y con precisión a su cuerpo, lanzando un hechizo que golpeó de lleno en la hechicera.




Shelby- ¡Pétricus!

El hechizo Pétricus era un conjuro poderoso que hacía que el cuerpo de la víctima se convirtiera en piedra y que, debido a esto, muriera en el acto.



Rhiela había sido alcanzada y su cuerpo se endureció y convirtió en roca. La sala del templo quedó en silencio y Shelby, sin perder más tiempo, se dirigió a Pan para librarle del hechizo de la Dama Hydra petrificada.




Shelby- ¡Tranquilo, Pan! ¡Todo ha acabado! Espera que te ayude...



Mientras Shelby deshacía el hechizo, un repentino crujir, similar al de una pared que comienza a agrietarse un temblor cada vez más fuerte inundó la sala.



La bruja se giró para ver que pasaba y vio la estatua de Rhiela brillar intensamente llena de grietas luminosas que cada vez se hacían más grandes y emanaban mucha más luz. Sin poder creérselo, protegió a Pan, que ya se encontraba en el suelo, con su cuerpo y a ambos con un escudo mágico. El estallido fue tan poderoso, que infinidad de piedras golpearon contra las paredes y columnas dejando profundas marcas. Cuando el polvo y la luz se disipó, Rhiela se erguía ante ellos, poderosa y con la mirada impasible.




Rhiela- Un hechizo curioso, pero inservible contra alguien como yo.

Sin pronunciar una palabra más, Rhiela se abalanzó velozmente de nuevo contra Shelby.



Con gran fuerza y un movimiento muy poderoso, más propio de un hombre que de una mujer, Rhiela intentó alcanzar a Shelby con otro de sus hechizos.



Así continuó y la bruja a duras penas lograba esquivarla. Shelby era muy veloz porque era muy ágil y había sido entrenada para ello, puesto que las brujas blancas debían aprender a escapar de cualquier peligro que les acechara. Sin embargo, Rhiela peleaba con movimientos rápidos y fuertes. Parecía que otra persona controlaba el cuerpo de la hechicera que usaba técnicas de batalla propias de un guerrero en vez de un hechicero.

No obstante y gracias a uno de aquellos movimientos tan fuertes, Rhiela se desequilibró. Shelby aprovechó la oportunidad y le propinó una terrible patada. La bruja también sabía técnicas de defensa gracias a la escuela de detectives.



Gruñía Rhiela en el suelo, con el estómago dolorido por la fuerte patada de Shelby. Aquella bruja le estaba molestando más de lo que pensaba y su rabia comenzó a acrecentarse de manera peligrosa.



Sin embargo, Shelby no pertenecía a aquellas personas que dejan pasar las oportunidades. Viendo que la hechicera estaba a su merced, optó por dar un golpe definitivo. La solución no era detener a Rhiela, sino acabar con ella. Era una hechicera tan poderosa y malvada, que encerrarla no sería suficiente. Por ello, la bruja blanca, reunió sus poderes y apuntó a la cabeza de la Dama Hydra.




Shelby- En nombre de todos los inocentes a quienes has castigado. Por todos aquellos que han sufrido por tu maldad y tu egoísmo.



Shelby- ¡Te condeno a muerte, Rhiela Hydra! ¡Última Luz!


El grito de Rhiela se escuchó desgarrador y la luz verdosa de la magia pura de Shelby inundó la sala del templo. Poco a poco el grito de la Dama Hydra se fue disipando pero, de pronto y sin que Shelby tuviera tiempo de reaccionar, el grito se hizo cada vez más fuerte y cercano. Una sombra con una velocidad endemoniada atravesó la luz frente a la bruja blanca. La oscuridad consumió la luz y Rhiela emergió de la luz pura.



En aquel momento, el terror atacó a Shelby que sin saber que hacer vio como la mujer que avanzaba como una serpiente se acercaba peligrosamente.



Rhiela agarró con fuerza a la detective que quiso deshacerse de las terribles garras de la hechicera en un intento desesperado por escapar.




Shelby- ¡Pan! ¡Ayuda!



Pan- She- ¿Shelby?...

Rhiela, sujetando a Shelby con fuerza de un brazo la obligó a girarse para que le mirara a los ojos.



Rhiela- ¿De verdad pensabas que ibas a poder escapar de mí? ¿Creías que no sufrirías el mismo destino que todas las que son como tú?



Rhiela- Quisiste entrometerte en mi vida. Investigaste mis orígenes y descubriste cual fue el final de Siluya. Te voy a dar una lección muy valiosa para tu carrera de detective. Vas a saber perfectamente lo que le pasó a la víctima.
Shelby- ¡Pan!



Pan- ¡Shelby! ¡Rhiela, detente!

Pan se levantó y se dirigió hacia donde se encontraba Rhiela con Shelby, claramente desmejorada.



Rhiela- ¡Tu poder me pertenece! ¡Muere!

Cuando el hado casi alcanza a ambas, la imagen que vio le dejó petrificado y todo sucedió en segundos. El hado fue testigo de la imágen del horror, del terrible monstruo y de la condena que tenía Dragon Valley y posiblemente el mundo.







El terrible Fuego Azul regresó una vez más para cumplir con la condena cruel e implacable de la Hydra.



Las llamas consumieron rápidamente todo con un estrepitoso estruendo crujiente de llamas y gritos. En segundos, la batalla había terminado.




Rhiela- Aquí terminan tus investigaciones, detective.



Vrionak- Veo que ya terminó todo.
Rhiela- Así es. La bruja blanca está donde tiene que estar. Convertida en el polvo que representa su insignificante poder.



Vrionak- ¿Y qué hacemos con ese? ¿Termino esta historia?



Rhiela- No. Matarlo sería como darle un premio por su traición. Es mejor que viva, condenado a estar fuera de Dragon Valley y a que no pueda entrar. Sabrá de la existencia de sus hijos pero no podrá acercarse a ellos. Esa es la mayor condena que puedo otorgarle. Sufrirá en el exilio la conversión de sus hijos en conquistadores. Todo lo contrario a lo que el desearía sin poder hacer nada por evitarlo.



Vrionak- Me encargaré de sacarlo de la ciudad.
Rhiela- Eso es. Le regalaré una hermosa maldición que le impedirá entrar en Dragon Valley. Ahora llévame con mis hijos. Es hora de que vean a su madre después del triunfo.







Última edición por Saclae el Vie Nov 28, 2014 2:29 pm, editado 1 vez


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Capítulo 7: Albor y Halire

Mensaje por Saclae el Miér Nov 19, 2014 8:11 am

Capítulo 7:


Capítulo 7: Albor y Halire.





Albor-...
Halire- ¿Qué te pasa, Albor? ¿Ya te rendiste?
Albor- ¡Já! ¡Ni hablar!
Halire- ¡Ay, tramposo!

Habían pasado diez años desde los últimos acontecimientos importantes en Dragon Valley. Rhiela había descubierto a los culpables de las desapariciones de niños. La detective Shelby, que bajo la máscara de una detective pretendía continuar con sus delitos después de un tiempo de descanso y su pareja Pan O'really, el hado que fue mejor amigo de Rhiela y su gran amor, que engañándola logró dejarla embarazada para que la detective se hiciera con sus hijos y así hacer más daño a Dragon Valley. Por suerte, Rhiela demostró su poder y acabó con la malvada bruja y el falso bondadoso hado. La condena de Pan se supo en todo el pueblo y su familia fue exiliada al igual que él. Rhiela recibió mucho apoyo de sus seguidores y proclamaban justicia para sus dos hijos. La hechicera dijo que deseaba estar un tiempo tranquila y que si necesitaban de sus servicios, solo contactaran con la tienda de alquimia.



Halire- ¡Demasiado rápido!
Albor- ¿Y ahora quién es la que se rinde?



Halire- Vale, vale... Lo reconozco... Has ganado esta vez.
Albor- Mm... Esta vez y siempre, hermanita.



Halire- No es justo, alguna vez debería ganar yo...
Albor- Si hicieras más caso a Vrionak, serías más rápida.
Halire- ¡Es que a mí me gusta la magia y no tanto la rapidez al volar!
Albor- Ya, pero ya sabes lo que ha dicho. Tenemos que ser muy fuertes para cuando seamos adultos porque mamá tiene un regalo de cumpleaños para nosotros genial.
Rhiela- ¡Mosquitos! ¡A casa ya, que se hace tarde!



Hailre- Aish... Ya nos está llamando mamá...
Albor- Míralo por el lado positivo, ¡Vamos a comer tarta porque ni ella ni Vrionak saben cocinar!
Halire- ¡Jijiji! Sí, tienes razón.

Los hijos de Rhiela, Albor y Halire, eran dos hados llenos de energía y alegría. Hacía poco que habían cumplido once años y pasaban gran parte de su tiempo con Vrionak, aprendiendo diferentes curiosidades y demás saberes importantes del mundo de las hadas. La hechicera estaba muy interesada en que sus hijos fueran dos hados poderosos y no escatimaba en gastos cuando Vrionak necesitaba algo para enseñarles. Por ejemplo, para que los pequeños se criaran en un ambiente muy parecido al de las hadas que vivían libres de la sociedad y que, por tanto, eran las más poderosas porque tenían que sobrevivir solas o en pequeñas comunidades, planteó la posibilidad de crear un amplio jardín para que los pequeños se acostumbraran al entorno natural. Rhiela tomó nota y en vez de hacer un jardín en su parcela, casi hizo una selva enorme y llena de plantas extrañas. La hechicera, además de sus intenciones, tenía una gran relación con sus hijos. Todo lo que hubiera salido de ella era perfecto y por la gracia, la apariencia y la personalidad de sus hijos hasta el momento, Rhiela se sentía muy orgullosa.




Rhiela- Lleváis toda la mañana fuera de casa. ¿Nunca os cansáis de jugar?
Halire- No, mamá. Además... Albor siempre me gana, así que le pido la revancha... ¡Pero algún día ganaré yo! ¿Qué andas viendo en la tele?
Rhiela- Estoy viendo un programa musical. ¿Cómo es eso de que tu hermano te gana siempre?



Albor- Halire es lenta y distraída.
Halire- ¡No es para tanto! Además, a mí me gusta más la magia... ¡Y los animales!
Rhiela- Mmm... Bueno, que te guste la magia no es malo. Ya has visto que tu madre es la mejor para eso.
Halire- ¡Ay, sí! ¡Mamá, enséñame a convertir un caballo en unicornio!



Rhiela- ¿Un caballo en un unicornio? No puedo hacer tal cosa, hija.
Halire- ¿Pero por qué? ¡Si tú eres super mega archi poderosa!
Rhiela- Pues porque el unicornio tiene que nacer unicornio o ser un caballo con sangre de unicornio. Son criaturas muy raras. Es cómo si me pides que transforme una lagartija a un dragón. ¡Imposible!
Albor- El dragón se come a la lagartija, ¿no?
Rhiela- ¡Así es!
Halire- ¡Pero yo quiero un unicornio! ¡Jo!



Albor- Bueno, adoptamos un caballo, le pegamos un cuerno de cartón en la frente y ya tenemos un unicornio...
Rhiela- ¡Jajajaja! ¡Sí!



Halire- ¡No! ¡Eso es maltrato animal! ¡Me niego! Si no puedo tener un unicornio, pues no lo tengo... Pero no voy a maltratar a un animalito...
Rhiela- ¡Ay! Por favor...
Albor- Mamá,  ¿podrías poner el canal acción? ¡Este programa es un muermo!



Rhiela- No lo quito. Están hablando de tu abuelo Zeode.
Albor- Pero si el abuelo murió hace tiempo y tú ya lo sabes todo de él, mamá.
Rhiela- ¡Silencio! ¡Un respeto, mosquito! Gracias a tu abuelo vives en esta casa y tienes el jardín que tienes. Si no te gusta el programa, te vas y no lo escuchas.



Albor- Ay, mamá... ¡Cómo te pones cuando se dice algo del abuelo! No deberías enfadarte tanto.
Rhiela- ¡Tú abuelo era el mejor! ¡El más grande! ¡El único! ¡El gran Hydra! Deberías mostrar más respeto al que fundó y al que le debemos todo en esta familia.



Vrionak- No me lo digáis... ¿Discutiendo de nuevo?
Albor y Halire- ¡Hola, Vrionak!
Rhiela- No discutimos, recordamos las cosas.
Vrionak- Ya...

Vrionak, que llevaba muchos años viviendo con los Hydra ya era uno más de la familia. Conocía a la perfección a los pequeños porque los había criado junto a Rhiela y sentía gran debilidad por Halire, la niña de sus ojos, a quien protegía y enseñaba más pacientemente porque no era tan hábil como su hermano.



Rhiela- ¿A qué mi padre fue y será el mejor de todos los tiempos? ¿A qué sí?
Vrionak- Sí, sí... Claro... ¿Y qué te pasa a ti, pequeñaja?
Rhiela- Está triste porque quiere cosas imposibles de hacer para mí. Algún día crecerás, Halire, y sabrás que las cosas que se desean se ganan con esfuerzo, sacrificio y mucha mucha astucia. Nadie te dará nada hecho.



Halire- Ya lo sé... Aish... Es que quiero un unicornio, Vrionak. ¡O al menos conocer a alguno!
Vrionak- ¿Un unicornio? Vaya, eso es complicado. Esos seres no se muestran así como así.
Rhiela- Quería que yo le convirtiera un caballo en uno... Pfff...
Vrionak- Has hecho algunas conversiones interesantes... Desde luego.
Rhiela- No es lo mismo. No se trataba de una criatura sagrada.
Vrionak- Tranquila Hali, cuando seais mayores, saldremos del pueblo y buscaremos algún unicornio. Pero para eso ya sabéis; hay que entrenar.



Albor- ¡Sin problema! Bueno, me voy a dormir...
Rhiela- Recoge el plato y lo metes en el lavavajillas, que luego me toca estar con Rituales de restauración porque parece que he parido cerdos en vez de mosquitos.
Albor- ¡Jajajaja! ¡Vale, vale!
Halire- Yo también me voy a dormir. ¡Voy a lavarme los dientes y ahora vuelvo!

Si algo caracterizaba a los hijos de Rhiela, esto era su gusto por las bromas. Debido a su sangre féerica, los niños eran muy traviesos y no perdían la oportunidad de dejar trampas y bromas por toda la casa a la espera de que algún incauto cayera. Muchas veces, al estar solos y formular una intención, aprovechaban para colocar una de las tantas trampas del arsenal que tenían.



Para los pequeños se trataba de nuevas maneras de ingeniárselas para que no les descubrieran y para los que caían en las trampas, un auténtico calvario porque no sabían dónde se podía encontrar la siguiente.




Albor- Un poco de colorante por aquí, un poco de champú por allá...



Albor- ¡Jé! Espero que la que caiga sea Hali... ¡Muajajaja!



Halire- Ya me terminé de lavar los dientes, mamá.
Rhiela- Muy bien. Oye, que si quieres un unicornio, puedo hablar con mis conocidos para que busquen uno y te lo traigan.
Halire- ¡No, no! Eso sería quitarle su libertad. ¡No te preocupes mami!
Rhiela- Bueeeeno... Está bien, mosquita.

Ambos hados estaban muy apegados a su madre pero, mientras que Albor era más hábil en los juegos y pruebas que ponía Vrionak, Halire era más independiente. El hada vivía en su perfecto mundo de imaginación y le gustaba ser así.



Albor, por su parte, estaba más atento a todo lo que le contaba su madre. Le gustaban las historias de brujos, magos  y hechiceros y las grandes batallas que se desarrollaban por el mundo. No había noche en que el pequeño hado no le pidiera un cuento a su madre para dormir.




Rhiela- La bruja blanca se creía más lista que la hechicera oscura pero, no era así. Lo que pasa es que la hechicera oscura le dejó creerse que era más lista y le tendió una trampa.
Albor- Entonces, la hechicera oscura es mala, ¿no?
Rhiela- Podría decirse.



Rhiela- La bruja blanca lanzó hechizos que ni sabía cómo utilizar bien porque se creía muy hábil y superior al resto. Se supone que llevaba toda la vida cazando malos, pero aquella mala era diferente. ¡Y ninguno de sus hechizos funcionaba!
Albor- ¿Y si no funcionaban por qué no se rindió!
Rhiela- Porque era muy tonta, mi niño. Era muy tonta.



Albor- ¿Y el hado que estaba con ella no hizo nada?
Rhiela- Nada de nada. Era un inútil.
Albor- ¡A mí no me ganará nunca una hechicera!
Rhiela- Eso espero, hijo... Eso espero.



Rhiela- Y de ese modo la bruja blanca murió...
Albor- ¿Pero no tenía que ganar la bruja blanca? ¿Por qué gano la hechicera mala?
Rhiela- Porque los malos son los mejores.
Albor- ¿De verdad?
Rhiela- Sí. Pero ya te lo explicaré más adelante... Ahora estamos hablando de algo más importante.
Albor- ¿De qué?
Rhiela- De que la bruja blanca murió.



Rhiela- Buenas noches, mosquito verde.

Rhiela poco a poco iba inculcando en los niños que el ser bondadoso y bueno con los demás no llevaba a ninguna parte y que había que tener malicia porque el mundo era malo de por sí y, aquellos que no tuvieran la suficiente astucia y malicia para verlo, serían aplastados por los demás. Con cuentos, Rhiela daba estas enseñanzas a sus hijos, esperando a que, cuando fueran mayores, pudiera hablarles con claridad de estos asuntos.

Por otro lado, Vrionak se encargaba del entrenamiento de los pequeños. En forma de juegos les ponía pruebas para aumentar sus habilidades y, al igual que la hechicera, cuando crecieran, les enseñaría cosas más importantes y entrarían de lleno en las habilidades propias de las hadas. De este modo, y como sabía que los pequeños también necesitaban jugar como a ellos les apeteciera, Vrionak también les daba días libres.




Vrionak- Hoy es día de descanso Albor.
Albor- ¿De verdad?
Vrionak- Sí, podéis hacer lo que queráis hoy. Yo también me voy a dar un descansito que hace muy buen día.



Halire- ¡Hola Ocaso! ¿Has venido a verme? ¡Qué mono!



Halire- ¿Quién es el gatito más bonito, adorable y precioso de todo el mundo? ¡Tuuuuu! ¡Siiiií! ¡Tuuuuu!
Albor- ¡Hali, vamos a jugar a la colchoneta de agua!
Halire- ¡Oh! ¡Sí, voy!



Albor- ¡Yujú!



Halire- ¡Wiiiii!



Albor- ¡Jajajaja! ¡Qué mal te tiras, Hali!
Halire- ¿Mal? ¡Ahora verás!



Halire- ¡Ay!
Albor- ¡Jajajajaja! Mejor vamos a los columpios.



Albor- Vrionak, tengo hambre. ¿Tienes algo de comer por ahí?
Halire- Sí, yo también tengo hambre.
Vrionak- Pues no, no he traído nada. Pero si queréis, vamos a la casa de hadas, ponemos música y os pongo un poco de ponche de polen. Así sirve para que os acostumbréis a cambiar de tamaño a menudo.
Albor y Halire- ¡Sí!



Los pequeños eran felices. Nada podía hacer imaginar que eran los hijos de la hechicera más maligna que había pasado por DV.



El mundo de color de Halire y Albor distaba mucho del temible azul turquesa y el negro de la poderosa Hydra que regía a su familia y que solo Shelby antes de su muerte y Pan antes de su exilio habían podido ver. Y entre juegos y risas, tampoco se podía negar, que parte de aquella alegría también tocaba a la Dama Hydra. Blanco principal, de las travesuras de sus dos pequeños.




Rhiela- ¡Uy! ¡¿Pero qué es este picor?!



Rhiela- ¡Malditos críos! ¡Ya me la volvieron a hacer! ¡Aaaaaaaaaaaaaaw!







Última edición por Saclae el Vie Nov 28, 2014 2:29 pm, editado 1 vez


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Capítulo 8: Moviendo los hilos.

Mensaje por Saclae el Jue Nov 20, 2014 7:51 am

Capítulo 8:


Capítulo 8: Moviendo los hilos.


Para comprobar los progresos que hacían sus hijos, Rhiela se quedaba a solas con Vrionak un día a la semana y hacían una evaluación de cómo iban avanzando en su aprendizaje los pequeños.



Vrionak- Albor, sin duda, tiene grandes habilidades. Es un muchacho muy disciplinado. Halire es más distraída. Siento que es fuerte igualmente, pero le falta la disciplina de su hermano.
Rhiela- Sé que mi hija es muy inteligente, pero también es muy soñadora. Eso la está alejando del camino en la elección de la herencia.



Vrionak- ¿Puedo preguntar cuáles serán tus criterios para decidir tu elección por uno o por otro? ¿Qué debe tener tu heredero ideal?
Rhiela- Poder.
Vrionak- ¿Poder? ¿Sólo te basarás en algo tan subjetivo?



Rhiela- ¿Ves ese fuego azul? Es el símbolo del poder Hydra.
Vrionak- ¿Y eso qué tiene que ver?
Rhiela- El siguiente heredero de nuestra familia debe ser necesariamente el más poderoso. Así está dictado por el destino. No importa cómo sea su personalidad, no importa lo que sienta... Si es más poderoso que yo, deberá heredar.



Vrionak- No encuentro la relación entre eso y el fuego, sinceramente.
Rhiela- El fuego es el mismo para todos. Algún día lo entenderás. Quédate con eso. Cambiando de tema, ¿has hablado con tus contactos hados?
Vrionak- Sí. El proceso ya está en marcha.
Rhiela- Muy bien, debemos asegurarnos de que yo salga elegida como alcaldesa de este pueblo.

Vrionak, aunque obedecía las órdenes de Rhiela, muchas veces no lograba comprender cuáles eran los verdaderos objetivos de la hechicera. Sabía lo que pretendía, pero también sabía que había motivos mucho más profundos en sus decisiones que él no llegaría a saber por el momento.

Ajenos a todo esto, sus hijos estaban siendo evaluados constantemente. Para Rhiela era primordial descubrir quien de los dos sería más poderoso que ella.



Y en aquella carrera, Halire era la que más atrasada iba. Sus intereses distaban mucho de los entrenamientos y su alma tranquila no era tan disciplinada como la de Albor. Mientras a él le gustaba leer y aprender todo aquello que Vrionak consideraba necesario y primordial, Halire prefería pintar tranquilamente en su cuarto.

A  pesar de estas diferencias, en otros aspectos, ambos hermanos estaban bien igualados. Como en la habilidad de gastar bromas y hacer travesuras.




Rhiela- ¡Qué bien sienta una ducha caliente después de un día largo!



Rhiela- ¿Mmm? ¿Color amarillo mostaza?...



Rhiela- Mi... ¡Mi pelo!



Rhiela- ¡¡¡Maldita la perra que les trajo al mundo!!! ... Un momento...



Halire- Mamá hoy está muy enfadada...
Albor- Sí... Y todo por tu culpa, hermana.
Halire- ¡¿Por mi culpa?!
Albor- Sí, porque cayó en la trampa para la ducha que iba dedicada a ti...
Halire- ¡Ohhhh!
Albor y Halire- ¡Jajajajajaja!



Halire- Bueno, le vamos a hacer unas magdalenas para que no se enfade... ¡Jijiji!

Rhiela podía irritarse con las bromas de sus hijos, pero lo cierto era que su mente estaba puesta en otros asuntos. Poco después de haber dado a luz a Albor y Halire, había alcanzado la edad adulta y con ella, la sensación de que debía apresurarse en conseguir lo que buscaba. El plan de Rhiela era tan maligno como retorcido pero, si salía bien, su heredero no sólo sería el continuador de su linaje, sino también el Rey de Dragon Valley. El pueblo vivía bajo una democracia y era el único lugar al que los no muertos no se acercaban. Los demás pueblos y ciudades de alrededor eran atacados y sus defensas y murallas no resistían por mucho tiempo, lo que hacía que pidieran ayuda a Dragon Valley. Gracias a Rhiela, el pueblo dragón se convirtió en el más poderoso de la comarca. Sin embargo, la propia Rhiela aconsejaba al alcalde no proporcionar los elixires. Ella había expresado su intención de presentarse a la alcaldía y una vez allí, podría decidir lo que beneficiaba o no a DV. De este modo, ella suministraría sus elixires a las demás ciudades cuando lo consideraran y conseguiría que se endeudaran por siempre con el pueblo dragón. Lo que no sabía el alcalde era, que una vez que Rhiela llegara al poder, planeaba unir todos los poderes en ella y convencer a los habitantes de la necesidad de un rey poderoso que les defendiera de los ataques, intentos de robo o manipulación de otras ciudades. Así, cuando uno de sus hijos fuera el rey, se anexionaría las demás ciudades y lo que en un principio era una comarca con distintos pueblos democráticos, se convertiría en un poderoso reino oscuro con Dragon Valley como núcleo.



Rhiela- Aquí es. Mientras yo hablo con la hija del alcalde, tú haz tu trabajo.
Vrionak- Perfecto.



Rhiela- ¡Buenos días, Giselle! ¿Cómo estás?
Giselle- ¡Hola, Rhiela! ¡Muy bien, gracias! ¡Tu elixir para las estrías después del embarazo me vino de lujo!



Rhiela- Me alegra que te funcionara, querida. ¿Qué tal tu padre?
Giselle- Pues ya está preparándolo todo para las siguientes elecciones. ¿Te vas a presentar al final?



Rhiela- Por supuesto. Pero quiero que me digas la verdad, no quiero luego llevarme a engaños... ¿Voy a tener el voto de la hija del alcalde?
Giselle- ¡Claro que sí! ¡Hasta mi padre te va a votar! Lo que has hecho por nosotros es impagable, Rhiela.



Rhiela- Me alegra mucho escuchar eso... Pero también me enteré de que tu cuñado quiere presentarse y no sé hasta que punto Levi pueda intentar convencerte... No me gustaría tener que contar cosas de él... Eso no sería jugar limpio. Aunque por otro lado te tengo mucho aprecio y no me apetece callarme sus fanfarronerías.
Giselle- ¿A qué te refieres?



Rhiela- Pues... Me duele decírtelo, pero prefiero contártelo y que no te utilicen para conseguir votos, antes de que la gente se ría de ti. Tu marido tiene una aventura con Lorelei, la hija del "gordo", el dueño del pub.



Giselle- ¡Uaaaaaaaah! ¡Cómo lo sabía! ¡Si ya decía que no se pasaba mucho por casa el muy cabrón! ¡Y encima voy y me quedo embarazada de él! ¡Uaaaaaaaaah!
Rhiela- Eh... bueno... Esto... Tranquila mujer...



Giselle- ¿Tranquila? ¿Y qué hago yo ahora con tres hijos de ese canalla?
Rhiela- Muy sencillo... Sacarle hasta la última gota de sangre.
Giselle- ¿Mm?
Rhiela- Claro. Haz que te pague por la manutención de tus hijos y por daños morales. Sepárate de él y haz que se entere todo el mundo. Tu sabes tan bien como yo que quería tus votos para su hermano.



Giselle- Sí, tienes razón... Eso voy a hacer. Gracias, Rhiela. Y no te preocupes, mi voto y el de mi familia van a ser para ti. Tú serás la nueva alcaldesa de Dragon Valley.
Rhiela- Gracias, Giselle. Si necesitas algo... Como algún elixir para la hija del gordo, o el que aun es tu marido, solo avisame.
Giselle- Dalo por hecho.



Eulios- ¡Ey, Vrionak!
Vrionak- ¿Va todo como lo acordamos, Eulios?



Eulios- Totalmente. No hay casa de hadas ni familia que no tenga publicidad de Rhiela como alcaldesa. Da por hecho que todas las hadas vamos a votar a su favor. No queremos más vergüenzas como la que nos hicieron pasar Pan y su familia por la deshonra a la hechicera que más ha ayudado a este pueblo.



Vrionak- Eso era lo que quería escuchar, compañero.

Con todo el trabajo que Rhiela estaba haciendo para que los habitantes supieran que ella se iba a presentar a la alcaldía, la hechicera podía dormir tranquilamente cada noche.



Lo importante, una vez conseguidos sus objetivos, era que sus hijos supieran desenvolverse como verdaderos Hydra y, para ello, ella debía enseñarles todo lo que podía en sus innumerables charlas sobre su familia.




Rhiela- Hacer las tareas es un aburrimiento, pero es necesario para que agilicéis vuestra mente y tengáis muchos conocimientos. En un futuro los necesitaréis.
Albor- Aun así, son muchos, mamá-
Halire- Sí...



Rhiela- Escuchar... Cuando os sintáis abatidos o desanimados, mirar el fuego azul de la chimenea.
Albor- ¿El fuego azul? ¿Por qué, mamá?



Rhiela- Porque ese es el fuego de uno de los dragones más poderosos que existen. Ese es el fuego de la Hydra. Cuando seáis mayores comprenderéis más sobre este asunto. Por ahora, sólo debéis saber que ese fuego forma parte de vosotros y os alentará en vuestro camino y en vuestros objetivos. Con él os protegeréis, con él aniquilaréis.



Halire- ¿Pero para qué vamos a querer aniquilar a nadie mamá? ¡No somos malos!



Albor- No se trata de maldad, Halire. Se trata de no dejar que nadie nos pise nunca... ¿Verdad, mamá?
Rhiela- Exacto. No significa que vayáis a asesinar a nadie. Significa que vuestro poder os llevará a estar por encima de los demás para que nunca os engañen... Para que seáis parte del nuevo orden mundial. Todos somos fuego azul.

Al igual que una araña, Rhiela pasaba los días moviendo los hilos de su plan. Visitando a conocidos, recordando viejas promesas. Nada debía salir mal.



Rhiela- ¿Es tu nieta, Shanaya?
Shanaya- Sí... ¿A qué es preciosa?



Rhiela- Sí... tiene un color de piel muy... bonito y unos ojos muy... llamativos. Parece una berenjena rubia y además bizca. Menudo gusto el de su hija... Desde luego no heredó nada de esencia licántropa. Ejem... He venido a informarte de que me voy a presentar de alcaldesa... Para que no te pille de sorpresa.



Shanaya- ¿De verdad? ¡Pues no dudes de que votaremos por ti, querida! ¡Eres lo mejor que le ha ocurrido a Dragon Valley! Ahora los licántropos podemos pasear sin tener miedo al rechazo.
Rhiela- Me alegra escuchar eso... Bueno, he de continuar con mis quehaceres. Ten un buen día y tu también niña biz... ¡bonita!



Rhiela- Ya sabes que no querría perder el comercio con los pueblos extranjeros...
Chao Fin- ¡Tlanquila señolita Liela! ¡El voto de la comunidad extlanjela es pala usted sin duda!

Los insectos van cayendo en la red y la araña pronto se daría un festín. El gobierno Hydra se acercaba gracias a la ambición y la astucia de la maligna hechicera Hydra.









Última edición por Saclae el Vie Nov 28, 2014 2:30 pm, editado 1 vez


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Capítulo 9: Sueños de la niñez.

Mensaje por Saclae el Jue Nov 20, 2014 3:11 pm

Capítulo 9:

Capítulo 9: Sueños de la niñez.


El carácter alegre y distraído de Halire había conseguido que se quedara muy atrasada en su aprendizaje con Vrionak. Halire se esforzaba, pero no le gustaba nada tener que preocuparse de ser la más fuerte ni de lograr controlar todo su poder. Ella quería vivir feliz, rodeada de animales y libre de preocupaciones. Pero, como tampoco quería decepcionar a su madre y a Vrionak, intentaba avanzar en lo que su hermano ya bien sabía.



De este modo, Halire participaba junto con Albor activamente en las actividades propuestas por el hado rojo. Aunque esas actividades las tuvieran que realizar incluso por la noche.




Albor- Voy a acabar cogiéndole manía  a las sandías... Alguna vez me gustaría que mamá nos hiciera aunque sea un sandwich como merienda... Tanta fruta me empalaga...
Halire- Jejejeje están ricas las sandías.



Albor- ¿Qué tal vas con el tema de los tipos de hadas que existen? ¿Te sirvieron mis apuntes?
Halire- Sí, ya sé cuántos tipos existen... ¡No sabía que podía haber tantas! ¡Jajajaja!
Albor- Oye... Tú... ¿Tienes alguna idea sobre qué tipo eres?
Halire- ¿Yo? Pues... no sé... No logro controlar ningún elemento en especial.
Albor- Tal vez sea porque te falta entrenamiento.
Halire- ¿Y tú? ¿Tú sí lo sabes?
Albor- Creo que sí... Pero creo que decepcionaré a mamá...



Halire- ¿Por? ¡Si eres el que más sabe! ¡No digas tonterías!
Albor- Es que... mm...

Albor miró intensamente a su hermana, muy serio. Luego, muy despacio, puso su mano sobre la de ella y la pequeña sintió lo que su hermano quería decirle.

Halire- Frío...
Albor- Ajá...
Halire- Pero mamá no tiene por qué decepcionarse, Albor...
Albor- Mamá cree en el poder del fuego azul... ¿Qué crees que pensará cuando sepa que su hijo es todo lo contrario al fuego?
Halire- Mamá nos quiere, Albor. No te preocupes.
Albor- ¡Shhh! Ahí viene Vrionak.
Halire- ¡Oh, vale!



Vrionak- Hola, pequeñajos. ¿Qué andáis haciendo?
Halire- Hablábamos sobre qué tipo de prueba o juego nos vas a poner.
Vrionak- ¿Ah, sí? ¡Así me gusta!

Albor dirigió una mirada fugaz a su hermana y ella con una sonrisa le guiñó un ojo.



Vrionak- Hoy, vuestra madre quiere mostraros antes de irse a dormir los beneficios y ventajas que tiene saber controlar los poderes de uno mismo. No creo que tarde en llegar.
Rhiela- Claro que no, Rhiela es siempre puntual.



Albor y Halire- ¡Hola, mamá!
Rhiela- Hola, mosquitos. Hoy vais a ver de primera mano cómo usa vuestra madre la magia.
Vrionak- Así es, chicos.
Rhiela- Y lo vais a comprobar con Vrionak como apuesto voluntario.
Vrionak- ¡¿Qué?!

Rhiela, que traía con ella un cubo lleno de basura, sin dar tiempo a Vrionak a reaccionar, se lo tiró encima, dejando al hado totalmente cubierto de basura. Esto causó mucha gracia en los dos niños que reían a carcajadas mientras Vrionak se quejaba intensamente de lo que había hecho Rhiela.



Vrionak- ¿¡Pero se puede saber qué demonios estás haciendo!?
Rhiela- Calla, Vrionak. No se puede arreglar algo si no está mal desde un principio. ¡Mirar hijos, el poder de vuestra madre! ¡Límpiate!

Cuando Vrionak apareció limpio, como si nada hubiera pasado e incluso luciendo, los niños se quedaron impactados. Su madre realmente era muy poderosa.



Albor- Vaya...
Halire- Quedaste muy limpito, Vrionak.
Rhiela- Y esto es sólo un hechizo pequeño que no sirve para mucho más. Cuánto más poder tengáis, más cosas seréis capaz de hacer.



Vrionak- Sería bueno que la próxima vez no hicieras tus pruebas conmigo.
Rhiela- Deja de quejarte. En fin, me voy a la cama, niños. Mañana voy a tener un día muy ajetreado... Vosotros entrenar bien y con constancia. Hacer caso a lo que os diga Vrionak.
Albor- Mamá... ¿Cualquier tipo de poder nos servirá para ser poderosos?
Rhiela- ¡Claro, hijo! Lo importante es desarrollarlo al máximo.
Albor- Vale, mamá...



Halire- ¡Buenas noches, mamá! ¡Qué descanses!
Vrionak- Venga, chicos. Dos minutos para cambiaros, que empieza a refrescar y comenzamos.

Mientras Rhiela se marchaba a dormir, Vrionak y Halire se pusieron ropa de abrigo. Albor, sin embargo, no lo hizo. Lo que despertó la curiosidad del hado rojo.



Vrionak- ¿No te abrigas, Albor?
Albor- No, estoy bien así. No tengo frío.
Vrionak- No hace falta que te hagas el valiente, ¿eh? Mira que no quiero que te resfríes y que luego tu madre me corte las alas...
Albor- ¡Jajajaja! Tranquilo, Vrionak. Estoy bien, de verdad. ¿Cuál es la prueba de hoy?



Vrionak- He escondido un hongo rojo en el jardín. Para encontrarlo no sólo hace falta que lo busquéis, sino que también lo reconozcáis. Hay muchos tipos de setas de color rojo, pero yo solo quiero el hongo rojo. Ese que tiene propiedades muy útiles para la alquimia. ¿Entendido?
Albor y Halire- ¡Sí!
Vrionak- Bien, cuánto antes lo encontréis, antes entraremos en casa. Recordar que podemos estar aquí toda la noche si no lo encontráis, así que... Si queréis dormir, más vale que os esforcéis. Empezar a buscarlo... ¡Ya!

La búsqueda de aquel hongo comenzó y mientras que Halire lo buscaba de manera más torpe, Albor se movía con gran velocidad entre las plantas.



Albor- Aquí nada...



Halire- Un hongo rojo... y esto está lleno de setas rojas... ¿Cuál será? ¡Ay!



Albor- ¡Ajá! Aquí... ¡Ey! ¡Ehhh! ¡Lo encontré!
Halire- Baaaaa... Como siempre.

Aunque los hermanos competían mientras aprendían, a pesar de que ellos no lo sabían, para ver quien de los dos era más poderoso, ambos se querían mucho. Tenían una gran relación a pesar de que no podían evitar hacerse gamberradas el uno al otro como parte de sus peculiares muestras de cariño.



Albor- ¿Eh? Mmmm...



Albor- ¡Tengo el pelo rosa!

Cuando Albor cayó en la trampa de la ducha, unas letras brillantes se formaron en la pared de la misma.

¿Te acuerdas de cuando me preparaste la misma broma y en ella cayó mamá? Bueno, pues esta te la debía por eso y también por ganarme en la prueba del hongo. ¡Déjame ganar alguna vez que al final van a pensar que soy una inútil! Firmado: Tu querídisima hermana, Hali.

Albor- ¡Esta Hali!

Albor guardaba un secreto respecto a sus poderes que solo conocía Halire. Tenía tanta confianza con su hermana, que no dudaba en enseñarle sus progresos con sus poderes. A pesar de que algunas veces fueran en forma de bromas.



Albor- He aprendido a hacer algo nuevo.
Halire- ¿Ah, sí? ¡A ver! ¿El qué?



Albor- ¡Mira arriba!
Halire- ¿Mm?



Albor- ¡Jajajaja!



Halire- ¡Ay! ¿Pero qué...?
Albor- ¿A que está fresquito?



Halire- ¡Oye! ¡Eso no estuvo nada bien! ¡Casi me congelas!
Albor- ¡Ups! ¡Perdona, Hali! ¡Tampoco fue para tanto! ¡No te enfades!
Halire- Ahora, te vas a enterar...



Albor- ¡Ahhhh! ¡Qué calor!
Halire- ¡Jajajajaja!
Albor- ¿Este es tu poder? ¿El fuego?
Halire- Mmm no es fuego... Es un calor especial, es difícil de explicar. Pero no es fuego, no puedo crear llamas ni incendiar cosas...
Albor- ¡Ohhhh! ¿Y qué crees que sea?
Halire- No lo sé... ¡Uy, mira! ¡Un perrito!



Halire- ¡Hola perrito adorable! ¿Me das un besito? ¡Qué grandote y bonito!

Los hijos de Rhiela eran muy queridos y admirados. No había nadie que no se fijara en ellos cuando  salían a pasear con su madre o Vrionak. Ambos muy amables y respetuosos con el resto, nada hacía pensar que por sus venas corría la misma sangre de la malvada Rhiela.



Pablito- ¡Ey, Albor! ¿Jugamos a la herradura?
Albor- ¡Claro!
Halire- ¡Yo también me animo!



Albor- Fallé...
Pablito- No pasa nada, Albor. La próxima la acertarás.
Halire- Déjale, Pablito. Albor siempre gana en todo... Para una vez que algo no se le de bien, no pasa nada. ¡Que a mí esto si se me da bien!
Albor- ¡Abusona!
Pablito- ¡Jajajaja!



Rhiela- Fíjate cómo se relacionan con los demás... Así me gusta. Que poco a poco vayan consiguiendo seguidores...
Vrionak- Creo que ese es un pensamiento demasiado maquiavélico para su edad.
Rhiela- Yo a su edad ya pensaba en mis objetivos.



Vrionak- Tú es que pareces de otro mundo, Rhiela. Todo lo haces con vistas a conseguir algo. Mírame, obligado a bailar contigo para conseguir ser la reina del baile de primavera... ¿Quién lo diría?
Rhiela- ¡Shhh! Ya que uno de mis hijos será rey, al menos quiero una corona para mí y sentirme reina en mi casa. Si en realidad me conformo con poco... ¡Jajajaja!
Vrionak- ¡Jajajaja!

Rhiela tenía grandes planes para sus hijos, pero no podía imaginar que sus deseos distaban mucho de los de ella. Aunque no sabían lo que ella tenía preparado para ellos, los niños tenían unos sueños muy distintos a los de la nobleza y el poder.



Albor- Entonces, ¿cuando seas mayor te irás de Dragon Valley?
Halire- Nos iremos de Dragon Valley.
Albor- ¡Jajajaja! ¿Y por qué?
Halire- Porque buscaremos aventuras. Conoceremos otros lugares y muchos animales diferentes y maravillosos. ¡Seremos hados aventureros!
Albor- ¡Eso suena muy bien! Y... ¿Qué dibujas? Llevas días con eso.



Halire- Me queda poco para terminarlo. Por cierto, me desconcentras. Cuando lo acabe te lo enseño pero... Si ahora me dejas sola lo podré terminar antes de que nos vayamos a dormir.
Albor- Ay, vale gruñona... Me voy a leer a mi habitación que aun tengo que terminarme el libro que me dejó mamá.

A Albor le encantaba leer. Leía continuamente los libros que su madre y Vrionak le daban.



Mientras su hermana terminaba su dibujo, Albor acababa el libro en el que su madre explicaba los motivos por los que había que cumplir siempre con el deber de cada uno. Según el libro, escrito por Vrionak pero dictado por Rhiela, cuando el destino determinaba que debíamos hacer algo era siempre porque había un motivo más grande que el propio ser. Algo que debía cumplirse.



Albor leía entusiasmado pero no llegaba a comprender unas palabras que con el tiempo tomarían sentido. Mientras estaba enfrascado en la lectura, su hermana entró torpemente en su habitación y colgó su dibujo en la pared en frente de la cama de Albor.




Albor- ¿Y eso qué es?
Halire- Es un regalo.
Albor- ¿Para mí?
Halire- ¡Claro! Así no te olvidarás nunca de que vamos a ser unos hados aventureros y descubriremos muchos tipos de animales y seres extraños... ¡Así que ni se te ocurra quitarlo!
Albor- No, claro que no... ¡Gracias!



Halire- ¡Eso espero! Recuerda, es nuestro secreto y nuestra misión de verdad.
Albor- ¡Sí!

Pero los secretos no vivían mucho tiempo a la sombra de la mirada de Rhiela sin ser descubiertos. Vrionak se había percatado de algo que tenía que comunicar a la hechicera.



Rhiela- ¡Qué asco! ¡Nada decente en la tele!
Vrionak- Rhiela... ¿Podrías venir? Tenemos que hablar de algo.



Rhiela- Un hado de hielo... ¿Pero cómo es posible?



Vrionak- Llevo observándole un tiempo y puedo confirmártelo con total seguridad. Albor tiene poder helador.



Rhiela- Pero es el fuego nuestro regidor... ¿Cómo uno de mis hijos tiene un poder tan ilimitadamente opuesto? ¿Ahora qué? Era el que parecía más apto para la herencia...



Vrionak- No tiene por qué ser malo, Rhiela. Al fin y al cabo, el fuego y el hielo queman igual.
Rhiela- Tienes razón. Esta debe ser una prueba más. Puede que nuestra sangre sea más poderosa que el simple fuego azul...
Vrionak- Pronto será su cumpleaños y podremos ver hasta donde llega la magnitud de su poder y el de Halire.

Y así, Rhiela y Vrionak esperaron al cumpleaños de los pequeños.



Sin ser conscientes que las miradas de sus cuidadores se clavarían con más detenimiento en ellos, su nueva etapa comenzaba.



Y aunque la maldad no anidaba en sus corazones, el veneno de la Hydra nunca se marcharía.



En el linaje Hydra no había sitio para la luz y esa era una lección que Albor y Halire deberían aprender.



Así debía ser, porque ellos eran descendientes de Rhiela y por tanto de Zeode.



El orgullo del linaje, comenzaba a pasar a sus manos.












Última edición por Saclae el Vie Nov 28, 2014 2:31 pm, editado 1 vez


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Re: ☽ 2ª Generación: Rhiela ☾

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