☽ 3ª Generación: Albor ☾

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Capítulo 1: El rey Albor

Mensaje por Saclae el Sáb Dic 06, 2014 4:32 pm

Capítulo 1:


Capítulo 1: El rey Albor


La nube de criaturas salida de aquel abismo se dirigió enfurecida a Dragon Valley. Albor logró llegar antes de que aparecieran e intento avisar a la gente que le miraba con cara de extrañeza. Sin saber muy bien que hacer, el hado decidió dirigirse a la plaza de DV para intentar que su aviso llegara a más gente. Cual fue su sorpresa cuando el cielo comenzó a oscurecerse y las hordas de criaturas comenzaron a llegar a la ciudad.



Michael- ¡Albor! ¿¡Qué es lo que está ocurriendo!?
Albor- ¡Buscar refugio! Intentaré detener a esas cosas.



Michael- ¿¡Pero qué diablos?! ¿Dónde está Rhiela?
Albor- Mi madre ya no está, Michael. ¡Ya vete de aquí!
Michael- ¿¡Qué!? ¿Y ahora qué será de nosotros?



Albor- Son sombras... Parecen reptiles pero son sombras... Me pregunto si no serán alguna oscura ilusión.
Michael- ¡Albor! ¿¡Qué se supone que debemos hacer!?



Michael- ¡Alb- Agh!
Albor- ¡Maldición! ¡No son ninguna ilusión!

Albor comprobó que aquellas sombras con forma de reptil pretendían consumir la ciudad y con ella a sus habitantes. La única opción posible era la de luchar y salvar a la mayor cantidad de gente posible.



Albor- ¡Allí hay otro! ¡Y es enorme!
Sombra- ¡GGGGGGGGRRROOOOOOOOOOOOOOARRRRRGH!



Albor- Ojalá funcioné... ¡Gélidus!



Albor- ¡Sí! ¡Funciona!


Al comprobar el hado que sus hechizos de hielo podían congelar aquellas sombras y, de ese modo, hacer posible su destrucción, comenzó a utilizar todo su gélido poder allá donde fuera. Incluso, si tenía que entrar a algún hogar para salvar a sus dueños.



Hombre- ¡Socorro! ¡Auxilio!
Albor- ¡Tranquilo!



Hombre- ¡¿Albor?!
Albor- ¡Sí, soy yo! ¡Voy a ayudarle!



El poder helador de Albor era tan destructivo que hasta las propias sombras parecían temerlo. Sin percatarse de ello, el propio hado sufría los cambios de tal derroche de poder. La Hydra comenzaba a manifestarse en el heredero de Rhiela.




Incansable, Albor luchó hasta que llegó la madrugada pero, las criaturas no dejaban de aparecer.



Por mucho poder que tuviera, si aquellas sombras continuaban apareciendo, por cada decena que aniquilaba otras dos arremetían contra la ciudad y sus habitantes. Por ese motivo, Albor tomó una decisión.



Con el alba despuntando, el hado determinó que la mejor opción era regresar al abismo de donde procedían tales criaturas e intentar cerrarlo. Una misión suicida que si salía bien, libraría a Dragon Valley de la terrible amenaza que le estaba acosando.



Sobre el abismo, cuando los rayos del sol iluminaban la fría brisa y la helada coraza de Albor, el hado utilizó su poder para invocar una enorme y gélida esfera. Su objetivo era lanzarla sobre el abismo y así impedir más la salida de aquellas sombras. Cuando el joven fijó su mirada en el abismo, un terrrible ojo emergió para mirarle. Su expresión de ira pero a la vez de orgullo parecía observar sus movimientos con ansiedad a la espera de una actuación gloriosa. Y es que Albor, para su desgracia ya sabía quien era el dueño de aquella mirada llena de caos y destrucción.



Sin embargo, ni el terror más punzante podía detenerlo. Allá donde pertenecía su poder, él regresaría y sin pensarlo dos veces dejó salir toda su furia helada.



Hydra que regresa con la Hydra. La enorme esfera fue lanzada y al contacto con el abismo, la onda expansiva estalló con rabia y el poder  amenazó a las montañas.



El ambismo por fin se cerraba entre todo el caos provocado y las sombras reptilianas desaparecían. Albor, descendiendo despacio, se percató de que en el mismo lugar en el que el abismo había desaparecido gracias a la esfera helada, había aparecido una estatua draconiana.

De su derrible poder ya no quedaba nada y Vrionak apareció para ver si se encontraba bien.





Vrionak- ¿Te encuentras bien, Albor?
Albor- Sí...
Vrionak- Al menos todo ha acabado... Me pregunto que eran realmente esas cosas.
Albor- ...
Vrionak- ¿Tú lo sabes?
Albor- Vámonos a casa. Necesito descansar y ver que Hali está bien.


Con la derrota de las sombras, Dragon Valley estalló en griterío y celebración alabando al futuro rey Albor. El debate entre monárquicos y anti monárquicos se disipó con la gran actuación del hado y todos aclamaban un reinado gobernados por el guerrero helado que se había arriesgado por salvarles. Cuando las autoridades preguntaron por Rhiela, todo Dragon Valley se entristeció por la pérdida de la poderosa hechicera pero sabían que su hijo sería un digno heredero. No quisieron posponer más la coronación y dieron dos días para prepararlo todo y celebrar la victoria de Albor el rey helado.

Halire no despertó en aquellos dos días. La magia utilizada por Rhiela contra su hija había sido muy poderosa y el hada tardaría en recuperarse un tiempo. El mismo día de la coronación de Albor, el hado realizó un hechizo que se transfiguró en un hermoso traje para el hada. El joven tenía algo en mente pero no podía realizarlo hasta después de su coronación a la que asistieron muchas autoridades del que ahora iba a ser un reino.



En una de las capillas más grandes de Dragon Valley se celebró el acto que congregó a muchísima gente en su interior y a las afueras, esperando la proclamación del nuevo rey. Con la estatua que había aparecido donde el abismo presidiendo también la ceremonia, el sacerdote más importante realizó el acto lleno de solemnidad y respeto por el futuro rey.




Sacerdote- ¡Dragon Valley siempre ha estado azotada por los encantamientos por ser uno de los lugares más mágicos de esta tierra! ¡Hemos vivido con temor durante mucho tiempo hasta el día de hoy!



Sacerdote- Destructor de las sombras que casi acaban con nuestra existencia, Albor Hydra, hijo de la poderosa Rhiela Hydra, quien hizo tanto por esta ciudad que pronto se convertirá en reino, se convertirá en nuestro protector y señor.



Sacerdote- Acércate poderoso Albor para que pueda hacerte entrega de la corona que tú mismo mandaste hacer.



Sacerdote- Desde este momento, todo Dragon Valley te jura lealtad. Llévanos por el camino correcto y guíanos a través de la oscuridad y en contra de nuestros enemigos. Este pueblo, tu pueblo, venera tu gélido poder.



Sacerdote- Condenaremos a quienes osen ir en contra de tu reinado y alabaremos tus hazañas.



Sacerdote- Con esta corona, símbolo de tu poder y tu sabiduría, a ti nos entregamos.



Sacerdote- Yo te nombro, en el nombre del poder del dragón que rige estás tierras...



Sacerdote- Rey Albor, señor de Dragon Valley.



Sacerdote- ¡Salve al Rey Albor!
Todos- ¡Salve Rey Albor! ¡Señor de Dragon Valley!




El deseo de Rhiela se había cumplido al fin, así como el destino de Albor que se dirigía despacio al trono que pocas veces ocuparía, puesto que el verdadero trono estaría situado en su hogar.



Junto a Vrionak presenció la gran celebración que comenzó justo después de su nombramiento.



Allí debería estar hasta que la fiesta terminara. La gente feliz gritaba y danzaba en honor al nuevo rey, quien tenía en mente otros pensamientos muy distintos a los relacionados con un reino.

Cuando Albor se retiró aquella madrugada, se dirigió a su casa y sin ser visto se llevó a su hermana que aun se encontraba inconsciente a las a fueras de Dragon Valley.



Lo mejor para Halire y para su seguridad era que se alejara lo más lejos posible de Dragon Valley y de él. Por ello, acercándose al río que atravesaba las montañas de las a fueras del reino, Albor realizó un hechizo que a modo de balsa daría soporte a su hermana mientras que durara su viaje a través de las aguas.





Albor- Lo siento, Hali. No podemos estar más tiempo juntos... Aunque no lo creas... Somos tan diferentes...



Albor- Tú estás llena de vida, tu futuro es un misterio... Un libro sin escribir... ¿El mío?... Yo ya sé el final de mi propia historia y debo cumplir con ella. Por eso no podemos estar más juntos, hermana mía.



Albor- Estoy seguro de que encontrarás ese unicornio tan deseado y que verás todo ese mundo que querías ver.



Albor- Ojalá no pienses que me olvidé de nuestra promesa... Siento no haber podido cumplirla, pero créeme que de haber podido lo habría hecho. Tú... tú no mereces seguir encadenada a esta sombra con atuendo de rey... Perdóname y sé feliz por los dos. Por tu vida y la que yo no he podido tener.

Con un dulce beso en la frente, Albor se despidió de su hermana y la colocó en la flor mágica que había creado para ella.



El joven confiaba  en que quien la encontrara, al ver sus ropas y sus joyas supieran que era alguien importante y la trataran bien. Él mismo había lanzado un hechizo protector sobre ella para que nadie pudiera herirla mientras estuviera inconsciente. Cuando despertara, ella sabría cuidarse  y ya se encontraría lejos, muy lejos de Dragon Valley y de él. Así era como tenía que ser.

Algo lejos de allí, pero lo suficientemente cerca para ver lo que ocurría, una figura sobre un caballo observaba con detenimiento la escena.




En silencio, aquel hombre vio como la bella flor helada se marchaba río abajo con el hada sobre ella y al Rey Albor encogido como si estuviera herido de muerte. Ese hombre sería el único testigo de los sentimientos del frío e impasible rey helado.



Dolido también en su alma y sabiendo que no podría acercarse a ninguno de los dos hados porque ese no era el destino establecido, el hombre decidió marcharse. Su sentimiento debía borrarse porque en la cruel ruleta de la fortuna giraba al contrario que aquel rey. Los Hydra debían de dejar de existir por el bien de todo lo conocido y aquella noche, aquel hombre tuvo la oportunidad de atacar al desprevenido rey y en su tristeza herirlo de muerte pero, ni su alma ni su corazón se lo permitió, por lo que optó por marcharse.




????- Vámonos Dorol. No tenemos nada que hacer aquí por ahora...



????- Algún día nos veremos... Rey Albor.






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Capítulo 2: I Crónica Wyvern

Mensaje por Saclae el Sáb Dic 27, 2014 3:29 pm

Capítulo 2:

Capítulo 2: I Crónica Wyvern


Cuando Albor se alzó en el trono, todo Dragon Valley celebró la llegada del nuevo rey. El pueblo se creía protegido y poderoso bajo la gélida espada de su señor pero, pronto comprenderían el verdadero significado de la palabra rey.



La oscuridad comenzó a introducirse en el corazón del rey. Él, seguramente, ya debía conocer su destino como Hydra. Un destino oscuro e inimaginable para todos aquellos que jamás estuvieron en contacto con su tenebrosa fuerza. Un dolor tan penetrante que parecía abrir los huesos.



El reino de Dragon Valley se convirtió en una de las zonas más tenebrosas del planeta. El clima cambiaba al antojo del soberano de piedra y lo hacía sin piedad para castigar a todos aquellos que osaban enfrentarse a su reino. Al comienzo, el cambio en el rey Albor era imperceptible pero, con el tiempo, las marcas de aquel tenebroso corazón comenzaron a evidenciarse en su rostro. La belleza enfermiza de un hombre que se mantenía joven por su condición féerica y la dureza de uno de los señores más crueles sobre la tierra. El rey de hielo nunca llora porque sus lágrimas se conviertieron en espadas. Espadas que se clavan en los que traicionan el reino del dragón de infinitas cabezas. A sus pasos se escuchan suspiros de los ojos que no pueden negar la gélida belleza a sabiendas de que ningún mortal podrá disfrutar jamás de los besos del soberano de piedra. Y al sonido de la madrugada marchita, cuando la escarcha a la piedra hace agonizar, el nuevo reino helado despierta de manos del monarca y su congelado corazón.



Algunos valientes decidieron enfrentarse a él diplomáticamente, pero su respuesta fue la "Jaula helada", una trampa mortal, que al igual que una coraza repleta de clavos cercenaba la vida de aquellos que se quejaban. Otros, decidieron escapar a la ira del rey y los últimos, como yo, fuimos exiliados.



Los pueblos de alrededor ofrecieron asilo en un momento, pero los ataques de Albor lograron que finalmente se rindieran. El reinado que comenzó Rhiela destruía y consumía con sus garras tenebrosas todo aquello que osaba ir en contra de las leyes Hydra.



La última esperanza de los pueblos, se llamaba Wyvern. La organización que lleva como bandera a la criatura enemiga por antonomasia de la Hydra. La organización a la que yo pertenezco y que yo mismo fundé. Los exiliados combatíamos a las a fueras de Dragon Valley. Muchas veces el rey mandaba a sus seguidores a combatir con nosotros, pero cuando era él el que decidía salir de su ciudad, su presencia era inconfundible. Con la gracia de las hadas se movía entre los árboles rodeado siempre de una gélida brisa helada.



Aquella brisa que lo congelaba todo era el sello de identificación de Albor.



Y lamentablemente para muchos de nosotros, encontrarse con el rey significaba la muerte. Su terrible ataque gélido solo se dejaba notar cuando ya era demasiado tarde.



De ese modo, nuestros aliados caían convertidos en estatuas hechas pedazos en el mejor de los casos. Otros morían atravesados por sus crueles espinas de hielo, agonizando sin que nadie pudiera ayudarlos y algunos simplemente morían de frío. La fuerza de la Hydra cada vez era mayor en Albor y los Wyvern debíamos actuar con cuidado.



Gracias a la información de aliados dentro de la ciudad, a los que procuramos cuidar para que no sean descubiertos, puesto que de ser así, el desenlace sería terrible, sabemos cómo se mueve Albor.



Pero aunque conozcamos sus movimientos, el hijo de Rhiela heredó su inteligencia y es además de poderoso, resulta impredecible. Tenemos la certeza de que sabe que tenemos aliados en la ciudad y por eso los busca. Aunque es paciente, y no parece mostrar prisa por encontrarlos. Una mala señal que demuestra que en el fondo esos "traidores" le son útiles.



Albor derruyó la mansión de su madre y de su abuelo. Con su propio poder consiguió sacar raíces de lo más profundo de la tierra y con ellas, construyó una torre tan oscura como su alma. Una torre dominada por el dragón, el frío y el poder féerico del que en algún momento fue un buen muchacho con sueños e ilusiones.



Muchos acusaron el cambio en el rey. De ser un joven que se preocupaba por los demás a convertirse en aquel demonio con alas de hada pasó muy poco tiempo. Por desgracia, nadie de ellos podrá saber nunca el motivo. Aquellos como yo, que sufrieron el fuego de la Hydra pueden abrir los ojos ante la verdad y la tenebrosidad. Y esa verdad y tenebrosidad, para desgracia de muchos, si nadie consigue detenerlas, ira adquiriendo cada vez más aliados.



Algunos obligados por la maldición a la que estan sujetos. Otros porque conocerán qué significa servir a la Hydra en el futuro. Y si aquellas criaturas oscuras se enteran del mal emergente en Dragon Valley, vendrán en manadas a proclamar larga vida a su verdadero señor. Aquel que entre la sombras yace, consumiendo el corazón de las alas féericas que poco a poco se ennegrecen.



A los Wyvern solo nos queda luchar, hasta que no nos quede ni una gota de sangre en el cuerpo. Si mi hijo y su descendencia no son derrotados, el caos se apoderará del mundo.












Julia: Venga, Leda, te preparo un trago.



Leda: Qué aburrimiento... Con eso de que Albor está merodeando por los bosques, nos vemos confinados aquí como ratas.
Julia: Ya sabes cómo son las cosas. Con el señor de piedra allá afuera sería un suicidio ir más allá de estos bosques. ¿Tú quieres un trago, Kai?



Kai: No, gracias.



Bali: ¡Chicos! ¡Chicos!



Pelsis: ¡Ey, enano! ¿Qué pasa contigo, hombre?



Bali: ¡Es horrible! ¡Dan! ¡Dan a muerto! ¡Albor ha acabado con su vida!



Pelsis: ¡¿Qué?! ¿¡Dan!?



Kai: ...



Leda: Idiota.



Julia: Dan... ¿Y? ¿¡Y tú!? ¿¡Qué se supone que estábais haciendo!? ¿No dijimos que era un suicidio salir tal y cómo están las cosas?



Giné: Deja al muchacho, Julia. Bastante afectado está. Bali, cuéntanos, ¿qué ha pasado?
Bali: Da-Dan no quiso escucharme... Intenté detenerle pero él dijo que era el momento indicado para atrapar a Albor desprevenido.



Bali: Decía que había logrado acercarse a él sin que se diera cuenta. Dijo que logró estar a pocos metros y que él siguió caminando como si nada. Sus habilidades ninjas... Que era invisible...
Giné: Tranquilo...



Bali: Intenté detenerle, pero cuando quise darme cuenta, estábamos en una zona muy silenciosa. Demasiado silenciosa. Me dijo que me moviera deprisa y así lo hice, por un momento me desorienté y cuando retomé el camino... ¡Me lo encontré convertido en una estatua de hielo que se hacía pedazos! Volé, volé cuanto pude y realmente creía que moriría, que me encontraría a Albor...
Giné: Pero no has muerto. No deberíais haber ido.
Pelsis: Esto hay que decírselo a Pan.



Giné: Hablando del rey de Roma...
Pan: Hola, muchachos. ¿Cómo vamos?



Pelsis: No muy bien, Pan... Novedades y no de las buenas.



Julia: Pan, por fin...



Bali: Hemos perdido a Dan, Pan...
Pan: ¿A Dan? ¿Qué ha ocurrido?



Bali: Intentó enfrentarse solo a Albor...
Pan: ...



Leda: Sí. Un tremendo estúpido. ¿Mmm? ¿Pero quién llama a la puerta?
Pelsis: Voy a abrir.
Julia: Cuidado...
Pelsis: Ya, ya lo sé.



Pelsis: ¿¡Quién!? ¡Oh! ¡Hola! ¿Necesitas algo?
Giné: ¿Mmmmmm?
??? Busco a Pan O' Really.
Giné: ¡Guau, Pan, bribón! ¿Qué andas haciendo cuando sales y que no nos cuentas eh? ¡Vaya, vaya, vaya!



Pan: ¿Quién eres?
???: ¿Eres Pan O' Really?
Pan: Así, es. ¿Qué es lo que...?



Pan: ...



???: Esto va por Shelby.



Pan: ...¿Shelby?









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Capítulo 3: Recuerdos

Mensaje por Saclae el Lun Dic 29, 2014 2:22 pm

Capítulo 3:

Capítulo 3: Recuerdos



Albor, el señor helado vivía en una torre construida por él mismo en el centro de Dragon Valley. Después de varios enfrentamientos contra los rebeldes, sus métodos de contraataque habían dado sus frutos. Sus enemigos temían su fuerza, le temían a él. El rey disfrutaba de días tranquilos en su hogar sin que nadie le molestara.



Pasaba mucho tiempo en su jardín, al cual, acudían muchas criaturas atraídas por el poder féerico del hado. A pesar de la oscuridad que cada vez anidaba con más fuerza en su corazón, en él había aun lugar para los animales. Albor, al igual que su hermana Halire sentía debilidad por los animales y eran los únicos seres a los que trataba bien o mostraba algo de dulzura, puesto que desde que se convirtió en rey, su alma se endureció al igual que una roca. Por ello, le llamaban el soberano de piedra, aunque los animales no veían eso en él y se acercaban con asiduidad a su oscuro jardín.




Albor- Ey... ¿Eres tú el que cantaba tan fuerte? Es peligroso bajar aquí por las noches. Ocaso ya está muy viejo, pero aun conserva buena parte de sus habilidades. Ven, sube... Cántame algo, a ver que tal lo haces.

El solitario Albor pasaba mucho tiempo a solas con sus pensamientos y sus sentimientos. El sabía perfectamente que había cambiado y lo aceptaba. Recordaba su vida desde niño, en lo que quiso a su madre y a su hermana, su enfrentamiento y la derrota de Rhiela. ¿Quién habría podido imaginar que finalmente comprendería a su madre? Sin embargo, a pesar de que aceptaba que su alma era maligna y que debía dejar salir aquella tenebrosidad, una espina seguía clavada en él.



Muchas noches se preguntaba dónde se encontraría su hermana y si le odiaría. Seguramente las noticias sobre su reinado y sobre sus crueles y oscuras leyes habrían llegado hasta ella. Tal vez habría intentado regresar a Dragon Valley, pero la magia poderosa de Albor se lo impediría, al menos hasta que él muriera. Su hermana era luz. Pura y hermosa, era todo lo contrario en lo que se había convertido él. Frío, con sus facciones cada vez más marcadas y ensombrecidas por el terrible poder que custodiaba en su interior. Y sin embargo, la extrañaba.




Albor- Hali...  ¿Habrás conseguido tu sueño? ¿Serás feliz?

Por otra parte, con la derrota de la oscuridad nacida del abismo creado por el fuego de Rhiela y su proclamación en rey, Albor tuvo que encargarse de toda la ciudad, empezando por contar las pérdidas y sustituirlas para que todo siguiera funcionando correctamente. Michael, el gran aliado de su madre y dependiente de la tienda de elixires había muerto en el ataque oscuro y Albor tuvo que buscar otro dependiente que se hiciera cargo del negocio familiar.



No le costó mucho hacerlo, porque de entre los que se postularon por el puesto, una bruja con grandes poderes y dotes de venta demostró ser la indicada. Albor podía percibir que aquella bruja era mezquina, pero aquella mezquindad le hacía ser leal al ser tenebroso más poderoso del lugar. Es decir, Albor.




Albor- ¿Cómo van las ventas, Ermelinda? ¿Alguna novedad?
Ermelinda- Van muy bien. La gente sigue comprando a pesar de que Rhiela ya no es la principal productora. Aun así...



Albor- ¿Qué ocurre?
Ermelinda- Los elixires se están agotando. Yo repongo los que puedo y no son elixires de los más caros porque la gente prefiere los que son creados propiamente por los Hydra.



Albor- No te preocupes por eso. Vrionak está desarrollando elixires poderosos. Él es conocido por haber acompañado siempre a mi madre y ella le dio las indicaciones y los libros que debía utilizar para crear elixires poderosos. La gente volverá a comprarlos cuando vean que están hechos por él.
Ermelinda- Me parece perfecto. Pondré un cartel que informe de que se espera nueva mercancía Hydra.

Albor se encargaba de gestionar los negocios familiares. Había comprado los terrenos de los bosques, los lagos y del principal restaurante de Dragon Valley. Con los lagos y los bosques controlados, podía saber cuando alguien quería salir o entrar a la ciudad por aquellas zonas y el restaurante inyectaba dinero a su economía. En sus ratos libres, se dedicaba a pasear por la ciudad cuando no había nadie o había poca gente. Hablando solo lo indispensable con quien lo necesitara.



No le gustaba tener que firmar autógrafos ni tener que dar bendiciones a recién nacidos. ¿Qué tipo de bendición podía otorgar un ser oscuro como él? Además, prefería pasar el tiempo solo. Nadie, salvo Vrionak, se había ganado el derecho de estar a su lado o ni siquiera intentarlo. Tenía muchos seguidores y servidores por toda la ciudad, pero él sabía que no eran amigos y no pretendía tampoco que lo fueran.



El rey siempre encontraba tiempo para él y sus planes. Así como se encargaba de gestionar la ciudad, también cuidaba de que su fortaleza siguiera intacta. Como los rebeldes, aquellos malditos Wyvern, no habían dado señales de querer atacar, Albor no podía entretenerse con ellos, así que pasaba su tiempo entrenando.



O aumentando sus conocimientos gracias a la lectura de los libros de su madre, de Vrionak y su enorme biblioteca. A pesar de los años, Albor no había perdido su gusto por la lectura. Un pasatiempo que le relajaba y le convertía cada vez en más sabio.



De ese modo, y con el pasar del tiempo, su terrible oscuridad se manifestó completamente. Sus alas verdes y brillantes terminaron por oscurecerse y una noche de luna llena, comenzaron a teñirse en sombras.



La negrura de sus alas, tan negras como la oscuridad del abismo en el que pereció Rhiela, indicaban el carácter tenebroso y maligno de su señor. Albor, en vez de sentirse triste por aquello, se sintió orgulloso. Había aceptado su destino y trabajaba para que se cumpliera. Él era el terrible soberano de piedra, el rey helado y, con su oscuridad sometería a todo aquel que se enfrentara a la Hydra.




Poco quedaba de aquel muchachito que escuchaba con ilusión las alocadas ideas de aventuras de su hermana. Sin embargo, parte de ella siempre le acompañaba y es que Albor, aun guardaba algunos recuerdos de Halire, como el cuadro que le regaló una vez. Colgado frente a su cama, aquel cuadro conseguía apaciguar la ira del rey cuando algo no salía como él esperaba. A pesar de tener un corazón frío y no mostrar muchas veces sus sentimientos, la ira es uno terrible que siempre se hace paso entre los demás. Para relajarse, Albor decidió dedicarse a la colección de los animales que le visitaban en su jardín, creando un espacio dedicado solamente a ellos.



Eran tantas las criaturas que visitaban el jardín de la torre que la colección era extraña pero magnífica para todo aquel que le gustaran los animales. Hasta Vrionak se sentía entusiasmado con aquel lugar y se dedicaba también al cuidado de las mascotas de su señor.





Ambos podían pasarse horas mirando a las pequeñas y grandes criaturas que allí cuidaban. Criaturas que les recordaban a Halire y su amor por los animales. Además de todas sus obligaciones, Albor quería tener un magnífico jardín lleno de maravillas. Como hado, el tener un lugar con el que poder contactar con la naturaleza se hacía necesario y no iba a descansar hasta que quedara acorde a sus gustos. Por ello, no solo reunía animales, sino también semillas.



El cambio de actitud de Albor y sus prioridades habían sido observados por Vrionak que en silencio, pocas veces se atrevía a comentar nada de ello. Aunque el hado sabía que Albor le permitía opinar sobre lo que quisiera, Vrionak respetaba al rey, porque para que ese cambio se diera, su señor, el que fue su protegido y aprendiz, había sufrido un terrible dolor y él lo sabía.




Vrionak- Desde luego que, con los productos de la huerta, sabe mucho mejor.
Albor- Sí, es cierto.
Vrionak- Ha mejorado muchísimo, mi señor.
Albor- Vrionak, para. No me llames señor. Tú no me debes ningún respeto.
Vrionak- ¿Tú crees? -preguntó Vrionak tocándose el colgante que le puso Rhiela antes de morir.
Albor- Eso es diferente. Aunque tengas que servir a los Hydra, no puedo olvidarme de que tú fuiste el que me enseñaste. Así que tutéame como siempre. Ambos sabemos que aunque tengas esa apariencia sigues siendo muy poderoso.

Vrionak sonrió en silencio y no dijo nada más. A pesar de que llevaba la condena de Rhiela por lo que ella había considerado como traición, él servía y ayudaba a Albor porque lo quería como si se tratara de un hijo. No podía juzgar a su aprendiz por haberse convertido en poco menos que un monstruo, puesto que él también lo hizo al ni siquiera sentir pena por la muerte de Shelby. Todo lo que nacía de la Hydra y todo aquello que se acercaba a sus puntiagudas escamas, terminaba atravesado por el mal y la tenebrosidad y eso, él lo sabía. Con todo, si existía otro ser que ayudaba a Albor a recordar su pasado, ese era Ocaso. El gato de Rhiela ya se encontraba muy mayor y aunque había vivido bastante más que otros gatos por haber sido compañero de una hechicera, su hora finalmente llegó y cuando el espíritu de la muerte vino a buscarlo, el corazón de Albor sintió una terrible punzada.



Pocas cosas podían dañar al rey de hielo, pero la pérdida de Ocaso era una de ellas. Sin el gato que le recordaba a su madre y a su hermana, otra de las heridas se abría para cerrarse con los cristales de la fría oscuridad. Sentándose, el soberano de piedra vio como el pequeño animal se despedía de él con vista cansada.




Muerte- Hora de marchar.
Albor-...Ayudó a mi madre, pero espero que no termine en el mismo lugar que ella.



Muerte- No existe el infierno para los animales. Esos lugares solo están para las criaturas que dieron vida a su existencia por sus creencias. Él estará bien.
Vrionak- Albor...



Muerte- Nos vamos.



Albor- Adiós Ocaso.

Cuando Ocaso dejó de estar con Albor y Vrionak, el rey se marchó a su jardín para liberar el corazón de penas. Se sentía arropado por las plantas que con tanto esmero cuidaba.



Difícil de comprender para aquellas criaturas que no fueran hadas. El vínculo que mantenían los seres féericos con la naturaleza era vital para su paz interior y sin embargo, Albor jamás podría tener paz verdadera. Sabía que existían traidores en su reino, pero les mantenía con vida. No conocía quiénes eran realmente, aunque deseaba hacerlo. Aunque no acabara con ellos, porque quería usarlos en un futuro para liquidar aquella asociación que se hacía llamar Wyvern, deseaba conocerlo todo. Sin Ocaso para ablandarle el corazón cuando se encontraba leyendo en su sillón o cuando miraba a solas la luna en el jardín, el rey sonrió de manera despiadada. Olvidar, endurecerse y someter.




Albor- Crece...

Con la inestimable ayuda de Vrionak, el jardín de Albor comenzó a crecer y a convertirse en un bello, pero peligroso lugar para todo aquel que no fueran los dos hados. Ambos trabajaban duramente para crear aquel jardín maravilloso, al que pondrían el nombre de "Jardín Halire" en honor a la bella hada.



Vrionak- ¿Flores de la muerte? ¿Dónde las encontraste?
Albor- En una de mis salidas. Hay que mantenerlas bien, Vrionak. Son necesarias por si en un futuro las necesitamos.
Vrionak- Mmmm ¿No decías que tú como heredero no podías aspirar a la inmortalidad tal y como lo hizo Rhiela?
Albor- Ni yo, ni los que sean mis sucesores las utilizaran... Pero el resto de los Hydra sí podrán. Tal vez en nuestra familia nazca alguien que sin tener ninguna obligación de herencia quiera servirnos. Para esos Hydra serán estas flores de la muerte.
Vrionak- Vaya, lo tienes todo pensado, muchacho.
Albor- Así es como debe ser.

Era cierto que Albor pensaba todo y lo pensaba meticulosamente. No daba un paso sin saber por qué realmente lo hacía. Por ello, el mismo había decidido interrogar a sus ciudadanos, a los más débiles de mente, para ver si alguno le revelaba el secreto de los traidores.



Albor- Buenas noches, Fatos. ¿Todo bien por el parque?
Fatos- ¡Oh! Buenas noches, mi señor... Sí, todo bien. Está muy tranquilo esta noche.
Albor- ¿Nada, raro? ¿Ningún problema?



Fatos- Ninguno. Todo en órden.
Albor- Bien... Me alegra escuchar eso. Una cosa... Me comentaron que estas fiestas cenarás solo.
Fatos- Sí, señor. No tengo dinero para alimentar a tantas bocas y mi familia está muy ocupada con...
Albor- ¿Crees que los impuestos son muy caros?
Fatos- ¡Oh, no, no! No quise decir eso... Es solo que yo...
Albor- Está bien. Ten este cheque. Creo que es una cantidad suficiente para que puedas tener unas buenas fiestas con tu familia.
Fatos- ¡Señor! ¡Esto es mucho! No, no puedo tomarlo...
Albor- Acéptalo sin más. A cambio ya sabes lo que espero. Si ves algo raro, infórmame. Por el bien del reino.
Fatos- Cla- claro...

El rey se mostraba bondadoso con sus ciudadanos, siempre a cambio de que se le informara de si veían algun habitante con actitudes extrañas o saliendo del reino en direcciones que no eran las habituales. A Albor no le importaba que aquellos traidores pudieran tratarse de familiares de las personas a las que "ayudaba". El rey sabía, que con sus generosas ayuda, los beneficiados no podían traicionarle y que acabarían traicionado a sus familias si fuera necesario. Albor sembraba con su aparente desinteresada ayuda, la semilla de la mezquinidad en sus habitantes. Sabía cómo gobernar y lo hacía con todo el valor de la palabra. No obstante, mucha gente que él conocía se marchó cuando él fue proclamado rey, aunque de eso se enteró con el tiempo. Gente por la que incluso llegó a sentir algo.



Albor- Buenas noches.
Grisel- ¿Eh? ¿A- Albor? ¡Quiero decir...! ¿Su majestad, Albor?
Albor- ¿Mmm?



Grisel- Soy yo, Grisel. ¿Me recuerda? Estábamos en el mismo grupo de amigos.
Albor- Ahh... Sí, ya recuerdo más o menos quien eres. Hacía mucho que no te veía.



Grisel- Es que estuve un tiempo fuera para prepararme como bruja y hace poquito regresé. ¡Qué bien te sienta el atuendo de rey, Albor!
Albor- Ya. ¿Y qué sabes de los demás?
Grisel- Muchos se fueron y algunos se quedaron cuando subiste al trono. ¿Y Hali?
Albor- Se fue a vivir a otro lado. Así que muchos se fueron... ¿Manón también se marchó?
Grisel- ¿La gorda? ¡Sí! ¡Se fue con su familia porque eran anti monarquicos! Supongo que unos estúpidos menos en la ciudad. Oye, hacía mucho tiempo que no nos vemos. Podríamos quedar si quieres a tomar algo. Te puedo invitar a la casa que me compré. Mi padre me dejó una buena casa en herencia en lo alto de la colina de los Tres dragones. ¿Qué te parece?



Albor- Ya veo. No acepto invitaciones de mujeres que busquen engatusarme con sus palabrerías por lo que declino tu invitación. Tengo asuntos que atender. Y... habla con respeto a tu rey. No eres nadie para tutearlo.



Muy lejos de allí, en los bosques donde se ocultaban los Wyvern, una visita inesperada había revolucionado todo. Una joven elfa había requerido la presencia de Pan, el líder y, al hacerlo, se había enfrentado con él. Lo que supuso un grab alboroto en la compañía.



Julia- ¡¿Pero quién te crees para tratar así a Pan?!
Briandel- ¡No te metas! ¡No es asunto tuyo!



Julia- ¡Claro que es asunto mío! ¡Has agredido al lider de nuestra compañía!
Pan- Julia, ya basta.



Briandel- Oye, te lo digo de buenas... Contra ti no tengo nada. He venido a saldar cuentas con O' Really.
Julia- ¿Tú y cuantos más? ¿Quién mierda eres tú?
Briandel- Soy Briandel Turella. La hermana de Shelby Turella, la que fue novia de O' Really y que murió por su culpa.
Julia- ¿¡Qué!?
Pan- ¡Ya basta! Todos a dentro de la casa. ¡Ahora!



Pelsis- Así que tienes algo que ver con Pan, directa o indirectamente...
Giné- ¡Qué oculto lo tenías Pan! ¡Jajaja!
Briandel- Yo no le encuentro la gracia. Eres tan desgraciado que ni siquiera has hablado de mi hermana a nadie, O' Really.



Pelsis- ¿Por qué debería habernos hablado de ella? Todos hemos tenido alguna pareja en el pasado y no por eso tenemos que hablar de ella a todo el mundo.
Briandel- ¡Mi hermana murió por su culpa! ¡Él la mató!



Pan- ¡Silencio! ¡Yo no maté a tu hermana! Qué te quede muy claro.



Briandel- Mentiroso, eres el único con quien estaba. ¿Quién fue entonces? ¿Por qué no lo cuentas delante de todos? Era todo mentira lo que me escribía en sus cartas de que había encontrado a un hado bueno que le amaba de verdad. ¿Cierto? ¡Contesta!



Pelsis- Esto se pone chungo...
Giné- ¡Ey! ¡Relajémonos! ¡Hablemos con calma!



Briandel- ¡No quiero relajarme! ¡Quiero respuestas! ¡Y las quiero ahora!



Pan- No pienso decirte nada. Siéntate y deja de molestar. Hablaré cuando desee hacerlo.
Briandel- ¡¿Pero cómo puedes tener la poca vergüenza?!



Pan- Giné, no dejéis que salga. Ya es de noche y estos bosques son peligrosos. Me voy de aquí porque no tengo que soportar esto. Cuando estés más calmada, hablaremos.



Giné- Ven, con nosotros, bonita. Cuéntanos tus problemas y ya habrá momento de hablar con Pan. Cuando él decide no hablar, sus motivos tiene. Anda, Julia, preparale algo a la chiquita.



Julia- Un veneno...



Leda- ¿Briandel, no? Siéntate con nosotros. No conseguirás sacarle una palabra a Pan con esa actitud.
Briandel- ¡Pero...!
Julia- Qué no le molestes. ¿Estás sorda o qué?
Giné- Vamos, tranquila. Siéntate. Aunque parezcamos raros no somos mala gente y Pan tampoco. Seguro fue un malentendido todo.



Pan- Ahora esto... ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¿A qué ha tenido que venir esta chica aquí? La hermana de Shelby... Ya aprendí la lección... Ya te pedí perdón miles de veces. Ya me enfrento a mis errores. ¿Me vas a seguir castigando? ¡Maldición! ¡Ahora esto por qué?
Briandel- ¡Ey tú!



Briandel- ¡No vas a conseguir evitar nuestra conversación! ¡Hablemos ahora!



Pan-... No te cansas.
Briandel- ¡Por supuesto que no!



Pan- Bien. ¿Qué diablos quieres saber?
Briandel- ¿Por qué Shelby? ¡¿Por qué acabaste con ella?!



Pan- Escucha... No vuelvas a decir que yo maté a Shelby porque no es verdad. Yo amaba a tu hermana, realmente la amaba. Sí... Estar conmigo fue la maldición que la condenó a muerte. Pero jamás y escúchame muy bien... ¡jamás! Quise que le pasara nada. Lo peor es que estoy seguro de que murió pensando que no la quería cuando eso no era verdad... Todo por un error, un error de hombre que ya he pagado con dureza. Te lo puedo asegurar.



Briandel- Si no fuiste tú, entonces ¿quién fue? Las últimas noticias que tuve de ella me hablaban de ti y de que se convertiría pronto en hada... ¿Qué paso con todo aquello? ¿Qué le pasó?
Pan- Hydra...



Briandel- ¿Hydra?



Pan- Rhiela Hydra fue quien acabó con la vida de Shelby y yo fui testigo de ello. Rhiela, la hechicera de Dragon Valley fue quien sesgó nuestras vidas. Cuando era niño, eramos grandes amigos... Incluso llegué a tener sentimientos por ella, cosa que más tarde usaría a su favor. Tuve un error de juventud, un estúpido error que me involucró a mí y a Shelby. Tu hermana fue contratada para investigar los sucesos de Dragon Valley, de los cuales, Rhiela era la culpable. Shelby era valiente y muy inteligente, lo que le llevó a descubrir a Rhiela. Y como un tonto... fui utilizado y usado para hacer daño a tu hermana. A ella la asesinó y a mí... A mí me condenó eternamente.



Pan- ¿Ves este cuerpo? ¿Ves esta marca endiablada? ¿Crees que es un simple tatuaje hecho por gusto? Esto que ves es la marca de mi condena. Una señal que arde en mi piel cada vez que me acerco a Dragon Valley. De inocente, cuando desperté intenté regresar a casa y cuando mi pie atravesó la frontera un fuego abrasador me recorrió entero. Sentí tanto dolor que me desmayé y cuando volví a recobrar el conocimiento, tenía este dibujo por todo el cuerpo, ardiendo y escociéndome por mi cercanía a la que fue mi ciudad. Con el tiempo, descubrí que Rhiela no solo me había dejado este recuerdo. Veía cómo mi familia, desterrada por ella envejecía y yo no cambiaba de aspecto. La inmortalidad por la que tanto luchó y a la que mas tarde renunció me la entregó a mí, para que pudiera ver por siempre el fruto de mi desgracia. Esa es mi condena, ver que parte de mi sangre ha servido al propósito Hydra.
Briandel- ¡Ahora sé de qué me suena Hydra! ¡El terrible rey Albor! ¡Al que todos temen en esta comarca! Hablas de tu error, del error que te separó de Shelby, de tu desgracia, de tu sangre... ¿Eso significa que Albor...?



Pan- Es mi hijo. Sí, así es. Albor es hijo mío y de Rhiela Hydra.

Al escuchar aquello Briandel se tapó la boca con una mano asustada. El terrible rey de hielo al que todos temían era hijo de aquel hado que acababa de conocer y que había estado con su hermana hacía 24 años.



Pan- Por eso decidí entrenarme. Porque sabía que Rhiela criaría a mi descendencia bajo las leyes del mal y la oscuridad. Decidí dejar de ser un hado inocente, que solo pensaba en ser feliz para convertirme en el líder de una sociedad que pudiera hacer frente a los Hydra. Fundé la sociedad Wyvern para luchar contra de lo que mí había salido también, para expiar mis pecados. Ahora ya sabes la verdad. Entiendo y acepto que me odies, pero no vuelvas a decir que yo maté a Shelby. Si no me crees, utiliza tus poderes de hechicera.



Briandel- ¿Cómo sabes que tengo poderes de hechicera?
Pan- Mucho entrenamiento a mis espaldas para reconocer cualquier tipo de criatura y no volver a ser engañado.
Briandel- Entonces, los Hydra fueron los que acabaron con Shelby...
Pan- Así es. Y si me disculpas, me gustaría quedarme un rato solo.



Briandel- ¡Espera! No he venido hasta aquí para no hacer nada... He venido buscando venganza.
Pan- La venganza no es buena aliada de nadie.
Briandel- Shelby tenía muchos sueños por cumplir. Se hizo detective porque siempre se sintió menos, por haber nacido humana y no elfa como yo y nuestra madre. No voy a dejar que su esfuerzo sea en vano... Si se enfrentó al mal, yo también quiero hacerlo... ¡Quiero unirme la sociedad de los Wyvern!
Pan- ¿¡Qué!? ¡Imposible! ¡Es demasiado peligroso! Los Hydra no son cualquier cosa... Están directamente relacionados con el infierno. No, no voy a dejar que te unas.



Briandel- No pienses que soy ninguna inútil, O' Really. ¿O acaso crees que cualquiera puede paralizar a toda tu compañía con un solo hechizo solo por salir a buscar respuestas?
Pan-... ¿Qué hiciste qué?



Briandel- ¡Déjame unirme a tu sociedad! ¡Quiero luchar por mi hermana! ¡Soy una elfa guerrera! ¡Soy una guerrera de la luz! Mi misión es enfrentarme a la oscuridad y si esa oscuridad fue la que consumió a mi hermana, tengo aun muchos más motivos para ello. Tu quieres expiar tus pecados, yo lavar la imagen de mi hermana, a la que tenemos en común. ¡Déjame combatir a vuestro lado!
Pan- Sí que eres insistente... Te pareces a ella.



Briandel- Pan... Si de verdad amaste a mi hermana, déjame luchar por ella.
Pan-...
Briandel- Por favor.
Pan- De acuerdo... Pero no me hago responsable de lo que ocurra. Ya te advertí que esto no es ningun juego. En fin, vamos a ver que les has hecho a la tropa.



Briandel había conseguido su objetivo; saber quién fue el asesino de su hermana y, ahora que lo sabía, lucharía por ella, aunque tuviera que ser contra el linaje más oscuro y destructivo de la tierra. La joven elfa miró a Pan y observó con detenimiento la cabeza de la Hydra que se dibujaba en su espalda. La imagen de su enemigo.





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Capítulo 4: Decisiones drásticas.

Mensaje por Saclae el Lun Ene 05, 2015 5:18 am

Capítulo 4:

Capítulo 4: Decisiones drásticas



A pesar de la poca actividad de los Wyvern, Albor no cesó nunca en su empeño de buscarlos. Muchas veces se pasaba noches enteras por las a fueras de Dragon Valley en busca de alguna pista que pudiera darle nueva información.



Sin embargo, los Wyvern estaban bien ocultos y Albor, irritado, no conseguía lo que quería. Por ello, cada noche o mañana que llegaba a su torre y no había obtenido resultados le parecía un fracaso.



Aun así, a pesar de ese sentimiento de fracaso que en ocasiones le invadía, la compañía de los animales que visitaban su hogar conseguía animarle.



Pocas eran las veces que el soberano de piedra sonreía y los testigos de esas pocas ocasiones eran los animales. El hado, a pesar de su terrible oscuridad, tenía una conexión muy poderosa con las criaturas. Ninguna hasta el momento había logrado resistirse a la atracción que le producía Albor y todas se acercaban a él sin temor, sin precaución. De ellas podía conseguir lo que quería e incluso había utilizado aves y otros animales para que descubrieran el escondite Wyvern pero, siempre sin éxito. Los pocos logros que estaba teniendo le enfurecían pero, en aquella época, un suceso tan extraño como divertido para el rey logró captar toda su atención. Casualmente, Albor y más concretamente Vrionak descubrieron que los animales no eran los únicos que podían entrar a la torre con total libertad.

Una tarde, mientras Albor realizaba unas investigaciones en uno de los ordenadores de la Biblioteca sobre unas semillas que le interesaban y Vrionak alimentaba a los pequeños animales del segundo jardín, una visitante a la que nunca habían visto antes apareció al otro lado del muro de arbusto del jardín de animales. Vrionak no se dio cuenta, pero al parecer, aquella extraña llevaba allí un rato observando al hado.




Vrionak- Bien, esta es la útltima.



Zoe- ¡Ejem!
Vrionak- ¿Eh?
Zoe- ¡Hola!

Cuando Vrionak vio a la extraña se quedó sorprendido de la mujer tan poco agraciada que tenía frente a él. ¿Cómo una criatura podía ser tan horrible? Él era horrible por un castigo de Rhiela, pero aquella mujer... ¿Sería alguien como él? ¿Castigada a tener una apariencia monstruosa? Vrionak se hacía aquellas preguntas hasta que decidió que realmente no le importaba. Aquella extraña había logrado entrar al jardín esquivando las Plantas Vacas y era una intrusa, por lo que debía sacarla de allí como fuera.

Vrionak- ¡Tú! ¿Quién eres y cómo has entrado aquí?



Zoe- ¡Oh! ¡Es guapísimo! Me llamo Zigg... Bueno, puedes llamarme Zoe. Es más fácil. Entré por la puerta... Para eso es ¿no? jejeje.



Vrionak- ¡Eso es imposible! Las Plantas Vaca no dejan pasar a nadie.
Zoe- ¿Las vaquiplantitas? ¡Si son muy simpáticas!
Vrionak- ¿¡Pero qué diablos dice!? ¿Será una enemiga esta tipeja? Así que vienes buscando enfrentamiento... Te diré que estos jardines están protegidos. Un paso más y serás una estatua helada. ¡Te lo advierto!



Zoe- ¡Jajajaja! ¡Ay, qué divertido eres! ¡Me encantan tus bromas! Si sé perfectamente que puedo pasar.
Vrionak- ¡Diablos! ¿¡Qué!?

Vrionak se encontraba realmente confundido con aquella mujer tan horrenda y extraña. No parecía afectarle el poder de Albor y tampoco parecía querer un enfrentamiento. El hado podía percibir una energía muy singular que no sabía definir pero que resultaba muy interesante. Si aquella mujer venía buscando pelea, probablemente, él solo no podría enfrentarse con garantías a ella. No obstante, la mujer parecía estar más pendiente de él, a quien observaba con sus ojos negros y vacíos como si clavara dos agujas para seguirle en todo momento.

Por su parte, Albor comenzó a escuchar una conversación a voces en su jardín y pensando en un principio que sería alguno de sus seguidores o vasallos que venían a pedir algo, se detuvo y escuchó detenidamente. Pero, cuando escuchó una voz metálica y femenina no pudo evitar ponerse alerta.




Albor- ¿Qué está pasando ahí fuera?



Albor- Vrionak y...



Albor- ¿Qué es esa cosa?

Albor no podía negar que en un primer momento había sentido la necesidad de lanzar uno de ss poderosos ataques a aquella mujer pero, cuando percibió su energía tan especial decidió esperar un poco más hasta comprobar que, en apariencia, ella solo quería hablar con Vrionak.



Vrionak- Bueno, ¿Qué quieres? Si el dueño de esta torre sale sufrirás las consecuencias. ¿Has venido para tener una audiencia con el rey o qué?
Zoe- No sé quién es el rey. Hace un tiempo que llevo paseándome por aquí y no lo he visto. ¡Vengo a verte a ti, guapo con alas! ¿Crees que alguien tan apuesto puede pasar desapercibido?
Vrionak- Esto tiene que ser una broma...
Zoe- ¡Jajajaja! ¡Qué gracioso eres! No es una broma. Ya sé que una preciosidad como yo impacta, pero no me hubiera fijado en tí si no fueras así de guapo y encima con alas... ¡Nunca había conocido a nadie de nuestra raza con alas y tan brillantes! No me has dicho tu nombre pero, te llamaré... ¡Alitas! ¡Sí! ¡Alitas mío!



Vrionak- Mira... ¡Lárgate de aquí antes de que me enfurezca de verdad! ¡Fuera!
Zoe- Vaaale, vaaale... Entiendo que te pongas nervioso... Me voy. Por ahora... ¡Vendré a verte otro día!
Vrionak- ¡Ni hablar! ¡No hace falta que vuelvas más! Mira, te mando un autógrafo y una foto por correo y asunto arreglado.
Zoe- ¡Hasta pronto alitas!



Albor, que había escuchado toda la conversación no podía evitar la risa. El rey helado estaba tan sorprendido como Vrionak y el hecho de que aquella mujer de raza misteriosa (y repulsiva, por cierto) creyera que el hado era uno de los suyos le hacía reír a carcajadas. Sin embargo, no podía mostrarse de aquella manera ante Vrionak. Él había sido su maestro y a pesar de su mezquindad, sentía que le debía un respeto por muchas ganas que tuviera de burlarse de él. Por esa razón, decidió disimular y hacer creer a Vrionak que se tomaba el tema con seriedad y que no sabía nada de la conversación pero sí de la presencia de una extraña en sus jardines. Así, cuando la mujer se marchó y Vrionak terminó con los animales del jardín, Albor le llamó a la Sala del Trono.




Albor- Vrionak, ¿puedo saber quién era la extraña que estaba en mi jardín?
Vrionak- No lo sé, Albor. Era una mujer muy rara y horrible. ¡Brbr! ¡Aun me dan convulsiones cuando pienso en esa cara!
Albor- ¿Enemiga tal vez? ¿Qué venía buscando?
Vrionak- Pues no lo sé... Se había perdido, creo.



Albor- Entiendo... Y se pierde en uno de mis jardines...

Albor sabía perfectamente que Vrionak le mentía pero, no le culpaba por ello. Para el hado suponía una vergüenza que un ser tan horrible hubiera atravesado los jardines sólo porque le parecía atractivo. Sin embargo, Albor quería confirmar sus percepciones y debía comprobar que Vrionak también había sentido la energía especial de aquella mujer.

Albor- Es extraño, ¿sabes? Llegue a pensar que era una enemiga. Pude apreciar una energía que no conozco y, evidentemente, no venía de ti. ¿Tú lo notaste?



Vrionak- Sí, sí lo note... Es una energía que parece adentrarse en la mente. No te deja pensar bien como si anulara los sentidos. ¡Qué desagradable!
Albor- Tal vez podríamos intentar una "amistad" con ella... Si encontramos a más como los suyos conseguiríamos una importante alianza.
Vrionak- ¿Qué? ¡Ni hablar! Esto... digo no. No porque ya se fue y no creo que vuelva. Solo se había despistado y había entrado aquí sin quererlo.



Albor- Un intruso al que mis Plantas Vacas no le hacen ningún rasguño es digno de estudio. Nadie lo había conseguido hasta ahora, así que debe tratarse de una mujer poderosa a su manera... Aunque no conozcamos el tipo de poder elemental que le rige. Mmmm... Una lástima que ya no la volvamos a ver. Hubiera sido de gran ayuda para el poder Hydra.
Vrionak- Ya, sí... Una lástima... Pero en fin, tu bien sabes que hay cosas que no están destinadas a que pasen.


Pasaron varios días y Vrionak ya se había olvidado del desagradable encuentro con Zoe, la mujer extraña y horripilante. El hado no se acordaba de ella y hacía su vida normal y cotidiana con la misma dedicación de siempre. Sin embargo, poco le duró la tranquilidad y es que, a cierta mujer algo terca, el hado se le había metido entre ceja y ceja, y no se alejaría de él tan fácilmente.




Vrionak- Estas plantas tan extrañas... Se marchitan y mueren en cuanto cosecho el fruto. Debe haber alguna manera de que no lo hagan hasta que descubra las propiedades que tienen.



Zoe- No la hay. Son flores de la muerte y están destinadas a morir una vez que su semilla o su fruto es cosechado. Tienen un ciclo de vida muy corto.
Vrionak- No puede ser...



Vrionak- ¡Tú otra vez!
Zoe- ¡Hola alitas mío! ¡Qué bonito este columpio! Es muy relajante ver el jardín mientras te balanceas.
Vrionak- Socorro. Esto... ¿A qué has venido?



Zoe- ¡Pues a verte! Vives aquí, así que tengo que venir aquí a verte.
Vrionak- ¿¡Pero se puede saber por dónde te metes!? ¡Todo tiene seguridad!
Zoe- Las puertas sirven para abrir caminos. Si no quieres que nadie entre a tu casa no pongas puertas. Aunque yo puedo entrar de todas formas ¡Jaja! ¿Me has echado de menos?



Albor- Vaya, aquí está nuestra amiga de nuevo.



Vrionak- ¡Pues claro que no! Realmente me siento bastante acosado y no quiero utilizar la fuerza contigo. No me apetece tener una batalla en mi casa.
Zoe- ¡Ay, pero qué lindo! No quieres pelearte conmigo. ¡Eso es que ya te gusto!
Vrionak- ¡Qué no loca, qué no! Qué eres muy... No eres mi tipo, vamos.
Zoe- ¡Aish, qué guapo! Bueno, yo te hago cambiar de opinión. ¡No existe alien que se resista a mí!
Vrionak- ¿¡Alien!?

Sin apenas poder reaccionar, Zoe se abalanzó rápidamente sobre Vrionak. Más rápido incluso de lo que podía hacer un hada y con un fuerte movimiento le propinó un beso al hado que conmocionado parecía haberse quedado de piedra ante tal atrevimiento.



El soberano de piedra, por su parte, al ver todo aquel espectáculo no podía hacer más que reír. Aquella mujer iba con todo.






Albor- ¡Jajajaja!



Vrionak- ¡¿Pero qué haces, estúpida?! ¿¡Cómo te atreves!?
Zoe- ¡No me puedo creer que no te haya gustado!
Vrionak- ¡Pues claro que no! Es... Es... ¡Es asqueroso!





Zoe- ¡Uy! ¡Nadie se resiste a los besos de Zizzhzoe Vajjevoo!
Vrionak- Pues qué quieres que te diga, chica... Te habrás encontrado con muchos desesperados porque...
Zoe- ¡Esto no va a quedar así!




Zoe se concentró y comenzó a emitir unas extrañas ondas que aturdieron a Vrionak por completo. Albor, testigo de todo, se dispuso a salir en ayuda del hado, pero pronto comprobó que lo único que estaba haciendo aquella mujer era provocarle un fuerte mareo a Vrionak, por lo que prefirió no actuar por el momento.



Zoe se marchó muy indignada con toda aquella situación pero no dañó a Vrionak. El hado sufrió de terribles mareos, náuseas y vómitos durante toda la noche, pero a la mañana siguiente ya se encontraba mejor. Después de todo aquello, no le quedó otro remedio a Vrionak que contarle a Albor el motivo por el que Zoe se aparecía en los jardínes. Albor simuló escuchar con atención y seriedad, aunque en su interior se estuviera rompiendo por la risa. Aquellas visitas estaban suponiendo un gran entretenimiento para el rey que había logrado olvidarse de los Wyvern, aunque, con la discusión que tuvieron Vrionak y Zoe, era probable que aquella fuera la última vez que vieran a la alien. No obstante, nada más lejos de la realidad sucedió al cabo de unos días, cuando Vrionak rastrillaba unas hojas de la parcela en donde se encontraba la torre de Albor.




Zoe- Hola...
Vrionak- ¿¡Otra vez?! ¡Lo tuyo no es normal! ¡Olvídame! ¿Quiéres?
Zoe- Solo vine a pedirte perdón por lo que te hice el otro día.
Vrionak- Uno que no puede hacer su vida normal tranquila sin que una loca venga a... ¿Ah sí?



Zoe- Sí. ¿Me perdonas, alitas?
Vrionak- Bueno, si me dejas de llamar alitas y te vas a otro lugar o planeta mejor, te perdono.



Zoe- ¡Qué bonito eres! ¡Gracias! ¡Muack!
Vrionak- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhhggg!!!!!!!!!!!!!!!!


A partir de aquel día, la presencia de Zoe se hizo cada vez más común y la desesperación de Vrionak también aumentó. La alien se había obsesionado con él y no era capaz de quitársela de encima. Podía enfrentarse a ella, pero dudaba de su aspecto y sus capacidades después de la maldición de Rhiela, a pesar de lo que Albor le decía. El hado se encontraba en apuros y no sabía que hacer.



Vrionak- ¡Es una pesadilla, Albor! ¡Una pesadilla! ¡Se aparece en todos lados!



Albor- Cuando estoy yo en los jardines nunca la he visto. Debe ser porque no le interesa encontrarse conmigo y quiere verte a solas.



Vrionak- Por eso, por eso me vengo contigo, a ver si me deja tranquilo de una buena vez.
Albor- ¿No has pensado en enfrentarte a ella?
Vrionak- ¿Para que me quede dos semanas vomitando y mareado? ¡Ni hablar! ¡Eso no hay cuerpo que lo aguante!



Albor- Tienes poder suficiente para hacerlo, Vrionak. Te lo he dicho muchas veces.
Vrionak- Perdí la confianza en mis poderes hace mucho tiempo, Albor. Así que no me atosigues con eso, por favor. Aquí el único hecho es que tengo a una alien detrás de mí y no puedo quitármela de encima porque es peligrosa y no quiero ofenderla. No sea que la próxima vez en vez de causarme un mareo me haga explotar el cerebro.



Albor- Síguela un poco el juego, Vrionak. Dicen que lo inalcanzable se hace deseable. Muéstrate un poco accesible y tal vez se aburra de perseguirte.
Vrionak- ¡Uy, no, no! Qué ya la he escuchado decir que tiene intenciones raras conmigo. El otro día dijo que pasaramos la noche juntos pero con precaución porque no quería tener hijos. ¡Qué los hijos eran un engorro y ella era una aventurera espacial! ¡¿Te lo puedes creer?! Además dudo mucho que pueda quedarse embarazada de una criatura normal. ¡Es horrible!
Albor- No te rías, Albor... No te rías...  Pues evita situaciones de riesgo. No puedo decirte más. Si quieres yo me enfrento a ella pero, pienso que es mejor tenerla de nuestro lado que en nuestra contra.

Los días se le hacían muy complicados a Vrionak. La presencia de Zoe era cada vez mayor y aunque intentaba evitar tratarla mal para no sufrir su ira, sucedían ocasiones en las que él no podía hacer nada por evitarlas y eso, llegaba a un punto insoportable.



Delia- ¡Vrionak! ¡Tu elixir vigorizante es genial! ¡Todas las semanas me compro un pack!
Vrionak- Me alegra...



Zoe- ¡Uy! ¿¡Quién es esa que está con mi alitas!?



Zoe- Se va a enterar. A mi alitas no se le acerca nadie.



Delia- Uy, Vrionak, me voy a marchar a casa que me he empezado a encontrar muy mal de repente. Ya te haré el encargo que quería otro día.



Zoe- ¡Hola, bonito!
Vrionak- ¿Cómo no? Tuviste que ser tú.
Zoe- Sí. Que ella tenga alas no significa que sea más bonita que yo. ¡Qué se aleje de mi hombre!
Vrionak- La que me ha caído encima...


Pero lo peor estaba a punto de llegar, puesto que Albor había tomado una decisión drástica respecto a él y que tenía que ver con los nuevos proyectos que tenía que realizar el rey.



Vrionak- ¿¡Qué te vas de viaje!? ¿Cómo que te vas de viaje?



Albor- Así es. Me voy a Francia, China y Egipto. Allí se encuentran unas semillas que necesito para terminar la colección para mi jardín.
Vrionak- ¡¿Pero cómo vas a dejarme aquí con los Wyvern y todo?!



Albor- He intensificado la seguridad de las a fueras de la ciudad para que esos Wyvern no puedan ni pisar los alrededores. Al mínimo contacto se convertirán en estatuas. Por eso no debes preocuparte aunque... Veo que tu preocupación está más enfocada a quedarte a solas con la alien.



Vrionak- Pues sí, no me dejes solo con esa cosa porque  no quiero ser responsable de que la torre quede destruida. No me queda nada para intentar ver el alcance de mis poderes con ella. Se me acabó la paciencia.
Albor- Vrionak, lo he estado pensando detenidamente y creo que es el momento de que colabores por el bien Hydra.
Vrionak- ¿Colaborar por el bien Hydra?



Albor- Tú me contaste que esa tipeja no quería tener hijos. ¿Verdad? Pues bien... ¿Por qué no consideras dejarla embarazada?
Vrionak- Un momento... ¿Me lo estás diciendo en serio? ¡Porque si es una broma no tiene ninguna gracia!
Albor- No es ninguna broma. Si esa cosa se queda embarazada y tiene un hijo, se alejará de ti en cuanto se lo pidas porque no quiere tener cargas. Además, lo he estado pensado... Esa mujer es muy poderosa y tiene habilidades especiales que nadie conoce bien. Tener a un ser de su especie de nuestro lado podría ser clave para nuestros propósitos.
Vrionak- Me estás tratando como un trozo de carne, lo sabes, ¿no? ¡No pienso degradarme a eso! ¡Me niego a tener nada con esa cosa!



Albor- Piensa en lo que te digo. Un nuevo aliado y deshacerte de esa cosa para siempre. Tendrás un hijo extraño pero al fin y al cabo, lo podremos convertir en un guerrero poderoso.
Vrionak- Albor, no enloquezcas. No creo si quiera que esa cosa pueda quedarse embarazada de un hado.
Albor- Es una humanoide, tiene genes similares a los nuestros por lo que es más que evidente que sí puede hacerlo. Tú tienes conocimientos de alquimia suficiente para crear elixires de procreación. Si crees que no tienen el suficiente efecto, te he dejado uno en tu cuarto. Ese elixir es uno de los que guardo de mi madre. Y ella, te aseguro que nunca fallaba.
Vrionak-...



Lejos de allí, en el escondite Wyvern, la noticia del viaje de Albor había llegado y causado un gran revuelo.



Los Wyvern vieron la oportunidad perfecta de atacar Dragon Valley pero pronto se percataron de las medidas de seguridad extras de Albor y comprendieron que se encontraban atados de pies y manos. Todos, menos una de ellos.




Pelsis- Pan está muy enfurecido... Y con razón.
Giné- Y luego decís que el loco del grupo soy yo... ¡Una miegdé pa todos vosotros!



Pan- ¿¡Estás loca!? ¡No pienso dejar que te arriesgues de esa manera!
Julia- ¿Desde cuando te importa lo que me pase Pan? ¡Voy a hacerlo y ni tú ni nadie va a impedirmelo! ¡Por el bien de los Wyvern!



Pan- Ir a Egipto e intentar engañar a Albor para obtener información... ¿Se te ha ido la cabeza? ¡Es un suicidio!
Julia- Yo soy natural de Egipto, lo conozco como la palma de mi mano. Puedo dar el pego perfectamente de guía turística. Además... No tiene por qué descubrirme. No tengo ningún tatuaje Wyvern a la vista. ¡No podrá saber quién soy!
Pan- ¿Te olvidas de que Albor tiene maldad suficiente como para poder ver más allá de lo que sus ojos le enseñan? ¡Pareces tonta, Julia! ¡Tanto tiempo con nosotros y ahora te pones así!
Julia- Tú nunca has sabido valorarme en nada, Pan. Y ya estoy harta. Te demostraré que soy algo más que una integrante de este grupo.
Pan- ... Ya te lo dije y te lo vuelvo a repetir. No quiero nada con nadie. No quiero ninguna relación con ninguna mujer. Solo quiero enfocarme en lo que ahora es mi destino y si vas a hacer esto por despecho tengo aun más motivos para no dejarte ir allí.



Julia- Di lo que quieras, Pan. Pero yo ya he tomado mi decisión.







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Capítulo 5: Frío en el desierto.

Mensaje por Saclae el Miér Ene 14, 2015 6:10 pm

Capítulo 5:


Capítulo 5: Frío en el desierto.


Tres lugares fueron los visitados por Albor a lo largo de su año de viaje. Su incansable búsqueda por semillas que no se encontraban en Dragon Valley le llevó a Francia, China y finalmente a Egipto. El Rey Helado aprendió muchas cosas en sus viajes gracias a su innata curiosidad y disposición por aprender. Consiguió las semillas que necesitaba tanto en Francia, como en China. Incluso, de su estancia en China logró sacar más beneficios de los que pensaba, puesto que con la ayuda de la academia más importante del país, consiguió dominar las artes marciales.

Albor llegó a Egipto casi once meses después de salir de Dragon Valley. Era la última parada de su viaje y calculaba que en encontrar las semillas o las frutas que necesitaba no tardaría mucho. Sin embargo, Egipto era gigantesco y aunque el rey miraba los carteles en busca de alguna pista que pudiera indicarle dónde se hallaba su objetivo, lo cierto era que el rey preveía que tendría que buscarlo solo.



La apariencia de Albor era muy distinta a la de la mayoría de los turistas que llegaban al país. Ataviado completamente de negro y un sombrero de ala grande, la figura del hado resultaba muy curiosa para los nativos del país.



Nadie podía ver sus alas negras de oscuridad porque Albor, gracias a su gran poder, podía hacerlas invisibles para todos aquellos que no considerara dignos de observarlas. Al no estar en su reino, no quería arriesgarse a que le molestaran por lo que optó por no mostrar que en realidad era un hado. Sin embargo, su gélida apariencia, el color oscuro y turquesa de su cabello y las marcas de sus ojos, le hicieron inconfundibles para los ojos de Julia.



Aunque no podía ver las alas de Albor, la imágen era inequívoca. ¿Quién vestiría de aquella manera en Egipto? Llevaba muchos meses esperando a que el rey apareciera y por fin lo tenía frente a ella. Peligro. Albor significaba peligro y eso Julia lo sabía pero, su orgullo podía más con ella que su propio temor. La joven se acercaba despacio al rey cuando él elevo un brazo y del cielo descendió un pequeño dragón. Julia nunca había estado cerca de un dragón pero, sabía muy bien que se trataba de criaturas muy inteligentes. Titubeó unos segundos y cuando vio que Albor lo único que hacía era alimentarlo, se armó de algo más de valor.




Albor- Ten, amigo. ¿Has encontrado algo interesante?
Julia- Ejem...



Al escuchar la intervención de Julia, Albor se giró despacio para mirar a quien se atrevía a acercarse a él. Sus fríos ojos lila se posaron en la egipcia que le saludaba con una sonrisa fingida mientras hacía que su Cosmógonos, su dragón, se pusiera en su hombre. Cuando Julia vio el rostro de Albor, tembló. Los Wyvern solo habían podido verle desde lejos ya que aquellos que habían logrado contemplarle de cerca habían muerto sin ningún tipo de piedad. Los rumores de DragonValley afirmaban que Albor era hermoso. Una hermosura fría y oscura que atraía por su peligrosidad y entereza. Julia comprobó aquellas palabras en cuanto los ojos de Albor se clavaron en los suyos preguntándole qué era lo que quería.



Julia- ¡Ejem! Disculpe... He visto que miraba mucho el cartel de los turistas pero no le he visto parecer decidirse por nada en concreto... Mi nombre es Julia y soy una guía turística de Egipto.
Albor- Ya veo...
Julia- Si necesita llegar a algún lugar o visitar algun sitio especial yo puedo ayudarle. Conozco Egipto como la palma de mi mano.



Albor- Es un país muy grande para que lo conozcas tan bien.
Julia- Le juro que así es, señor. Puede comprobarlo cuando quiera.
Albor- ¿A cambio de qué?

Julia iba a responder que guiaría a Albor por gusto, ya que en realidad quería observarle  y entablar conversación con él para ver si encontraba algún punto débil en el rey pero, el dragón peridoto no perdía detalle de la egipcia y tuvo que disimular lo mejor que pudo.



Julia- Diez monedas antiguas sería lo justo...
Albor- ¿Diez monedas antiguas? Tus servicios son demasiado caros a mi parecer...
Julio- Le juro que guiado por mí encontrará todo aquello que busque.
Albor- Mmm...

Albor no tenía problemas con pagar el precio, puesto que gracias a sus viajes a Francia y China poseía una importante cantidad de monedas antiguas, muy preciadas en aquellos países para comerciar con productos raros. Por un lado, podía enviar a encontrar las ciruelas que necesitaba, pero le divertía la insistencia de aquella guía que parecía desesperada por conseguir unas cuantas monedas antiguas por lo que sonrió con un poco de malicia y aceptó su oferta.



Albor- Está bien. Veamos que tan buen guía turística eres. Necesito ciruelas y no me sirven las bazofias que venden en el mercado. ¿Conoces alguna plantación o lugar donde pueda encontrarlas?
Julia- Mmm... Sí... Hay un lugar en el que debe haber ciruelas sin dudas. Es un huerto enorme, por lo que no tienen nada que ver con las que venden en el mercado.
Albor- ¿Y podrías llevarme hasta ellas?
Julia- ¡Por supuesto!
Albor- Muy bien. Te has ganado poder tutearme.

Al acabar la frase, Albor alzó una breve sonrisa y se colocó el sombrero. Luego, extendió su brazo para indicar a Julia que le guiara y ella así lo hizo. Los movimientos de Albor eran elegantes y parecía que en vez de desplazarse caminando lo hacía flotando. Aquel hombre era realmente impresionante y Julia lo sabía. No por nada había eliminado a tantos de los suyos pero, ella encontraría el modo de acabar con él y así Pan reconocería por fin su labor.
Después de unas horas viajando en un carro viejo, llegaron al lugar que Julia había dicho. Se trataba de un enorme palacio con un gran huerto donde crecían las plantas de manera natural y sin ningún tipo de pesticidas, puesto que solo se quería obtener los mejores frutos para la realeza.




Albor- Tenías razón, señorita. Buen trabajo.
Julia- Espero que estas frutas sean de tu gusto.
Albor- Sí, aunque no están en tiempo de cosecha...
Julia- Vaya...
Albor-Pero no importa.



Albor- Crece...



Julia- ¿Qué es eso?

Julia se quedó paralizada por un momento. Ante sus ojos, Albor comenzó a madurar los frutos y a provocar el crecimiento de otras de las plantas que había en el huerto. La joven se preguntaba cómo un ser tan destructivo era capaz, a su vez, de crear vida de aquella manera. Decidió observarle en silencio mientras él recogía los frutos que le eran necesarios y después le llevó a la plaza principal de la Al Simhara donde el rey cumplió lo acordado y le pagó sus diez monedas.



Albor- Ten, diez monedas antiguas. Lo acordado.
Julia- Gracias... ¿Qué... qué tienes pensado hacer ahora?
Albor- Descansar y regresar pronto a mi hogar.
Julia- ¿Ya no necesitas ir a ningún lugar más?
Albor- No. Ya no hay nada que me interese de este lugar.



Julia- ¿Seguro? Podría llevarte a ver la Gran Esfinge o el Templo...
Albor- Entiendo que quieras sacarme más dinero pero créeme... En este lugar ya no hay nada que merezca mi interés. Gracias por tus servicios.
Julia- Yo creo que si que hay algo que puede interesarte... Veo que te gustan las plantas. Pues yo conozco dónde se encuentra una muy especial.
Albor- ¿Ah sí? ¿Y cómo se llama esa planta, si puede saberse?



Julia- La planta de la vida. Su fruto es tan especial que dicen que alarga la vida de quien lo come. Por ello esta oculta en un jardín en lo más profundo de la Pirámide del Cielo. Nadie ha llegado hasta ella porque no tienen el valor suficiente para entrar en la pirámide. Son muchos los peligros que custodian esa planta pero... ¿Tu eres especial no? Tu podrías llegar hasta ella... ¿Qué me dices? Me conformo con tener una de esas frutas para mí.



Albor- Así que planta de la vida... Bueno, señorita guía. Probemos a entrar en esa pirámide y ver qué tan ciertos son los rumores.

Julia celebró en silencio su victoria. Las pirámides eran un lugar muy peligroso, sobre todo para los forasteros. No era la primera vez que llegaba la noticia de turistas que habían muerto en su interior o gente que al entrar no había vuelto a salir. De pequeña, ella jugaba por las pirámides y llegó a conocer las diferentes trampas que ocultaban pero Albor era un extraño y con un poco de suerte terminaría sus días en la pirámide.




Cuando llegaron a la Pirámide del Cielo ya era de noche. Julia advirtió a Albor que podría llevarles días encontrar la fruta pero al hado no le importó. Se quedó gratamente sorprendido con aquella construcción tan abismal y rebosante de poder.



Gracias a las instrucciones de Julia no tardaron en dar con la puerta secreta de la pirámide y una vez conseguido, no había marcha atrás. Albor entró con decisión seguido de Julia que lo observaba muy de cerca. El primer reto que caracterizaba aquella pirámide era que nadie que no supiera nadar podía acceder a su interior. La pirámide estaba llena de fuentes, agua y piscinas que llevaban a distintas puertas. Julia pensó que Albor renunciaría porque conocía su poder de hielo y lo que podía irritar a los seres con aquel poder el fluido elemento. Sin embargo, la reacción de Albor no fue la más esperada por la joven.





Julia- Vaya... Se me olvidó decirte que se contaba que esta pirámide era un reino acuático en el desierto...
Albor- Los reinos siempre producen el deseo de ser conquistados. ¿El agua te supone un problema?
Julia- ¿A mí? Ninguno, ¿por qué?
Albor- Muy bien, entonces continuemos.

Albor se quitó el sombrero y lo dejó al lado de una de las estatuas de la entrada. Luego se desabrochó la camisa, mostrando una fina tela transparente que le cubría el torso pero que dejaba ver sus músculos bien definidos y se descalzó. Julia, al ver que el hado se preparaba para atravesar lo que pudiera a nado, optó por arremangarse el vestido y quitarse el cinturón, quedándose con lo indispensable para poder nadar. ¡No pensaba perderle la pista!



Albor- Me alegra que vinieras preparada, señorita guía.
Julia- Siempre estoy preparada para todo lo que pueda pasar.
Albor- Es bueno saberlo.

La expedición por la pirámide duró días.



Una aventura que hizo a Albor descubrir muchas sorpresas y tesoros.



Pero también repleta de trampas.




Julia- ¿Qué haces?
Albor- Las pirámides eran la tumba de poderosos reyes. Los reyes son vanidosos por lo que incluso en la muerte querían estar en posesión de sus tesoros y sus riquezas. ¿Crees que al tener tantos tesoros en su tumba no iban a intentar poner remedio a todos aquellos osados que se atrevieran a profanarlas? Es una idea muy ilusa por tu parte.
Julia- ¿Si tú fueras rey serías vanidoso?
Albor- Si fuera rey... Sería implacable.
Julia- ... Bueno, pero ahí no tiene por qué haber nada... No sé, me parece muy rebuscado...
Albor- ¿Qué no? ¿Y esto qué es?



Julia- ¡Maldición!


Albor no caía en las trampas y, con el paso de los días en aquella pirámide, Julia se daba cuenta de la sabiduría y gran inteligencia que poseía el rey. A lo largo de todas aquellas horas a ambos les dio tiempo de hablar sobre aspectos de su vida y ambos contaban verdades a medias o mentiras suaves.



A la joven egipcia no le pasaba desapercibido el parecido de Albor con Pan. De carácter eran muy parecidos. Valientes, curiosos. Siempre con ganas de descubrir más. En ocasiones, Julia se preguntaba cómo aquel hombre podía ser el malvado Rey Hydra que había aniquilado a tantos de los suyos. Lo odiaba, pero no podía arriesgarse a atacarlo. No después de ver su destreza, su agilidad y su extraño poder. Albor no había hecho uso de su poder helado, pero Julia le preguntó varias veces su nombre con la excusa de ser olvidadiza. Albor... Albor... Albor... El nombre de la pesadilla de los Wyvern. ¡Era él y no se veía capaz de hacer nada! ¿Lo peor? Acabaron encontrando el jardín oculto y con él, la planta de la vida.




Julia- Este es...
Albor- El jardín oculto.



Julia- Tal vez haya algo peligroso aquí... ¿No sería mejor dejarlo? Jamás había llegado tan lejos...
Albor- ¿Tienes miedo, señorita guía?
Julia- ...
Albor- Te diré algo... No existe en la tierra fuerza natural o sobrenatural que pueda detenerme. Mientras estes conmigo, estarás a salvo.
Julia- ...
Albor- ¡Já! ¡Deja de poner esa cara de amargada! Ven, vamos a por nuestro premio.



Albor- Crece...
Julia- ¡Son demasiadas!



Albor- ¿No querías frutas de la vida?
Julia- Sí pero una...



Albor- Aquí hay de sobra para que ambos podamos llevarnos unas cuantas.
Julia- Gra- gracias...

Después de recoger las frutas de la vida y de que pasaran unos días hasta que pudieron salir de nuevo de la pirámide, Albor le entregó unas pocas a Julia. Le agradeció sus servicios como guía y le dio unos consejos para que pudiera cultivar aquellas frutas. La joven se sentía confundida. El rey maligno le ayudaba y se mostraba incluso simpático con ella. Parecía que, una de las mayores virtudes del rey era que, aunque se podía sentir su maldad, se trataba de un hombre que sabía agradecer y apreciar la ayuda de los otros.



Albor- Con esto me regreso al campamento. Mañana por la mañana partiré hacia mi hogar. Gracias por tus servicios, señorita guía.
Julia- De- de nada...

Julia se maldecía a sí misma por no haber intentado un ataque contra Albor en todo el tiempo que estuvieron en la pirámide. Al día siguiente el rey se marcharía dirección a Dragon Valley y ella quedaría en ridículo ante Pan y los demás. Tal era la frustración de Julia que decidió buscar a Albor aquella noche de luna llena. Siempre había creído que la luna le daba una motivación especial y por ello se dirigió al campamento en busca del rey. En un primer momento no le encontró, hasta que buscando por todo el campamento le localizó meditando entre unos arbustos.



Allí se encontraba tranquilo, en soledad. De vez en cuando aparecían pequeñas hadas que le acompañaban y solo él podía ver y sentir. Aquel era el momento de atacar. Parecía tan concentrado que Julia realmente creyó que estaba en trance, hasta que escuchó su voz.




Albor- Qué sorpresa tenerte por aquí en una noche de luna llena, señorita guía... ¿Has venido a proponerme alguna aventura interesante más?



Julia- No... Solo quería despedirme.
Albor- Un detalle por tu parte.

Albor dejó de meditar y se levantó despacio. La luz de la luna iluminaba su pálida piel como si de una armadura plateada se tratara. Aquel era realmente un hombre imponente y Julia no podía dejar de mirarlo. Se parecía tanto a Pan... Su querido Pan. Con el tiempo, la egipcia se había ido enamorando del hado de alas rosas pero él, obsesionado con su venganza jamás se había fijado en ella. Su familia había sido desterrada de Dragon Valley, al igual que la de Pan, pero en su caso, el propio Albor era el que había ejecutado la sentencia. Ella juró venganza  y por eso se unió a los Wyvern. Sin embargo, nunca había visto al rey. Jamás había podido comprobar cómo era. La joven se sentía mal porque aquel hombre le atraía mucho. Su parecido con Pan era portentoso, pero su hermosura lo superaba con creces. Una hermosura oscura que atraía a la vez que ponía barreras. Un ser de la noche, un rey de piedra.



Albor se percató de que la joven le miraba con duda y temor, pero a su vez un brillo de satisfacción cruzaba fugaz sus ojos oscuros. A Julia le gustaba lo que veía y el rey lo sabía. La joven egipcia era una hermosura del desierto y aunque a Albor le denominaban el soberano de piedra, había pasado mucho tiempo solo. A pesar de su maldad y su frialdad, tenía deseos e instintos y al hado no le pareció descabellada la idea de poder disfrutar de la compañía de la joven aunque fuera una noche. Por ello, despacio se acercó a ella porque sabía que por algo le temía. Interpretando que podía percibir su energía oscura, intentó no parecer agresivo. Él sabía hacerlo. Él era el hielo que rompía la piel pero también el que la refrescaba.




Albor- No deberías estar por aquí sola. Hay demasiados hombres borrachos celebrando en la hoguera.
Julia- No me dan miedo los hombres.
Albor- Es bueno saberlo... pero... ¿por qué me temes a mí, entonces?
Julia- ¿Qué?
Albor- Puedo percibir que me temes, aunque hayamos pasado días y días dentro de una pirámide.
Julia- Tal vez sienta que no eres buena persona... Tal vez por eso desconfíe.



Albor- No lo soy, de hecho. Pero soy un hombre.
Julia- ¿Y eso qué quiere decir?
Albor- Pues... Que no necesito ser buena persona para cumplir con lo que estás pensando.

Julia se ruborizó pero la oscuridad impedía que su enrojecimiento se viera. Sin embargo, Albor si sabía que había causado turbación en la muchacha y comprendió que no estaba equivocado. Sin que Julia pudiera reaccionar, el hado se acercó despació y juntó su rostro con el de la muchacha.



La joven sintió el frío del rey helado pero no era un frío dañino. Al contrario, era una sensación muy agradable que se fundía con el calor de su mejilla y sin poder resistirlo besó suavemente a su enemigo. Albor le respondió con un beso dulce, fresco, que le transferían un poder y una sensación que jamás había sentido.




Después de aquello, Julia solo se dejó llevar. Albor, su eterno enemigo, la había derrotado pero... ¿Qué podía hacer? ¿Acaso existía mujer que pudiera resistirse al soberano de piedra? Ambos se tendieron en la suave y fría arena nocturna del desierto mientras que la joven disfrutaba de los besos mágicos del hado.



Y olvidándose de la organización Wyvern, Julia se dejó envolver por la oscuridad. El poderoso rey, confiado, mostró sus alas negras a la joven que extasiada vio la grandeza de uno de los monarcas féericos sobre la tierra y en ese momento quiso más de Albor.



Y tanto deseaba del rey que en su deseo se forjó su terrible error y es que ella solo podía mirar la piel deslumbrante y las alas negras de Albor pero él podía ver más, mucho más allá de la oscuridad. Y cuando sus ojos recorrieron el cuerpo de la joven para contemplar su desértica belleza, una marca, como si del símbolo de la mismísima muerte se tratara se presentó ante su mirada.



El tatuaje de los dragones indignos. La marca de aquellos ilusos que osaban enfrentarse a su poder.



Albor- Wyvern...

Con la elegancia que le caracterizaba, Albor se alzó un poco y acercó un poco el rostro de Julia al suyo.



Albor- ¿Recuerdas de lo que te conté en la pirámide cuando me preguntaste cómo sería si fuera rey?
Julia- Sí... Implacable...



Albor- Yo soy brisa fresca, señorita guía...



Albor- Yo soy hielo implacable.

Al decir aquello, Albor besó suavemente a Julia y el cuerpo de la joven comenzó a congelarse rápidamente convirtiéndose ante su horror en una de las tantas estatuas de hielo que Albor había destruido. Despacio, el hado se incorporó y al alejarse un poco la estatua helada que hacía pocos segundos había sido Julia estalló en pedazos de cristal que invadieron la arena del desierto.












Última edición por Saclae el Dom Ene 18, 2015 9:52 am, editado 1 vez


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Capítulo 6: Planificación familiar.

Mensaje por Saclae el Sáb Ene 17, 2015 6:21 pm

Capítulo 6:


Capítulo 6: Planificación familiar.


Albor regresó a Dragon Valley una mañana de otoño del año siguiente a su partida. Lo hizo sin hacer ruido, sin que nadie del reino se enterara de su llegada. Quería descansar del largo viaje en su torre y ponerse al corriente de todo lo sucedido para más tarde tomar decisiones. Cuando llegó a la entrada de la torre, comprobó que nada había cambiado. Sin embargo, sentía una presencia extraña. La misma de Zoe, la alienígena que perseguía a Vrionak, y se imaginó lo peor. Albor supuso que la alien no había dejado en paz al que fue su mentor y que seguía rondando por allí. No obstante, cuando Albor subió las escaleras de la torre hacia la gran puerta, se dio cuenta de que la energía venía de alguien diferente.




Albor- ¿Mmm? ¿Qué es...?

Un niño que ni siquiera llegaba al año de edad se encontraba en la puerta de su torre jugueteando como si fuera lo más normal del mundo.



Tenía el cabello de color verde con reflejos que parecían aclararse y un traje del mismo color. El pequeño canturreaba mientras Albor lo observaba por detrás detenidamente. El hado podía notar la misma energía de la alien desprenderse de él pero a la vez, percibía otro tipo de energía que no le gustaba nada. Aquella criatura parecía desprender mucho calor, lo que únicamente podía significar que el elemento fuego le regía. Desagradablemente para Albor, esto último pudo comprobarlo cuando el niño estornudó y del esfuerzo, o del susto, emitió una ventosidad similar a una bomba dentro de su pequeño pañal.  El pequeño comenzó a quejarse porque al parecer, su propia emisión hasta a él mismo le ardía y esto provocó que Albor hiciera un sonido de repulsión. Al escucharlo, el niño se giró y al ver al rey puso cara de asco. Aquella criatura también sentía el poder helado de Albor y como a él, tampoco le agradaba.




Shion- ¿Eh? ¡Papi! ¡Papi! ¡Papi! ¡Papi! ¡Papi! ¡Papi!

La voz del niño era estruendosa. Tan aguda que parecía que iba a perforar los oídos.



Albor- ¡Agh! ¡Cállate insecto!

La voz estridente del pequeño irritaba tanto a Albor que estuvo a punto de congelarlo para silenciarlo. Sin embargo, Vrionak abrió la puerta muy serio. Y con un saludo cortante recogió al pequeño que se tranquilizó en cuanto se vio en los brazos del hado de alas rojas.



Albor- ¿Es... tuyo?
Vrionak- ¿No fue eso lo que pediste?
Shion- ¡Papi!
Albor- Pero este insecto...

A Vrionak se le notaba especialmente molesto con Albor. Era lógico por otra parte, ya que finalmente y como medida desesperada, optó por acceder a las pretensiones de Zoe para librarse de ella y por las ideas de Albor. Finalmente, la alienigena se quedó embarazada tal y como planeó el rey gracias al elixir de Rhiela. Esto provocó mucho estrés en la alien que planeaba detener el embarazo pero, Vrionak le detuvo. Con la excusa de no poder querer a nadie que intentara quitarle un hijo, el hado consiguió que la alien tuviera a su hijo a regañadientes bajo la condición de que ella no quería saber nada de él. ¡Ella era libre como las estrellas! El hado celebró su triunfo y dijo que quería al bebé que ella tuviera y así, cuando la alien lo tuvo, se lo entregó y sin decir más se marchó, sintiéndose utilizada y desgraciada por haberse fijado en tan extraño ser. Después de estos hechos, Vrionak se quedó solo cuidando del pequeño alienigena que había sacado un tono de piel tostado parecido al que él tenía cuando era humano y mientras velaba por el reino, también cuidaba de su extraño hijo en ausencia de Albor. Toda esta rocambolesca y extraña experiencia provocó que Vrionak se molestara mucho con Albor y el rey, por su parte, lo entendía.



Vrionak- No es un insecto y se llama Shion.
Albor- Ya... Un ser de fuego.
Vrionak- Le recuerdo, su majestad helada, que cuando su madre me eligió para sus planes, invocó los poderes elementales del fuego para que formaran parte de mi ser. Eso debe ser lo que ha heredado Shion. Por otro lado, no debería juzgarlo cuando usted sufrió el miedo de ser rechazado por su madre por tener el elemento helado en su sangre.



Albor- Ya. Está bien, Vrionak. Entiendo que estés molesto pero no creo que sea el momento de que me guardes rencor por algo que tu has decidido.
Vrionak- ¿¡Decidir yo!? ¡Obligado te veas! ¡Jamás voy a experimentar algo tan repugnante como aquello! Aquí tienes al guerrero que tanto querías. No es mi culpa que no haya salido como esperabas. Si me disculpas me voy con MI HIJO a darle de comer. Buenos días.
Albor- Vrionak...

Sí. Realmente Vrionak estaba muy molesto con Albor aunque, estar tanto tiempo con Shion había provocado que sintiera por su hijo verdadero amor de padre. Vrionak ya había tenido esa sensación con Albor y Halire y en cierta medida, aun continuaba sintiendo que Albor era como su hijo. Sin embargo, el rey le había conocido cuando su imagen era hermosa y fuerte. Shion le veía a través de sus ojos negros con su forma horrorosa, impuesta por la cruel y maligna Rhiela, pero el pequeño le adoraba. En el fondo, aquella criatura medio alienígena, medio féerica resultaba adorable y el hado se desvivía en cuidados para él.



Al tener sangre alienígena, Shion tenía la capacidad de comunicarse telepáticamente y lo hacía muchas veces con Vrionak. No necesitaba palabras. Cuando necesitaba algo, simplemente emitía imágenes de lo que quería y le ocurrí a la mente de su padre, logrando así captar su atención. La palabra favorita de Shion era la que repetía constantemente, como si de esa manera demostrara que su referente era Vrionak.




Shion- ¡Papi!

Por su parte, Albor intentaba entablar conversación con Vrionak pero, no conseguía nada puesto que el hado se limitaba a contestar secamente. El rey se percató de que su torre estaba construida para él y que al no necesitar de tanta ostentación para vivir, no había habitaciones suficientes para que en un futuro Shion pudiera vivir independientemente. Por ello, decidió crear una pequeña casa en el jardín con las mismas raíces con las que construyó su torre para Shion. De esa manera también esperaba que Vrionak fuera ablandando un poco su carácter con él.



Muchas veces los cuidados de Shion agotaban a Vrionak y aunque Albor poco a poco iba aceptando al aliencillo de fuego, seguía queriendo ser él el único que podía atender las demandas de su hijo.




Vrionak- ¿Qué haces, Shion?
Shion- ¡Papi!



Vrionak- Hijo, tienes que aprender a decir más cosas que papi. A ver repite conmigo... ¡Hada!
Shion- ¡Hada!
Vrionak- ¡Muy bien! Di... ¡Albor!
Shion- Pff... Abó no...
Vrionak- ¿Por qué no? ¿Sabes quién es Albor?
Shion- Home fiiiio shiii...
Vrionak- ¡Jajajaja! Sí, hijo... ¡Él es el rey! ¡El rey!
Shion- ¡E DEY! ¡E DEY ABÓ! ¡E DEY ABÓ PAPI!
Vrionak- ¡Jajajajajaja!

Con el tiempo y con los esfuerzos de Albor, que no deseaba romper su amistad con su mentor, Vrionak fue perdiendo el rencor. En varias ocasiones había visto cómo Albor y Shion cruzaban miradas y se las sostenían mutuamente. Finalmente, el cruce terminaba con Albor alzando la cabeza serio y cuando Shion lo imitaba, el rey helado esbozaba una sonrisa. El pequeño alienigena se estaba convirtiendo poco a poco en una pequeña luz entre tanta oscuridad. Una luz que daba un calor especial al corazón del frío monarca y que hizo que una de las criaturas más mágicas y misteriosas se percatara de ello.



Cuando Albor volvió a retomar sus vigilancias nocturnas, muchos fueron las criaturas que se acercaron a él a saludarle y darle la bienvenida de nuevo. La oscuridad de Albor se teñía de amor por aquellas criaturas y el cruel hielo se volvía frágil cristal en aquella voz que a cualquiera podía persuadir. Albor en su largo viaje había aprendido diferentes canciones y en muchas ocasiones, mientras paseaba por la noche, las cantaba. El don de la prodigiosa voz de Zeode también se encontraba en la suya y resultaba un imán para todas las criaturas que se encontraban alrededor. Así, una noche, mientras cantaba una canción, escuchó el sonido de los cascos de un caballo. Pensando que se trataría de un caballo salvaje, como muchas veces había visto, se giró y cuando vio al autor de aquellos pasos se quedó totalmente en silencio.




Se trataba de un unicornio, la criatura mítica favorita de Halire. Negro como la noche, le observaba atentamente con curiosidad, sin atreverse a acercarse mucho. Albor se quedó quieto esperando entender a aquel animal tan hermoso y misterioso. El unicornio parecía indeciso y renegaba con la cabeza hacia detrás por el silencio del momento. En ese momento, Albor comprendió que tal vez su voz cantando era lo que le había atraído hasta él. Sin pensarlo mucho, el hado entonó de nuevo la canción y el unicornio comenzó a responder positivamente, acercándose poco a poco a él.




Albor- Pequeñas dulces palabras hechas para el silencio. Sin hablar, joven corazón para amar sin angustia. ♪



Albor- Si solo puedo hablar con la melodía de la voz, lo haré para que puedas confiar en estas alas negras de dolor ♪ Ser que jamás creí vislumbrar.



Albor- Acepta mi ofrenda para ti y todas las noches te vendré a ver ♪ Por mi hermana aprendí que el veloz surcador de la noche a la mañana ha de marchar ♪ Pero si así lo deseas mi canción para ti será ♪ Pues ante ti se doblega este pobre rey carente de luz y de ilusión, guía con tu cuerno nuevos caminos hacia una nueva amistad ♪


El encuentro con el unicornio negro supuso una nueva aventura para Albor, que decidió buscarle todas las noches a partir de entonces. Por otra parte, su relación con Vrionak parecía que se iba retomando poco a poco y eso también, en parte, lo agradecía el rey.



Albor- ¿Cuando te vas a decidir a hablarme bien de nuevo? Ya acepté al insecto verde.



Vrionak- Shion, se llama, Shion.



Shion- ¿Yo?
Vrionak- Sí, tú, hijo...
Shion- Yo Shion. Tú dey Abó. Fio dey Abó pffffffff
Albor- Qué rápido se ha aprendido el niño mi nombre...
Vrionak- Es capaz de leer las mentes como la desgraciada de su madre. Ya sabrá cosas de ti que ni siquiera quieras contar.
Albor- No lo creo. Hay cosas que ni siquiera él puede saber aunque me lea la mente.



Shion- Abó fio fio fio. Shion caente caente caente. Mia Abó, un dagó como tú. ¡Jijijiji!
Albor- ...



Albor- Hace tiempo que no se te veía tan contento. Después de todo, la mala experiencia mereció la pena.
Vrionak- Pues no será porque me lo pasara bien... Pero sí, Shion hace que me olvide de los malos momentos... ¿Y tú? ¿No piensas juntarte con nadie? ¿Qué pasa con tu linaje?



Albor- También he tenido malas experiencias.
Vrionak- Vaya, eso no lo sabía.
Albor- Digamos que en mi viaje, una Wyvern intentó pasarse de lista. No confío en nadie más que en tí, Vrionak. Si he de tener descendencia ya se verá con el tiempo pero creo que debo hacer como mi madre. Poner pruebas para comprobar que es el camino correcto. He... decidido que nadie salvo tú y en este caso el insec... Shion, pueda tocarme o acabará sus días congelado.
Vrionak- ¡Pero así no habrá mujer que se relacione contigo!
Albor- El destino Hydra es ambicioso. Si he de tener descendencia, ya ocurrirá.


Lejos, muy lejos de la Torre de Albor. Incluso muy lejos de Dragon Valley, del mundo que todo ser terrenal conoce, en las profundidades del abismo. Allí, en las puertas del infierno, una sombra regresaba a su país infernal después de su reconocimiento rutinario.



En las sombras el castigo de milenios atrás se deshacía y la luz del sol ya no arañaba ni arrugaba la piel.



La calavérica imagen en el mundo de los mortales se deshacía en tinieblas para dar paso a la verdadera forma de una de las terribles pesadillas de Zeode. Una mujer, cuyos objetivos eran muy claros.



Aquel era un día de visitas. Era el momento de mover ficha en el gran tablero que se estaba jugando en las sombras y el objetivo era claro. El Rey Albor.




Dissidia- Es hora de dar el siguiente paso.

Descendiendo por las escaleras de uno de los templos infernales, la misteriosa mujer de ojos fulminantes se dirigió en busca de su objetivo. Los espíritus de las llamas infernales.



Al llegar, dos de la infinidad de hermanas que formaban la familia de espíritus de las llamas infernales custodiaban el baño de fuego. No parecían esperar a la misteriosa mujer, pero tampoco se sorprendieron de su presencia.




Espíritu- ¡Dissidia! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué te trae por aquí?



Dissidia-  La continuación de nuestros planes para el regreso del caos. De todos modos no he venido a veros a vosotras.



Espíritu- Pues aquí sólo estamos nosotras dos.



Dissidia- Os advierto que no ando para juegos.



Espíritu- ¡Oh! ¿Pero quién habla de jugar?



Dissidia- ¡Leiria Enersis! ¡La mayor y más poderosa de los espíritus de las llamas infernales! Sé que estás aquí, así que te  exijo que te manifiestes.



Leiria- ¡Jajajajajaja! Tú siempre tan amable...
Dissidia- Tengo una tarea para tí.



Leiria- Hace muchos años que no venías a pedirnos nada a mis hermanas y a mi. ¿De qué se trata esta vez?  ¿Una nueva guerra?
Dissidia- Se trata del regreso Hydra. Del alzamiento de nuestro señor y soberano.
Leiria- ... ¿Y qué se supone que quieres?



Dissidia- Un recipiente.
Leiria- ¿Un recipiente? ¡Buscate a una trasgo!
Dissidia La herencia del Rey Albor es más importante que tu osadía.



Leiria- ¿Y ese quién es?
Dissidia- Un rey hado oscuro y muy poderoso. Necesario para nuestros planes. Un ser tan hermoso que ni siquiera un espíritu como tu puede resistirse a sus encantos.
Leiria- ¿Y a mí eso qué? ¡Nada ni nadie puede engendrar a un espíritu! ¡Nacemos de las almas perdidas! ¡De los despojos del poder olvidado!



Dissidia- Él sí podrá hacerlo. Es un Hydra. Su poder es capaz de hacer que la carne de vida al espíritu. Además, es el rey helado de Dragon Valley. Solo tu fuego podrá sobrevivir a su dura coraza de hielo. No te pido una historia de amor. Te pido un nuevo heredero Hydra. Tú llevarás el mensaje al propio rey, tu le dirás que vas en ayuda del linaje.



Leiria- ¿Y qué se supone que debe salir de esta unión forzosa?
Dissidia- Un espíritu, porque sólo un espíritu puede viajar en el devenir del tiempo, en la sabiduría de los años y los recuerdos de vidas pasadas. Deberás dar a Albor al menos un hijo espiritual.
Leiria- Por tus palabras, parece que las posibilidades de concebir seres no espirituales están ahí.
Dissidia- Exacto. Concebirás hasta traer al mundo un espíritu Hydra. Eres la más poderosa de tu raza y la indicada para este trabajo.



Leiria- Supongamos que acepto... Como entenderás no me voy a quedar con la prole. Nada que no sea un alma perdida o un despojo de poder puede vivir en los infiernos.
Dissidia- Entregarás a los hijos del rey a su padre y una vez el espíritu haya nacido, volverás a los infiernos.
Leiria- ¿Y qué consigo con todo esto?



Dissidia- Ayudar al regreso del caos. Hacer que demos un paso más hasta el despertar de nuestra señor Hydra. Cumple con lo que te he dicho y te dejaré en paz el resto de tu eternidad. No me obedezcas y sucumbirás junto a todas tus hermanas en el abismo.



Leiria- Dicho de ese modo... ¿Quién se negaría?






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Capítulo 7: Del fuego y el hielo.

Mensaje por Saclae el Jue Ene 22, 2015 2:35 pm

Capítulo 7:


Capítulo 7: Del fuego y el hielo.


Cuentan que cuando dos almas se conectan, no existe destino ni poder en la tierra capaz de separarlas. No es fácil que dos almas conecten y se entrelacen pero, no es imposible que esto ocurra tampoco. Al igual que, tampoco, esto debe darse obligatoriamente entre dos personas. Las conexiones pueden ser muy diferentes y cada una misteriosa en sí misma. Conexiones tan poderosas como la de un unicornio con un hado.

El unicornio, criatura mística destinada a amar a seres de corazón puro o a compartir su vida con la de un hechicero, había encontrado en el rey de Dragon Valley un nuevo ser al que amar. Parecía que el misterioso animal se había quedado prendado del poderoso aura del rey hado y no eran pocas las historias que contaban leyendas de hadas que viajaban por los bosques a lomos de hermosos unicornios. Albor, gracias a su gran biblioteca, llena de libros conseguidos por su madre, aprendió que los unicornios también podían llevarse bien con las hadas, creando vínculos de amistad fortísimos. No era una relación como la que podían tener con un hechicero, a los cuales se encadenaban como uno solo. Tampoco se parecía a la relación entre el unicornio y un joven o una joven de corazón radiante, a quienes protegían. Los unicornios y las hadas eran amigos desde tiempos inmemoriables. Amigos porque sus almas conectaban porque ambas criaturas eran hermanas de Natura.




Ocurrió que una noche en la que la luna solo mostraba un cuarto de su tamaño pero, que no evitaba que fuera radiante, el unicornio al que visitaba Albor en muchas ocasiones atravesó las fronteras de Dragon Valley en dirección a la torre del rey helado. Albor, que se encontraba leyendo unos libros sintió la mágica presencia del animal a las a fueras de la torre y al mirar por la ventana  pudo ver el aura del unicornio. Evento que muy pocos podían apreciar.
El rey salió de la torre sorprendido  y se acercó al lago que se encontraba detrás de su torre donde le esperaba el animal.




Albor- ¡Qué sorpresa encontrarte en Dragon Valley, amigo! ¿Has venido a verme porque no te he visitado estos días?
Unicornio- *Mueve la cola*



Albor- Lo siento, amigo... Han sido días muy complicados. Discúlpame por hacer que vinieras tú hasta aquí.
Unicornio- *Olfatea el rostro de Albor y le muerde una oreja*



Albor- ¡Ey! ¡Jajajaja! Bueno, supongo que me lo merezco. ¿Con esto ya estoy perdonado?
Unicornio- *Relincha*



Albor- Amigo, lo he estado pensando... Tal vez sea precipitado decirlo o tal vez me equivoque, pero creo que ambos sentimos una amistad especial. ¿Verdad? Bien... No soy el alma más pura... De hecho, me asemejo más a un demonio... Por no decir que en realidad lo soy, lamentablemente. Mi función en la tierra no es la de traer la paz, ni cuidar de las criaturas. Solo estoy de paso... Aun así, he decidido que en este camino de paso no debo resignarme a no ser yo ni debo renegar de lo que desee hacer siempre y cuando no influya en el fin para el que nací. Por ello...



Albor- Te hago una oferta. Ser mi compañero en esta oscura aventura. Sé bien que no te asusta de mi oscuridad y que puedes ver más allá de ella. Evitaríamos tener que estar más tiempo separados y ambos vivimos lo suficiente para aguantarnos durante cientos de años. No necesito un guerrero, sino un amigo de batallas... Alguien en quien pueda confiar cuando el enemigo se haga más poderoso porque mi futuro es quedarme solo y lo sé...



Albor- Por ello, amigo mío, unicornio  del recuerdo de mi hermana Halire... ¿Querrías acompañarme en mi oscuro viaje? ¿A pesar de que no sea lo mejor que ha podido ocurrirle a esta tierra?

El unicornio miró un momento a Albor y lo hizo fijamente. Podía percibir que Albor era una enfermedad para la tierra, pero su amor por las criaturas había hecho que le quisiera como a un amigo y en cierta medida, los unicornios, son infelices cuando encuentran un alma con la que son compatibles y no pueden estar con ella. El destino, implacable en sus decisiones, había logrado aquel encuentro y el animal realmente quería a Albor. Por ello, se acercó al hado y colocó su cabeza en su hombro. Aceptaba de este modo acompañar al rey hado de alas negras mientras le durara la vida. Ambos, amigos y compañeros se unían en una mágica alianza.



Y el poder frío de Albor se transfirió a la esencia del unicornio, capacidad que tenían estas magníficas criaturas. El hermoso unicornio, después del enlace mágico brilló con las tonalidades Hydra confirmándose así como el gran amigo del rey Albor.



Un compañero digno de un rey. Un poderoso corcel mágico que ayudaría al poder Hydra a conquistar y con el que Albor pasaría sus días. Por ello, el hado le dio el nombre de Tempus, porque simbolizaba el tiempo, las horas que pasan sucesivamente dando madurez y poder con su devenir.



Tempus también porque aunque el unicornio no lo sabía, cuando él ya no estuviera en la tierra, una nueva oportunidad le sería dada ya que su unión se estableció más allá del propio Albor y el hado lo sabía. Tempus, en el tiempo, sería requerido de nuevo por su señor.



Aunque... Por el momento, Albor debía solamente preocuparse de aprender a montar a caballo. Una actividad que nunca había practicado y que seguramente le entretendría y distraería de los posibles planes Wyvern.



Y tratándose de los Wyvern, no deberían tardar mucho en reaccionar contra el rey. La noticia de la muerte de Julia llegó, desestabilizando por completo aunque Pan, ya sabía que eso ocurriría.




Leda- Pan... entiendo que estés afectado pero no debes culparte...
Pan- No me culpo Leda. Le advertí que no fuera, hice lo posible para detenerla y no quiso. Julia se buscó la muerte ella sola. Eso no significa que no sienta su muerte, pero me duele más que haya podido con ella su cabezonería.



Leda- Julia era una guerrera muy hábil, Pan. Podía lograr hacer frente a Albor pero tal vez...



Pan- ¡No, Leda! Tú también eres como Julia.
Leda-...
Pan- ¡No os dáis cuenta en realidad lo que significa enfrentarse a los Hydra! ¡Rhiela solo era una pieza en el maldito ajedrez que tienen montado seres que ni os podéis ni imaginar! Y siendo una sola pieza... ¡Una mísera pieza en todo el tablero! ¡Mirar lo que me hizo!

Pan estaba enfurecido. Los integrantes del grupo Wyvern creían que aquella unión era poco más que un trabajo para derrocar una monarquía que en realidad no querían, pero la realidad era que se trataba de algo mucho más poderoso y peligroso que una simple monarquía. Los integrantes Wyvern morían a manos del hijo de Pan porque lo infravaloraban a pesar de saber que era una criatura muy poderosa. Solo dos, Briandel y Bali, se tomaban en serio la batalla Hydra porque ambos habían sufrido la pérdida de sus seres queridos y eran capaces de sentir la oscuridad.



Leda- Sabemos que los Hydra son peligrosos, por eso estamos de tu lado. Para intentar detenerlos. No lo olvides Pan.



Pan- ¿Sabes cual es la triste realidad, Leda? La realidad es que moriréis todos, al igual que Julia. Sois como moscas que lo único que conseguís es irritar a la fiera y cuando ésta se cansa o se aburre, decide eliminar a unos cuantos. Os pensáis que esto es un negocio, jugáis a ser héroes cuando no se necesitan héroes sino guardianes.



Leda- ¡Pan! ¿Cómo puedes decir eso? ¡Encima de que tienes nuestro apoyo miras las cosas que dices!
Pan- No debéis apoyarme a mí, sino a vuestras almas.




Bali- Julia también cayó...



Briandel- Lo sé...
Bali- Yo sabía que esto ocurriría. Julia y los demás piensan que estamos en un grupo de resistencia a la monarquía pero en realidad nos enfrentamos a algo horrible.



Briandel- Yo muchas veces pienso en ello, Bali. Pienso en qué... mi hermana aun podría estar viva si las cosas hubieran sido diferentes... Shelby era muy fuerte, ¿sabes? Una bruja de diez... Ella y yo estábamos muy conectadas y un día dejé de sentir su presencia de golpe. Luego sentí mucho calor y después un frío intenso. Cuando sentí aquel frío en la piel y aquel vacío en mi interior supe que alguien le había arrebatado la vida a mi hermana. Alguien poderoso. Creí que fue Pan, su novio... Hasta que vine y él me contó todo. Investigué por mi cuenta, entré en Dragon Valley, porque nadie me conoce y vi la torre de Albor desde lejos. Sentí maldad Bali, sentí un poder indescriptible emanar de ese lugar... Una oscuridad maligna y llena de rabia. Fue entonces cuando comprendí que no me estaba enfrentando a cualquier enemigo.



Bali- Mis padres murieron cuando yo era un niño. Eran antimonárquicos y vivíamos en DV. Una noche salieron porque la alcaldesa Rhiela había pedido que todos se reunieran con ella en la plaza de la ciudad. ¿Sabes por qué les llamo? Para asesinarlos. La lluvia de rayos fue uno de los castigos más comentados y que sembraron el terror en toda la ciudad. No dejó a nadie que fuera antimonárquico y que asistió con vida. Mi abuela, que estaba muy mayor y vivía con nosotros me dijo que aquellas muertes me afectaron tanto que mi poder féerico descendió hasta mínimos y detuvo mi crecimiento... Por eso continúo siendo un adolescente... Hasta que no recupere la confianza y me enfrente a quien me causó este daño, no podré crecer y pasaré mi vida féerica siendo un adolescente... Envejeceré en mi propia adolescencia si no lucho contra los Hydra...
¿Qué tipo de seres pueden provocar estas desgracias? ¿Qué son en realidad?



Briandel- No lo sé... Pero vamos a detenerles. Descubriremos la manera...

Pan salió de la casa con un portazo, haciendo que Briandel y Bali quedaran en silencio. Sin decir ni una palabra, se subió a lomos de su caballo y se marchó al galope de allí.



El hado, enfurecido por la actitud de su grupo en busca de una ayuda para hacer frente de verdad a los Hydra. Solo Briandel y Bali podrían ayudarle en un futuro y él lo sabía. Sin embargo, un dolor le cercenaba el corazón puesto que sabía que la caída de los demás integrantes era cuestión de tiempo.



Pero de nada servía llorar. Enfrentarse a los Hydra era enfrentarse a la oscuridad y solo aquellos que como él sobrevivieron al terrible fuego destructor del dragón podrían retomar el camino y hacerle frente.



Lo que Pan no sospechaba era que el plan de la descendencia Hydra ya se había puesto en marcha. El hado no podía ni imaginar que su destino era convertirse en abuelo antes de lo que él podría haberlo imaginado. Una noche en la que no había luna, Albor recibió una inesperada visita en su torre.



Desde hacía mucho tiempo, el rey había decidido dormir en el jardín, cerca de la naturaleza que tanto bien le hacía. Nadie podía verle porque su jardín era mágico y le protegía. Nadie que fuera mortal, claro.





Leiria- Dissidia tenía razón. El rey es realmente hermoso... Digno descendiente del poder Hydra.

Cuando Albor notó la caricia ardiente en su rostro despertó de golpe y se incorporó. Miró hacia todos lados y no logró ver nada, hasta que detrás de una columna se presentó la figura de una mujer que parecía arder en llamas.



El rey comenzó a enfriar sus manos con la intención de lanzar un poderoso hechizo a la intrusa que le observaba pero, aquel espíritu con forma de mujer percibió esas intenciones y empezó a reirse con una voz dulce que se unía a los susurros del viento.




Leiria- Reserva tu magia, señor. No existe poder helado que pueda afectarme.
Albor- Eso deberá verse. ¿Quién eres y a qué has venido?
Leiria- Soy un espíritu de las llamas infernales. La más poderosa de todos ellos y he venido a visitarte para que cumplas con tu deber como Hydra.



Albor- ¿Mi deber Hydra? ¿Qué sabrás tú de mi deber?
Leiria- ¡Jajajajaja! Sé todo lo que se ha de saber porque vengo de allí a donde algún día regresarás.
Albor- ¿Qué?

La espíritu seguía riéndose y al poco desapareció en un humo negro que se representó frente al propio a Albor. Allí, mirándole a los ojos se encontraba la ardiente espíritu sonriéndole con su figura mágica.



Leiria- Buena defensa para las mortales... ¿Así cómo esperabas que alguna mujer se te acercara?
Albor- No necesito que lo hagan.
Leiria- Claro que sí. Tienes que tener descendencia... Es el siguiente paso, ¿recuerdas?
Albor- ...
Leiria- Pero aun así tienes suerte...  No muchos pueden presumir de haber estado con un espíritu infernal. Tu helada coraza no me afecta y tu no eres tan de piedra como en apariencia puedes ver... Tu ya has caído en el deseo de alguna mujer. Puedo verlo en tus helados ojos.
Albor- Fuera de mi torre.

Al girarse Albor, la espíritu lo hizo rápidamente y antes de que pudiera protestar, ella lo besó en los labios. Aquel beso era demasiado real y nadie habría podido decir que se trataba del de un espíritu. Albor sintió los labios ardientes de Leiria pero, no era un ardor desagradable, sino todo lo contrario.



Después de eso, la espíritu se rió fuertemente y desapareció delante de sus ojos para colocarse a lo lejos. Parecía que Leiria estaba jugando con él y eso irritaba a Albor pero, no podía negar que a la vez aquel juego le atraía y la espíritu era realmente muy hermosa. A pesar de su figura espiritual, Albor podía percibir y ver con totalidad su figura y por eso no tenía ninguna duda. Si realmente aquel ser le había visitado para pasar la noche con él, tendría que esforzarse.




Leiria- ¡Jajajaja! No eres tan rápido como decían, señor rey.



Albor- No me tientes. Si eres tan valiente, ¿por qué huyes?



Leiria- Sé que piensas en que tú serás el que no me pongas facilidades para que tengamos sexo pero, estás muy equivocado. No podrás resistirte a mí. ¡Jajajajaja!

Albor se lanzó velozmente contra Leiria pero ésta desapareció tan rápido como él había llegado a donde estaba.



El rey se encontraba un poco aturdido. Si aquella espíritu había venido a buscarle, ¿por qué huía? Su juego se comenzaba a hacer pesado. Tenía preguntas, pero ella no parecía querer darle las respuestas hasta que por fin, la espíritu comenzó a ser más clara con él.




Leiria- Estoy aquí... No, no me he ido...
Albor- Huyes demasiado para afirmar las intenciones que dices tener.
Leiria- Se me hace aburrido cumplir con mi objetivo sin un poco de juego. Es todo. Pero te aseguro que no tengo ningún problema en ponerme cariñosa con un hombre tan apuesto.

Leiria, sonriendo se deslizó por el viento y se puso frente a Albor. Luego, con sus manos espirituales comenzó a acariciarle despacio y a darle besos mientras le susurraba sus verdaderas intenciones.



Leiria- Señor helado...
Albor- ...



Leiria- Vengo del hogar de la Hydra para traerte una solución a tus problemas... Yo te daré tu mejor noche y traeré tu descendencia a la vida.



Albor- ¿Cómo un espíritu va a engendrar a un ser vivo?
Leiria- Tu poder supera a cualquier conocido de la tierra porque viene del mismo infierno. Tu puedes hacer que del espíritu nazca la carne o se creen nuevos espíritus poderosos porque nacieron de un ser mortal. Albor, eres el único que puede traer un espíritu mortal a la tierra.



Albor- Mi descendencia... ¿Cómo sabré quién es el siguiente?
Leiria- Aquel que sea un espíritu será el nuevo heredero Hydra porque solo los espíritus podemos ver a través del tiempo y almacenar el saber en nuestra esencia. Yo vendré a entregarte el fruto de nuestro encuentro y ya no volverás a verme. Soy el medio para traer a la vida al que debe nacer y regresar. Entrégate a mi y disfruta de esta noche en la que el fuego y el hielo se unirán para crear al nuevo Hydra. Del fuego y el hielo nacerá la sabiduría del dragón que aun duerme.

Albor asintió despacio. Aquella era la manera en la que debía llegar su descendiente. No se trataba del fruto de una historia de amor, pero tampoco hacía falta ni le importaba. Leiria era hermosa y ardiente, por lo que no le costó entregarse a los encantos de la espíritu.



Albor sació sus deseos con Leiria y se entregó al fuego infernal, uniendo su poder de hielo para engendrar al nuevo heredero de su linaje.



Aquella fue la noche más ardiente para Albor y también la más mágica, pues no cualquiera podía disfrutar del encuentro con una mujer tan extraña como aquella. Leiria cumplió de esta manera con el objetivo impuesto por Dissidia y disfrutó de su encuentro con el imponente rey helado. Al final, solo un espíritu llameante logró estar entre los brazos del hombre al que muchas mujeres deseaban y que ninguna de ellas podía alcanzar.








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Capítulo 8: La nueva familia de Albor.

Mensaje por Saclae el Mar Feb 03, 2015 7:56 am

Capítulo 8:
Capítulo 8: La nueva familia de Albor.


El encuentro de Albor con Leiria dio mucho que hablar en el hogar Hydra. Vrionak no dejaba de mostrarse sorprendido ante el hecho de que Albor hubiera mantenido un encuentro nocturno con un espíritu infernal del que nacería su descendencia. Si hacía poco, Albor había llegado a casa con Tempus, el hermoso unicornio que parecía haber sido arrancado del propio cielo estrellado, que ahora estuvieran esperando al hijo de Albor abrumaba a Vrionak.



Vrionak- No, a ver... Tu madre me quitó la buena apariencia pero por suerte no me dejó tonto. ¿En serio me estás diciendo que te acostaste con un "espíritu" y que de ella nacerá tu hijo? ¿El futuro heredero Hydra?
Albor- Así es, Vrionak.
Vrionak- Perdóname que te diga pero con todo lo que me has hecho, creo que me estás tomando de nuevo el pelo.
Albor- ¡Jajajajaja! Qué no... Es totalmente cierto. En teoría, el siguiente heredero debe ser espiritual.
Vrionak- Pero, ¿eso por qué?
Albor- Algún día te lo explicaré... Es todo demasiado complicado. Mi familia no es una familia cualquiera.
Vrionak- No me digas... Dijo Vrionak con sorna mientras miraba como Albor sonreía brevemente.
Tempus- *Mira a Shion y mueve la cola*
Shion- ¡Oh!



Vrionak- Pues, amigo... Vivimos en una torre y has tenido que crear una casa para Shion por falta de espacio en ella. Imagínate que la espíritu esa resulta ser muy fértil (que por otro lado no sé que tan fértil puede ser un ser transparente e inmaterial)... Si te aparece aquí con tres o más críos... ¿Qué piensas hacer?
Albor- ¡No, hombre! Ya tendría muy mala suerte en haber engendrado a más de un hijo... Aunque también te digo que ella me advirtió que, si no naciera un hijo espiritual capaz de heredar, ella me visitaría para concebir hasta que los Hydra tuvieran su heredero.
Vrionak- ¡Oh qué bien! ¡Y si le da por parir hadas nos juntamos aquí con la legión Hydra! Aunque claro, tu encantado de que así sea, ¿eh? Que te visite las veces que quiera ¿no? Mmmm pero... Una cosa que me da curiosidad... Tú... ¿llegaste a sentir "algo"?
Albor- ¿Sentir?
Vrionak- ¡Sí, sentir! ¡Qué ya no eres un niño, Albor!
Albor- ¡Ah! ¡Jajajajaja! Pues sí... Fue como tener relaciones con alguien material.
Vrionak- Lo dicho... ¡Tú encantado de que el heredero tarde en llegar! Y otros sufriendo acosos de perturbadas horripilantes... Con un suspiro, Vrionak miró a Shion. Aunque bueno, lo único que me consuela es el peque.
Shion- ¡Ven, ven, ven!



Tempus- *Resopla*
Shion- ¡Uuuuhh!
Albor- Supongo que el insec... Shion ya no tendrá que relacionarse solo con Tempus.

Albor se levantó, se dirigió al establo de Tempus y sacó su silla y sus correas. Una vez que ensilló al unicornio, se despidió de Vrionak.



Albor- Voy a dar una vuelta. Cualquier novedad, envía a un hada para informarme. ¿De acuerdo?
Vrionak- Siiiiii, señoooor... ¡Ay! ¿Quién es la cosita más bonita y con los ojos más grandes que se han visto?
Shion- ¿¡Papi!?
Vrionak- Noooo. ¡Shion!
Shion- ¡Shioooon!
Albor- En fin...

Vrionak no terminaba de creerse lo que Albor le había contado y afirmaba que hasta que no viera al famoso hijo del rey no lo haría. Sin embargo, el paso de los meses trajo la visita de Leiria Enersis para traer aquello que había prometido. Nadie pudo verla, pero Albor si pudo sentir su presencia. La espíritu infernal dejó en la entrada de la torre una enorme cesta antes de desaparecer.



Leiria- Tal y como se pactó, el fruto del fuego y del hielo se encuentra ahora en tu hogar, señor Hydra. Dos lunas de oscuridad que girarán al rededor de un sol negro vestido de fuego. Aquí se encuentran tus hijas, Albor y entre ellas...



Leiria- La siguiente pieza del tablero del caos. Al haber nacido tu heredera, mi misión ha concluido. La próxima vez que nos veamos será en el infierno.

Tres niñas fueron finalmente las hijas de Albor. Dos hermosas hadas que despedían su billo féerico oscuro y una niña espiritual a la que solo Albor podía ver.



Cuando Albor y Vrionak fueron a la entrada, Leiria ya no estaba. El hado rojo vio a las dos hadas dormir tranquilamente y miró a Albor con una sonrisa pícara pero, la mirada del rey estaba puesta en un punto cercano al de las dos pequeñas hadas. Al ver Vrionak que Albor se agachaba y tomaba en brazos algo invisible, como si sujetara el aire con cuidado pensó que el rey había enloquecido. Sin embargo, Albor le dijo que en sus brazos se encontraba su heredera. Los nombres de las pequeñas fueron Iessenya para el hada de piel pálida, Ada para el hada con la piel de Rhiela y Gaia para la pequeña espíritu. De esta forma, la familia de Albor creció y el pequeño Shion ya no se encontraría tan solo aunque, siendo sinceros, no necesitaba a nadie para pasárselo bien.





Shion- ¡Coco! ¡Lilo! ¡Coco, coco, lilo! ¡Maito cocolilo!


Al cumplirse las predicciones de Vrionak, la torre de Albor quedó pequeña para todos los que allí habitaban. Al rey nunca le había gustado vivir ostentosamente, pero entendía que sus hijas tenían que disfrutar de un hogar en condiciones y él, con su fortuna, se lo podía dar. De este modo, decidió derruir la torre y crear con las mismas raíces una enorme mansión en la que no faltara de nada para él y su descendencia. Propuso a Vrionak crear una habitación para Shion en la mansión, pero el hado rojo se negó. Shion mostraba ser muy independiente y al final, lo que comenzó siendo una medida drástica para que el pequeño pudiera tener intimidad, resultó el mejor regalo que Albor podía haberle hecho al pequeño alien. No obstante, Vrionak pidió a Albor que le creara una habitación pequeña al lado de la de Shion con una cama únicamente, ya que el resto de su vida la haría en la torre al igual que su hijo. Y así, mientras el rey diseñaba la mansión y se esforzaba utilizando todo su poder en una rápida construcción, Vrionak disfrutaba de sus recien descubiertas dotes de adivinatoria.



Vrionak- Pues no le está quedando mal la mansión. ¿Verdad, hijo?
Shion- Ya no e larga. Eee... cuadada.
Vrionak- ¡Jajajajaja!
Shion- ¡Qui ponga dagonesh! ¡Dagonesh como él!
Vrionak- ¡Alboooooooooooor! ¡Dice Shion que pongas dragones! ¡Dragones como tú!
Albor- *Volando sobre ellos* A él si que le voy a poner... Pero colgado del tejado más alto.
Vrionak- ¡Oye!
Shion- ¡Shiiiiiiii!

La construcción de la mansión tardó únicamente dos días entre descanso y descanso. En esos dos días, Vrionak había tenido que hacer malabares para colocar a las niñas en la habitación de Shion y para tener cuidado con la cuna en la que supuestamente se encontraba otra aunque él no la pudiera ver. Pero, finalmente, el resultado mereció la pena.



Una vez concluida la construcción, Albor instaló a sus hijas en sus respectivas habitaciones aunque, no tardó en dejar a Iessenya y Ada en contacto con la naturaleza, como buenas hadas que eran.



Las pequeñas reían mucho cuando estaban juntas. Cuando una empezaba haciendo ruidos, la otra continuaba. Parecía que estaban realmente sincronizadas. Las risas las comenzaba Iess y las culminaba Ada. Reír les gustaba y no era para menos, porque Vrionak dejaba a Shion cerca de ellas, que al ser mayor ya podía hablar y andar solito. El alien hacía de reír a las hadas que se mostraban encantadas con su presencia.




Vrionak- ¿Qué haces, Shion?
Shion- Seño mis juguetesh. ¡Mirar, mirar! ¡Un dagó! ¡Un dagó como Abó!
Iess- ¡Weeeee! ¡Jiji!
Ada- ¡Jajajaja!
Vrionak- Qué locura... Y el otro encerrado con su hija invisible.

Albor sentía una cercanía muy especial con Gaia puesto que no por nada, ella debía ser la siguiente heredera. La quería tanto como así mismo, porque así debía ser, aunque aquello no significaba que no lo hiciera con sus otras dos hijas. Sin embargo, a Gaia no le gustaban los exteriores. Cuando Albor había intentado adentrarla en la naturaleza dejándola en el jardín con sus hermanas, Gaia había mostrado su descontento con grandes lloros que solo él era capaz de escuchar. Después de aquello, decidió no sacar a su hija de la mansión, donde parecía estar tranquila y pasaba largos ratos con ella en brazos.




Evidentemente, el ambiente silencioso de la mansión no tenía nada que ver con el bullicio que entre Shion y las dos hadas provocaban fuera.




Shion- Ete dagó lansha fuego como yo.
Iess y Ada- ¡Jijijiji!
Vrionak- ¡Cuidado Shion! ¡Otro dragón va a por ti!



Vrionak- ¡Oh!
Shion- Oh... E tu mano.
Vrionak- Qué no, qué es un dragón. ¡No te muevas o te atacará!
Shion- ¡Qué e tu mano!



Vrionak- ¡Ya está! ¡Lo has provocado! ¡Raaaawr!
Shion- ¡Qué e tu manoooooooooo! ¡Jajajajajaja!
Ada- ¡Jajajajajajaja! *cof* *cof* ¡Jajajajajajaja!

Que a Gaia no le gustaran los exteriores no significaba que Albor no saliera. El rey lo hacía y atendía a sus otras dos hijas y a Tempus, al que cuidaba con igual cariño.



El unicornio adoraba a Albor y lo demostraba en cada una de sus acciones.



Ambos eran grandes amigos y pasaban muchas madrugadas galopando por Dragon Valley. Con todo este ambiente feliz y de risa, el cumpleaños de los pequeños llegó y curiosamente, el intervalo de días entre unos y otros eran muy pocos por lo que lo celebraron todos juntos.



Vrionak- ¡Felicidades hijo!
Albor- El insecto ya va a soplar las velas. Voy a traer a Gaia. ¡Felicidades insecto!
Vrionak- ¡Albor!
Albor- ¡Jajajaja! Lo siento, Vrionak pero Shion siempre será el insecto para mí. ¡Pero lo digo con cariño, ya lo sabes!
Vrionak- Vale, pues yo voy a llamar a tu hija invisible, tu hija invisible. ¡A ver que tal te sienta!
Albor- Pero si ya lo haces...
Vrionak- ¡Ups! ... ¡Bueno, pues la seguiré llamando igual!



Shion- ¡Vueta, vueta, vueta!

Shion se convirtió en un niño adorable en apariencia, aunque en personalidad, debido a su independencia, era algo incorrecto.



Por el lado de las trillizas de Albor, todo se desarrolló completamente, siendo Gaia la primera en cumplir años.



Aunque ni Vrionak ni Shion podían verla y la escena de Albor moviendo algo invisible con sus brazos y soplando las velas rozaba lo ridículo. Tan ridícula era la escena que el alien tuvo que morderse los labios para no reírse, aunque estalló en carcajadas cuando Iess fue la siguiente en soplar las velas.




Shion- ¡Jajajajaja! ¡Tiene la piel del mismo color que la tarta!
Albor- Y tú el pelo del mismo color que el cesped...
Shion- Golpe bajo, Albor.

Shion era tan activo como cuando era un pequeño infante. Corría, saltaba, se reía. Jugaba con todo y todo lo investigaba. Vrionak terminó construyéndole una portería para que desfogara su energía y aun así, el alien no paraba quieto.



Tan travieso era, que hasta Tempus desconfiaba de sus intenciones cuando se le acercaba.



Aunque al final comprendía que no quería hacerle nada, sino que quería ser su amigo. A Shion le encantaban los animales y eso era debido a que había pasado mucho tiempo en el jardín cuando era infante.
Por otro lado, las trillizas pasaron más tiempo en la mansión. A Gaia no le costaba acostumbrarse a ella, pero a las hadas sí porque al igual que Shion, habían estado mucho tiempo en los jardines. Albor y Vrionak las mantenían entrenidas con juguetes y peluches. Vrionak había regalado a Iess y Ada un osito de peluche vestido de hada pero no había encontrado nada parecido a un espíritu y tampoco podía ver a Gaia. Albor, en vista de que su hija espiritual no tenía un peluche como sus hermanas y que nadie había creado un osito de peluche fantasma, encargó al mejor juguetero de Dragon Valley que hiciera uno de color naranja sólo para Gaia.



Por su parte, Vrionak se prestó voluntario para ayudar a Albor en la educación de las pequeñas y para atenderlas. De este modo, aunque el rey atendía a todas sus hijas, podía pasar más tiempo con Gaia, a la que solo él podía ver y tocar.




Vrionak- A ver, Iess, bonita... Qué no es tan difícil.
Iess- ¡Jijiji!

Con la edad, las alas de Iess y Ada tomaron forma. Similares a las de Albor, Iess heredó la negrura y la oscuridad de su padre en las alas pero Ada resplandecía con unas alas puramente blancas. Vrionak temió por ella al ver el color de aquellas alas porque recordaba todo lo ocurrido con Rhiela y Halire. Si esas alas eran muestra de que la luz de Siluya seguía manifestándose en los Hydra, no sabía qué era capaz de hacer Albor, aunque le veía incapaz de dañar a su propia hija. Albor, no era como Rhiela. Por su parte, Albor había logrado descifrar el significado de aquellas alas blancas, únicamente representantes del poder de su hija. Un poder muy relacionado con su hermana Iess y sus alas negras pero, por el momento, era mejor no decir nada puesto que aun eran muy pequeñas para desarrollar sus poderes. En cuanto a sus cuidados, Shion también participaba activamente en ellos.





Shion- ¡Ala! ¡Pedazo de estrella azul que hay ahí! ¡Qué guay!




Shion- Y si enfoco más a la derecha... ¡Bua! ¡Vaya mierdaca, no se ve nada! ¿Mm? Me siento observado...
Iess- ¡Jijiji!
Shion- ¡Ajá! ¡Pulga azul con alas negras a la vista!



Shion- ¡Ven, no corras!
Iess- ¡Bibe! ¡Bibe!
Shion- ¡Ah! ¿Tienes hambre?



Shion- Toma, anda... Pero no tragues muy deprisa que como te ahogues Albor me arranca la cabeza. ¡Ey! ¿Tú también estás aquí?



Ada- ¡Jajaja! Tamben bibe.



Shion- Vaaaale... Toma. ¿Cómo se dice?
Ada- Ehhh...
Shion- ¡Se dice gracias, pulga marrón con alas blancas!
Ada- Tú pugón. ¡Jajajajaja!
Iess- Shí, pugón. ¡Jajajajaja!
Ada- Pugón quemado... Psssss ¡Jijiji!
Shion- Mejor me largo de aquí... Que me parece a mí que muy buenas no sois.




Iess- ¡Dayo!
Ada- ¡Dayo!
Ambas- ¡Jijijiji!




Vrionak- ¡Uff! ¡Qué trabajo dan esas niñas! ¡Y eso que son dos!
Shion- Son tres, papa.
Vrionak- A Gaia no la he visto yo todavía. Creo que es una broma de Albor. ¡Estoy seguro!
Shion- Te equivocas, papa. No es una broma.



Vrionak- ¿Es que acaso tú la has visto? A ver, enséñamela.
Shion- No, no la he visto. Pero puedo percibir su mente.
Vrionak- Has heredado habilidades de tu madre que no me gustan nada ¿eh? ¡Cuidadín con leerme la mente!
Shion- No leo mentes... Por ahora... ¡Jajajajaja! Sólo las percibo. ¡Deja de preocuparte papito! ¡Me voy a sobar!
Vrionak- Yo creo que también, ando cansadísimo. Malditas crías... A veces me da miedo acercarme a ellas porque hijo, no es la primera vez, pero ya me han pegado unos cuantos calambrazos. Estas son peores que los muñecos esos que ves en la tele... ¿Cómo se llama? ¡El pinachu, él pipachu!
Shion- Pikachu, papa.
Vrionak- ¡Ese, pikachu! ¡Son peores que la rata esa amarilla!


Vrionak había comentado el mismo hecho del que se quejaba con su hijo a Albor. El rey no sentía aquellos calambrazos de los que se quejaba el hado rojo porque sus hijas no manifestaban sus poderes de manera agresiva cuando estaban con él.



La presencia de su padre les tranquilizaba y la verdad era que ninguno podía quejarse, hasta el momento, de los pequeños de la casa.



El rey se sentía orgulloso de la familia que ahora le rodeaba y procuraba velar por todos ellos. Sí, incluso por el travieso Shión.










Respecto al tema de Gaia, el misterio de que el rey pudiera verla y Vrionak y Shion no, residía en la propia pequeña. Al tener tan poca edad, Gaia no sabía controlar su esencia espiritual y sus reacciones se basaban en sus sentimientos. Tanto su padre como sus hermanas podían verla porque ella se manifestaba ante ellos pero desconfiaba de Vrionak y de Shion y eso provocaba que ante sus ojos la pequeña se hiciera invisible. No obstante, Shion sabía de su existencia porque podía sentir otra personalidad en la casa además de los ya conocidos Albor, Vrionak, Iess, Ada y Tempus. Por todo ello, Albor era el único que podía educar a su hija en un ambiente tranquilo.



Le enseñaba a caminar, a hablar y a utilizar lo básico. Gaia aprendía con rapidez y se desarrollaba con normalidad como sus hermanas. En muchas ocasiones, Albor dejaba a la pequeña espíritu en el corralito junto a sus otras hijas, hecho que perturbaba a Vrionak porque seguía sin poder verla.




Vrionak- A ver... Albor me ha dicho que si me extiendo unos cuantos polvitos por la mano, Ada no me dará calambres...



Gaia- Oh... oh...



Vrionak- Ada, bonita... Tito Vrionak ha venido a por tiiiii.
Ada- ¡Uno, dosh y tesh! ¡Te veo!
Vrionak- ¿A quién ves? ¿A mí?
Ada- No, ti no. ¡Gaia!
Gaia- Uuuuno... doooosh... tesh... ¡Te veo!
Ada- ¡Ay, me vio!
Vrionak- Me estoy volviendo majara... Venga, Ada. Vamos que hay que usar el pañal. Deja de jugar con tu hermana invisible.



Gaia- Jooou...
Ada- No peocupe, Gaia. Dayo pa él. Ya verásh... Ara vengo.
Gaia- ¡Jijijiji!
Vrionak- ¡Ay, qué cosa más...! ¡Waaaaaaaaaaaaaahhg! ¡Albor, los polvos no funcionan!
Gaia- ¡Jajajajaja!


Vrionak se sentía condenado. No era capaz de ver a Gaia y sus hermanas parecían castigarle una y otra vez cada vez que desconfiaba de la existencia de la espíritu. El hado rojo habló con Albor sobre el tema y el rey le explicó lo que sucedía con Gaia. Vrionak se sentía triste porque la pequeña no confiaba en él y por eso no podía verla cuando él había cuidado muy bien de Albor y Halire en su infancia. Esta preocupación se la trasladó a su hijo que a pesar de su corta edad, tenía una gran madurez a la que no conseguía opacar el mal vocabulario del que hacía uso muchas veces.




Vrionak- Me ha dicho Albor que no puedo ver a Gaia por eso... ¿Tú te crees?
Shion- Si te consuela, papa, te diré que yo tampoco puedo ver a la fantasma.
Vrionak- Ya pero hijo, yo he cuidado muy bien de Albor y su hermana Halire cuando eran pequeños. ¡Y la niña no quiere que la vea! ¿Será porque soy muy feo?



Shion- Bueno papa, tu eres como un problema de mates... ¿Ves?
Vrionak- ¿Cómo un problema de mates?
Shion- A simple vista eres horroroso y das miedo.
Vrionak- Vaya, hijo, gracias...
Shion- Pero cuando se te comprende, llegas a la conclusión de que no eres tan malo y de que tenerte al lado resulta beneficioso porque aportas mucho a nuestras vidas. Ya se mostrará ante nosotros la niña... Y si no, que la den.
Vrionak- ¡Ohhh, gracias hijo!... Pero oye, que no te escuche Albor decir eso de ella o la vamos a tener.
Shion- No es mi problema que no tenga hijas normales.
Vrionak- Anda que tú eres muy normal...
Shion- Al menos a mi nadie me atraviesa cuando se cruza conmigo... ¡Jajajajaja!
Vrionak- Niño, cállate.

Shion, por una parte, tenía razón. El asunto de Gaia era cuestión de paciencia pero Albor se sentía muy orgulloso de sus hijas y sabía que tarde o temprano, Vrionak también podría ver lo que él, Iess y Ada veían todos los días.



Ada- ¡Mira! ¡Mira! ¡E papi!
Albor- Buenos días, mis princesas. ¿Cómo estáis?
Todas- ¡Papi!



Gaia- Papi, mia como pueto esto.
Albor- Muy bien, hija. Te ha quedado muy bonito.
Iess- Papi, ¿onde ta Vionak?
Albor- Aun duerme, cielo.
Iess- Die que venga que tenemo un guegalo pa él.



Ada- Shí, guegalo... Psssss...
Ambas- ¡Jijijiji!

Cuando Albor vio que las luces del takatá se encendían comprendió que el regalo que querían hacerle a Vrionak sus hijas no era nada bueno. El rey regañó a las niñas y les dijo que a Vrionak tenían que respetarle. Albor se mostró tan enfadado que las niñas se asustaron un poco y se preocuparon cuando su padre se retiró sin jugar con ellas como hacía siempre. Albor sabía que la sangre Hydra provocaba este tipo de cosas, pero bajo su techo y su educación, sus hijas aprenderían a focalizar su oscura naturaleza con aquellos que lo merecieran y no con aquellos que las querían. Y en esta tesitura de seres queridos y no queridos, una visita inesperada distrajo al rey de su vida cotidiana.



Una hermosa unicornio blanca se había acercado a su hogar atraída por su magia y la presencia de Tempus. Rodeada por otros animales, la hermosa criatura vigilaba los jardines de Albor todos los días y el rey la observaba a ella.



Parecía estar decidida a entablar una relación con el hado que poco a poco fue acercándose más a ella. Primero con prudencia y después con canciones, tal y como así lo hizo con Tempus.



Albor se ganó pronto la confianza de la unicornio y en vista de que se paseaba mucho por el lago cerca de su hogar, decidió proponerle quedarse con él y Tempus.



La unicornio le recordaba mucho a Halire y a su sueño: encontrar un hermoso unicornio blanco. Tal vez por ello, al entablar una conexión como la que estableció con Tempus, el poder de Albor actuó de otra manera.



Y la hermosa criatura adquirió sin que Albor lo decidiera, los colores que simbolizaban a su amada hermana Halire. El vivo recuerdo para lo perdido se encontraba en aquella bella unicornio que a partir de ese momento haría compañía a Tempus y a sus hijas. Por ello, le puso el nombre de Carpe Diem, ya que él había aprendido desde hacía mucho tiempo y por la separación de su hermana la importancia de aprovechar el momento.









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Capítulo 9: La nueva familia de Albor (2ª parte).

Mensaje por Saclae el Jue Feb 05, 2015 12:40 pm

Capítulo 9:


Capítulo 9: La nueva familia de Albor (2ª Parte)


La presencia de una unicornio tan llena de luz como Carpe Diem resultaba extraño a los ojos de todo aquel que paseara cerca de la mansión Hydra, caracterizada por su perenne oscuridad. Sin embargo, el hermoso animal no tardo mucho en acostumbrarse a la vida allí, puesto que Albor cuidaba de sus unicornios sin escatimar en recursos.



Dentro de la mansión, las vida de sus habitantes seguía su curso. Las pequeñas jugaban entre ellas mostrando que estaban muy unidas a pesar de que una de ellas fuera un espíritu.



La conducta agresiva y chispeante de las dos haditas respecto a Vrionak había cambiado radicalmente después del enfado de su padre y es que las pequeñas aprendieron que no debían hacer enojar a su progenitor. En el fondo, a ellas también les gustaba la compañía del hado rojo porque les resultaba gracioso y las cuidaba muy bien.



En cuanto a Shion, el pequeño alien disfrutaba de salir con su bicicleta y recorrer todo Dragon Valley. La noticia de que Albor había tenido descendencia supuso una celebración en todo el reino y a Shion ya le conocían como el hijo de Vrionak. Su extraña apariencia, culminada con sus negros ojos no se hacía rara a los ojos de los habitantes, ya que en Dragon Valley, pocos eran los que podían considerarse normales.



La vida en el hogar de los Hydra era muy tranquila. Con los Wyvern desaparecidos, la familia vivía una época dorada en la que eran pocas las preocupaciones que debían superar. Albor se dedicaba a gestionar su reino y a castigar a aquellos que fueran en contra del poder Hydra. No obstante, algunos contaban, que el rey parecía haberse dulcificado con la llegada de sus hijas y la mejor muestra era la actitud de sociabilidad que se vivía en la casa.




Dentro de esta rutina, los pequeños de la casa vivían con sus propias preocupaciones, si es que a los juegos y aventuras que ocurren dentro del hogar se pueden denominar así. Cada uno iba mostrando su carácter poco a poco y sus personalidades se iban configurando bajo la mirada protectora de Albor y Vrionak, que observaban todo. Iessenya era muy activa y muy excitable. Poseía una gran inteligencia, era muy observadora y pensaba con rápidez. Ella animaba a jugar a sus otras hermanas y las incitaba para que la siguieran. La pulga azul de alas negras, como así le llamaba Shion demostraba tener una gran iniciativa con todo.




Iess- Mia Gaia, velde como papi.
Gaia- Pelo oto.
Iess- E pelo e papi e como e tuyo.
Gaia- Como mio. Shí... Muneco feo.



Iess- Feo feo lo pongo aliba y pum. Si cae.
Ambas- ¡Jijijiji!
Gaia- ¡Con un dayo!
Iess- ¡Dayo!
Ada- ¡Dayo!
Las tres- ¡Jijijijiji!

Shion además de su inquietud natural, comenzó a mostrar más su gusto por los animales debido a que, gracias a la llegada de Carpe Diem, empezó a visitar más el terreno en donde se encontraban los unicornios. Al principio lo visitaba de vez en cuando, pero luego no había ningún día en el que el pequeño alien no se acercara a visitar a los dos animales.



Si se trataba de días de diario en el que tenía que ir a la escuela, Shion entraba en el terreno de los unicornios cuando había terminado sus tareas. Otra de las cosas que le gustaba era jugar con las pequeñas hadas ya que, aunque sabía que Gaia existía, no podía verla. Por ello pasaba más tiempo con Iess y Ada.




Shion- ¡Buuuf! ¡Qué pedazo habitación tienes! Demasiada para una pulga como tú, ¿eh?
Ada- Pugon tú.
Shion- ¡Ni hablar! Yo soy... Como un dragón. ¡Un dragón de fuego verde!
Ada- ¿Ah? ¡Psss! ¡Jajaja! ¡Qui mintira!
Shion- ¿Me llamas mentiroso? ¡Pues te dejo aquí sola! ¡Jum!
Ada- ¡No, no! Pidon...
Shion- ¿Sólo así se pide perdón? ¿Qué me das a cambio de que me quede jugando contigo!
Ada- ¡U abasho!
Shion- Oh, bueno, vale... Eso sí te lo acepto.



Ada- ¡Abasho!
Shion- ¡Abrazo!
Ada- ¡Wiii!
Shion- ¡Ay! ¡Niña, que das calambres!
Ada- Jijijiji... ¿Dayitos?
Shion- Sí... "Dayitos" que duelen...
Ada- Pidooooon, joooooooo.
Shion- Pero... Yo soy inmune a los dayitos.
Ada- ¿Oh?
Shion- Ñaaaaaaaaa *abrazando muy fuerte a Ada*
Ada- ¡Jajajajajajajajaja!

El griterío que provocaban aquellas dos pequeñas hadas llegaba muchas veces hasta los oídos de Gaia pero, a ella no le importaba. Sobre todo porque le gustaba estar con su padre.



Albor- Cómo se lo pasan esos dos... Algún día tú también tendrás que animarte a jugar, Gaia.
Gaia- ...
Albor- Inténtalo al menos.

Ada era mucho más soñadora que Iess. Caía fácilmente en los trucos de Shion y le gustaba mucho jugar. Tenía un carácter más pausado que su otra hermana hada, más paciente, pero cuando se decidía a  mostrar su magia, ésta resultaba más poderosa y fuerte que la de Iessenya. Adoraba estar al aire libre y se escapaba a la terraza donde Vrionak tenía que ir a recogerla antes de que se hiciera daño. Las haditas aun no sabían controlar el vuelo y las travesuras de Ada en el exterior podían traerle problemas. Aunque Ada fuera más prudente que Iess, era a la vez muy decidida y no dudaba en hacer las cosas que quería cuando ella lo deseara.



Shion- No hagas trampa... Que te veo...
Ada- No hago tampa.
Shion- Me estás mirando y eso es trampa...
Ada- ¿Có? ¿Cómo shabe? ¡Ojo cerrado!



Shion- ¡Bu!
Ada- ¡Ahhhh!
Shion- ¡Jajajaja! Porque yo puedo ver con la mente, pulguita.
Ada- ¿Eh?
Shion- Algún día entenderás. Bueno, hora de meterme al sobre y tú también.
Ada- ¡Joooo!
Shion- Venga, no te quejes. *Da un beso a Ada dejándole la mejilla llena de babas*
Ada- ¡Deaaaahg! ¡Qui acoooo!
Shion- ¡Jajajajaja! ¡Ay, qué fina la señorita! *grita mientras se marcha corriendo*

Gaia, por su lado, era muy distinta a sus hermanas. Tenía un carácter difícil y gruñón. Le gustaba jugar con las haditas pero cuando se cansaba, su cara cambiaba radicalmente y apretaba los labios en señal de aburrimiento y disgusto. No le gustaban los exteriores y adoraba estar en su habitación. Le molestaba, a su vez, que cualquiera que no fuera su padre entrara en ella y eso, Albor lo sabía, por lo que un día tramó un plan para que su hija no fuera tan posesiva ni gruñona con el tema de su habitación.



Albor- Hoy tengo mucho trabajo Vrionak y no me da tiempo a hacer nada... ¿Podrías recoger la habitación de Gaia por mí?
Vrionak- ¡Ohhh! Ahora piensas que soy una chacha...



Albor- ¡Jajajajaja! No, pero en serio... Necesito que alguien recoja la habitación. Debo marcharme inmediatamente y no me da tiempo.
Vrionak- ¡Agh! Está bien... Pero la próxima vez te haré recoger la habitación de Shion, que esa sí que es un desmadre.
Albor- Trato hecho.



Vrionak- A ver, por dónde empiezo... Venga, por el oso este. Lo voy a dejar en la cuna.


Cuando Vrionak se agachó para coger el osito de peluche de Gaia, un sonido fuerte, como el del viento silbante seguido del crepitar de unas llamas se manifestó a sus espaldas. Inquieto, el hado rojo decidió darse la vuelta lentamente.



Vrionak- ¿Mmm? ¿Qué broma macabra es esta?

Vrionak no podía creérselo. Al darse la vuelta, detrás de él se encontraba la famosa Gaia. Brillante y luminosa como si de una llama eterna se tratara, la pequeña le miraba con sus ojos centellantes.



Vrionak- ¡Pe- pero...! ¡Eres Gaia!
Gaia- Shí... Y ese e mi osho.
Vrionak- ¡Oh! ¡No me lo puedo creer! ¡Puedo verte! ¡Aquí estás! ¡No era una broma!



Gaia- ¿Eh?
Vrionak- ¡Espera, espera! ¡No desaparezcas! ¿Qué querías? ¿El oso?
Gaia- ...¿Shiii?



Vrionak- Pues yo sé muchos secretos de este osito y puedo hacer que él te los cuente.
Gaia- ¿Sequeto?
Vrionak- Sí, ¡historias que nadie sabe!
Gaia- Cóntame esho.



Vrionak- Y ese es el motivo por el que son muchos hermanitos ositos.
Gaia- ¿Tú tene uno, Viona?
Vrionak- Yo no tengo ningun... ¡Uy! ¿Sabes cómo me llamo?
Gaia- Shí, Viona. Yo Gaia.
Vrionak- Creo que voy a llorar.

Cuando Albor se enteró de que Vrionak ya podía ver a Gaia, no era capaz de aguantar la risa. El hado rojo lo celebraba allá donde iba y en muchas ocasiones se asomaba a la habitación de la pequeña para comprobar que la seguía viendo y no era una ilusión. A Gaia le hacía gracia la actitud de Vrionak, aunque ella no sabía que no se hacía visible para aquellos en quien no confiaba. Al haber entrado Vrionak en su habitación y debido a su reacción para no que no tocara su oso, Gaia se había hecho visible para él sin darse cuenta, después de que el hado jugara con ella, se ganó su confianza y por ello Gaia era plenamente visible para el hado, al igual que para su padre y sus hermanas. El que aun no podía verla era Shion pero, eso poco le importaba. Sus visitas a los unicornios habían derivado a los cuidados y juegos que a escondidas mantenía con ellos. El niño no quería que Albor se enterara porque como eran sus mascotas personales, pensaba que el frío rey no aceptaría que nadie se acercara mucho a ellos y menos tratándose de él, que era puro fuego. Sin embargo, las mentiras no tienen larga duración con Albor y éste, en seguida descubrió a Shion.



Albor- ¿Eh? ¿Qué hace ahí el insecto?



Shion- ¿Te han gustado las zanahorias, Tempus? ¡Se las he mangado a Albor! Tiene el jardín lleno... ¡Jijiji! Esta noche te traigo más.



Shion- Carpe Dieeeem, te toca cepillarteee. Vas a ser la envidia de todas las yeguas.



Shion- ¡Hay que ver cómo te brilla el pelo con el sol! Menos mal que puedo ver con la mente porque tengo que hasta casi cerrar los ojos ¡Jajajaja! ¿Quieres una zanahoria? A ver...



Shion- ¡Mierda! ¡Me he quedado sin zanahorias! ¡Tempus eres un tragón! En fin, ahora vengo, Carpe Diem. Voy a por más...
Albor- Ejem.



Shion- ¡Mierda, mierda, mierda!
Albor- Vaya... Creo que atrapé al ladrón de las frutas y verduras de mi jardín.
Shion- Hola, Albor...



Albor- Así que te dedicas a jugar con mis unicornios sin ningún tipo de permiso...
Shion- Bueno, quien dice dedicarse también dice solamente en ocasiones.



Albor- Y no solo juegas con ellos. Además los cepillas, les limpias los cascos, les echas heno... ¿Estás intentando quitarme su cariño?
Shion- ¡Oy, no, no, no! ¿Qué voy a quitarte yo su cariño? ¡Si tú eres el rey de las hadas y yo como quien dice un pedo verde! ¡No pienses mal Albor!



Tempus y Carpe Diem- *Miran con interés la escena*



Albor- Pues a partir de ahora, como has hecho esto, tendrás que asumirlo. Así que vas a obedecerme y a hacer lo que yo te diga. ¿Entendido?
Shion- Ehh... ¿Sí?...



Albor- Te vas a ir a la biblioteca de la mansión y vas a leerte todos mis libros sobre animales que tengo allí.
Shion- ¿Tus libros?
Albor- Claro. Si vas a ser el cuidador oficial de Tempus y Carpe Diem deberás conocer mejor a los animales.
Shion- ¡¿De verdad?! ¡Muchas gracias! ¡Me los leeré todos!

Shion cumplió con lo que Albor le dijo y cuando tenía alguna duda, la apuntaba y luego se lo preguntaba al rey que lejos de molestarse, siempre sacaba un hueco por la noche para explicarle a Shion sus dudas.



El alien estaba feliz con lo que hacía y lo demostraba inconscientemente todo el tiempo. También se interesó por las labores de Albor en el jardín y aunque éste no le dejaba intervenir en el cuidado de las plantas porque era algo mucho más complicado que leer sobre animales, Shion solía estar allí antes de marcharse al colegio.




Shion- ¡Apartaos enemigos de los Hydra! ¡Aquí llega Shion, el caballero dragón!



Albor- Con una plantavaca al lado poco dragón te veo...



Vrionak- La plantavaca es para su señora Ada. ¿Verdad que sí?
Ada- ¡Shiiiii!
Shion- ¡No importa! ¡Ya veré a montar sobre mi dragón en otra ocasión! Me marcho a la escuela. ¡Adiós papa! ¡Adiós Albor! *susurra* Adiós pulga.
Ada- ¡Adiós pugoooon!



Vrionak- ¡Titirititiiiii! ¡Yuju! ¡A ver cómo manejas a esa planta!

La nueva dedicación de Shion no pasó desapercibida a Vrionak, que en un comienzo no veía nada bien que Albor se aprovechara de las aficiones del pequeño para que le ayudara en el cuidado de los unicornios. Sin embargo, pronto comprobó que su hijo era capaz de demostrar su independencia y no solo por el hecho de dormir en una habitación ajena a la mansión, sino por su capacidad de expresarse.



Vrionak- Albor, no estoy nada de acuerdo con que tengas a Shion cuidando a los unicornios.
Albor- No creo que le suponga un trabajo a tu hijo. Si le dije que cuidara de ellos es porque creo que puede hacerlo bien y veo que es algo que le gusta.
Vrionak- Es un niño. Él tiene que aprender en la escuela y jugar a cosas de niños. No cuidar criaturas místicas.
Shion- ¡Papa, estás flipado! ¡No sabes lo que dices!



Vrionak- Cuida esa boca, Shion.



Shion- Pero es que es la verdad. Hago todas las tareas que me mandan en la escuela y juego como cualquier otro pero, ¿no entiendes que a me gustan los animales? ¡Quiero aprender sobre ellos y Albor me enseña! Además, Tempus y Carpe Diem son  mis amigos. ¿Tienen sentimientos como nosotros, vale? ¡Y yo soy su amigo! Voy a seguir siendo el cuidador de los unicornios aunque no lo quieras. ¡Albor me deja y él es el rey!
Vrionak- ¡Pero bueno!

Shion no dejó a su padre quejarse. Cogió sus tareas y se marchó a su casita del jardín visiblemente enfadado. Albor medio sonreía y Vrionak le miraba con los ojos entornados.



Albor- Tu hijo es fuego, Vrionak pero, tiene una sensibilidad por las demás criaturas que solo he visto en las hadas. Puede que por haberse criado con ellas la haya adquerido. De todas formas, tu hijo está muy capacitado para cuidar de mis unicornios y le gusta hacerlo. Mientras otros niños se dedican a pisar insectos, poner latas en las patas de los perros y demás crueldades con los otros seres, Shion los respeta. En un futuro, ellos acudirán a él tal y como acuden a mí cuando necesito su ayuda. Déjale expandir sus habilidades y verás cómo se convierte en un digno guardián Hydra.
Vrionak- Pero tener relación con los Hydra yo sé lo que significa y aunque él fue concebido para ello, quiero que sea libre y no depender de esta familia.
Albor- Eso es algo que le corresponde solo a él decidirlo. Por el momento, déjale ser feliz haciendo lo que le gusta.
Vrionak- Aish... Está bien.

Albor tenía claro que Shion podría poseer muchas habilidades y que se podía convertir en una gran incorporación al bien Hydra pero, él estaba de acuerdo con Vrionak en dejarle decidir lo que quisiera. Por el momento, él le facilitaría aquello que le gustaba y convencería al hado rojo de entrenarle para prepararlo contra cualquier enemigo que pudiera atentar contra ellos. Shion, al menos tendría la oportunidad de elegir. No como sus pequeñas que por ser hijas suyas se verían afectadas irremediablemente por todo lo que a los Hydra rodeaba.



No obstante, tanto ellas como Shion eran felices y Albor velaría porque se convirtieran en seres capaces de defenderse y de decidir lo que mejor les conviniera según la circunstancia en la que se encontraran. De hecho, Shion mostró que le daba igual que su padre creyera que Albor se aprovechaba de su gusto por los animales. Seguía cuidando tan bien o mejor de Tempus y Carpe Diem.




Shion- Buenas noches, Tempus.



Shion- Buenas noches, Carpe Diem.

Debido a estos acontecimientos y a la actitud de Shion, en vista de que su cumpleaños se acercaba, Albor meditó una delicada decisión respecto a algún regalo que pudiera gustarle al pequeño y cuando supo realmente que quería otorgarle el regalo que había pensado, lo consultó con su padre.



Albor- El cumpleaños de los niños se acerca. He estado pensando en qué podríamos regalarle a Shion, porque las pequeñas se conforman con poca cosa debido a su edad, y creo saber uno que puede gustarle y hacerle sentir especial.



Vrionak- Me parece bien, Albor. Aunque yo voy a ver si veo algo especial para Gayita que ahora que se deja ver quiero que tenga algo de tito Vrionak porque sus hermanas ya tienen regalos míos.
Albor- ¡Jajajaja! Tienes libertad para regalarle lo que quieras. Todo menos algo que requiera salir fuera de la mansión. Ya sabes cómo es.
Vrionak- Sí, sí lo sé jejejeje. ¿Bien, qué le piensas regalar a Shion?
Albor- Llevo meditándolo un tiempo... Verás  Tempus y Carpe Diem se llevan muy bien. De hecho, por instinto natural, se han convertido en pareja de apareamiento al ser los dos jóvenes y fértiles. He pensado cruzarlos cuando a Carpe Diem le llegue el próximo celo. El potrillo que nazca de la unión de mis dos unicornios será de Shion.
Vrionak- ¡¿Qué dices?! ¿¡En serio!? ¡Al niño le encantará!



Albor- Shion cuida muy bien de mis unicornios. Ambos le quieren. Lo he visto. Juegan con él y se acercan sin miedo. Tener un hijo de ambos creo que puede ser un premio a toda su dedicación por los animales. Su propio potrillo. No sé si la criatura nacerá siendo unicornio o con la apariencia de un caballo normal, lo que sé es que solo por el hecho de ser hijo de unicornios tendrá habilidades especiales y creo que le hará ilusión tener su propio caballo.
Vrionak- ¡Es el regalo perfecto! ¡Sin duda!

Como a Vrionak la idea del regalo de Shion le gustó, Albor se puso manos a la obra en la tarea de cruzar a sus dos unicornios. No le resultaría una tarea difícil ya que de por sí, cuando Carpe Diem entraba en celo tenía que separar a Tempus de ella, en esta ocasión que necesitaba juntarles no tendría ningún problema. De ese modo, en la época en la que Carpe Diem entraba en celo dejó a los dos unicornios juntos y pronto comenzó a desarrollarse el plan de Albor de manera natural.



Hasta que finalmente el cruce resultó exitoso.



Albor, gracias a sus habilidades y a su esencia féerica no tardó en notar que Carpe Diem había concebido vida en su interior y el rey, orgulloso, felicitó a su hermosa unicornio que se sentía igual de feliz ante aquel sentimiento.





Albor- Vas a ser una gran madre, preciosa.

La futura llegada del potrillo fue percibida con gran ánimo entre sus padres.



Comportándose de manera juguetona todos los días. Shion sabía que algo les pasaba a los dos unicornios pero no sabía qué y Albor se limitaba engañarle diciendo que aquella era una época especial para ellos. Como el niño creía todo lo que le decía el rey, no tenía la necesidad de intentar leer la mente de Albor, habilidad que estaba comenzando a dominar. Además, temía hacerlo porque el mismo sabía que el rey hada era tan poderoso que seguro le captaría las intenciones. Y entre sorpresa y sorpresa, el cumpleaños de los pequeños llegó.



Con Shion entrando de lleno en la adolescencia y con todo lo que ello conllevaba.



Y las pequeñas pasando a su niñez.




Gaia- ¡Jajaja!



Iess- ¡Dayo!



Ada- ¡Dayo!

Las hijas de Albor se convirtieron en unas princesitas que, lejos de ser como las convencionales a las que parecía que la rotura de una uña suponía el fin de un mundo, poseían el verdadero carácter de los Hydra.



Gaia- ¡Já!



Iess y Ada- ¡Rayo!






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Re: ☽ 3ª Generación: Albor ☾

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