☽ 2ª Generación: Rhiela ☾

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Capítulo 10: Preparación.

Mensaje por Saclae el Vie Nov 28, 2014 12:47 pm

Capítulo 10:

Capítulo 10: Preparación.




Vrionak- Vamos, Albor. Esfuérzate más. No seas endeble.
Albor- Tú podrás decirlo con esos músculos... ¡Auch!



Vrionak- Estos músculos no han salido de la nada. Venga, levántate y vuelve a intentarlo.

Al llegar a la adolescencia, los juegos pasaron a pruebas más serias. Los hijos de Rhiela debían esforzarse en ejercitarse y controlar sus poderes. Ya no servían las divertidas pruebas de la niñez, ni se permitían los errores. Sin embargo, el esfuerzo de uno y otro hermano estaba descompensado. Halire prefería pasar su tiempo pintando y escuchando música sin hacer mucho caso de las indicaciones de Vrionak, que tampoco se veía con fuerzas para exigirle lo mismo que a Albor. Tal vez porque veía al hada muy dulce y simpática mientras que el hado era disciplinado y constante.



Halire solía proyectar siempre un aura que relajaba a todo el que se encontraba a su al rededor o un aura que inspiraba. Su hermano, a pesar de que se veía influenciado por ese aura, también sentía el poder del aura de Vrionak. Un aura que impulsaba a la mejoría del cuerpo y de la mente.



Para el hada de alas rosas, la vida era más tranquila que para su hermano. Hasta que, por supuesto, llegaba su madre.




Rhiela- ¡Halire!
Halire- ¡Oh! Ya vino mamá...



Halire- ¿Qué ocurre, mamá?
Rhiela- Muy bien, Albor. Cada vez se te ve más fuerte.
Albor- Gracias, mamá.
Rhiela- Señorita, ¿tú no piensas hacer nada más que pintar y darte baños? ¿Y ese pelo? Cada vez lo tienes más largo. Hay que pensar en un corte, ¿eh?
Halire- Mi pelo está bien, mamá. ¡Soy un hada! ¡Puedo cortarlo y hacerlo crecer cuanto quiera! Y sobre el entrenamiento... Es que yo no soy de constitución fuerte como Albor y Vrionak...



Rhiela- Pero tienes mi sangre y por eso debes entrenar como tu hermano. ¿Acaso te piensas que te puedes ir así de rositas? Mis hijos deben ser poderosos y no hay más que hablar.
Halire- ¿Y no puedo ser poderosa artísticamente hablando? ¡Ganar dinero con mis cuadros!
Rhiela- ¡Qué tontería! Mi madre era pintora... ¿Y qué aportó a la casa? ¡Nada! Subsistíamos del dinero de mi padre, que era cantante. Si no has salido con una voz prodigiosa como tu abuelo... ¡A entrenar!
Halire- ¡Pero es que es muy cansado!



Albor- Vamos, Hali, yo te ayudo. Además, Vrionak usa su aura para darnos más fuerza e ímpetu.
Rhiela- Así se habla, hijo. Vamos, Halire... Quiero verte mover esas alas.



Albor- Vamos a las máquinas de correr, Hali. Esas te costarán menos.
Halire- Si es que las veo y ya me canso...



Vrionak- ¡Ey, Rhiela! ¿Viendo cómo entrenamos?
Rhiela- Viendo cómo entrena Albor, porque Halire no hace nada de nada.
Halire- ¿A que no lo necesito, Vrionak?
Vrionak- Esto...



Rhiela- Ponte con ella de la misma manera que te pones con Albor, Vrionak. No hagas que me enfade. Estos dos deben entrenar.
Vrionak- Sí, Rhiela. está bien. Hali, ya has oído lo que ha dicho tu madre. A la cinta con tu hermano.
Halire- ¡Jooooo!



Halire- ¡Ay! Ay ay ay...
Rhiela- ¡Pero si no sabe ni subirse a la cinta! ¡Vrionak!
Halire- Sí sé, sí sé. Mira... ¡Ya está!
Vrionak- Ves de lento a más deprisa. A ver si ahora te vas a hacer daño. Tu hermano puede correr porque va más avanzado y está más fuerte.
Rhiela- Pues a ver si vigilas más a la niña. Que con mis ocupaciones, no puedo estar pendiente. Te he confiado que les ayudes a entrenar y si solo entrenas a Albor,¡mal vamos! ¡Qué no te engañen los ojitos de la mosquita!



Albor- ¡Jajajajaja! ¿Qué te pasa, Hali?
Halire- Aaaaaaaaay... ¡No sé cómo soportas eso!
Albor- Venga, no seas llorona y levanta. ¡Jajajaja!


Cuando Halire tenía que entrenar con su hermano, le resultaba estresante. Ella quería ser libre, sin entrenamientos de por medio. No le interesaba mucho el tema de los poderes y su actitud soñadora no había cambiado. A Albor le daba mucha gracia ver a su hermana quejarse continuamente sobre lo estricta que era su madre, pero tanto él como ella sabían que si les exigía era porque esperaba y quería lo mejor para ellos.



Albor- Deberías entrenar poco a poco. Así no te costará tanto, Hali.
Halire- Paso. No me gusta nada el ejercicio físico. Prefiero estar entre el olor de mis pinturas, bien relajadita e inspirada, como debe ser.



Albor- Tal vez cuando seas mayor de edad puedas dedicarte a lo que quieras. Piensa que ahora mamá nos está entrenando para que seamos unos hados ejemplares. A mí me dijo que quería que destacáramos en poder y fuerza porque nos haría falta en un futuro.
Halire- No entiendo para que nos hará falta todo eso, la verdad...
Albor- Pues si quieres ser un hada aventurera, son dos características que en realidad necesitas, si lo piensas bien...



Halire- Mmmm... En eso tienes razón... Pero como vamos a viajar los dos, nos protegeremos mutuamente. Anda, levanta de la cama que estoy hipercansada.



Albor- Bueno, eso de protegernos mutuamente... A este paso voy a ser yo el que nos tenga que defender a ambos porque ni puedes mantenerte de pie en la cinta...
Halire- ¡Oye! ¡Qué yo soy muy capaz si me lo propongo!
Albor- ¡Jajajaja! Ya veremos...

Albor se quedó mirando un momento a su hermana y estuvo a punto de preguntarle si ya sabía qué tipo de poder tenia pero, finalmente no lo hizo. El muchacho suponía que su hermana no estaba interesada en decirlo, porque sí debía de saberlo con claridad por su edad. Él, a sus catorce años sabía perfectamente que el frío poder helador corría por sus venas y aunque lo intentara ocultar a su madre, la palidez de su rostro y lo frías que tenía siempre las manos, indicaban sin ninguna duda sus poderes.




Albor no era un ingenuo y se daba cuenta de las cosas. El carácter de su hermana, las auras que proyectaba y su silencio respecto a sus poderes, le hacían sospechar el tipo de poder que ella tenía. Él había estudiado mucho, y lo seguía haciendo.



Cualquiera que hubiera escuchado las lecciones que daba Rhiela, comprendería el por qué ambos hermanos eran reacios a descubrirle su poder a su madre. El valor del poderoso fuego azul distaba mucho de un poder de hielo y el valor de la oscuridad como aliada, rompía con cualquier idea de que la luz podía tener sitio en aquella familia.



Tal y como sospechaba Albor, Hali sabía perfectamente cual era su tipo de poder. Un poder de luz tan cálido y amoroso que hacía sentir bien a todo aquel que se acercara a ella. Un poder brillante que iluminaba caminos y abría esperanzas. Un poder que, en definitiva, se enfrentaba directamente con el de su madre. Por eso, el hada no deseaba decir nada ni tampoco entrenar bajo la mirada de Albor, Vrionak o de su madre. Temía que algún atisbo de ese poder se escapara, lo descubrieran y de algún modo pudieran rechazarla. Halire no quería decepcionar a su madre porque en verdad la amaba y admiraba. No pasaba ni una noche en la que la muchacha no deseara tener otro tipo de poder y por ello pintaba y pintaba. Para expresar un mundo que no podía desvelar.



Aunque Albor sospechara aquello, no decía nada y respetaba la privacidad de su hermana. Se dedicaba a estudiar en silencio lo que su madre le pedía y a pedirle que le enseñara cosas que pudieran ayudarle, como por ejemplo a conducir.



Con el tiempo, aprendió a proyector el poderoso aura de Vrionak y ambos pasaban largas horas entrenando mientras que Halire seguía en su pequeño mundo. Vrionak, que había estado investigando, descubrió que Halire era un tipo de hada frágil y llena de gracia. Ese tipo de hadas no habían nacido para entrenar duramente como otras. Su fisonomía era muy distinta y delicada. Vrionak le comentó este hecho a Rhiela y la hechicera consideró el hecho de descartarla para la herencia. Sin embargo, tenía dudas sobre los poderes de su hija y le pidió a Vrionak que, si no la entrenaba, que al menos descubriera sus poderes.



Así, el hado se dedico solamente al entrenamiento de Albor y al de Halire en menor medida, enfocándolo a los poderes naturales de las hadas llenas de gracia en vez de las hadas guerrera. Con aquella decisión, Halire fue más feliz y dio rienda suelta a toda su personalidad de hada traviesa.



Sin dejar que nadie la descubriera, Halire disfrutaba colocando trampas de hadas en cada rincón de la casa con una sonrisa dibujada siempre en su cara.




Rhiela no veía mal este hecho y disimulaba sentirse ofendida cuando era víctima de alguna de las trampas de su hija. Si Halire no entrenaba como Albor, al menos, con sus bromas la muchacha aprendía a agudizar su ingenio y mostraba parte de su escondido poder, aunque con simples trampas, Rhiela sabía muy bien que no podría descubrirlo. No obstante, y tanto para Albor que proyectaba su poderosa aura de entrenamiento como Halire, que proyectaba auras relajantes y de creatividad, la hechicera ofrecía su ayuda con sus elixires.





Rhiela- ¿Veis lo que hay en esa mesa, muchachos?
Albor- ¿Esos elixires?
Rhiela- Así es.



Halire- ¿Qué son?
Rhiela- Son esencias de magia. Os ayudarán cuando os sintáis fatigados mágicamente. Hay ocho o, lo que es lo mismo, cuatro para cada uno. Repartirlos y usarlos bien. Si utilizáis todos los que os tocan, podéis pedirme que haga más, pero avisarme con tiempo.
Albor y Halire- Sí, mamá.



Rhiela- Y ahora me voy a descansar que ando muer... Un momento, Albor... Antes de marcharme a acostar, ¿podemos hablar tú y yo?
Albor- ¿Eh? Sí, claro.

Arbol miró nervioso a su hermana y no era para menos. Rhiela quería hablarle sobre sus poderes. Acompañando a su habitación a su hijo, Rhiela cerró la puerta tras ellos.



Rhiela- Uhm... ¿Y ese dibujo? ¿Lo hizo tu hermana?
Albor- Sí, mamá.
Rhiela- Vaya. Se pasa todo el día pintando y dibujando para hacer cuatro monos de colores... Yo no sé esta niña en qué piensa.
Albor- ¡Jajajaja! El dibujo lo hizo cuando era una niña, mamá.
Rhiela- Bueno, a lo importante. ¿Cuándo pensabas contármelo?
Albor- ¿Contar el qué?



Rhiela- No disimules, Albor. Sabes de qué estoy hablando. ¿Cuándo pensabas contarle a tu madre tu tipo de poder?
Albor- ... Pues, es que aun no sé muy bien...
Rhiela- Tonterías.



Albor- ...
Rhiela- ¿Piensas que la palidez de tu rostro podía pasar deapercibida, Albor? Por mucho que te ocultes bajo tu ropa, por mucho que intentes evitar el contacto, tus poderes se hacen ver. ¿De verdad piensas que voy a creerme que en tu habitación hace este frío por que esté rota la calefacción? Anda, quítate esa camisa.
Albor- ¡Pero mamá!
Rhiela- Anda el niño este... ¿Ahora vas a tener vergüenza de tu madre? Sí te he visto desde siempre. No me hagas tener que usar la bola de cristal.
Albor- ¡Aish!


El muchacho accedió a regañadientes a quitarse su camisa. Sabía que no tenía otra opción, así que decidió hacerlo deprisa para que aquello se acabara cuanto antes, pensando que su madre le regañaría decepcionada. Sin embargo, cuando se quitó la camisa, su madre con un gesto le pidió que se acercara y le puso la mano en el hombro.



Rhiela- Al igual que tu rostro, el resto de tu cuerpo es pálido. Una palidez helada. ¿Por qué me lo querías ocultar, Albor?
Albor- El fuego azul...



Rhiela- Hijo... El fuego azul es solo uno de los símbolos de la Hydra. Te reconozco que yo siempre había creído que era el único pero, la Hydra, al igual que las hadas y otros seres, puede tener diversos poderes. El hielo es tan destructor como el fuego. No es incompatible que uno de mis hijos controle al elemento helador. Deberías haber confiado en mí.
Albor- Lo siento, mamá. Tenía miedo de decepcionarte.



Rhiela- No puedes decepcionarme por ser un hado de hielo, Albor. Además, yo sé que te esfuerzas en tu entrenamiento y en tu preparación. De algun modo u otro, debes cumplir con aquello que el destino pida de ti. Estoy intentando averiguar, cual de vosotros dos, será el que tenga que sucederme. Ser mi heredero va más allá de todo cuanto podáis imaginar y sólo puede ser uno, porque uno es el que lo lleva escrito en su sangre. Debes seguir esforzándote y demostrar todo lo que puedas dar. Tu hermana no lo entiende, pero es importante que lo entienda. No se trata de que uno sea más beneficiado que el otro, mis bienes estarán repartidos por igual. Económicamente uno no será más que otro. Pero lo que ocurrirá a futuro pasa por uno de vosotros. ¿Me entiendes?
Albor- Mmm... No mucho...
Rhiela- Bueno, no importa. Ya lo entenderás cuando llegue el momento. Por ahora, mi mosquito helador, sigue entrenando, sigue haciéndote fuerte.



Albor- Así lo haré, mamá.
Rhiela- Recuerda, uno de vosotros dos será quien demuestre al resto el poder de la Hydra. Lo quiera o no. Investiga también los poderes de tu hermana, es necesario que lo sepa.

Rhiela no podía ofrecer mucha más información a Albor sobre sus planes. Desde que la nombraron alcaldesa, había estado cambiando poco a poco las leyes para dejar el terreno preparado para el reinado Hyra. Hacía poco que Michael había viajado a una de las ciudades cercanas a Dragon Valley y una de las más poderosas económicamente. Sembrando la duda entre la gente sobre que Dragon Valley no les ayudaría contra los no muertos y que muchos no muertos salían de allí. La ciudad lanzó un ataque en venganza contra la ciudad dragón. Rhiela, aprovechó el momento y sin necesidad de elixires, viajó hasta las puertas de la ciudad que con grandes murallas intentaban evitar el ataque del más allá. Allí, rodeada de no muertos y gracias a que no poséian la capacidad de recordar y se movían por instinto, sufrió el ataque de varios. Sin embargo, la hechicera haciendo gala de sus grandes poderes acabó con todos y colocó una carta en la puerta de la muralla que advertía que DV no era responsable de la aparición de esos seres pero que sí podían acabar con ellos y que, con el ataque de aquella ciudad, habían roto toda la posibilidad de recibir atención por su parte.

Así, aprovechando el odio de la gente de DV por las ciudades que le daban la espalda, Rhiela comenzó a proclamar la necesidad de un rey.




Rhiela- ¡Nos maldicen! ¡Nos condenan! Dragon Valley se encuentra en el punto de mira de aquellas ciudades envidiosas que ahora padecen lo que hemos sufrido nosotros. He consagrado mi vida a la creación de elixires, a la liberación de la magia y la rebelación de las criaturas sobrenaturales para poder hacer de esta ciudad un lugar grande y provechoso. Cuando yo no esté, ¿quién hará lo mismo, queridos ciudadanos? ¡Cambiemos las leyes! ¡Os ofrezco mi sangre! ¡Mis hijos, que heredaron mis poderes! ¡Os ofrezco un soberano! ¡Os propongo el poder de un rey, un rey que lleve a esta ciudad a la gloria y que demuestre a las demás el poder del dragón! Cambiemos las normas y leyes y permitamos la consolidación de un reinado. Uno de mis hijos, luchará por vosotros como si de su propia familia se tratara. ¡Hagamos de Dragon Valley el reino más poderoso de la tierra!



Guyon- ¡Rhiela tiene razón! ¡Bajo un rey seremos poderosos! ¡Un rey tan poderoso como la más grande de las hechiceras! ¡Apoyemos a Rhiela! ¡Apoyemos a Rhiela!

Ajenos a los planes de reinado de Rhiela, sus hijos no podían ni imaginarse la gran responsabilidad que caería en hombros de alguno de ellos, porque al fin y al cabo, seguían siendo jóvenes con ilusiones muy lejanas a los oscuros y grandes planes de su madre.



Albor- ¡Cómo se nota el poco ejercicio, Hali! ¡Jajajajaja! Cuando llegue a la limusina, le diré al chofer que nos vayamos sin ti, por tardona.



Halire- ¡Ay, no! ¡Espera! ¡No quiero llegar tarde! ¡Yo también quiero bailar!








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Capítulo 11: El descubrimiento de Rhiela.

Mensaje por Saclae el Sáb Nov 29, 2014 9:02 am

Capítulo 11:



Capítulo 11: El descubrimiento de Rhiela.


El cumpleaños de Rhiela se acercaba y con él su entrada en la vejez. Otros, como su gato Ocaso ya habían llegado a esa época hacía tiempo. El gato de Rhiela ya no cazaba ni aportaba ingredientes a la casa, pero a la hechicera no le importaba. Tenía tantos elixires y era tan poderosa, que le parecía bien merecido el descanso de su felino amigo.



Rhiela- Ven aquí que te de una cepillada. No cazarás, pero te pasas todo el día en el jardín y no quiero que traigas pulgas.

En contraposición a la tranquilidad que le transmitía su mascota, Rhiela cada vez estaba más nerviosa con la selección de su heredero. Un sentimiento muy profundo le decía que Albor debía ser el elegido y la hechicera sabía que debía obedecer a su oscura intuición porque ella le dictaría el camino como lo había hecho siempre. Sin embargo, sin tener claro cuáles eran los poderes de Halire, le surgía la duda de si tal vez su hija tenía un gran poder que aun no se había manifestado. Para su plan, era necesario que el heredero fuera el más poderoso, la verdadera Hydra solo se encontraba en aquel que la superara en poder. Sus preocupaciones las volcaba en Vrionak, que entendía sus recelos, pero que también aseguraba que no creía que Halire fuera la candidata.




Rhiela- ¿No has descubierto nada?
Vrionak- Nada más de lo que ambos sabemos.
Rhiela- Esta situación ha dejado de gustarme. Siempre he tenido todo bajo control y con mi hija es todo lo contrario. Me llevo bien con ella, nos queremos, pero no soy capaz de ver qué diablos esconden esas alas rosas.



Vrionak- Rhiela... Mira, realmente pienso que Hali no es la que está destinada a ser heredera. Ya te comenté que es un hada delicada, no una guerrera. Se ve en su manera de hablar, de moverse... Tu hija es demasiado dulce para que pueda aguantar la responsabilidad de ser reina de un reino en el que poco a poco irá emergiendo la oscuridad. Sea como fuera... Halire no destruye a su paso y Albor sí. Lo he visto... Sin darse cuenta, las plantas muchas veces mueren heladas por el contacto inconsciente de tu hijo. Halire parece darles más vida. Puede que sus poderes tengan que ver con las plantas. Puede que el elemento Natura sea el que rija a tu hija.
Rhiela- ¿Tú crees? Bueno, de ser el elemento Natura, es un elemento corruptible... Podría hacer grandes cosas controlado las plantas y los bosques. Pero claro, hace falta carácter y eso no se lo veo... No sé, Vrionak. Pronto me haré vieja y uno de ellos deberá heredar. Yo no puedo ser reina, debo quedarme a la sombra de mi heredero hasta que llegue el fin de mis días y pueda regresar...
Vrionak- ¿Regresar?
Rhiela- ¿Qué?
Vrionak- Has dicho que debes esperar a que puedas regresar... ¿Regresar a dónde?
Rhiela- ¡No digas tonterías Vrionak! Yo no he dicho nada.


Tal y como decía Rhiela, quedaba poco para que tuviera que tomar una decisión definitiva. Aunque si lo pensaba detenidamente, tampoco quería que sus hijos se agobiaran, ni que sospecharan cuáles eran sus planes.



Así, Rhiela intentaba informarse por su cuenta de los poderes de Halire y de ver de lo que era capaz aunque sin resultado. Los dos hermanos tenían una vida normal, dentro de la normalidad que puede tener un hada.



No obstante, Rhiela había realizado una campaña tan grande y ambiciosa por lograr sus objetivos desde la alcaldía, que muchos en la ciudad sabían que dentro de poco tendrían un rey y una reina. Algunos habitantes estaban muy de acuerdo con la hechicera y otros se posicionaban totalmente en contra. Las opiniones eran dispares, pero lo cierto era que el reinado no estaba del todo claro, aunque muchos habitantes lo dieran por hecho. Así, los hijos de Rhiela, no tardaron en enterarse de su supuesto futuro y no por boca de su madre.




Fina- ¡Pero si ha venido el príncipe de DV!
Albor- ¿Prín- príncipe?
Fina- No te hagas, que ya todos en la ciudad sabemos lo que quiere tu mamita. Así por que se le ha puesto de ahí, uno de vosotros tiene que ser rey cuando esto es una ciudad democrática. ¿Sabes? Mi familia no va a votar por semejante chorrada... ¡Viva la democracia!
Albor- ¿Pero qué dices, Fina?



Briggite- Pues mi familia sí que va a votar por el reinado Hydra. Ya está bien que otras ciudades nos tomen por tontos y por paletos. ¡Qué sufran lo que hemos sufrido nosotros!
Ulises- Totalmente de acuerdo. Cuando uno de vosotros sea rey, pateará el culo de esos engreídos. ¿A qué sí, Albor?
Albor- Realmente no sé de qué me estáis hablando... Me voy a dar un baño.



Fina- ¡Ey, tú! ¿Ya te las vas dando de rey? ¡Qué te estamos hablando!
Albor- Contrólate y no conviertas la piscina en una pista de patinaje...



Ulsies- ¡Aquí está el hada más guapa de todo DV! Si es que tienes porte de reina... Si llegas al trono tú, aquí me tienes, para lo que quieras, ¿eh? ¡Cómo tu leal súbdito! Me apuntaré a la guardia, como asistente de tu fortaleza o si quieres para quitarte los males de amores... ¡Lo qué tu desees!
Halire- Yo- yo- yo... ¡Ulises! ¡No me gustan esas bromas! ¡Dejarnos tranquilos!
Ulsies- ¿En serio me estás diciendo que no sabes que tu madre ha proclamado que uno de sus hijos será rey? ¡Pero si lo sabe todo el mundo!
Halire- ¡Pero cómo va a decir eso mi madre?
Fina- ¡Pues lo ha dicho y eso no puede ser! ¡Aquí se gobierna en democracia!
Ulises- ¡Cállate fea verde!
Fina- Anda que tú...



Manon- Hola Albor...
Albor- ¡Manon! ¿Qué- qué tal?
Manon- Bien... ¿De verdad veis bien eso de que alguno sea rey? Yo también estoy a favor de la democracia...
Albor- A ver... Manon, que yo no sé nada de todo eso. Mi madre no nos ha dicho nada de que vayamos a ser reyes y esas cosas... ¡Además es una locura! Si las leyes ya no permiten reyes autoritarios, dejar de decir cosas...



Manon- Ya se ha encargado tu madre de cambiar las leyes... Pronto será la votación, cuando seáis mayores de edad... Entiendo que no soy de tus mejores amigas, Albor, pero no me gusta que me mientan...
Albor- ¡Manon! ¡Qué no te estoy mintiendo, creéme!



Briggite- Ey, Hali... Háblale un poquito a Albor de mí. Tu hermano está realmente cañón. Y eso que parece un tipo muy frío.
Halire- ¡Yo no le tengo que decir nada! Díselo tú... A mí dejarme tranquila...
Briggite- ¿Eh? ¿Está hablando con la cabezona? Voy a quitarla del medio. ¿No es tan democrática? Pues que deje al futuro rey tranquilo. Eehmm... No tengo nada en contra de que finalmente tú seas la reina, Hali... Pero como comprenderás, prefiero que sea tu hermano. En fin, voy a arrancarle los pelos a una cabezona.



Halire- ¡Pero que yo no voy a ser reina de nada!... ¡Uy! ¡Pero deja a Manon, pobrecita! ¡Briggite!


Poco a poco, Albor y Halire fueron comprendiendo que lo que los adolescentes de la ciudad decían, tenían fundamentos. Cuando paseaban por la calle, iban a comprar o simplemente pasaban el día en el parque, la gente los miraba con gesto de admiración y otros de repulsión. Comentarios como "Ahí están los futuros reyes" "Qué asco de gentuza que nos quieren robar nuestros derechos", comenzaban a ser comunes para ellos. Esto les provocaba desasosiego porque su madre no estaba mucho en casa y no podían preguntarle como querían. Vrionak era el único que recibía sus preguntas y el hado evitaba responder. Lo peor de aquella situación es que algunos querían tomarse la justicia de su mano y grupos antimonárquicos lanzaban huevos contra la fortaleza Hydra o realizaban pintadas. En una ocasión, Halire sufrió el ataque de uno de estos grupos que la acompañaron gritándola y empujándola hasta su casa. A algunos ciudadanos se les había olvidado el poder de Rhiela y eso, tarde o temprano, les costaría muy caro. La muchacha, por su parte, prefería pintar para distraerse.





Rhiela- Qué amarillo... Demasiada luz para mi gusto... Es hasta irritante.
Halire- Hola mamá...



Rhiela- ¿Desde cuándo pintas estas cosas tan... "brillantes", querida?
Halire- Desde siempre creo...
Rhiela- ... Ya veo. ¿Algún motivo en especial?
Halire- No, ninguno...



Rhiela- ¿Te ocurre algo, hija?
Halire- Nada, mamá. Estoy bien.
Rhiela- No. A mí no me engañas. A tí te pasa algo. Cuéntame qué es.
Halire- Uuhhm... ¿Qué es eso de que Albor o yo vamos a ser reyes?

Cuando Halire hizo aquella pregunta, Rhiela levantó una ceja. Inevitablemente, sus hijos se habían enterado y eso quería decir que toda la ciudad estaba hablando del reinado Hydra.



Rhiela- Vuestro futuro, mosquita. Es vuestro futuro.
Halire- Pero ¿por qué no nos dijiste esto?
Rhiela- Porque no quería agobiaros con mis planes. No puedo explicaros los motivos por los que necesito que uno de vosotros dos sea rey porque solo cuando llegue al trono podrá comprenderlo. Sin embargo, ser rey no es nada malo. Significa tener poder sobre todo y todos.



Halire- Pero perdemos nuestra libertad...
Rhiela- ¿Vuestra libertad? ¡Al contrario! Cuando gobernéis podréis hacer lo que queráis.
Halire- La gente no nos quiere como nada de eso, mamá...
Rhiela- ¿Y qué importa lo que quieran o no? Lo que importa es lo que queráis vosotros.
Halire- Pero es que...
Rhiela- Un momento. ¿Te han hecho algo?

Cuando Rhiela vio llorar a su hija, entendió que algo le había pasado con algún antimonárquico. Con paciencia, logró obtener de su hija la información sobre quiénes habían sido y diciéndole que no se preocupara, la hechicera comenzó a urdir rápidamente un plan para castigar a todo aquel que osara dañar a sus hijos.



Rhiela- Tú déjame a esos desalmados a mí.
Halire- Pero ya estoy bien mamá. Me ayuda mucho hablar contigo. No les harás nada, ¿verdad?
Rhiela- Oh no... Simplemente entenderán que no pueden molestar a unos niños y que si quieren meterse con alguien, que lo hagan conmigo. Tú no te preocupes.




Los adolescentes conocían el fuerte carácter de su madre, pero no sabían realmente hasta dónde era capaz de llegar. Él único confidente de Rhiela era Ocaso y era el que guardaba sus más oscuros y terribles secretos. A pesar de que ni Albor ni Halire sabían hasta dónde era capaz de llegar su madre por lograr sus objetivos, pronto comenzaron a darse cuenta porque tampoco a Rhiela le interesaba ocultar más su maligna personalidad.



Vrionak- ¿De verdad has hecho eso? Pero eso puede echarte encima a toda la ciudad, Rhiela.
Rhiela- ¿Quién sabe? Poco mi importa. Uno de mis hijos será rey sí o sí por mucho que ellos no quieran. Un momento...



Rhiela- ¿Ya están en el lugar, Michael? Perfecto. Voy ahora mismo para allá.


Aquella noche, los que insultaron y maltrataron a Halire fueron condenados por Rhiela. La hechicera no tuvo ningún reparo de mandarles una citación para que se reunieran en la plaza del ayuntamiento. Después, cuando todos ellos estuvieron, la alcaldesa apareció por un balcón y mientras señalaba al cielo, hizo girar su muñeca dos veces, abriendo su mano en forma de garra a la tercera. Al instante, unos terribles rayos turquesa y negros cayeron sobre las personas que había en la plaza, aniquilándolos a todos. El revuelo y el griterío se hizo tan grande, que la ciudad despertó y Rhiela lanzó un mensaje por megafonía avisando de que siempre había ayudado a la ciudad, pero que si se lo pagaban con desagradecimiento y atacando a su familia, no tendría ningún reparo en usar toda la fuerza de su magia para condenarlos de nuevo.

El terrible castigo llegó a los oídos de sus hijos, que sin creérselo, no podían hablar con claridad del tema.




Halire- Florece...



Albor- Bien... Las plantas aumentan un veinticinco por ciento su crecimiento... Espero que cuando controlemos más nuestro poder, las hagamos florecer con un poco de magia nada más.
Halire- Albor... ¿Escuchaste lo que hizo mamá?
Albor- ... Sí, sí lo escuché.
Halire- Qué terrible...
Albor- No te sientas culpable, Hali. Ya conocíamos el carácter de mamá.
Halire- Yo no sabía que era capaz de eso...
Albor- Mmm... Ni yo tampoco.


Rhiela, cada vez más irritada porque su cumpleaños se acercaba, acusaba la falta de información respecto a los poderes de Halire. No le importaba lo que le decía Vrionak. Tenía que saber exáctamente cuáles eran los poderes de su hija porque debía tomar una decisión. Una noche, harta de tanto misterio, decidió actuar.



Rhiela- Esta noche, Halire deberá mostrarme sus poderes.
Vrionak- ¿Cómo?
Rhiela- Lo que has oído. Ya he esperado bastante.
Vrionak- Rhiela, ya te he dicho lo que ocurre con tu hija.



Rhiela- ¡Me importa un bledo lo que me hayas dicho! Te pedí que descubrieras cuáles eran sus poderes y no lo hiciste. Me has venido con hipótesis estúpidas de elemento natura, de elemento agua y no has sabido darme una respuesta concreta.



Vrionak- ¿Y qué esperabas? No he podido averiguarlo. No lo ha mostrado. Sólo puedo moverme entre hipótesis. Lo único que tengo claro es que no es un hada guerrera, no sirve para la batalla.
Rhiela- Eso me da exáctamente igual. Te dije que hicieras una cosa y no la hiciste. Te recuerdo, que estás condenado a servir a los Hydra durante tus días de existencia. Más te vale hacer las cosas bien o sufrirás las consecuencias de haberme vendido tu alma. ¿Te queda claro?



Vrionak- Como el agua...


Cuando llegaron a casa, Rhiela hizo que sus hijos bajaran al jardín. Hacía frío porque estaban en pleno otoño pero eso no le importó a la hechicera que estaba centrada en descubrir cuáles eran los misteriosos poderes de su hija. Cuando sus hijos estuvieron en el jardín, sin perder más el tiempo, Rhiela exigió a su hija que mostrara sus poderes.



Rhiela- Ya he sido muy paciente contigo, Halire. Muéstrame tus poderes féericos.
Halire- ¿Qué? Yo no sé cuáles...
Rhiela- No intentes engañarme. Muéstrame tus poderes, ahora.



Halire- Yo... este... Es que no sé...
Vrionak- Rhiela, ¿no ves que no sabe? Ni siquiera ella tiene idea de...
Rhiela- ¡Silencio! Halire, o me muestras tu poder o te lo saco yo a la fuerza. ¿Qué prefieres?


Halire comenzó a ponerse nerviosa. Se encontraba sin escapatoria ante las exigencias de su madre que cada vez se irritaba más. Albor, que ya sabía perfectamente cuál era el poder de su hermana porque ella misma se lo había reconocido, decidió ayudarla. Su madre quería saber quién era más poderoso para darle la herencia, así que debía mostrar todo lo que había aprendido para que se olvidara de su hermana y la perdonara.

Albor- ¡Mamá, espera! ¡Hali es una inútil! ¡No tiene poderes! ¡Pero yo sí soy poderoso y te lo voy a demostrar!

Esforzándose como nunca antes, Albor concentró su poder helador en él mismo.



El frío se hizo tan intenso que comenzó a helar el terreno sobre el que estaba el muchacho, luego, con el estallido de su poder, el jardín se congeló por completo.



Rhiela, al ver el poder destructor de Albor, volvió a sentir que él era el elegido. Con una media sonrisa, pero sin borrar la irritación de sus ojos porque no había logrado descubrir los poderes de Halire, ordenó a Albor que descongelara el jardín y se marchó a su torre sin decir nada más. El resultado de aquello fueron las terribles marcas que se dibujaron en el rostro de Albor.



El poder helador de Albor se había desatado y su rostro lo iría acusando con el tiempo. Agotado, miró a Vrionak y a Halire que en silencio le devolvían la mirada. Con la poca energía que le quedaba, deshizo el hielo que había creado y Halire le pidió perdón por lo ocurrido.




Vrionak- Albor, vete a descansar. Y tú, Hali... Vas a contarme qué es lo que está pasando contigo.




Albor- Prefiero quedarme.
Halire- No, Albor, vete a descansar. Voy a contarle todo a Vrionak.
Albor- ...

Cuando Albor se marchó, Halire le contó cuál era su poder a Vrionak y le hizo una demostración.



El hado se quedó en silencio, porque entendía perfectamente el mio de la muchacha de decírselo a su madre. Rhiela no tomaría nada bien que su hija tuviera el poder de la luz, el mismo que su madre Siluya. Vrionak prometió guardarle el secreto a Halire, a cambio de que se esforzara y mostrara interés en todo lo que hiciera, para que Rhiela creyera que no tenía poder especial alguno y que realmente era un hada frágil tal y como él decía y Halire así lo hizo.

Albor pasó dos días durmiendo y Rhiela ordenó a Halire que despertara a su hermano porque tenía que hablarles del tema de la herencia.




Halire- Albor... ¿Aun sigues durmiendo?



Albor- ...
Halire- Despierta, mamá va a hablarnos sobre la herencia.



Albor- ¿Cuánto he dormido?
Halire- Dos días. ¿Estás mejor?
Albor- Sí, ya no estoy tan cansado.
Halire- Me alegro. Cámbiate y ven al jardín. Allí están mamá y Vrionak.



Albor- No sé porque siento que ya sé el resultado de todo esto.

Tal y como había ordenado Rhiela, los chicos fueron al jardín y tomaron asiento. La hechicera había tomado su decisión conforme a la herencia y era el momento de decirlo.




Rhiela- Creo que ambos sabéis para lo que os he reunido aquí. Vamos a tratar el tema de la herencia. Pero primero, y para que veáis que yo también doy las explicaciones oportunas, os dejaré que me preguntéis todas vuestras dudas. ¿Quién quiere empezar? ¿Tú, Halire?
Halire- ¿Yo? Mmmm... ¿Cuáles son los valores que debemos tener en esta familia?
Rhiela- Poder y conquista. ¿El por qué? Porque así ha sido dictado por el destino.
Albor- Hablas mucho del destino, mamá... Pero no explicas cómo sabes esas cosas.
Rhiela- Porque uno las siente y a veces aparece alguien que te hace verlo. En mi caso ocurrieron ambas cosas. No puedo deciros más, porque el que herede lo verá tan claro como yo en un futuro.
Halire- Yo tengo una duda... ¿Quién es nuestro padre? Nunca nos hablaste de él y ya casi somos mayores de edad...



Rhiela- Supongo que como todos, debéis saciar la curiosidad de saber quién es el que os engendró... Bueno, si esperábais que fuera un gran hado pues no, no lo fue. Vuestro padre fue un amigo mío que acabó traicionandome uniéndose a una bruja blanca que quería estropear todos mis planes.

Rhiela contó con todo lujo de detalles, omitiendo los más escabrosos, sus oscuros planes. No nombró las desapariciones de niños, pero reconoció ser la culpable de la maldición de no muertos. Sus hijos, impactados ante tales palabras, escucharon con atención. La hechicera explicó que necesitaba tener herencia por lo que en un futuro podrán entender y que Pan fue el elegido. Contó el castigo de él y de la bruja blanca y a Halire se le hizo un nudo en el estómago.



Albor- ¿Y pretendes que nosotros seamos como tú?
Rhiela- En el fondo lo sois. Cada uno a vuestra manera. No estoy diciendo que tengáis que seguir mis métodos. Cada uno utiliza los que considera más apropiados. No puedo mentiros sobre las cosas que he hecho porque tampoco me arrepiento. Y ahora que lo has preguntado, he de decir, que creo que eres bastante consciente de que la herencia recaerá en tí, Albor.



Rhiela- Sobre la cuestión del reinado. El objetivo es que llegues a ser rey de Dragon Valley. Con tu poder, deberás conquistar otro lugar y someterlos bajo tu poder. Tal vez te parezca mucho, pero créeme cuando te digo que estás destinado.
Albor- Volvemos al destino...
Rhiela- Sé que no te resulta ahora mismo una razón de peso. Pero lo entenderás, te prometo que lo harás. Vrionak va a estar a tu lado, porque vuestra longevidad no se compara con la mía. Yo no estaré eternamente para guiarte pero Vrionak lo sabe todo sobre las hadas, él te guiará.
Vrionak- Así es.



Rhiela- En cuanto a tí, Halire. Tu deber es estar al lado de tu hermano y apoyarlo. Ya que no tienes poderes especiales, asistirás a Albor cuando lo necesite.
Halire- Sí...
Albor- ¿Y qué pasa con la gente? Muchos no quieren tener un rey.
Rhiela- Acabarán queriéndolo.



Vrionak- Ya está todo dispuesto. Se calcula que alrededor del 70% de la población quiere el reinado Hydra. No hay marcha atrás muchacho.



Rhiela- Confío en que harás un buen trabajo y llevarás el reinado Hydra como se merece, Albor. Eres fuerte, poderoso, disciplinado... Los Hydra llegarán lejos y yo puse la primera piedra. Tú eres el que debe continuarla y cuento con que lo harás correctamente.
Vrionak- Albor no te defraudará. Estoy seguro. ¿Verdad muchacho?



Albor- No, no lo haré...


Rhiela estaba muy orgullosa de su hijo, pero no imaginaba que a Albor, aquella idea de ser rey no le gustaba nada. La única que lo sabía era su hermana Halire que compartía con él la idea de que no estaban preparados para reinar.



Albor- Ya está todo dicho. Ya es oficial...
Halire- Albor... Aunque sea oficial, ¿de verdad vas a aceptar ese reinado?



Albor- ¿Qué otra opción me queda, Hali? Mamá se ha esforzado para que esto sea así y tampoco quiero decepcionarla.



Halire- Lo importante es lo que tu quieras, hermano. No lo que quiera mamá.



Albor- Ya... ¿Y cómo decirle que no quiero ser rey? Ya conoces su carácter. Es capaz de encerrarnos en esta fortaleza de por vida.
Halire- Hagamos nuestros planes en secreto. Esperemos a la mayoría de edad para poder cambiar los papeles y renunciar al reinado en caso de que saliera a votación que sí.



Albor- Va a ser demasiado difícil.
Halire- Merecemos ser libres, Albor... Nadie nos ha preguntado lo que queremos y tampoco creo en el destino ese del que habla mamá. Nosotros tenemos un sueño que cumplir, ¿recuerdas?



Albor- Claro que me acuerdo.
Halire- ¿Y ya no quieres ser un hado aventurero?
Albor- Por supuesto que sí.
Halire- Pues entonces llevemos nuestro plan en secreto. Mamá se enfadará cuando lo llevemos acabo, pero nos quiere y acabará  aceptando que tenemos nuestros propios sueños.



Albor- Está bien. Fingiremos que aceptamos lo que nos dice hasta que sea el momento.


Albor y Halire decidieron disimular ante su madre sus verdaderos planes. Ante ella se mostraban ilusionados con sus planes y entre ellos configuraban poco a poco el entramado de un plan que les permitiría ser libres. Rhiela, sin saber esto, mostraba ilusionada los pasos que debía seguir su futuro heredero.



Rhiela- Tengo algo para ti.
Albor- ¿Para mí?



Rhiela- Sí, futuro rey. Este regalo te ayudará en tu reinado, estoy segura de ello.
Albor- ¿Y qué es?



Rhiela- Te presento a Cosmogonos. Es un dragón peridoto. Controla la tierra y otorga tesoros a aquel a quien sirva. Este pequeño me ha ayudado mucho y es el momento de que empiece a ayudarte a ti.



Albor- Muchas gracias, mamá. No sé que decir...
Rhiela- Cosmogonos te servirá en tu lucha como rey. Aprende todo lo que es capaz de hacer por ti y nadie podrá hacerte frente. Mira... Cosmogonos necesito un tesoro.



Albor- ¡Vaya!
Rhiela- Si no le pides nada en concreto, te obsequiará con aquello que necesites en ese momento. Pero si le pides algo concreto, él te lo dará.



Rhiela- Se un señor responsable Albor y el dragón siempre te responderá.
Albor- Entendido.




A partir de aquel momento, Albor siempre iba acompañado del pequeño dragón Cosmógonos que aceptó al hado sin ningun problema. El cumpleaños de Rhiela, por otro lado, llegó y la hechicera entró en la última etapa de su vida.



Y ya fuera por toda su magia o por los hechizos que realizó en un pasado, que el cambio de imagen no resulto tan traumático para la hechicera.



A pesar de sus años, seguía siendo una mujer muy bella y debido a la edad, sus sentidos se aguzaron. Rhiela ya tenía todo preparado para comenzar con las votaciones para saber si DV quería ser un reino o no, pero aun tenía una espina clavada en el corazón y necesitaba sacársela. Quería averiguar el poder de Halire porque durante mucho tiempo y en los momentos en los que se encontraba a solas, había pensado en todo tipo de posibilidades. No se creía que su hija no tuviera poderes especiales porque ella misma podía sentir su energía. No por nada había nacido de una hechicera muy poderosa como para no heredar ningún tipo de poder. Así, aprovechando que no tenía tantas reuniones en aquel momento, un día fingió marcharse a una pero lo que hizo fue seguir en silencio a su hija por Dragon Valley. Aunque ya no fuera una joven, Rhiela se había caracterizado por su sigilo y por aparecer allí donde nadie se la esperaba y, de ese modo, no tuvo ningún problema en encontrar y seguir a Halire sin que ésta se diera cuenta.



Halire tenía la costumbre de marcharse por las tardes a ver los caballos y animales salvajes. Un pasatiempo que no debería de ser preocupante. Sin embargo, con los animales, la chica se liberaba. Se sentía tan a gusto que no podía evitar expresar su amable y dulce poder lumínico.



Aquella tarde fue como tantas otras pero con la diferencia de que la mirada de la hechicera más maligna que hubiera conocido Dragon Valley, no perdía detalle de lo que hacía aquella hada de luz.



Y cuando Rhiela vio y comprobó los poderes de su hija, todas sus teorías se materializaron y se hicieron ciertas.



Su hija era un ser de luz, un ser contrario a lo que debía ser un Hydra y eso enfureció a Rhiela que no entendía cómo de su ser había podido nacer un ser tan bello, amable y que iluminaba tanto a su paso. Acosada por el descubrimiento y a sabiendas de que había estado engañada, entendió que Vrionak también había participado en el engaño y como si una voz le susurrara que aun había más secretos por descubrir, decidió espíar a sus hijos.





Halire- ¡Ya no queda nada para que seamos mayores de edad!
Albor- ¡Jajajaja! Sí... pronto podremos ver mundo.



Halire- ¿Crees que encontraremos más dragones como Cosmógonos?
Albor- Tal vez... Investigaré en la biblioteca a ver si hay algún libro de dragones para que empecemos a explorar por los lugares donde diga que pueden haber.
Halire- ¡Eso sería genial! ¡Aunque yo quiero ver a un unicornio!



Albor- El problema va a estar en cómo se vaya a tomar mamá que queramos irnos a explorar.
Halire- Sí... Pero bueno, ella entenderá que no quieres ser rey. Además, podrías dejarle el reinado a Vrionak, no sé... Hasta que regresemos.



Albor- Sí, quiero regresar algún día a DV... Yo creo que tienes razón y Vrionak puede ser un gran rey. Podríamos darle el apellido Hydra también.
Halire- ¡Qué gran idea! ¡Así no tendríamos que llevar toda la responsabilidad nosotros!



Rhiela- El apellido Hydra...



Albor- Solo espero que mamá no se lo tome muy mal...
Halire- Seguro que nos entiende. ¡Vamos a ser tan felices y a estar tan ilusionados que lo entenderá! Además... No porque ella diga que tenemos que hacer una cosa, debemos hacerlo... Nuestro destino lo marcamos nosotros.



Rhiela- Ilusos... Estúpidos...


Halire y Albor cumplieron años junto a Vrionak y Rhiela.



Su etapa de adolescentes había terminado y con ella, las obligaciones.



Los chicos celebraban felices su mayoría de edad sin percatarse de la seriedad con la que les miraba su madre.



Rhiela observaba en silencio como sus hijos se convertían en unos verdaderos hados a sabiendas de los verdaderos planes de sus hijos.



Sin aplaudir y sin celebrar, espero a que la fiesta terminara. Comió un poco de tarta y se retiró en silencio. La felicidad del momento no les hizo ver ni a Albor ni a Halire que la mirada de Rhiela había vuelto a sus terribles orígenes.




Sentandose en la mecedora que alguna vez fue de su madre y que ella misma tapizó después, con lentos movimientos la oscuridad comenzba a rodear la figura de la hechicera que fijaba su mirada en las tinieblas. Nadie debía atreverse a intentar engañar a Rhiela porque nadie jamás lo había logrado. Sus hijos pensaban que lo habían hecho. Vrionak creía que lo había logrado. Pero, Rhiela les demostraría que no podrían escapar de su destino.














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Capítulo 12: Hail Hydra

Mensaje por Saclae el Dom Nov 30, 2014 9:05 am

Capítulo 12:


Capítulo 12: Hail Hydra


Sus hijos ya eran unos jóvenes hechos y derechos. Rhiela comprendía que era el momento de dejar claros unos últimos detalles. Conocedora del plan de sus hijos por desobedecer sus deseos, Rhiela no estaba dispuesta a que llevaran a cabo sus planes, pero debía actuar con normalidad para que no sospecharan nada. Por los posibles resultados de su decisión, Rhiela llamó a Albor y le hizo entrar en la que una vez fue la habitación de Zeode. Esta habitación había estado cerrada desde la muerte del cantante y aunque lo esperable era que el olor fuera intenso y de un lugar que no se abría desde hace mucho, Albor se sorprendió cuando la habitación, inexplicablemente, olía tan bien.




Rhiela- Esta fue la habitación de mi padre. -dijo Rhiela muy seria mientras abría uno de los cajones de una vieja cómoda.



Rhiela- A mi padre siempre le gustaron los dragones. Yo heredé ese gusto desde niña sin entender muy bien el por qué, ya que él tampoco hablaba del tema. Con el tiempo comprendí que la figura del dragón está muy relacionada con nosotros. Nuestro apellido tiene un motivo que deberás entender con el tiempo pero que, estoy segura de que lo harás... Por ahora, te doy esto.



La hechicera sacó un colgante de plata y se lo puso a Albor que miraba en silencio cómo su madre le hacía aquel simbólico regalo.

Rhiela- Cuando tuve edad suficiente, mandé diseñar dos colgantes de dragón. Uno era para las mujeres que heredaran en nuestro linaje y otro, para los hombres. Llevar uno de estos dos collares significa ser el líder de los Hydra en ese momento. Ambos recordaran a quien lo lleve sus tareas como heredero y quiénes son en realidad.



Rhiela- Puede que ahora mismo sea solamente un simple colgante, pero cuando veas lo que significa ser el heredero Hydra, ya no podrás olvidarte de su significado. ¿Lo has entendido?




Albor- Sí, mamá.
Rhiela- Existe otro colgante... El de los condenados. Ese está reservado a los traidores o los que hayan traicionado al heredero Hydra. No se puede quitar, ni destruir... Salvo por el propio heredero que lo impuso. El que lleve ese collar estará condenado a lo que el heredero dicte. Ya sea su muerte o lo que dictamine.
Albor- ¿Y ese colgante dónde está?
Rhiela- No te preocupes por el momento. Ya tendrás tiempo de conocerlo.


Albor se despidió de su madre y acudió a hablar con Halire. Los hermanos ya tenían casi todo preparado para su viaje y sólo quedaba que Albor firmara unos papeles de renuncia del reinado en caso de que la votación saliera positiva para dárselo a Vrionak. Rhiela sabía todo esto, pues observaba a sus hijos desde su bola de cristal en su oculta sala de magia.



Albor- Mamá me dio este colgante...
Halire- ¡Qué bonito collar!



Albor- Es el colgante del heredero Hydra... Me ha explicado que siempre debo llevarlo ya que el heredero soy yo.
Halire- Llévalo entonces, Albor. Es un regalo y los regalos no se desprecian.
Albor- No, no voy a despreciarlo. Es solo que... Bueno, no va a tener el significado para mí que ella espera que tenga.



Halire- ¿Qué significa?
Albor- Básicamente lo que ya sabíamos... El poder de los Hydra, el destino... Todas esas cosas de las que habla mamá sin concretarlas en nada.
Halire- Bueno, llévalo. Aunque nos vayamos de viaje seguirás siendo su elegido para la herencia.



Albor- Sí, así lo haré. En fin, ahora me voy a terminar con el papeleo, es bien temprano y no creo que haya nadie.
Halire- Vale, yo terminaré de hacer las maletas.



Albor- Esta noche le diremos a mamá nuestra decisión.
Halire- Sí. Y deja de preocuparte, que mamá nos va a entender. El amor de una madre es más fuerte que cualquier cosa.

Halire tenía claro que su madre finalmente les entendería y apoyaría en su decisión. Pero Rhiela no estaba por la labor. Su hija se había convertido en la imagen de Siluya y de Shelby. Criaturas de luz que siempre intentan estropear los planes de los poderosos servidores de las tinieblas. La hechicera sabía muy bien cómo terminar con todo aquello y, para ello, planeó darles una lección a Halire y Vrionak, que había estado ocultando la condición de su hija. Esperando a que Albor se marchara y que Halire estuviera sola, Rhiela se dirigió a ella con la excusa de necesitar ayuda.



Rhiela- Halire.
Halire- ¡Dime, mamá!



Rhiela- ¿Dónde está tu hermano?
Halire- Pu- pues no sé... Se habrá ido a visitar a algún amigo...



Rhiela- Bueno, no importa. Vrionak y tú podéis ayudarme de todas formas...-disimuló Rhiela que sabía perfectamente que su hijo se había marchado para renunciar al reinado.
Halire- ¡Oh! Pues dime, ¿qué tenemos que hacer?



Rhiela- Me ha llegado información sobre que a las a fueras de Dragón Valley, tras la montaña que hace frontera, crece una flor muy especial que brilla más que la luna y podría ayudarme en mis elixires...
Halire- ¿De verdad? ¿Una flor que brilla más que la luna?
Rhiela- Sí. Iría yo sola pero con eso de que ya no estoy tan joven y el asunto de los antimonárquicos temo que pueda ocurrirme algo. Por eso me gustaría que me acompañárais.




Halire- ¡Por supuesto, mamá! ¡Eso ni se pregunta! Voy a llamar a Vrionak.
Rhiela- Muy bien... hija.

Mientras Rhiela junto con Vrionak y Halire viajaban hacia las montañas a las a fueras de Dragon Valley. Albor llegaba a la plaza del ayuntamiento.



El joven llevaba todos los documentos que necesitaba para renunciar al reino de Dragon Valley y ya estaba por entrar en el ayuntamiento cuando sintió frío a sus espaldas. Aquella sensación era muy extraña, puesto que por su condición helada, él jamás podía sentir frío.




????- Por mucho que intentes renunciar al reinado, tu destino seguirá siendo siempre el mismo.
Albor- ¿Quién?



????- Rhiela solo ha preparado el camino para que ejerzas tu poder donde debes. Dragon Valley, la tierra que vio nacer a los Hydra.
Albor- Mira, no sé de qué me hablas ni por qué lo haces cuando mi abuelo ni siquiera era de aquí. Así que te pediría que te...

Albor se dio la vuelta para mirar a la mujer que le estaba hablando desde detrás y cuando vio el terrible rostro de la anciana vestida de negro quedó paralizado. Nunca había visto una criatura tan horrible y a la vez tan perturbadora.



????- Nadie mejor que yo conoce la historia de los Hydra. Excepto tu madre a la cual yo se la mostré una vez. Ahora te toca a ti saber la verdad.
Albor- No tengo tiempo para estas tonterías.



????- Allá donde vayas, allá donde dejes tu semilla, el nuevo sucesor llegará, así como tu llegaste al mundo. Tu destino esta escrito y no puede ser borrado. Para saber lo que eres en realidad deberás seguirme. Tu sueño de vivir libre es una ilusión que no puedes cumplir y si continúas con esa idea, llevarás la muerte a tu propia hermana.
Albor- ¡Hali! ¿¡Qué dices de ella mujer charlatana!?
????- Acompáñame a las catacumbas. Donde el infierno se une con la tierra y allí encontrarás todas las respuestas.


Albor indeciso dudó, pero algo le decía que debía seguir a aquella extraña mujer. Un sentimiento muy fuerte le empujaba a ello y al final, optó por hacer lo que la anciana decía.



Albor- Te advierto que no soy ningún niño tonto. No voy a caer fácilmente en ilusiones porque para ello me he entrenado toda la vida.



????- Tú mismo comprobarás que no son ilusiones lo que verás si me acompañas. Te sentirás completado y verás el objetivo de tu vida. Eres un hijo de la tenebrosidad, tu hogar está allí, no al lado de un ser de luz. Pero no hablemos más, entremos y comprobarás la verdad de mis palabras. Entenderás que debes ser rey de Dragon Valley.



Con aquellas misteriosas palabras, la anciana entró en las catacumbas del cementerio. Lugar en el que, por otro lado, había estado con Rhiela tiempo atrás.



Albor, de este modo, siguió al espíritu oscuro sin poder imaginar que lo que allí dentro vería cambiaría su vida para siempre.




Cuando llegaron a las montañas de las a fueras de Dragon Valley, Rhiela llevó a Vrionak y a Halire a una colina que terminaba en un precipicio. La hechicera se dirigió al borde del precipicio muy seria mientras que los dos hados no entendían qué era lo que realmente estaban haciendo.




Halire- Emm... ¿Buscamos la flor, mamá?
Vrionak- Eso es, Rhiela. ¿Quieres que busquemos ya la flor? Aquí no veo nada que se le parezca.
Rhiela- No existe tal flor aquí.



Halire- ¿Eh?
Rhiela- Estáis aquí porque vais a darme unas cuantas explicaciones.
Vrionak- ¿Explicaciones de qué?
Rhiela- Encima te haces el estúpido... No, si imbécil eras cuando contacté contigo la primera vez. Has seguido igual.



Halire- ¡Mamá! ¿Por qué le hablas así a Vrionak?
Rhiela- ¿Y tú? Tu la peor decepción que podía tener. ¿¡Cómo de mi, Hechicera de la tenebrosidad, descendiente de Zeode y representante del mal ha podido salir alguien como tú!?
Halire- ¡¿Qué dices, mamá?!
Rhiela- Y lo más curioso es que has intentado llevar a tu hermano, a nuestro heredero por la senda equivocada. Como todos los seres de luz vas de inocente pero tu egoísmo es el mismo que el de cualquier otra criatura. ¿Darle el apellido Hydra a Vrionak? ¡¿Crees que esta familia es solo un apellido, maldita desgraciada?!
Vrionak- ¡Rhiela, detente! ¡Te estás confundiendo!
Rhiela- Ah... Me estoy confundiendo... Entonces... ¡Dime qué significa esto!



Rhiela utilizó su poder oscuro para descubrir los poderes de Halire. La magia oscura de la hechicera rodeó a la muchacha y la obligó a rebelar sus poderes.



Halire- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhh!



Vrionak- ¡Rhiela!



Rhiela- Ahí está... La maldita luz de Siluya...



Vrionak- ¡Hali! ¿Estás bien?

Rhiela cada vez más furiosa por todo el engaño que habían tratado de lograr contra ella miraba con desprecio a los que fueron su hija y su servidor. El poder destructor de Rhiela continuaba manifestándose en Halire mientras su poder continuaba manifestándose aunque con menos frecuencia. La demostración ya estaba hecha y ya no quedaba ninguna manera de negar lo que Rhiela sabía.



Halire- ¡Mamá, iba a decírtelo! ¿Por qué te portas así conmigo? ¡No he hecho nada malo!



Rhiela- Engañar a tu madre, intentar llevar a tu hermano por un camino que no es el que debe seguir, despreciar mi esfuerzo. ¿Te parece que no has hecho nada malo? Mmm... Permíteme dudarlo mosca luminosa. De todas formas, tu castigo viene por tu condición de luz. Un Hydra jamás puede ser luz. ¡Hydra significa caos!



Halire- ¡Pero Albor no quiere ser rey! ¡No puedes obligarlo a ser algo que no quiere!
Rhiela- Quiera o no, ese es su destino y ni tu ni nadie podrá alejarlo de su misión vital.
Halire- ¿¡Qué destino es ese que no te deja ser libre!? ¡Mamá, somos tus hijos!



Rhiela- Dentro de poco solo lo será uno. ¡Tú no mereces saber nada de la Hydra! Y eso solo voy a lograrlo con tu silencio eterno, ser inferior de luz.
Vrionak- ¡No si yo puedo evitarlo!

Vrionak, en un acto de proteger a Halire, se lanzó contra Rhiela que lo miró con odio y desprecio.



El poder de Vrionak no podía compararse al de Rhiela y la hechicera iba a demostrárselo. Llenando sus manos de energía oscura, la hechicera lanzó un poderoso ataque que golpeó de lleno y lo lanzó contra un árbol cercano.



El hado rojo quedó inmovil sin poder moverse y Halire desvió su atención preocupada.




Halire- ¡Vrionak!

Este despiste provocó que no se diera cuenta de la cercana presencia de su madre hasta que fue demasiado tarde. Las largas uñas de Rhiela brillaron con fuerza y al igual que un zarpazo de un gran felino, el golpe fue duro y lleno de poder sobre el rostro de Halire.



La poderosa energía oscura destrozó las joyas y el vestido del hada, además de causarle graves heridas y hacer que rodara varios metros desde el lugar del golpe. Como el hada había perdido el conocimiento, Rhiela centró su atención en Vrionak, el traidor que se había atrevido a engañarla y que se intentaba levantar a duras penas.




Rhiela- Tu despecho hizo que te importara poco lo que le ocurriera a la bruja blanca y juraste lealtad a toda costa condenando así tu alma.



Rhiela- Esto es lo que ocurre cuando se está de lado de un ser de luz. ¡Débiles! ¡Esperando siempre que se les proteja! ¿Cuántos no han muerto por defenderlos? ¿Cuántos no han caído hechizados por su falsa bondad y su belleza dulce y empalagosa? Tú, estúpido sin vida eres uno de ellos y ahora me vas a pagar tu traición.



Rhiela- Halire morirá como lo hicieron Siluya y tu odiada Shelby. Tu protegida va a morir del mismo modo que las demás y no podrás hacer nada por evitarlo.



Rhiela- Te dije que la entrenaras pero te dejaste llevar por el engaño lumínico. Si al menos hubiera tenido nociones del combate podría haberse defendido, pero ni siquiera eso. Una mosca a merced de una araña. Así dejaste a tu querida Halire y a mi despreciable hija. Debo agradecértelo, si me va a resultar tan fácil matarla va a ser gracias a ti y tu ineptitud cuando te ordené que la enseñaras.



Rhiela- Y en cuanto a ti, la muerte es un premio comparado a lo que te espera. ¡Tú juraste defender y servir a los Hydra y eso es justo lo que harás!



Rhiela- Servirás a Albor y le ayudarás en todo lo que necesite bajo la forma del ser despreciable que eres. Un hado despojado de toda su gracia, de toda su belleza. ¡Una alimaña con alas que tendrá como único papel servir a los Hydra hasta el final de sus días!



Rhiela- ¡El colgante que llevarás no te dejará librarte de tu condena! Lo llevarás puesto hasta que mueras, sin podértelo quitar y en los días en los que más brille el sol no podrás salir de tu sucia y oscura guarida. ¡La luz agrietará y hará sangrar tu piel en recuerdo de la luz que tanto defendiste, pues como una mísera polilla acabaste calcinado por su belleza cegadora!



Rhiela- ¡Te condeno, Vrionak! ¡Y ningún otro heredero Hydra podrá quitarte jamás tu condena hasta que mueras!


Una vez finalizada la maldición y condena de Vrionak, Rhiela, harta ya de aquellos dos, se dirigió a su hija con evidentes intenciones de hacerla desaparecer.



Rhiela- Criatura de luz que intentaste superar la tenebrosidad, tu castigo es la muerte.



Rhiela-  Mi madre no supo solventar el error de una hija maligna, pero yo si sé como arreglar mis errores. Halire, tu condena será la misma que todas aquellas luces que se acercaron a la oscuridad Hydra.



Rhiela- Arder en el fuego azul.


El hechizo salió veloz contra Halire, que inconsciente yacía en el suelo. El fuego destructor quemó el camino por donde pasó. Rhiela observó satisfecha como las llamas rodearon voraces a Halire pero una luz repentina y un frío extremo cubrió el ambiente. Una esfera helada era rodeada por el fuego sin que éste pudiera consumirla.



Albor estaba allí con su destructivo poder helador interponiéndose entre las llamas y su hermana.



Las llamas salieron despedidas hacia todos lados sin que ni siquiera pudieran tocar al hado que inmóvil defendía a su hermana del temible ataque de Rhiela. Cuando las llamas se disiparon, Albor retiró la protección y se levantó despacio para mirar a su madre pero algo más cruel que el propio hielo le dejó helada el alma y el corazón.





Las lágrimas hicieron brillar sus ojos sin que pudiera pronunciar palabra. Las llamas habían alcanzado a su madre que de pie, mirándole con una poderosa mirada cansada, dolorida y llena de orgullo, tenía consumida parte de la mitad del cuerpo por el fuego.




Albor hizo un gesto para ayudarla pero el fuego devoraba rápidamente y una barrera mágica impuesta por la propia Rhiela no le dejó acercarse.




Rhiela- Me alegra ver que no me confundí. Solo aquel que fuera más poderoso que yo podía ser el heredero Hydra.



Rhiela- Ahora puedo regresar...

Las misteriosas palabras de Rhiela precedieron al silencio y al terrible crepitar de las llamas que rodeaban cada vez más a la hechicera.



Entregándose a las llamas, bajo los pies de Rhiela comenzó a formarse un agujero negro similar a un abismo. Albor estaba petrificado ante todo aquello. El abismo se hacía cada vez más grande y la propia tierra parecía moverse.



Como si una criatura, bajo ella, se arrastrara despacio, el suelo comenzó a temblar terriblemente. El cuerpo de Rhiela se alzó del suelo y comenzó a levitar prácticamente consumido por las llamas.



Desde el abismo, el espíritu de lo que parecía ser la gigantesca cola escamosa de una serpiente comenzó a emerger y a rodear poco a poco el cuerpo de la hechicera. En un momento, con un fuerte movimiento constrictor, extranguló lo que quedaba del cuerpo de Rhiela y este estalló en infinitas partículas de luz y fuego.



Después, aquella enorme cola de serpiente se hundió en la oscuridad del abismo dejando una poderosa llama tras ella que desapareció, pero cuando todo se creía acabado, el fuego volvió a resurgir con fuerza formando una terrible torre de llamas que llegaba hasta el cielo.




El fuego azul ardía con fuerza y desde el abismo, infinidad de criaturas que con gritos y chillidos salieron rodeando la columna de luz. El poder que desprendía aquella torre, hizo que Albor protegiera a su hermana y que Vrionak, ya recuperado fuera en su ayuda.





Vrionak- ¿¡Qué es eso!?
Albor- ¡No lo sé! ¡Pero se dirigen a Dragon Valley!



Vrionak- Albor, no sé que serán esas cosas pero, no tiene pinta de que sean muy amigables. La ciudad está en peligro. Debes ayudar a Dragon Valley.
Albor- ¿Y vosotros?



Vrionak- Yo me quedaré con Hali, la llevaré a un lugar seguro. Albor... Eres el futuro rey, debes ayudar a tu reino.

Albor asintió despacio, se arrodilló cerca de su hermana y acariciándole el pelo le beso la frente. Después se levantó decidido a detener a aquellas cosas que habían salido del lugar en el que Rhiela había muerto consumida por las llamas.



Albor, que ahora sabía cual era su destino, se deshizo de cualquier temor y extendiendo sus alas voló hacia la columna de luz en dirección a Dragon Valley.




El futuro rey debía demostrar que él representaba el destructivo y glorioso poder Hydra.










*Agradecimientos especiales a Maggie por crear algunas de las poses que se han usado en este capítulo.
* El título del capítulo es un homenaje a todos los seguidores del linaje que se han involucrado en la historia y, sobre todo con Rhiela, ya fuera odiándola o admirándola, creando ellos mismos el himno del título del capítulo.






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